Humanismo

Humanismo”, según el diccionario Oxford de Filosofía, es un término que se relaciona con la tendencia a hacer énfasis en el hombre y su status, su importancia, sus poderes, sus logros, sus intereses o su autoridad. El diccionario de la Real Academia de la Lengua Española, en una definición menos completa, señala dos acepciones: el cultivo y conocimiento de las letras humanas y la doctrina de los humanistas del Renacimiento. “Humano”, en el diccionario Webster de Lengua Inglesa tiene, entre otros, los siguientes significados: dotado de humanidad, es decir, que tiene sentimientos y disposiciones propias del hombre como la ternura y la compasión; que tiene además la disposición para tratar a los demás bondadosamente suministrando alivio en caso de dolor o de angustia y apoyo en situaciones de indefensión o de desvalimiento; y que significa también benevolencia, bondad y misericordia. El vocablo “humanitario”, relacionado con los anteriores, tiene que ver con humanidad y filantropía. Las definiciones de los diccionarios ingleses, mucho más amplias que las del diccionario de la Lengua Española, son más adecuadas para las consideraciones que se hacen en este escrito.

Dos escuelas diferentes plantean concepciones distintas del Humanismo: Para una de ellas, el término “humanismo” se refiere a un complejo de valores perdurables, formulados hace muchos siglos en la antigüedad y complementado por ciertas ideas renacentistas, valores éstos de los que se dice que tienen idéntico significado para todos los hombres con abstracción de su ubicación cronológica y geográfica. Para la otra, el término “humanismo” se refiere a un fenómeno históricamente variable que se desarrolla y transforma de un modo determinado en el curso de los siglos.

En el fondo, el espíritu humanista perdurable a través de los tiempos, fue expresado por Terencio en su conocido aforismo: “Nada de lo humano me es ajeno”, idea ratificada siglos más tarde por Goethe, quien sintetizó su pensamiento admirablemente al decir: “El hombre lleva en sí no sólo su individualidad sino toda la humanidad con todas sus posibilidades, pero las limitaciones externas que operan sobre su existencia individual determinan que sólo pueda materializar esas posibilidades en escala restringida”.

En la Grecia antigua, los filósofos presocráticos o filósofos de la naturaleza, iniciaron el estudio del cosmos en su totalidad y el de algunos fenómenos particulares del universo como los terremotos o el tiempo atmosférico antes de derivar hacia la lógica y la metafísica; pero el movimiento humanístico griego como tal, sólo se inició merced a los sofistas y a Sócrates en el siglo V a.C., quienes “trajeron la filosofía del cielo hacia la tierra”, como lo expresara Cicerón varios siglos más tarde, cuando comenzaron a formularse preguntas en el terreno de lo social, lo político y lo moral.

El Humanismo, como lo señala el Diccionario de la Lengua Española, está vinculado de cerca con el Renacimiento, período histórico en el cual el hombre sustituyó a la Divinidad como centro de interés de los intelectuales. Para el hombre renacentista en general, Dios continuaba siendo Creador y suprema autoridad, pero su actividad se estimaba como menos cercana, más de control que de interferencia cotidiana. Esto permitió que surgiera una visión científica que mostraba al universo gobernado por leyes generales que habían sido para los pensadores renacentistas establecidas por Dios. Lo que es específicamente humanista de este desarrollo, fue el estímulo que se dio a la capacidad del hombre para conocer por su propio esfuerzo cada vez más acerca del universo, y también cada vez más su posibilidad de controlarlo. Fueron sobresalientes en éstos desarrollos, Tomás Moro y Erasmo de Rotterdam en los campos de la filosofía, la teología y los conocimientos generales sobre la antigüedad, Pico de la Mirándola en las artes plásticas, y Paracelso, considerado como gran iniciador de las ciencias y precursor de la química moderna.

El Renacimiento empezó a comprender que la verdadera autonomía del hombre, no consistía exclusivamente en la libertad respecto de las autoridades religiosas y filosóficas sino también en la emancipación respecto de la esclavitud del mundo social que contradecía la condición humana. Algunos pensadores se preguntaron si la forma en que vive el hombre es producto de su naturaleza o de las condiciones y circunstancias que lo obligan a comportarse de un modo y no de otro, para concluir con Erasmo, que la forma de vida del hombre refleja la estructura social y no la naturaleza de éste. Allí se originaron las ideas conceptualizadas en el siglo pasado por Marx y desarrolladas en el actual por Eric Fromm acerca de lo que vino a llamarse Humanismo Socialista en los años sesenta del siglo XX. Por otra parte, tanto el humanismo del Renacimiento como posteriormente el de la Ilustración que le siguió, se apoyaron en la convicción de que la tarea de transformar al hombre en un ser humano pleno dependía exclusiva o principalmente de la educación. Esta, lograba conjurar la amenaza del fanatismo religioso para el hombre renacentista, y la de la esclavitud del hombre por la máquina y los intereses económicos, para el de la Ilustración.

Cuando se instauró el conflicto entre la religión y la ciencia en el siglo XIX, debido a la imposibilidad de armonizar los hallazgos científicos de Darwin con la lectura fundamentalista de los textos bíblicos, el Humanismo adquirió su asociación moderna con el agnosticismo y en cierta forma con el ateísmo. El llamado Humanismo científico está relacionado con el racionalismo en el sentido de que apela a la razón y no a la revelación o a la autoridad eclesiástica como medio para inquirir sobre la naturaleza del mundo físico y la naturaleza, la moral y el destino del hombre; en éste último contexto se habla entonces de un Humanismo ético. En el siglo actual, para los que sostienen que la ciencia puede proveer las bases de la moralidad, el Humanismo ético debe ser considerado como científico. Otros, que siguen también los postulados de la razón más que la autoridad religiosa, piensan, sin embargo, que la razón no puede suministrar las bases de la moral pero sí apelar a las emociones y a los sentimientos. Algunos humanistas rechazan la idea de que la ciencia pueda responder a todas las preguntas que se formula el ser humano; otros, diferencian la ética humanística señalando como fin de las acciones morales el bienestar de la humanidad; no propiamente el cumplimiento de la voluntad divina.

En el curso de las últimas décadas se hizo evidente la separación de los pensadores e intelectuales en dos grandes grupos: de un lado los llamados hombres de letras, fundamentalmente filósofos, literatos e historiadores, y del otro, los científicos. Las diferencias tan marcadas de los dos grupos en su forma de concebir al hombre y al mundo y en la forma de expresar sus puntos de vista hizo que en 1959 Charles P. Snow hablara de “dos culturas diferentes”. Años después, este mismo escritor postuló la futura emergencia de una tercera cultura compuesta por pensadores que tratarían de expresar sus reflexiones más profundas de una manera accesible al público lector inteligente. (J. Brockman. “La Tercera Cultura”. 1996).

En los últimos años, los temas científicos y los nombres de los científicos empeñados de escribir sobre ellos, han tenido una inmensa difusión gracias a la facilidad de las publicaciones de divulgación y al desarrollo de los modernos sistemas de informática. Una nueva visión sobre cuestiones fundamentales tales como las preguntas eternas acerca de dónde surgió y qué es el universo, de dónde surgió la vida y en dónde se originó la mente, han dado origen a esta nueva tercera cultura fundamentada en la importancia de la complejidad y de la evolución. Hoy en día se tratan destacadamente y se divulgan con amplitud temas como la relación mentecuerpo, la biología molecular, la inteligencia artificial, el universo inflacionario, las supercuerdas, la biodiversidad, el genoma humano, el equilibrio puntuado, la realidad virtual, la hipótesis de Gaia y el ciberespacio, para mencionar sólo unos cuantos.

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