Diferentes disciplinas que estudian la Religión

(Ciertas consideraciones históricas)

De todas formas la religión ha tenido su historia, su fenomenología, su sociología y psi­cología, y aún su antropología, filosofía y epistemología que la estudian. De una u otra ma­nera la religión da un estilo de vida y marca un camino para que el ser humano calme sus ansiedades, tenga seguridad y adquiera plenitud, a la vez que cuente con el sentimiento de dependencia a un ser supremo omnisapiente y omnipresente con una sensación de dependen­cia de él. (Schleiermacher, 2013). El sociólogo francés Durkheim manifiesta: “Una religión es un sistema solidario de creencias y de prácticas relativas a las cosas sagradas. […] Toda sociedad posee todo lo necesario para suscitar en sus miembros la sensación de lo divino, simplemente a través del poder que ella ejerce sobre ellos” (Durkheim, 1912).

La religión es en el fondo un conjunto de creencias que asegura al ser humano con lo que éste considera sobrenatural (que tiene poder y va más allá de lo trascendente conocido). Aquí se ubica la divinidad, el ser supremo; sin embargo, existen religiones o creencias ateas como el budismo. Al mismo tiempo las características y funciones de las relaciones hombre-mundo, las trata la filosofía, la sociología, la ecología, la psicología y antropología más que la propia religión. Aquí es importante mencionar como el epicurismo (de Epicuro) estableció la exis­tencia de la divinidad con la indiferencia de ésta última, con el mundo y el hombre; por su parte Epicuro se orientó a lo más práctico como el hedonismo.

¿Por qué se requiere de la participación de Dios en el mundo? La respuesta es que la misma creencia da seguridad, además se nutre con las supuestas fuerzas sobrenaturales de los cuales se cree protegen o rigen al mundo y al hombre, a la vez que le acompañarían ante la incertidumbre, y, ésta última, es factible que pueda provocar confusión y caos en el ser; este a su vez, siente la desesperación, la impotencia ante lo desconocido y un posible algo maléfico y extraño o siniestro e incógnito que conlleva la desesperanza; de todo esto se puede defender con la fantasía compensadora, con el llamado ‘poder sobrenatural’ que le asegura íntimamente protección espiritual originado en su esencia.

Aquí es necesario subrayar cómo la creencia en lo sobrenatural y las prácticas son diferen­tes; la primera se anida y tiene un sustrato en el sentimiento vital; la segunda (la práctica) son actos que se manifiestan en ritos, ceremonias, sacrificios, plegarias, palabras, canciones ma­nifestándose el culto de lo que se cree profundamente en la intimidad del ser o el “sí –mismo” (mismidad); sin embargo, se le suman las fuerzas mentales colectivas, sociales o grupales que comulgan y ratifican con la creencia. Aquí surge la pregunta si ¿existe la creencia natural a conformar la religión o existe la religión natural? (36); la respuesta puede ser afirmativa, si pensamos que las actitudes y tendencias socioculturales se heredan porque son programas que se codifican en conductas en el ADN.

El o los problemas del origen de la relación es más de la función de la seguridad o garantía o la validez de lo que se cree (creencia), lo cual se sustenta en el origen divino de la religión; el origen social, el político y/o humano tiene sus variables de acuerdo con el modelo con que se establezca el principio de causalidad. Si damos por sentado el origen divino, sin otro análi­sis, no puede haber discusión, puesto que caemos en lo absoluto infinito de la providencia, y en sus manifestaciones naturales, humanas y del universo en las cuales se incluye el concepto de sobrenatural con el cual se identifica la religión.

Existen diferentes enfoques del estudio de la religión como son los fenomenológicos y aún psicoanalíticos los cuales buscan el núcleo del fenómeno y dinámica social individual y colectiva; de una u otra forma aparece la consciencia de lo supremo, de lo misterioso, de lo secreto, del origen, de la experiencia trascendental interna con simbolismo y con rituales pro­pios los cuales varían de acuerdo a la circunstancia y culturas. Por ejemplo, en el hinduismo, el budismo que depende de la propia cultura pluriteísta como también ocurrió en Egipto.

Conocemos cómo en el Siglo XVIII con el nacimiento del humanismo y la ilustración en Europa, como concepto trascendente, se intentó separar al Estado de la religión; y, esto todavía en el Siglo XXI no ha concluido. Algunos países en la actualidad (2014) siguen siendo teístas y/o teócratas; por ejemplo el Estado Vaticano con todas sus particularidades, existen otros estados como el de Tailandia, Sirlanka en un 98% mantienen debates sociales para afrontar el laicismo del Estado. La mayoría de los países musulmanes se afianzan en sus creencias islámicas. En cambio Israel es un Estado laico, lo cual implica una separación entre la religión y el Estado. Sin embargo, casi siempre en los estados laicos se invoca al ser supremo Dios.

Obsérvese cómo a través de la historia, ciertas creencias han cambiado; además, unas y otras religiones han tomado ideas, creencias, ceremonias o rituales unas de otras, producién­dose algunas veces una mezcla, un sincretismo. Sin embargo, existen grandes diferencias y evidentes características; por ejemplo, existe una diferencia entre la religión israelí y la cris­tiana; en la primera no hay beatitud, (37), más sí una felicidad, paz y bienestar en la existencia terrenal; en cambio, en la segunda cuando estas últimas mencionadas se consiguen uniéndose con Dios o con el principio cósmico se logra un misticismo; es esto, lo que Bergson denomina “religión dinámica”, “élan vital”, el impulso a la creación de una nueva sociedad basada en el amor universal. Ocurre que el misticismo puede terminar en una solución individual con­templativa, pasiva, solitaria, no participativa.

Otro aspecto a dilucidar aquí es la diferencia entre filosofía y religión. La filosofía y la re­ligión tienen objetivos en común como es la búsqueda de la verdad; sin embargo, la mayoría de las religiones se fundan en Dios como única verdad representada y sentida con intuición; en cambio, la filosofía busca la verdad para demostrarla con el pensamiento y métodos lógi­cos, aceptando la intuición, sin partir de la fe y menos dependiendo de ella, para la validez de los hechos, y más bien cuestionando lo infalible. La filosofía, si bien acepta el espíritu en cuanto vínculo cognoscitivo e ideal, no se aparta de la razón. La religión también resuelve la verdad de Dios con el acto del pensamiento y la razón, sin dejar la presencia en la revelación y el sentimiento; he ahí la pretensión de la filosofía de las religiones, las cuales tampoco se apartan de los “valores morales o los que pierden el orden de la vida asociada”. Para Kant “la religión, considerada desde el punto de vista subjetivo, es el conocimiento de todos nuestros deberes como mandatos divinos. La religión revelada (o que exige una revelación) es aquella por la cual debo saber antes que algo es un mandamiento divino, para reconocerlo más tarde como deber; en cambio, el saber que algo es un deber antes de poderlo reconocer como un mandato divino, es la religión natural”, (Op. cit. Abbagnano, 1997 p. 1012).

En mi opinión la religión no requiere de la ciencia para definir o probar el concepto o idea de Dios, (38) porque éste se define y prueba supuestamente así mismo, al decir que es un prin­cipio (supuesto) natural; al argumentar que es un supuesto implica que no hay certidumbre; sin embargo, al aceptar que existe orden y leyes naturales nos ubicamos en la interpretación y origen de ellos; es aquí cuando encontramos dos caminos: uno fácil y es darle el principio de causalidad a la divinidad Dios o seguir en la posición epistemológica humana de los límites del conocimiento en el agnosticismo, y abrirnos libremente a múltiples incógnitas y posibles o probables respuestas, (39). El final no lo conocemos; sin embargo, reflexionemos que el hombre en el cosmos es algo transitorio, y en el tránsito vital está la fe, la creencia en el ser supremo, y al mismo tiempo el agnosticismo y cuestionamiento, más como ya se explicita en otra parte, aceptemos la complejidad, el orden-desorden y caos, los valores del ser en el mundo y en el universo con su principio y fin. Si bien por milenios ha existido la creencia en Dios o los dioses con esperanza de ayuda en ellos y al mismo tiempo con temor y miedo al castigo, (40); además puede aparecer la seguridad e inseguridad con los espacios de recompen­sa (cielo como recompensa o castigo, en un infierno), o un paso alternativo (el purgatorio); los tres provienen de la fantasía del ser humano desde sus épocas primitivas, desde cuando comenzó el hombre a interpretar y hacer conexiones supuestamente correspondientes a través de la historia y cultura. Pienso que el hombre del Siglo XXI, necesita no solo de la libertad de pensar, y de la equidad de tener y de ver y al mismo tiempo precisa poseer un valor para hacer el bien dejando atrás el mal, el egoísmo o narcisismo; he ahí una posición madura del ser en el mundo, (“Los conceptos modernos sobre el purgatorio e infierno no son iguales a los de la Edad Media”, De Francisco, 2012).

Desde milenios atrás 3.000 años a.C. en Egipto existía el politeísmo; así ocurrió también con los griegos, romanos, en el hinduismo y el shinto de Japón (politeístas); en un tiempo atrás en Egipto, apareció Akenatón como único Dios (monoteísmo), luego los hebreos o ju­daicos, el zoroatrismo y el cristianismo han sido monoteístas. Las religiones que suponen la existencia de dos principios o divinidades opuestas entre sí, son los dualistas los cuales pueden terminar en maniqueístas y así con la preferencia de uno de los dos (el bien y el mal). Existen, como ya se anotó “religiones no teístas” como el budismo y el taoísmo, los cuales re­chazan la existencia de Dios absoluto o creador universal; otro ejemplo, es la creencia taoísta en la existencia del emperador de Jade como Dios, o las deidades con recursos metafóricos o estados de la mente. Los “panteístas” tienen la creencia que el universo, la naturaleza y Dios son equivalentes.

Existen religiones en los cuales o se supone y cree que “la verdad es revelada” en for­ma sobrenatural desde una deidad (por ejemplo Yavhé se comunica con Moisés), y las “no reveladas” que son por mensajes dados por deidades o mensajeros; por ejemplo, los islá­micos. La clasificación de las religiones puede ser por su origen o familia, y se agrupan en: “abrahámicas o semíticas, dhármica, o Indicas, iranías, neopaganas o con las tradiciones africanas y las nativo americanas”. Otra forma son las “sectas” que dan un estatus complejo a las religiones y que es un concepto antropológico y sociológico de los grupos de los movi­mientos religiosos en que participan las ideologías políticas, esotéricas, culturales y algunas con nuevas creencias. Cuando nos referimos al vocablo “secta”, nos encontramos en un punto personal de un líder del grupo a quien se le sigue.

El estudio de las religiones implica diferentes campos de investigación, por ejemplo la religión comparada (de ideas, prácticas y elementos religiosos); la “teológica” sobre Dios y sus relaciones con el mundo; la “organología” que trata de los elementos y prácticas or­ganizacionales e institucionales; la “apologética” que se refiere a la defensa de una religión en particular; la psicología de la religión que estudia los factores de sus orígenes y de la conducta humana con sus determinantes ideológicos, necesidades naturales ambientales e inclinaciones, la “neuroteología” que correlaciona los fenómenos neuronales con las expe­riencias subjetivas; la “filosofía de la religión” que se interesa en el estudio de lo trascendente y su naturaleza y el papel en la vida; la “historia de la religión” que trata de descubrir la base cultural de las ideas y prácticas con crítica y estudio de manuscritos para comprobar la validez con búsqueda y exámenes auténticos; aquí se incluyen la historia de la iglesia, la inquisi­ción, las manifestaciones de arte religioso (pictórico, música, escultura y arquitectura); la religión apocalíptica que trata los libros sagrados en las diferentes religiones para encontrar su “apocalipsis”, (41).

La organización de las religiones es otra forma de estudiarlas a través también de su his­toria partiendo del hombre primitivo en que surgió el chaman o curandero o sacerdote (véase capítulo fenómenos paranormales, el chaman). Existe otro camino que estudia la religión a través de las interpretaciones de las escrituras sagradas; por ejemplo, del Tora, el Corán y del Antiguo y Nuevo Testamento. La investigación psicosocial sobre origen de las castas y sus creencias nos lleva también al estudio de sus religiones y creencias. No solo la interpretación, sino el análisis literario de los textos y la lingüística de los idiomas empleados, son merece­dores de investigación.

En la historia de las religiones nos encontramos de todas formas con la historia de la humanidad, de la sociedad y disciplina moral, el sentido del bien y del mal, la invención y la creencia en dioses para explicar las maravillas y misterios de la naturaleza y fundamen­talmente el origen del hombre y de todo el cosmos. El origen de la experiencia religiosa, en ocasiones, se sitúa en el sentimiento del miedo no solamente ante lo desconocido, sino ante lo conocido que produce temor como los fenómenos naturales. De una u otra forma aparecen los dioses como personajes protectores para beneficio del hombre incluyendo el Dios castiga­dor y de la muerte. William James “estudió esas variedades de experiencias religiosas”, (De Francisco, 2012).

En la historia encontramos que Egipto, Mesopotamia, Grecia, Roma, los imperios Azte­ca e Inca con todas sus creencias, sus escritos, sus oráculos, sus rituales, han sido objeto de estudio en el desarrollo de 10 mil años atrás para llegar al valle del Indó, hace 4 mil años y luego la evolución hasta la era cristiana. De una u otra manera, el psiquismo, la curiosidad del conocimiento, la relación cuerpo-mente-espíritu, los rituales y oraciones y técnicas con­templativas, los sentimientos y experiencias religiosas y las grandes necesidades de mayor conocimiento han permitido penetrar en el origen de las religiones.

Como se enunció atrás, la sociología ha penetrado también para encontrar el origen de las supersticiones, y aún las organizaciones sociales en base al teísmo, así se ha permitido mayor entendimiento de la simbología, la liturgia y dogmas religiosos. A la vez las religiones con sus líderes han contribuido a las organizaciones sociales, a encontrar nuevas ideas socioeco­nómicas, a buscar igualdades, a respetar valores o principios, a la preservación de la familia, el amor, la belleza, la naturaleza y la vida. De una u otra manera existe lo racional e irracional combinado con la imaginación y fantasía para interpretar y explicar las relaciones con la creación del universo, la definición del bien y mal, la moral, la naturaleza humana, la vida y la muerte y aún las guerras religiosas, las teocracias, la legitimidad de las ideas religiosas. El Siglo XX dejó una constancia de la relación entre religión y sociedad con sus roles, sistemas, personalidad y comportamiento, todos los cuales han tenido su evolución, su continuidad especialmente en la fe y en la ordenación moral que influye en el orden legislativo.


35 Recuérdese que en esa área geográfica los arios trajeron el idioma sánscrito del cual deriva 14 idiomas actuales y a la vez cómo ellos reemplazaron la civilización dravídica o escritura de los vedas. Ocurrió aquí lo mismo que en muchas áreas en que una cultura transformó a otra. A. De Fran­cisco en su obra “Sobre ideas de vida y muerte”, capítulo V, nos trae la información cómo “los vedas sobreviven en cuatro colecciones en sánscrito antiguo. Algunos son himnos religiosos de alaban­zas, otros fórmula de encantamiento y hechizos destinados a influir en las acciones de los dioses… aparece en ellos la mención abstracta del Uno, Varuna, guardián del orden del universo … también aparece Indra dios de la tormenta y Agne dios del fuego, mediador entre Dios y los hombres; y final­mente Soma que es líquido lechoso fermentado de una planta la Amrita o Ambrosia, posteriormente

36 “¿Existe la religión natural? Yo creo que sí existe si se tiene en cuenta la opinión de los antropólogos quienes la consideran una proto-religión, es decir, una ‘religión’ aún no conformada con sus elementos básicos de unas creencias, un culto y una ética. Más que una protoreligión en el sentido que comento, es un ‘sentimiento religioso’, primitivo que ante todo considera verdadera la existencia de un más allá; ese senti­miento que condujo a ese sentimiento en los Neanderthales aun no Homo sapiens que adornaban con flores y elementos simbólicos los entierros de sus seres queridos como el hombre Shanidar de hace 70 mil años en el actual Irak. El sentimiento religioso persiste desde entonces, en los que lo ‘sienten’ emocionalmente), sin necesidad de otras creencias más específicas, otros cultos más definidos e incluso una moral normativa. Para mí el sentimiento religioso no vinculado a una religión específica, constituye lo que el autor de esta obra (Guillermo Sánchez Medina) llama una religión natural. Se le podría llamar ‘instint religioso’ y podría preguntarse si sería análogo a los instintos eróticos y tanáticos de Freud. Personalmente considero que ten­go ese sentimiento religioso del Siglo que vivimos. Será que viene en los genes?”, (De Francisco, 2012).

37 “El concepto de beatitud tiene analogía con lo ‘beatífico’ considerado como una propiedad de Dios-Padre en el cristianismo por lo que dotó a su Hijo al enviarlo a nacer Hombre-Jesús. Esta doctrina pertenece a la visión de la cristología descendente de la encarnación de Dios en el hombre. Según ella, Cristo la poseía al encarnarse y era la que significaba omnipotencia y omnisciencia en el hombre Jesús que evidentemente no tenía. Los padres de la iglesia decían que en virtud de ella Jesús-Cristo no necesitaba comer o beber, por ejemplo, y que si lo hacía era para ponerse a la altura de los demás hombres. Esto cambio en la cristolo­gía ascendente en la cual Jesús solo tiene naturaleza humana y por lo tanto no omnipotente durante toda su vida terrenal hasta cuando se ‘exalta’, hacia Dios, en razón a su muerte y a su resurrección. La verdad beatífica era en consecuencia una propiedad divina, entendible en la cristología descendente pero no en la ascendente. Los teólogos están divididos según la modalidad de cristología que aceptan. Los último son los ‘modernos’ los primeros son los ‘chapados a la antigua’”, (De Francisco, 2012). El comentarista Académico A. De Francisco es un versado y estudioso en la materia de la arqueología. Personalmente me considero un ignorante de ella. Sin embargo, los cristólogos que aceptan que Cristo era hombre y sólo tiene la omnipo­tencia y omnisciencia cuando se concibe que Dios se encarnó en un hombre, es decir, la cualidad de Dios la ubica en el hombre más no en sus necesidades vitales fisiológica como respirar, comer, beber, etc. Cuando una creencia en una comunidad religiosa o en los teólogos se dividen según sus modelos, es porque no hay un consenso único sino diversos y esto cuestiona el punto de la verdad única, (GSM).

38 “¿Es necesario ‘probar la existencia de Dios con argumentos de cada época en que se estudia el proble­ma? No lo creo. San Anselmo estableció en su día cinco pruebas de la existencia de Dios que le probaban y Santo Tomas presentó creo que 13 tesis sobre lo mismo. Su lectura sobre todo la de San Anselmo hoy nos parece ingenua y tonta ingenua y tonta, con el perdón de los niños. Para el religioso cristiano verdadero, con su ‘back ground’ (sus antecedentes fundamentales) en este tema, no es necesario que se pretenda probar que Dios existe; y para el filósofo o el científico es tratar sobre algo cuyo fondo no le es posible entender; es ‘pontificar’ sin razón alguna, utilizando sistemas de prueba poco idóneas. La existencia o no de Dios, no necesita ser probada con argumentos. Hay que dejársela más bien a la realidad interior de cada persona. Dígase más bien: el teísta cree en esto o aquello, yo no lo creo porque el método científico no lo demuestra, pero entiendo al teísta cuya ‘interioridad’ la afirma en su fe en algo superior sobrenatural y respeto lo que piensa aunque siento que está equivocado, su campo es el suyo y el mío es el mío”, (De Francisco, 2012). Sobre el punto de esta temática en “la necesidad de probar o no probar”, estoy de acuerdo en que cada quien debe ser libre para buscar sus soluciones más cuando ellas pertenecen al espíritu, (GSM).

39 “Es difícil aplicar el método científico experimental al estudio de verdades o creencias, que por ser tras­cendentes, está más allá del universo físico al cual sí puede aplicarse ese método”, (De Francisco, 2012).

40 “No siempre con esperanza de ayuda de Dios’. Recuérdese el soneto de Santa Teresa cuando se dirige a la divinidad diciendo: ‘te quiero yo Señor y en tal manera, que aunque no hubiese cielo yo te amara y aunque no hubiese infierno te temiera’”, (De Francisco, 2012).

41 “Así se estudia hoy, con emisión de positrones y química cerebral, lo que ocurre en los estados místicos de miembros de conventos en el Canadá, para ver qué está ocurriendo en los cerebros mientras se está en estado místico de unión con Dios, en el cerebro de esos religiosos”, (De Francisco, 2012).

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