Compararse con los demás

Compararse con los demás

¿Compararse con los demás, por qué no debes hacerlo? Uno de los grandes problemas que enfrentan hoy tanto hombres como mujeres en edades entre los 15 años y 50 años es que a toda costa quieren parecerse a… o compararse con.

Este tipo de personas tienen por cierto, baja autoestima, envidian y se amargan por todo lo que pueda tener su vecino de barrio, de trabajo, compañero universitario o estudiante de bachillerato; viven en una continua competencia, silenciosa y frustrante.

Surge entonces una personalidad insegura e inferior. Recuerda que tú eres único, que tienes talentos, belleza, aptitudes y actitudes que no son comparables con las de nadie; compararse con alguien siempre incrementará en ti un sin sabor; porque siempre habrá personas mejores, más inteligentes, más atractivas, más simpáticas, más afortunadas que tú.

Las personas que suelen parecerse a… o compararse con los demás son muy perfeccionistas y viven en función de la apariencia. Esa actitud lo único que genera es que te lastimes, te apabulles, te vuelvas tímido, inseguro, intranquilo, envidioso, egocéntrico y resentido.

Si tú vives a expensas de la sombra del otro jamás lograrás progresar. Para no caer en tal actitud es importante establecer que todas las personas son diferentes; que tú también tienes logros, atributos y si quieres también puedes relucir y destacarte.

Recuerda que este mal hábito es dañino. Mira lo que tienen los demás con admiración, pero JAMÁS con envidia,  este sentimiento negativo corroe y acorrala.

No es cierto el viejo y trillado dicho: “siento envidia sana”, es envidia de todas formas. Siempre detrás de la envidia hay rabia, frustración y tristeza. La envidia nos impide ver que se nos presentan oportunidades, pero por querer parecerse a… las dejamos pasar. El que se compara no es auténtico, le importa la vida de los demás y no cultiva sus virtudes y logros.

Las personas que se comparan con… o quieren parecerse a…, son personas que siempre están pensando en el qué dirán y necesitan siempre la aprobación de los demás para tomar sus propias decisiones porque no se arriesgan a comprobar por su propia cuenta que son capaces.

Ojo si comparas a tus hijos con los demás…

Pero lo más grave es que se comparen a los hijos; ya sea con los hermanos o con los compañeros de curso o con los vecinos.  Si tú lo haces con tus hijos, mucho cuidado. Porque se vuelven hostiles, frustrados, deprimidos, inseguros. Y lo más grave, se les produce un daño psicológico de  por vida.

Los hijos son únicos; que importa que el niño vecino toque violín o sea un destacado deportista; recuerda que tu hijo también puede llegar a ser alguien destacado; pero no lo deprimas con comparaciones; mucho menos le digas a tu hijo que su compañerito sí es inteligente, bonito, educado, esbelto.

Si tú crees que esa es la mejor fórmula para que tu hijo cambie; estás haciendo todo lo contrario; le estás cavando su propia “tumba” de frustraciones, depresiones e inseguridades.

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