Familia y Televisión, parte 5

Los dos aspectos que surgen de manera intensa en los diálogos con los niños son la radical diferencia étnica que para ellos significa la mayoría de los personajes que la pantalla de la televisión les presenta cotidianamente, y la desigualdad socioeconómica.

En Zaragoza dicen que: “Son diferentes a nosotros, son blancos”. Agregan que “a veces los negros aparecen en televisión, pero aparecen más los paisas. Esto porque los blancos son más importantes y hay más actrices blancas”.

El segundo aspecto concierne a su situación social: “nosotros somos pobres, no tenemos muebles ni carro”. Expresan que «nos gustaría tener teléfono, equipo de sonido, televisión, casa de dos pisos, con corredor y muebles».

Los niños de Pueblo Nuevo manifiestan que «las caras de las mujeres son muy distintas». «Las familias de la televisión son distintas, no tienen nuestros apellidos», «No hablan como nosotros». »La familia de la Viuda de Blanco es rica, tiene muchos carros, tiene finca». Mencionan a Pablo Rey, personaje juvenil de De pies a cabeza, y expresan que «él es de Bogotá y nosotros de Pueblo Nuevo», lo cual encierra no sólo distancias geográficas sino su percepción de modos de ser y de vivir que no pueden homologarse.

En relación con los «guiones», los niños rurales expresan de modo más fuerte que los de la ciudad las acciones que caracterizan las vidas de sus madres: «Las mamás de nosotros no son como las de la televisión: hacen oficio, lavan, cocinan, van al monte», dicen los de Zaragoza, cuyas madres trabajan en minería.

Los paeces las caracterizan como mujeres que «trabajan en la huerta», actividad que ejercen con bastante intensidad, además de los otros oficios domésticos que pueden ser similares a las madres de los estratos populares urbanos.

La tradicional división entre padre-trabador proveedor/ madre ama de casa parece tener una reestructuración en las mentes de los niños rurales.

Porque ninguno de los grupos verbalizó de manera tan nítida como en la ciudad el rol protagónico del padre en la obtención del sustento familiar, ni una especie de ética hipervalorativa del trabajo masculino.

Otro aspecto relevante de diferenciación enunciado por los paeces es que «en la Viuda de Blanco son muy enamoradores», declaración que pone de presente su percepción asombrada de la cultura afectivo-erótica de la televisión, y en particular del melodrama.

Constituye para ellos un elemento de «extrañamiento», en la medida en que no son socializados dentro de relaciones de pareja donde los esposos expresen su afecto abiertamente frente a los niños.

Esto, según lo hemos logrado dialogar con personas adultas pertenecientes a la comunidad paez, es atribuído por ellos , en parte, a su recepción de los códigos de la Iglesia Católica los cuales en comunidades aisladas de las dinámicas urbanas, han ido modificándose mucho más lentamente.

Los niños hablan de sus familias de manera más descarnada, aunque en algunos aspectos más simplista. En ambos grupos rurales las descripciones de los niños siempre empezaron por las alusiones al aspecto físico de sus progenitores: «Es así mismo como yo. Parecido a mí», dijo un niño paez. Y uno de Zaragoza: «Mi papá es acuerpado».

Hay que anotar que en los dibujos de familia que hicieron los niños negros sólo 3 de los 10 dotaron a sus representaciones de los rasgos propios de su etnia, como el pelo crespo, y el color de la piel.

La violencia intrafamiliar aparece citada con frecuencia, y en mayor medida en el grupo paez, donde 4 de los 10 niños hablan abiertamente del alcoholismo de los padres, y del hecho de que la madre busca entonces otro sitio o casa para dormir.

Uno de estos pequeños menciona que se lleva los niños con ella para donde la abuela. Otro se refiere a que el padre le pega a la madre. La ocurrencia de regaños y golpes como castigo también es reportada. Y -al igual que los niños urbanos- los del campo piden de manera muy fuerte buscar otros modos de corregirlos alternos a los regaños, golpes o que los «fueteen».

Un niño de Zaragoza dice que «a veces nos pegan cuando no obedecemos, no hacemos oficio, o no hacemos mandados ».

Los Sicodramas

Motivar y ayudar a organizar a los niños para que representaran -en grupos pequeños de 5 o 6- una escena cotidiana que mostrara el acto de ver televisión en el hogar, resultó una de las estrategias que más enriqueció la información del proyecto relativa al tema de la familia, y permitió explorar experiencias de los niños no «transmisibles» a través de su discurso verbal.

Usamos como «gancho» un televisor tridimensional hecho de cartón, el cual lucía más como un modelo «viejo», que como tecnología reluciente. Se realizaron y registraron un total de 15 sicodramas, puesto que en casi todos los grupos los niños representaron más de uno |19|.

La televisión, como una de las opciones del tiempo libre

Se evidencia la naturalidad con que los niños asumen simular su acción de ver televisión, un «guión» en el que se sienten «cómodos», y que ningún grupo rehusa. La televidencia tiene un lugar en el tiempo familiar. Se separa claramente del tiempo de trabajo remunerado de los padres varones, quienes en varios casos entran a la escena sólo después de su jornada laboral.

Varios de los grupos sugirieron las franjas del día durante las que se desenvolvía la representación: la tarde, la noche, o una mañana de domingo, segmentos que asociados a determinados tipos de programa, dan información sobre los tiempos que son los «típicos» de la televidencia: las tardes o noches de telenovela, o las mañanas de «muñequitos», estando los niños acostados en la cama matrimonial.

La televisión aparece asimilada a un tiempo diferenciado, distinto del tedioso del estudio, de la escuela, del trabajo asalariado, de los oficios domésticos, e incluso del sueño. De esto da fe también el conocimiento exacto que manejan los niños sobre los días y horas de sus programas favoritos, los cuales no dejan pasar.

Pero -simultáneamente- la televisión puede fluír paralela a los tiempos de hacer tareas, conversar, jugar, o pelearse. Todas estas actividades, y más, ocurren frente al televisor.

Es percibida entonces como «tiempo especial», pero a la vez mezclada con otras rutinas cotidianas centrales de la vida familiar.

El grado de «compartamentalización» o de «combinación» depende no de características intrínsecas a la televisión como tecnología, sino de la historia sociocultural de las familias, lo cual hace que tiendan hacia usos del tiempo «monocrónicos» -altamente programados, cada actividad con con una franja específica- , o más bien «policrónicos», los de hogares con agendas más flexibles, actividades diarias sujetas a la improvisación, y en las cuales es más probable que se desarrollen varias actividades al mismo tiempo |20|.

Hay que anotar que el tiempo de la TV entra en competencia con el tiempo de las tareas escolares y el de los oficios domésticos, y de esta manera fué manifestado en varios casos en los sicodramas. Los padres ejercen ocasionalmente el rol de «reguladores».

Sobre todo la madre, quien les recuerda que hagan los deberes, o en algunos casos sólo les permite ver televisión después de cumplirlos.

Preferencias de programación

Los programas seleccionados por los niños para significar los que estaban viendo en el momento de la representación fueron telenovelas, dibujos animados (Sailor Moon, Aventuras en Pañales), y partidos de fútbol.

En el EA de Cali los varones escogieron Los Simpsons y Quac, y las niñas La viuda de Blanco. En el conjunto de sicodramas el noticiero sólo es escogido por los padres varones, contradiciendo la voluntad de los niños. Cuando se les pregunta a los niños cuáles programas prefieren, casi siempre es un dibujo animado el que está en primer lugar.

Pero la situación doméstica de televidencia los convierte -por inducción femenina- en receptores entusiasmados de las telenovelas. En los sicodramas fueron muy fuertes las divisiones por género sexual en cuanto a las preferencias, y hay que tener en cuenta lo que ello implica como fuente de conflicto familiar.

Parece imponerse en la mayoría de los casos la elección del padre, sea fútbol o noticieros, pero su hegemonía es relativizada por el hecho de su no permanencia en el hogar la mayor parte del día. También los niños hacen referencia a peleas entre hermanos y hermanas por la decisión de qué ver |21|.

Las relaciones de los miembros de la familia

El padre casi siempre aparece como figura autoritaria fuerte, y como un actor que ostensiblemente regula las decisiones en materia de televisión, ya sean los tiempos o qué programas ver… cuando está en la casa.

Porque en muchas de las representaciones el padre no estaba, o llegaba a dar órdenes cuando la tempestad ya había pasado, y todo en el hogar había vuelto a la normalidad. Se muestra como un ser imperativo que irrumpe extemporáneamente en la escena doméstica, y vocifera agresivamente. Siempre termina imponiendo su voluntad para ver el programa que él quiere.

Con excepción de una representación del EA de Cali, en la cual los 5 niños varones descartaron tener una mujer en el equipo teatral, todas las otras escenas (13 del total de 15 sicodramas), tienen la madre como personaje clave que está presente en la actividad de televidencia de los niños.

Hay que resaltar aquí entonces la importancia de la investigación sobre la mediación materna, y la centralidad de la madre como actor social en los proyectos de educación y comunicación que impulsemos |22|.

La madre aparece en varias ocasiones como mediadora de los conflictos entre el papá y los hijos.Y respecto a la elección de programa, siempre toma partido a favor de los hijos o hijas.

La mayoría de grupos -10 de un total de 15 sicodramas- dramatizan situaciones de conflicto, con intensas discusiones, agresiones verbales y físicas.

En 4 de las representaciones, las de los estratos medios de las ciudades, los papás llegan a la casa ebrios. Hay varias actuaciones de peleas entre adultos: un padre que golpea a un tío, otro que le pega a la mamá y la tira al piso.

A pesar de la madre actuar como mediadora, también en varios casos se representa como una figura que trata a los niños de manera muy dura, con gritos e insultos. En muchos casos la disputa tiene como fuente el televisor, y la decisión sobre cuál programa ver; en algunos, la interpelación de la madre, sobre si los niños ya han cumplido con sus tareas o los oficios domésticos que les corresponden.

La televisión es usada como castigo y amenaza. Al representar la escena doméstica de ver televisión, los niños participantes en los sicodramas se involucran en situaciones marcadas por un clima de agresividad muy intenso, y por interacciones violentas entre ellos.

Surge la preocupación de si se trata de reproducciones de eventos similares que viven cotidianamente, o de si la dinámica de la propia representación teatralizada les induce a intensificar -algo juguetonamente- el «desorden» y las interacciones agresivas. Quizá haya algo de ambos. Sólo en el EA de Pereira el alto volumen del televisor da lugar a una resolución tranquila y dialogada del conflicto.

Cambios en los roles ?

Dos padres son representados acostando al bebé, y uno de éstos, además, se pone a ayudar a los niños con las tareas. Una madre llega del trabajo al terminar la tarde, a la par que su marido. Estos casos sólo se dieron en los EA de Cali y Pereira.

Son excepciones notorias a la representación generalizada de la figura de la madre como una mujer que permanece en el hogar, y la del padre como el que llega del trabajo. Es decir, los niños hacen actuar estos dos personajes según los «guiones» convencionales a los que ya hemos hecho referencia antes.

Aún en el estrato medio-medio de Pereira, el papá llega borracho y le pega a las hijas, quienes se van de la casa; exclama él entonces: «Quién me va a hacer la comida?», reiterando la asimilación de esta actividad a un guión típicamente femenino, frente al cual los niños conciben al padre como incompetente.

Los sicodramas reforzarían nuestro argumento de que los roles sexuales han variado en alguna medida en las narrativas televisivas pero quizá aún mucho menos en la sociedad real.

Las transformaciones de los sexos parecen alcanzar sólo los estratos medio altos y altos, y la mayor parte de la población seguiría creyendo y comportándose de maneras similares a las generaciones anteriores, aunque cada vez más mujeres decidan trabajar además fuera del hogar.

El contexto de la televidencia en el campo

La primera diferencia que se debe señalar es que la familia que sí tiene televisor comparte la actividad del ver con algunos vecinos que no lo tienen. Sin embargo esto no fué representado por los niños, sino observado y registrado durante el trabajo de campo.

Los niños se limitaron a las figuras de la familia, y tanto los de Zaragoza como los de Pueblo Nuevo tuvieron mucha dificultad en asumir y llevar a cabo la propuesta de simulación. Parecen no estar habituados a este tipo de situación.

De todas maneras, con la ayuda de los asistentes de investigación, se logró que ellos «actuaran» las escenas parcialmente, y poder entablar un diálogo posterior al «drama» sobre «cómo ven televisión».

En el caso de los Paeces, dicen estar viendo La viuda de Blanco o Fuego verde |23|. Hay que señalar que en el curso de esta investigación varias comunidades rurales reportaron el segundo programa mencionado como visto por toda la población, incluso en sitios donde el encendido de la planta local se supedita al programa que la comunidad desea ver.

En la escenificación de los paeces la madre está trabajando, de pié, en la cocina, mientras el padre y los niños ven televisión acostados, en la habitación donde se duerme.

El hecho de que el televisor se encuentre en el cuarto se puede explicar; en tanto las casas indígenas tradicionalmente no utilizan el espacio de la sala como espacio colectivo o de encuentro familiar; pues este lugar sigue siendo la cocina. La sala la utilizan más como depósito. La madre, después de cocinar, se sienta a ver televisión.

En Zaragoza uno de los grupos ve El dragón mágico, dibujos animados. La madre les interrumpe mandándolos a hacer los oficios de la casa; y cuando llega el padre -más adelante- los vuelve a interrumplir para ver él el noticiero.

Pasado el noticieron los niños pueden ver lo que quieran, y la madre distribuye la comida en la sala mientras todos ven TV. El segundo sicodrama de Zaragoza reconstruye admirablemente una rutina vespertina típica: Llegan del trabajo el padre y un tío. Los niños ven El Chavo, mientras la mamá prepara la comida.

Los adultos ponen a los niños a hacer mandados; cuando éstos vuelven cambian el canal para ver lo que ellos quieren; pero más adelante los adultos van a ver el noticiero y envían a los niños a la cocina. A la hora de la comida la madre sirve a los mayores en la sala; -viendo TV- y ella come con los chicos en la cocina. Ordena a los niños lavar la loza, y son llamados luego a la sala cuando va a empezar La viuda de Blanco.

El padre y el tío se van a arreglar un reloj, y cuando regresan ven el noticiero de Telepacífico. Los niños son mandados a dormir. El padre y la madre les dan la bendición. Cuando termina el noticiero, los adultos se van a acostar.

En ninguno de los sicodramas de los grupos rurales hubo interacciones violentas. Además, en las dos representaciones de Zaragoza parece que los adultos imponen su decisión a los niños sin ser cuestionados. También en el diálogo posterior los niños -también en Zaragoza-; explican que es usual que el papá cambie el canal para ver lo que le gusta. Algunos padres ven televisión mientras juegan dominó, y casi todos los días juegan.

Los niños explican que a veces ellos dejan de ver televisión para ir a jugar fuera de sus casas, en el poblado. También cuentan que comentan algunos programas durante el recreo escolar. Las mujeres dicen comentar las telenovelas con las vecinas, y que sobre los noticieros casi nunca se conversa.

Los padres no recomiendan ni prohiben programas. Reportan que los fines de semana los adultos ven televisión hasta tarde.

Los sicodramas del campo permiten explorar -de manera similar a la ciudad;- cómo los roles masculinos y femeninos están también construídos conforme a las nociones tradicionales; permitiéndosele a los hombres tener sitios y comportamientos que corroboren su estatus superior respecto a la mujer y los menores.

Otro aspecto pertinente compete a las relaciones que se tejen entre televisión y tiempo familiar. Es interesante pensar cómo en culturas rurales sujetas menos a rutinas estrictas, la televisión cumple; en algunos casos, un papel central en organizar formalizadamente el tiempo del hogar.

Aunque es constatable que el acceso a un número limitado de receptores de televisión en las zonas rurales; diversifica las cosas que hacen los niños durante su tiempo no escolar; (juegan al aire libre, se entretienen con animales domésticos, se van a bañar, pescar o coger tortugas; y ayudan a una gama de tareas como la huerta, cortar leña, etc.); también hay que registrar que unos pocos televisores en un asentamiento rural constituyen -junto con la radio-; los únicos bienes culturales disponibles como opciones de recreación, información y educación no formal.

Mediante la observación directa constatamos en Zaragoza cómo los niños salen de la escuela directamente a ver la película de Telepacífico del mediodía. Nos preguntamos qué potencial educativo tendría ese espacio; si fuera pensado para beneficiar un público rural infantil atento a lo que los diseñadores de la programación emiten en esa franja.


|19|. Seguimos, de manera bastante flexible, las indicaciones metodológicas de los textos siguientes: CORNEJO, Inés, «¿Cómo la ves?» El sicodrama aplicado para el estudio de la recepción televisiva de los niños, en OROZCO, G. (Coord.), Televidencia. Perspectivas para el análisis de los procesos de recepción televisiva, México: Universidad Iberoamercana, 1995, pp. 89-106, y “Cómo vemos televisión en la casa? “, en LOPEZ DE LA ROCHE, Maritza y GOMEZ, Griselda, Los niños cuentan. Libro de prácticas comunicativas, Santafé de Bogotá: Ministerio de Comunicaciones, 1996, pp.174-176.

|20|. Retomamos estas categorías del análisis de las relaciones TV-tiempo familiar hecho por Jennifer W. Bryce, en «Family Time and Television Use», LINDLOF,Thomas R., (ed)., Natural Audiences, New Jersey: Ablex, 1987.

|21|. La selección de programas hechas por los niños para los sicodramas confirma la información de un trabajo empírico previo sobre preferencias: LOPEZ DE LA ROCHE, M. Televisión, familia y escuela en Cali, Informe de investigación sin publicar, Cali: Asociación de Televidentes-Universidad del Valle, 1996.

|22|. OROZCO, G. «Familia, televisión y educación en México. La «teoría educativa» de la madre como mediación en la recepción televisiva de los niños», y «La mediación familiar en la construcción de la audiencia. Prácticas de control materno en la recepción tele-viciva» infantil», ambos en OROZCO, G. (Comp.), Hablan los televidentes. Estudios de recepción en varios países, México: Universidad Iberoamericana, 1992. El primer texto mensionado ha sido reeditado recientemente en el volumen OROZCO, G., Televisión y audiencias. Un enfoque cualitativo, Madrid: Universidad Iberoamericana-Ediciones La Torre, 1996.

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