Desempleo Estructural

Crisis de Sobreproducción y Desempleo

En los dos capítulos precedentes se ha hecho referencia al tema del desempleo en términos muy generales. Desde luego, los economistas clásicos no llegaron a identificar distintas categorías de desempleo como el desempleo estructural. En general, puede decirse que sus escasas referencias al tema se centraron en el desempleo de carácter involuntario.89

Y puede decirse también que, en del contexto de la discusión sobre el general glut y la ley de Say, la mayor parte de ellos dieron por sentado que el mecanismo de la competencia bastaba para asegurar el pleno empleo.

No admitían por lo tanto que fuera posible una situación de desempleo a largo plazo y de carácter involuntario; lo que hoy se suele llamar desempleo estructural. Este era en esencia el punto de vista de Smith, Ricardo, McCulloch, John Stuart Mill y el resto de los economistas clásicos ortodoxos.

En una línea muy distinta se encuentran los subconsumistas, incluyendo a Malthus y, sobre todo, Karl Marx. Para este último de modo muy especial puede decirse que el desempleo constituye un rasgo permanente o estructural del sistema capitalista.

Cuestión de la maquinaria

Este capítulo se inicia con el análisis de lo que en la época clásica se conoció como la cuestión de la maquinaria. El problema consistía en saber si la sustitución de trabajadores por máquinas de reciente invención podía generar desempleo. La posibilidad de que las máquinas generaran desempleo en el corto plazo era universalmente reconocida

Lo que ya no estaba tan claro era la existencia de algún mecanismo de corrección en el largo plazo. Algunos autores (McCulloch, Ricardo, John Stuart Mill) defendían la existencia de dicho mecanismo; pero otros, por ejemplo, Malthus, pensaban que no existía ningún mecanismo de ajuste.

En este capítulo se hace una exposición detallada de los puntos de vista de todos estos autores. Finalmente, el capítulo se cierra con una exposición de las ideas de Marx sobre el funcionamiento del mercado de trabajo en general y sobre la cuestión del desempleo en particular.

1. La cuestión de la maquinaria y el desempleo tecnológico

Quizás el primero en plantearse que la sustitución de trabajadores por máquinas podía generar desempleo fue John Barton. En un libro publicado en 1817 titulado Observations on the Circumstances which Influence the Condition of the Labouring Clases of Society, Barton sostenía que la aplicación de las nuevas técnicas implicaba siempre la conversión de parte del capital circulante (fondo de salarios) en capital fijo.

Además argüía que “la demanda de trabajo depende del aumento del capital circulante, y no del capital fijo” 90, lo que le llevaba a considerar que el desempleo y la reducción de salarios eran resultados verosímiles de la introducción de maquinaria.

Estos argumentos propiciaron la reacción de McCulloch y Ricardo, entre otros. McCulloch criticó abiertamente la tesis de Barton y, aunque admitió que la introducción de maquinaria podía crear desempleo en ocupaciones muy específicas, se apresuró a señalar que este desempleo tecnológico tendría un carácter puramente transitorio.

Ricardo, por su parte, se hizo eco de la cuestión de la maquinaria en la tercera edición de sus Principios. Aquí introdujo un capítulo que se iniciaba con un ejemplo numérico en el que se admitían los argumentos de Barton. No obstante, al igual que McCulloch, Ricardo apuntó un mecanismo que, según él, conduciría a la reabsorción de los trabajadores desplazados por las máquinas.

Mecanismos de Reabsorción

Antes de exponer los mecanismos de reabsorción que apuntaron ambos autores, conviene recordar que desde la perspectiva de la teoría estricta del fondo de salarios, una reducción de dicho fondo no puede hacer que caiga el empleo de forma permanente. Lo único que puede hacer es que caigan los salarios. Naturalmente esto presupone que los salarios son plenamente flexibles. De acuerdo con la teoría del fondo de salarios, el desempleo permanente sólo puede darse si por alguna razón los salarios son rígidos a la baja.

Por otra parte, la existencia de restricciones tecnológicas podría hacer posible una situación de desempleo tecnológico con carácter permanente, aún suponiendo plena flexibilidad de los salarios. Esta situación podría darse, por ejemplo, si consideramos una economía formada por un número determinado de industrias, que emplean trabajo y capital, y en la que la tecnología disponible ofrece pocas posibilidades de sustitución entre los dos factores dentro de cada una de ellas.

Si, además de esto, suponemos que ninguna de esas industrias ofrece muchas posibilidades para un uso intensivo del trabajo, es concebible una situación en la que la demanda de trabajo sea inferior a la oferta para cualquier salario. Estas restricciones tecnológicas harían que el trabajo fuese redundante y la flexibilidad de los salarios no bastaría por sí sola para eliminar el desempleo en el largo plazo.

Si identificamos desempleo tecnológico con trabajo redundante en el sentido del párrafo anterior, tenemos que decir que los clásicos no fueron conscientes de esta posibilidad. A pesar de todo, sí se hicieron eco de los problemas relacionados con la sustitución de trabajadores por máquinas y algunos de ellos llegaron a proponer mecanismos de ajuste bastante verosímiles.

2. Los argumentos de John Ramsey McCulloch y el desempleo estructural

McCulloch fue quien planteó por primera vez con claridad la cuestión de la reabsorción de los trabajadores desplazados por las máquinas.91 McCulloch pensaba que en determinados sectores y ocupaciones muy específicas la introducción de innovaciones tecnológicas podía generar desempleo. Él afirmaba, tomando como ejemplo la industria textil algodonera, que “[…] las mejoras en la maquinaria (y la introducción de nueva maquinaria), puede perjudicar de manera inmediata a los trabajadores […] El caso de los hiladores manuales es, desafortunadamente, un ejemplo.” 92

Pero, para McCulloch, el desempleo que podía generar la introducción de nueva maquinaria en determinadas ocupaciones tenía un carácter puramente transitorio. El argumento de McCulloch era que las innovaciones tecnológicas traerían como consecuencia un aumento de la producción total que acabaría reabsorbiendo la mano de obra que pudiera haber sido desplazada por dichas innovaciones.

En relación al caso de la industria textil, McCulloch se expresaba en los siguientes términos: “En el ejemplo considerado, los medios de quienes compran las mercancías producidas por las máquinas de hilar no se ven afectados por el cambio; y dado que pueden aumentar sus ahorros como consecuencia del menor precio de estas mercancías, podrán destinarlos a la compra de otras en cuya producción finalmente serán empleados los hiladores manuales.

Al mismo tiempo aparecerán nuevos consumidores atraídos por las mercancías más baratas. Todo ello abrirá un nuevo campo para el empleo de mano de obra adicional en la construcción de maquinaria, y en los sectores subordinados relacionados con la industria manufacturera.” 93

Innovación Tecnológica y Reducción de Costes

Es decir, de acuerdo con McCulloch, la innovación tecnológica reduce los costes de producción y los precios de las mercancías. Esto lleva a un aumento de la demanda de bienes que ejerce un efecto expansivo sobre la producción y que acaba reabsorbiendo el desempleo que hubiese podido generar la aplicación de dicha innovación.

McCulloch sostiene que si los precios de las mercancías descienden en la misma proporción que los costes, los consumidores se benefician directamente al encontrarse con ahorros inesperados que se van a destinar a comprar más bienes. Por otra parte, si los precios de los bienes caen en menor proporción que los costes, los empresarios se van a encontrar con beneficios extraordinarios y van a destinar estos beneficios a ampliar sus negocios o a iniciar otros nuevos, con lo cual se demandará más trabajo, más materias primas, etc.

Innovación Tecnológica en el desempleo estructural

McCulloch trataba pues de demostrar que una innovación tecnológica ahorradora de trabajo ponía en marcha un proceso de crecimiento que acabaría absorbiendo el exceso inicial de mano de obra. Él no creía que las reducciones salariales constituyeran un mecanismo de ajuste importante para restaurar el pleno empleo, al menos en el corto plazo.

Para McCulloch la introducción de maquinaria nueva “[…] en casos específicos, puede reducir los beneficios de los capitalistas y destruir una parte de su capital; pero nunca disminuirá los salarios medios del trabajo, mientras sí q ue reducirá el precio de los bienes y mejorará la condición de la clase trabajadora.” 94

En realidad, los argumentos de McCulloch no permiten concluir que a la larga vaya haber pleno empleo. El crecimiento económico no basta para asegurar el pleno empleo a menos que introduzcamos algunos elementos adicionales sobre el comportamiento dinámico del sistema. Si no hay flexibilidad de salarios (o si estos no pueden caer por debajo de un cierto nivel mínimo) es posible que no exista un equilibrio general simultáneo de todos los mercados, incluyendo el de trabajo. Es decir, no está garantizado el pleno empleo.

3. David Ricardo y el desempleo estructural

Las ideas fundamentales de Ricardo en torno a la cuestión de la maquinaria se encuentran en el capítulo 31 de la tercera edición de sus Principios.95

Aquí Ricardo inicia su análisis con un ejemplo numérico. Supone que un productor decide destinar parte de su capital circulante a la adquisición de “maquinaria perfeccionada.” El método de producción utilizado anteriormente es sustituido por otro distinto, más intensivo en capital. En el ejemplo de Ricardo esta sustitución no aumenta de modo inmediato la producción total. Ricardo incluso admite la posibilidad de que la innovación reduzca la producción total, por lo menos durante un cierto tiempo.

Hay que entender entonces que Ricardo acepta, como Barton, que la conversión directa de capital circulante (fondo de salarios) en capital fijo puede generar desempleo, por lo menos en el corto plazo. A pesar de ello, en la parte final del capítulo Ricardo señala que la introducción de ”maquinaria perfeccionada” suele ser gradual y “actúa más bien estimulando el empleo del capital que se ahorra y acumula que distrayéndolo de su empleo actual.” 96


Bibliografía
    • 89 No obstante, sí que pueden encontrase referencias al tema del desempleo voluntario cuando los economistas clásicos analizaron la problemática de las leyes de pobres. En este contexto algunos de ellos mantenían que las ayudas que se otorgaban en virtud de estas leyes suponían un desincentivo a la búsqueda de empleo y hacían posible que la situación de desempleo se eligiera voluntariamente. En el capítulo siguiente se analizan en detalle todos los argumentos de los economistas clásicos en torno a la cuestión de las leyes de pobres.
    • 90 Citado por R. P. Sturges (1982), “ The career of John Barton, economist and statistician”, History of Political Economy, vol. 14:3, pp. 366-84 (véase la página 370).
    • 91 Los argumentos de McCulloch sobre el desempleo tecnológico fueron expuestos en su artículo “The opinions of Messrs. Say, Sismondi, and Malthus, on the effects of Machinery and Accumulation” Edinburgh Review, marzo 1821. El contenido de este artículo lo incorporó McCulloch a sus Principios, agregándole una nota crítica sobre Barton. (McCulloch, Principles of Political Economy, op. cit., pp. 142-64).
    • 92 McCulloch, Principles of Political Economy, op. cit. , p. 152.
    • 93 Ibídem, p. 153
    • 94 Ibídem, p. 154.
    • 95 En la correspondencia que mantuvo con McCulloch y con Malthus, Ricardo hace también referencia a la cuestión de la maquinaria. Pero aquí se centra en demostrar que sus puntos de vista sobre los efectos de la maquinaria no implican la aceptación de las ideas de Malthus sobre la insuficiencia de demanda y el estancamiento (véase P.Sraffa, The Works and Correspondence of David Ricardo op. cit., vol. 8, pp. 387-88, 399-400 y vol. 9, pp. 16-17, 23-24).
    • 96 Ricardo, Principios de Economía Política y Tributación, op.cit., vol. 2, p. 159. Puede decirse que Ricardo mantiene aquí cierta confusión en torno al tema de la sustituibilidad de los factores. Cuando plantea el ejemplo numérico parece referirse a la aplicación de procesos más intensivos en capital debido al cambio tecnológico exógeno (lo que él denomina descubrimiento repentino de maquinaria perfeccionada). Sin embargo, en las últimas páginas del capítulo parece más bien referirse a la sustitución regular de trabajo por capital sobre la base de una tecnología dada.

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