Las Primeras Biopsias de Médula Ósea

Teniendo como base el Laboratorio Carrión y en asocio con el Dr. César Mendoza (1925-1984), quien había regresado de Boston después de un período de especialización con el Dr. William Dameshek, de­dicamos nuestros primeros esfuerzos a desarrollar en el Hospital San Juan de Dios los procedimientos de laboratorio que son indispensable para el diagnóstico y manejo de las enfermedades de la sangre.

Por primera vez en la historia de la institución se comenzaron a practicar los mielogramas por aspiración como un examen de rutina y acumulamos en unos pocos meses centenares de muestras de una gran variedad de trastornos hematológicos.

En cierto número de casos tropezábamos con la muy conocida dificultad de las “aspiraciones en blanco”, o sea cuando a pesar de repetidos esfuerzos no se lograba obtener material por aspiración, lo que se interpretaba erróneamente como evidencia de “aplasia medular”.

Coincidencialmente, en 1960, durante mi última etapa de entrenamiento, había trabajado con los Drs. Wallace Jensen y Maxwell P. Westerman en el Departamento de Hematología del Presbyterian Hospital de la Universidad de Pittsburgh y tuve oportunidad de familiarizarme con la aguja que habían desarrollado para practicar biopsias de la medula ósea y que se conoce como la aguja de Westerman-Jensen.

Al regresar a Colombia, Max Westerman me obsequió dos de esas agujas y con la entusiasta colaboración del Dr. Fajardo como patólogo em­prendimos un estudio comparativo del material obtenido por aspiración con las biopsias tomadas con la aguja de Westerman-Jensen.

Estábamos convencidos de que las dos técnicas eran complementarias ya que el aspirado permitía estudiar la citología de los componentes medula­res y la biopsia mostraba además la arquitectura histológica de la medula.

Esta fue la primera vez que se practicaron biopsias de medula ósea en Colombia y los resul­tados de los primeros 117 casos de nuestro trabajo conjunto los presentó en San Salvador el Dr. Fajardo en el IV Congreso Latinoamericano de Anatomía Patológica en diciembre de 1963 (1).

Más tarde, en un artículo que publicamos en la revista California Medicine en agosto de 1972, describimos las características de la aguja y la técnica para practicar el procedimiento (2).

Comprobamos que la biopsia de medula ósea era indispensable para establecer el diagnóstico de entidades tales como la mielofibrosis, la presencia de metástasis, las aplasias medulares y el estadio de los linfomas así como todas aquellas patologías que al invadir la medula ósea llevan a un proceso de mieloptísis.

Una biopsia medular tomada a un joven agri­cultor con hepatomegalia, esplenomegalia, fiebre y anemia, permaneció por error sin procesar en una caja de Petri durante varios días, y para gran sorpresa de la laboratorista desarrolló un abundante crecimiento de hifas de un hongo desconocido.

El hongo resultó ser Histoplasma capsulatum ya que se trataba de un caso de histoplasmosis sistémica diagnosticado accidentalmente mediante la biopsia de medula ósea.

El Laboratorio Clínico de San Juan de Dios

Como Director del Laboratorio Clínico del Hospital San Juan de Dios el Dr. Fajardo adelantó una gran campaña de modernización tanto de la instrumentación como de los procedimientos.

Actualizó las áreas de microbiología y bioquímica, reorganizó el banco de sangre y por primera vez en Colombia Instaló un contador automático de eritroci­tos y leucocitos para reemplazar los muy primitivos recuentos manuales que se continuaban practicando rutinariamente desde comienzos del siglo XX.

Esta profunda trasformación del Laboratorio Clínico hizo que el Dr. Fajardo fuera uno de los principales protagonistas del proceso de cambio que sufrió el Hospital San Juan de Dios durante los años 60, cuando evolucionó hacia el modelo de medicina norteamericano.

Hospital Militar Central

En 1962 se retiró del Hospital Juan de Dios para asumir la Jefatura del Departamento de Patología del recién inaugurado Hospital Militar Central, en ese momento el más moderno y mejor dotado del país.

Durante los siguientes tres años, con inteligencia y tenacidad admirables, logró colocar su Depar­tamento al mismo nivel que podría tener en esa época una entidad similar en los Estados Unidos.

Mención especial merecen sus esfuerzos por actualizar las pruebas de coagulación, indispensa­bles para el desarrollo en nuestro medio de este muy importante campo de la Hematología.

A ese respecto, logró que en 1964 el Hospital Walter Reed enviara en comisión al Hospital Militar al Mayor L.R. Hieger, su mayor experto en pruebas de coagulación, para que durante cuatro semanas organizara todo lo relacionado con estas nuevas técnicas.

Para asegurar la continuidad del programa, entrenó además a dos laboratoristas del hospital para que continuaran realizando las pruebas des­pués de su regreso a los Estados Unidos.

A partir de esa época, y por primera vez en nuestro medio, fue posible diagnosticar con exac­titud las deficiencias congénitas y los trastornos adquiridos de los diversos factores de coagulación y contar con un laboratorio de referencia para todo lo relacionado con estos exámenes.

Después del retiro del Dr. Fajardo permanecí tres años más en el Hospital San Juan de Dios, pero a pesar de la separación geográfica continuamos manteniendo un interés común en la Hematología y con frecuencia me invitaba a visitar su departamento y a participar en las reuniones y conferencias que organizaba en el Hospital Militar.

Vinculación a la Universidad de Stanford

Por diversos motivos tanto personales como profesionales, el Dr. Fajardo regresó a los Esta­dos Unidos en 1965 y fue nombrado inicialmente miembro, y más tarde Jefe, del Departamento de Patología y del Laboratorio Clínico, del Hospital de Veteranos de Palo Alto, California.

Este Hospital está afiliado a la Universidad de Stanford y fue allí donde inició su vinculación a esta prestigiosa institución, siendo nombrado Profesor Asistente de Patología en 1966, Profesor Asociado en 1972, Profesor Titular en 1984 y en 2005, a los 78 años de edad, Profesor Emérito.

La Producción Científica del Doctor Fajardo

Desde su época de estudiante de Medicina y a todo lo largo de su carrera profesional el Dr. Fajardo fue un investigador incansable.

Su primer artículo lleva por título “Estudio microscópico del sedimento gástrico” y fue publi­cado en la Revista de la Facultad de Medicina de la Universidad Nacional de Colombia en 1950 (3)

Entre 1956 y 1965 aparecen en diversas revis­tas médicas colombianas un total de doce artículos de su autoría, incluyendo los primeros reportes en nuestro país de casos de criptococosis, de enfer­medad de Gaucher y de favismo.

Su primer artículo en la literatura médica in­ternacional apareció en el American Journal of Obstetrics and Gynecology en octubre de 1957 (4) reportando el caso de una embarazada con deficiencia congénita de factor V de la coagulación.

En 1966, cuando ya estaba ejerciendo su profesión en los Estados Unidos, publicó en el American Journal of Physiology and Anthropology (5) los resultados del primer estudio realizado en nuestro país sobre la distribución de los antígenos A, B y D recogiendo la información obtenida en 30.000 muestras del banco de sangre del Hospital Militar Central.

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