Familia y Televisión, parte 4

Competencias de los Niños para los Modelos Narrativos

Se debe señalar que su conocimiento del formato de la serie, de los personajes, y de las situaciones que ellos dramatizan no se reduce a un programa aislado, sino que es un saber acumulado por la frecuencia de ocasiones en las que han sido espectadores de los diversos episodios que se transmiten semanalmente. Se trata de la «repetición con variaciones», estrategia estética de la serie comercial |17|. familia

Una de las niñas del EB de Cali, se refiere a Padres e hijos, conformado con base en un proyecto de recepción claramente pedagógico. Consiste en la fórmula narrativa clásica de conflicto y resolución.

La niña expresó así su manera de captar el patrón narrativo genérico: «Al principio se ponen bravos, pero cuando el programa se va a acabar, comprenden». En general, es visto por todos los niños como un relato de enfrentamientos y reconciliaciones.

Debe anotarse que sin lugar a dudas, la telenovela, -durante el momento de la investigación La viuda de Blanco- fué el programa que más emocionó durante los talleres, a los estratos populares y medios, y también a los niños paeces y afrocolombianos.

En el EA parece estar más bien en las preferencias de las niñas. Esta constatación, de que las telenovelas -también las que copan la franja de la tarde- están incluídas en los primeros lugares de las preferencias de los niños, nos lleva a establecer conexiones con tres de las ideas exploradas por el analista de procesos de comunicación norteamericano Joshua Meyrowitz.

Reitera él la no separación entre «televisión para niños» y «televisión para adultos», ya que los niños consumen ambas, e incluso quizá mayor cantidad de la segunda. Se refiere también a las dificultades de establecer divisiones espaciales entre esas dos ofertas durante la televidencia en sí, ya que a menudo adultos y niños compartimos una misma habitación cuando vemos televisión.

Y, adicionalmente, evalúa Meyrowitz el enorme interés que suscita en los niños el acceso que este medio doméstico les ofrece a explorar de cerca el mundo de los adultos, e incluso a revelarles los comportamientos que ellos no siempre dejan notar en la vida real |18|.

Representaciones, Estereotipos, Guiones

Los Picapiedra hablan mucho por teléfono: se cuentan sobre los maridos y sobre las mujeres.

Aunque series como Los Picapiedra o Los Simpsons probablemente no son miradas por los niños con una lógica de aprendizaje, sino posiblemente asociadas más bien a la categoría de «muñequitos» o dibujos animados, daremos cuenta -a partir de los diálogos sostenidos con los niños-, de cómo el ver estos programas propicia la construcción de determinados significados que permiten deducir la acción de pedagogías invisibles en las dramaturgias de la televisión comercial de entretenimiento.

La familia nuclear tradicional, grupo estrella del comercial sobre el desayuno, o del que promociona artículos para bebé, siluetas ideales recortadas por la publicidad, y a las que ella dota de rostros sin tensiones, parece ser una construcción también interiorizada por los niños.

Las separaciones conyugales, los padrastros integrados a la nueva familia y las ausencias de alguno de los padres no fueron mencionadas abiertamente, sino que «aparecieron» después de varias conversaciones.

Esto puede indicar que la niña o niño lo percibe como una situación algo anómala, y además que probablemente ha implicado un proceso doloroso para ella o él. De Padre e hijos dice una niña del EB de Cali que «es una familia completa y feliz», en comparación con la suya, de padre ausente quien según su relato «trabaja en Miami».

Las niñas del EA de Cali señalan la diferencia entre sus familias y la de la serie Full House, donde un hombre joven cría sus hijas conviviendo con los hermanos adultos de él. Captan como «atípico» este agrupamiento familiar.

En la experiencia de indagación-diálogo con los niños, Pedro Picapiedra es percibido de manera negativa. Los niños dicen que es gritón y bravo, y las niñas que no escucha a Vilma, no le hace caso, que es cansón, tramposo.

Quiere ganar el dinero de manera fácil, «sin sudarlo», es perezoso. Varios niños se refieren a que no tiene tiempo para mimar a Pebbles.

De Vilma los niños dicen que es alegre, inteligente y buena. Las niñas expresan que está encargada de la casa, y «cuida a Pedro y a Pebbles». Se asimila a Pedro a la imagen de padre trabajador, y a Vilma a la de madre amorosa y protectora, y ejecutora del rol de ama de casa.

De Homero Simpson varios destacan que «trabaja mucho para darle a sus hijos». Sin embargo, señalan que «es dormilón».

Varios recuerdan que Homero a veces llora, incluso algunos lo describen como «llorón», en oposición a afirmar que «mi papá nunca ha llorado». A diferencia de los Picapiedra, establecen que «Homero sí le da comprensión a sus hijitos», «los quiere mucho».

A Margie la caracterizan como amable, pero que reprende a Bart, y también a Homero cuando duerme. Destacan que «mantiene con sus hijos».

De Bart dicen que es travieso, mentiroso, molestón, y hace enojar a su mamá. Los varones fácilmente se identifican con él. En general ven la familia Simpson como una familia «bacana» y «divertida». Claro que no omiten el hecho de que también en la familia Simpson hay peleas.

No aflora la percepción crítica y sarcástica de la familia norteamericana. Sólo en el estrato alto de Cali se empieza a insinuar una complicidad con la irreverencia de la serie, y su burla a los «guiones» tradicionales establecidos.

Insistimos en que la concepción de los niños urbanos de los sectores bajo y medio del modelo patriarcal padre trabajador-proveedor/ madre ama de casa al cuidado de los hijos se iguala con los modelos propuestos por la televisión, desde programas como Los Picapiedras o Los Simpsons.

A este esquema podrían homologarse muchos otros, enlatados o de fabricación nacional. En el caso de Pedro Picapiedra hay que introducir la salvedad de que el personaje, precisamente, al ser criticado por querer ganarse la plata sin trabajar mucho, resaltó aún más el ideal de los niños del padre trabajador que se esfuerza por «sacar adelante a sus hijos». A similares críticas fué sometido Homero Simpson por perezoso y dormilón.

En el dramatizado Padres e hijos es interesante destacar que los personajes son percibidos más complejamente. El papá es a veces bravo y a veces no.

La mamá a veces es «un poquito» brava. Pero ambos padres son descritos como comprensivos y cariñosos. Los niños han interiorizado la idea de que se trata de un grupo familiar que resuelve sus conflictos a través del diálogo, la comprensión y el buen trato.

Apuntaría esto a explorar cómo los personajes de la serie aludida no están tipificados por uno o dos rasgos predominantes, como los gritos de Pedro Picapiedra o sus frecuentes torpezas, o el descanso sedentario de Homero Simpson.

En La viuda de Blanco los niños perciben que los personajes «pasan mal, peleando».Lo afirman contando los conflictos entre ellos, o mencionándolos.

En relación con esta historia surgen inmediatamente los adjetivos de «buenos « y «malos», para agrupar los personajes. Esto marca una distinción importante, entre las maneras de ver los otros programas aludidos (Picapiedras, Simpsons, Padres e hijos) , cuya construcción de personajes no suscitó en los niños esta oposición esquemática.

Cabría entonces plantear que los programas que se estructuren alrededor de mecanismos de construcción de personajes y situaciones más complejos podrían involucrar al niño-espectador en una similar «complejización» de sus formas tanto de ver la televisión como de examinar la realidad con la que interactúa.

El circuito «representación televisiva»-»operación mental» y «realidad factual» operaría una rearticulación que posibilitaría otras miradas y otras «categorizaciones» menos simplificadoras. Esta veta ofrece una de las perspectivas dentro de las que es necesario explorar para responder a la pregunta sobre la influencia.

En referencia a los «guiones» mentales, intentaremos relacionar algunas ideas a partir de los ejemplos ya mencionados. Podemos inferir que los dibujos animados y otros programas sobre familia que hemos explorado presentan «guiones» de comportamiento interpersonal y para otros aspectos de la vida social, no sólo los relacionados con el núcleo familiar.

Exista o no un proyecto pedagógico intencional, -más explícito desde el polo de Padres e hijos que desde el de La viuda de Blanco, las acciones que realiza cada personaje son captadas por los niños en tanto no casuales sino repetitivas, es decir, que se remiten a patrones de comportamiento regular.

Esto lo comprueban las generalizaciones que establecen los niños en su discurso a partir de haber visto no sólo un episodio sino varios: en referencia a Los Picapiedras, declaran que «Los hombres adultos trabajan, (…) no ayudan en la casa, no lavan loza, no trapean». Margie Simpson, literalmente, «cuida al bebé (…) hace oficio y prepara la comida».

En el EB de Pereira anotaron que los niños Picapiedras no hacen nada, no colaboran en los trabajos domésticos, lo cual establece una comparación clave con su propia situación. Desde otra perspectiva, resaltan que «Las mujeres son muy amigas», adhiriéndose a sus relaciones de solidaridad y complicidades.

La afirmación de una niña del EM de Cali de que «Margie manda en la casa» es un predicado que además de definir un «guión» nítidamente, pone de presente las sutilezas entre roles explícitos e implícitos tanto de la vida real como de las familias de la televisión.

O sea, que los niños aprehenden y aprenden, qué es ser madre según Vilma Picapiedra, o cómo Diego Blanco asume una «paternidad» ejemplar con dos niños que no son sus hijos biológicos.

Las familias ficticias, entonces, pueden ser tan reales y «eficaces» como las de carne y hueso que rodean a los niños, en cuanto a enseñar cómo comportarse en el hogar y fuera de él. Los ejemplos examinados -exceptuando parcialmente a Padres e hijos se adhieren al modelo de familia patriarcal con padre trabajador y proveedor.

Los niños de EB acogen sin cuestionar a esta figura, que además de estereotipo parece constituír el ideal deseable. La madre sería el estereotipo complementario, organizadora de lo doméstico, y a la vez protectora de sus críos, y hasta de su marido. Y -rasgo esencial- surtidor de afecto, compañía y atención a los pequeños, aunque a menudo “muy regañona”.

Sin embargo, la percepción del mensaje que describe una familia convencional, tiene que verse a la luz de la sensibilidad que se evidencia en los niños, de desear unas relaciones entre padres varones y ellos con elementos similares a lo que caracteriza el trato con las madres: compañía, ternura, tiempo de estar juntos, atención especial.

La mayoría de programas presentan guiones convencionales que son aprehendidos así por los niños, y habría que preguntarse qué fuerza tienen en consolidar -dentro de la sociedad- los viejos roles propuestos.

De hecho, las descripciones de los niños de todos los estratos de sus propias familias tienen escasos elementos de aceptación y valoración de los cambios socio-culturales en la familia colombiana.

Es más, esos cambios forzosos que -con mayor peso en los estratos bajos- se han visto obligados a afrontar, a causa de diversas formas de desintegración familiar, no son admitidos abiertamente como situaciones comunes o frecuentes, si no más bien algo de lo que es mejor no hablar.

Los niños de estratos bajos y medios-bajos y también los de áreas rurales tienen con mayor frecuencia familias rotas o que no se homologan al constructo típico de la familia nuclear.

Distancias entre el Hogar de la TV y la Propia Familia

Al comparar las familias de la TV con la propia afloran también algunos rasgos negativos de las familias de los niños: «A ellos (Lisa y Bart), los quieren mucho y a mí no» cuenta una niña del EB de Cali. Ante la sorpresa de los otros, inmediatamente niega lo dicho.

Este dato es consecuente con respuestas anteriores de la niña. Otras menciones del mismo grupo son: un padre bravo y celoso, un padrastro que no le da cariño a una niña, un papá que se parece a Homero «en lo pelión».

También hay alusiones de dos niñas a que en la ficción analizada «no se tratan tan duro» como en las familias de ellas. Esto lo señalan comparándolo con el hecho de que «Vilma no se enoja con Pebbles». Por el contrario, algunos destacan que su padre no es tan bravo, ni grita o come tanto como Pedro.

Una de las diferencias más comunes que ven entre los Simpsons y sus familias también alude a los roles de los padres. Según varios niños sus papás son tan trabajadores como Homero, pero este personaje pasa más tiempo en su casa que los padres de ellos.

De los comentarios de los niños no se percibe que sus padres varones participen en las tareas domésticas, ni en los cuidados físicos de los hijos. Los niños del EB de Pereira señalan que los personajes de los programas de TV analizados trabajan, «mientras que en nuestras casas muchos no tienen trabajo».

También advierten que la mamá de Padres e hijos estudia, estableciendo así una distancia respecto de sus propias madres. En el EA, también de Pereira, definen a los Picapiedras y a los de Padres e hijos como familias «comunes y corrientes»; lo que confirmaría -entre otros- el no poner bajo examen el modelo de familia convencional.

En el EA de Cali hubo mucha resistencia entre los niños varones (5) a comparar explícitamente sus familias con las de la TV. Manifestaron su crítica a éstas: «Son imbéciles porque no saben tratar bien a sus hijos», «Son regañones».

Defienden a sus familias, las prefieren: «Las de nosotros son chéveres y las de la televisión son una mierda»; «Picapiedra es un perezoso y mi papá y mi mamá son mucho mejor que esos tontos»; «mi familia no es tan cursi». Sólo un niño declara sobre Padres e hijos que «es bacana porque siempre terminan felices y siempre perdonan a los niños».

Los varones del grupo defienden a los Simpsons pero como programa. Hay una mirada de distanciamiento, de escepticismo burlón, pero no sugieren otros «guiones», no hay contra-relatos, contrapropuestas. Las niñas del grupo (5) sí aceptan compararse con las ficciones. Como rasgos de semejanza destacan ver televisión en familia como los Simpsons, ser una familia unida y hablar de los problemas al estilo de Full House.

La reflexión que construyeron los niños sobre sus propias familias, en el «movimiento» de desplazarse entre el texto televisivo y de nuevo hacia su propio hogar, nos lleva a plantearnos el potencial que pueden tener los usos de la televisión como mecanismo de análisis comparativo con la experiencia directa del niño.

La ficción televisiva puede funcionar como un texto que dinamiza procesos interpretativos de la realidad, y de similar manera lo hemos hecho con las indagaciones sobre su propia comunidad, el país y el mundo.

Antes de abordar el siguiente aspecto, es necesario detenernos sobre una de las cuestiones que va quedando en claro al rastrear las articulaciones entre experiencia vital directa del niño, narrativas televisivas y cambios socio-culturales.

Los niños toman distancia frente a algunos de los comportamientos que ven tanto en la pantalla como en su propia familia, y esto pone de presente que ellos mismos están experimentando necesidades de transformación, aunque quizá no en el grado ni sobre el rango de aspectos de la vida familiar que sería deseable modificar.

Los niños de los EB han criticado algunos rasgos de los modelos de mamá y papá establecidos, pero únicamente en el ámbito de las relaciones afectivas, tendiendo a solicitar un comportamiento más amoroso y de cuidados con ellos de sus padres varones, y menos regaños de sus madres.

El niño o la niña interpelan a la sociedad a través de su experiencia de lo que para él o ella es más vital: su bienestar emocional. Desde allí habla.

No tiene un discurso explícito sobre la obligatoriedad social a que el padre trabaje determinado número de horas y no esté legitimado que atienda a sus hijos, así como tampoco expresa que las metas de las mujeres de los grupos medios y altos han cambiado. Una razón para ello es el rango de edad, 8 a 10 años, todavía muy temprano para racionalizar esos cambios en los guiones sociales.

Otra puede ser el hecho de que quizá los guiones en la vida real se transforman más rápido que sus correspondientes reconocimientos en las mentalidades y los discursos colectivos.

Sin embargo, nos parece de singular importancia destacar que desde su vivencia de la intimidad afectiva el niño y la niña aspiran a que la sociedad reconozca las parcelas problemáticas que alberga, y la necesidad de transformaciones.

En consecuencia, la exploración sobre televisión y vida psico-afectiva en la infancia, y la atención a este ámbito de la experiencia humana se constituyen -a partir de las demandas fuertes de los mismos niños- en un lugar potencialmente rico para percibir y alentar cambios socio-culturales cuyas consecuencias podrían articular renovaciones en lo privado pero también en lo público: el cuerpo, la intimidad, los modos de acercarse y tocarse, las formas de comunicación interpersonal y el tipo de relaciones de poder que instauran o reinventan.

La TV: ¿Abundancia, conflicto y simulacro?

En la exploración de las percepciones que tienen los niños de EB y EM sobre sus familias; comparadas con las de la televisión, no aparece inmediatamente la referencia al mundo objetual en el que se desenvuelven los personajes; el cual podría dar lugar a las lecturas sobre situación socioeconómica.

Sólo en el curso del diálogo sobre familia, y más bien hacia el final, aparecen las alusiones a que «la familia Simpson es distinta porque tiene carro»; y a que los hogares de los Picapiedras y sus amigos tienen aparatos que «no son modernos», como los de las casas de ellos.

La vivienda y el mobiliario, es decir «la casa», cobra importancia al referirnos a un programa como La viuda de Blanco. Pero fue a consecuencia de hacer una solicitud explícita a los niños, de explorar este tema.

Después de decir simplemente que la casa era «chévere», fueron describiéndola; «tienen rejas, cosas bonitas, sofá, comedor, asientos, camas, cortinas, lámparas, muebles, floreros, juguetes, jardín, bañera, mucho espacio». Mencionan también la finca y los caballos. Destacan también la presencia de las empleadas domésticas en su escenario cotidiano.

Los niños de EB y EM perciben y lo dicen de manera muy explícita, que la vivienda de Doña Perfecta es totalmente distinta de las casas de ellos; »Es muy grande»; «La viuda tiene muchas comodidades, cosas elegantes», «Se diferencia de todo en mi casa»; »Hay muchas alcobas y muy lindas», «La cama es muy linda y la mía no», «No tenemos muebles».

Una niña enuncia que «ellos son ricos y nosotros no, somos pobres». Y otra añade que situación similar se presenta en lo que muestra otra telenovela transmitida en la tarde, María la del barrio . Los escolares del EB de Pereira que habitan la ribera del Río Otún; dicen que en la televisión «viven en casas de material mientras que nosotros vivimos en casas de bahareque».

Al preguntar a los niños sobre qué diferencias hay entre «las familias de la televisión» y las de ellos; -es decir al hacer una abstracción que oponga los dos mundos, las respuestas pueden sintetizarse en tres apreciaciones; primero, la abundancia que pinta la televisión, frente a la cual los niños de los estratos populares se sitúan como pobres; y lo explicitan abiertamente: «casi todo lo que pasa por la TV es de ricos» y « uno es pobre».

Mencionan a Sobrevivir y a El día es hoy, como ejemplos de los programas que sí describen mundos populares. Pero frente a este dato algunos niños manifiestan que prefieren los programas sobre ricos, «porque uno piensa que va a estar rico».

Añade a esta oposición mundo ficticio vs. realidad, el comentario de que »en la TV no se mantienen pensando qué va a pasar; «en cambio en la familia de uno la mamá se mantiene preguntando ay, qué voy a hacer para la comida».

Esto muestra la percepción tanto de grupos humanos como de relatos televisivos; donde quizá la mayoría de las acciones cotidianas más ordinarias de las personas, o sus necesidades rutinarias son omitidas; a favor de hechos más espectacularizables como la riqueza y el lujo; o los poderes esotéricos de los niños de la telenovela más popular del período 96-97.

La segunda apreciación tiene qué ver con la tematización de conflictos interpersonales en la TV. Pero aquí las opiniones están divididas. Algunos niños expresan que en la televisión se pasan el tiempo peleando y en su familia no.

Otros, por el contrario, afirman que en la televisión son alegres, se comunican, dan buenos consejos; y no maltratan a sus hijos sino que les dicen qué deben hacer. En cambio en sus familias regañan. Esta percepción parece depender entonces, de la propia situación sicoafectiva del niño, y las formas de comunicación interpersonal en su grupo familiar.

En el EM de Cali hubo un caso que puede ilustrar la relatividad expresada aquí; Un niño cuyas alusiones a su familia mostraron regaño y algún tipo de maltrato; se refiere a que «En Padres e hijos los papás no son tan bravos».

La tercera percepción tiene qué ver con el sufrimiento. En la vida real se viven las cosas y uno las sufre, en el dramatizado uno no las sufre. En la tele pasan cosas que no son reales como las que uno vive, por ejemplo de fantasmas.

Los actores son diferentes a las personas porque no sufren. Para uno de los niños del estrato popular de Cali, la vida es sufrimiento,;y la televisión es un espacio donde ese sufrimiento no está presente, porque es simulacro.

Las tres percepciones enumeradas, -la opulencia,el conflicto relativizado y la vivencia del sufrimiento narrado por las ficciones;- son elementos para plantear de nuevo la centralidad que tienen instancias como la familia, o una determinada «comunidad de apropiación»; en darle forma a las lecturas que hacen los niños desde la televisión.

Porque ninguna de estas tres «interpretaciones» podría adjudicarse a rasgos inmanentes a los textos televisivos; sino a elaboraciones que formulan los niños desde su lugar social; desde las mediaciones de su propia experiencia familiar de carencias o lujo, de climas afectivos llenos de conflicto o formas pacíficas de resolverlo; y de experiencias vitales de sufrimiento o ausencia de él.

Los Niños y las Familias Rurales

Abordaremos los aspectos que impliquen diferencias significativas respecto de los niños de los distintos estratos de la ciudad analizados. Los Picapiedra son mencionados como uno de los favoritos por casi todos los niños de Zaragoza y Pueblo Nuevo.

También, aproximadamente la mitad de los niños nombran a Los Simpsons como vistos. Hay menciones de Dejémonos de vainas, y en menor proporción de Cazados. En cambio la comedia enlatada Full House no tiene acogida; y en el contexto paez de Pueblo Nuevo Padres e hijos no parece captar su interés cuando lo proyectamos.

Quizá se deba a su problemática de niños urbanos y a su dramaturgia más bien plana, no espectacular. Paradójicamente, La viuda de Blanco, que podemos percibir como un mundo y un relato totalmente diferenciados de una comunidad indígena; relativamente separada de la sociedad mayor, captó de manera especialmente entusiasmada la atención de los niños paeces. Así mismo de los afrocolombianos.

Los niños del campo son diestros para captar las narrativas de sus formatos favoritos, la telenovela y el dibujo animado. Varias telenovelas de la tarde son vistas por ellos.

Estamos lejos de poder comprender qué significa -como experiencia de la sensibilidad, y como construcción de significados sociales;- la televidencia de estos programas para los niños de culturas que presentan elementos fuertes de distanciamiento con las culturas urbanas mestizas.

Nos hemos preguntado cómo son percibidos personajes de La viuda de Blanco; que encarnan apariencias, maneras de ser y vestirse, moverse y actuar; tan distanciados de lo que puede ser la vida de un niño indígena o negro de una pequeña y aislada comunidad rural.

Igualmente, qué cercanías o distancias implican los ejes del melodrama; que dan cuenta de toda la trama emotiva que ofrecen como estrategia de relación interpersonal.

Y, por otra parte, cómo es aprehendido por los niños rurales el «milieu» de la telenovela: en tanto habitat y mundo objetual; qué significa para estos pequeños atravesados por las diferencias de su etnia y su situación socio-cultural?.

Estas preguntas rebasan los límites de la presente investigación. Pero nos referiremos a los aspectos que hemos logrado empezar a explorar a partir de nuestra indagación centrada en la temática de familia.


|17|. ELLIS, John. Visible Fictions, Londres: Routledge and Kegan Paul, 1982.
|18|. MEYROWITZ, Joshua, «The blurring of childhood and adulthood», en No sense of place. The impact of electronic media on social behaviour, New York/Oxford: Oxford University Press, 1985.

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