Familia y Televisión, parte 2

Serge Proulx y Marie France Laberge (1995) ,investigadores canadienses, han abordado las siguientes cuestiones: cómo las emisiones televisivas constituyen un material particularmente pertinente para iniciar conversaciones y eventualmente profundizar los intercambios entre los miembros de la familia; si los niños ven televisión con sus padres, o si instauran por el contrario una especie de «subcultura» familiar; si los hijos tienden a reproducir los patrones de consumo de los mayores; cómo se da la asimilación de los valores difundidos por la televisión; cuál es el papel del ambiente intelectual presente en la vida familiar y en la formación de modelos de uso de la TV, y si existen, en la familia, recuerdos comunes asociados a la televisión. |10|

La mayoría de los investigadores citados en este capítulo tienen como premisa clave que la familia es la unidad social en la cual se produce la mayor parte de nuestro consumo temprano de los medios, y que las pautas de consumo mediático se generan y mantienen dentro de ese espacio sociocultural, el cual tiene un papel mediador muy potente.

La familia produce constructos, disposiciones, expectativas y fantasías que comparte sobre su mundo social. Postula entonces la familia como una situación clave en la comprensión del poder de la TV en la sociedad moderna, y expresa la necesidad de comprender la naturaleza de la domesticidad en el seno de la cual recibimos los medios.

En el caso de Silverstone la pregunta de la que parte es cómo logró la televisión penetrar tan profunda e íntimamente en el tejido de nuestra vida diaria. Para él, la televisión funciona como «objeto transicional», categoría que retoma del sicoanalista inglés D. W. Winnicot.

Esta teoría se refiere a la primera posesión del bebé -que puede ser un osito, una muñeca u otro-, que se llega a constituír en foco de una gran actividad emocional y cognitiva, y que a su vez constituye la primera señal para el niño de que está separado de su madre. Ese «objeto transicional» posibilita el paso del sujeto hacia un espacio externo a él. Por medio del objeto se entiende con lo percibido subjetivamente, pero también con las circunstancias objetivas, con el ambiente que lo va circundando.

El espacio que ocupaba ese objeto primero se llena con otras actividades y formas culturales que continúan la tarea de proporcionar alivio a la urgencia de asumir realidad interior y realidad exterior. Es el espacio potencial donde « se siembran las semillas de la cultura». En ese circuito sujeto-objeto transicional-ambiente, sitúa Winnicot la aptitud del individuo -niño o adulto- para realizar cualquier actividad creativa, en las artes o en las ciencias, o vivir de manera imaginativa.

Para Silverstone los medios, y quizá sobre todo la televisión, «ocupan el espacio potencial que dejaron las mantitas, los osos de paño y el pecho materno» y funcionan como objetos transicionales. Median entre ilusión y realidad, entre subjetividad y objetividad, e instauran rutinas, ritos, tradiciones y mitos, que son la materia del orden social y de la vida cotidiana.

Muchas tecnologías -explica- en particular las que comunican e informan, tienen la capacidad de generar un grado de dependencia, seguridad y apego similar a la televisión; y cada una de ellas es potencialmente creadora, o adictiva.

La categoría de «objeto transicional» es usada por Silverstone vinculada a la de «seguridad ontológica» de Anthony Giddens, por medio de la cual se explicaría que el ser humano requiere una fe básica en la continuidad de su identidad propia, y en la constancia de los recursos circundantes de acción social y material; una creencia en la fiabilidad de personas y cosas que es fundamental para sus sentimientos de seguridad.

Concierne al «ser en el mundo», y es un fenómeno más emocional que cognitivo, que tiene sus raíces en el inconsciente. Sostiene Silverstone que la «seguridad ontológica» se sostiene por lo que es familiar y predecible, y explora la función que en el logro de ese sentimiento de confianza frente a estar en el mundo, le compete a la televisión. La información nos hace miembros de una colectividad; el entretenimiento nos gratifica. Los medios se convierten en foco de gran parte de nuestra vida emocional.

Nos previene Silverstone, sin embargo, frente a rotular su reflexión como un reduccionismo y esencialismo que asimilaría la experiencia del ver TV o el consumo de medios no a fenómenos sociales e históricos complejos, que se apoyan en la esfera de la acción y la variación cultural, sino en la necesidad física o biológica, o de la satisfacción de ciertas necesidades humanas fundamentales.

La razón para la tesis de la cual parte es la de indagar un área de la relación sujeto-medios que a su juicio es medular para explorar los fundamentos de su poder, y las posibilidades de transformar las relaciones de los medios con sus usuarios.

Otros aspectos complementarios deben ser abordados aquí. La televisión puede ser un instrumento que permite comprender la interacción familiar, tanto en su interior, como con el medio social. Las pautas de uso de la televisión en una familia son indicadoras del modo en que ella se construye y se mantiene a sí misma como unidad social en el tiempo y en el espacio.

Habría que dar cuenta de especificidades como la etapa que transita la familia en su ciclo vital; la importancia de la edad, la clase, la etnia, el sexo; las particularidades de la historia y la cultura de cada familia. Adicionalmente, explorar el escenario doméstico hace ineludible evaluar la pareja medios-consumo, pues la radio, la prensa, la televisión, el cine y otras tecnologías nos integran a una cultura del consumidor.

La vida doméstica es un fenómeno cultural e histórico. Se fundamenta en la creación de una clase burguesa que sólo se elevó a una prominencia comercial y cultural en los comienzos del siglo XIX.

En América Latina ya fué mencionado el grupo de CENECA como pionero al estudiar la relación familia-TV, y asumir a los padres y madres como uno de los grupos participantes en sus talleres de lo que se llamó «recepción crítica». Ya hace 10 años, en De los medios a las mediaciones (1987), Jesús Martín Barbero planteaba la familia como unidad básica de audiencia televisiva.

En relación con esto, volvía su atención a la cotidianidad familiar como ámbito clave, forma de relación primordial y vivencia fundamental del mundo popular, no reductible a las tareas de reproducción de la fuerza de trabajo. Señalaba él entonces la negativa de la intelectualidad y la izquierda respecto a pensar la mediación social que la familia constituye.

Y exploraba cómo la «mediación que la cotidianidad familiar cumple en la configuración de la televisión; no se limita a lo que puede examinarse desde el ámbito de la recepción, pues inscribe sus marcas en el discurso televisivo mismo».

Explicaba cómo dichas marcas son rastreables en la «simulación del contacto»; a través de los recursos del animador y su interlocución personalizada en un tono coloquial; y en la «retórica de lo directo», que usa como estrategias la proximidad entre el espectador y lo que pasa en la pantalla; y la «toma directa» real o aparente. |11|

En México Guillermo Orozco ha fundamentado sus trabajos y propuestas investigativas en estrategias que articulen la trilogía medios-familia-escuela, como instituciones que no pueden ser desagregadas a la hora de examinar los procesos de recepción de medios.

De manera similar, sus estrategias en el área de pedagogía con los medios, las cuales tienen los niños y adolescentes como población-objeto; han articulado la familia como un grupo fundamental que debe ser involucrado |12|.

En el Perú, los trabajos de Rosa María Alfaro y Sandro Macassi, y también el de María Teresa Quiroz Todas las voces (1993); aluden a la familia como actor principal en las iniciativas educativas que se adelanten con la televisión; ya sea desde la escuela o desde grupos de la sociedad civil. La investigación de Alfaro y Macassi ha sido divulgada por el libro Seducidos por la tele.

Huellas educativas de la televisión en padres y niños (1995), que por su lenguaje coloquial aspira -justamente- a sensibilizar; entre otros grupos, a las mamás y papás comunes |13|.

En la parte siguiente de este capítulo abordamos los hallazgos del trabajo de campo referidos a la familia. Es fundamental destacar que la exploración asume como referencia permanente los procesos de cambio sociocultural; que en las últimas décadas han gestado transformaciones significativas al interior del grupo familiar en la sociedad colombiana.


|10|.PROULX, Serge y LABERGE, Marie-France, “Vie quotidienne, culture télévisuelle et construction de l’identité familiale”, en Reseaux n 70 (1995), pp 121- 138.
|11|. MARTIN BARBERO, Jesús, De los medios a las mediaciones. Comunicación, cultura y hegemonía, México: Gustavo Gili, 1997, p. 232 y ss.
|12|. Pueden consultarse: «El papel mediador de la familia y la escuela como comunidades de legitimación del aprendizaje televisivo de los niños», en Recepción Televisiva, México: Universiad Iberoamericana, 1991; «Familia, televisión y educación: La «teoría educativa de la madre como mediación en la televidencia de los niños», en Televisión y audiencias. Un enfoque cualitativo, Madrid: Ediciones La Torre-Universidad Iberoamericana, 1996.
|13| ALFARO R. M y MACASSI, S., Seducidos por la tele. Huellas educativas de la televisión en padres y niños, Lima: Calandria, 1995; QUIROZ, M. T., Todas las voces. Comunicación y Educación en el Perú, Lima: Universidad de Lima, 1993.

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