Oferta y Demanda de Trabajo en la Economía Clásica

Los economistas clásicos analizaron los problemas del mercado de trabajo desde dos enfoques distintos. El primero de ellos estaba basado en un modelo de crecimiento muy general y muy agregado en el que los ajustes malthusianos son un elemento clave y en el que el concepto de salario de subsistencia tiene plena vigencia. Este enfoque se usaba para analizar las grandes tendencias seculares de la economía como la evolución de la tasa de beneficios, los cambios a largo plazo en la distribución de la renta o la tendencia hacia el estado estacionario. El otro enfoque estaba más centrado en el corto plazo y los elementos clave eran la oferta y la demanda de trabajo.

En este capítulo se expondrán las ideas clásicas sobre la oferta y demanda de trabajo; estas ideas permiten construir una teoría básica del mercado de trabajo. En general, puede decirse que esta teoría es la que utilizaron los clásicos cuando se enfrentaron a los problemas reales de actualidad en su época como los efectos de la maquinización, la incidencia de las leyes de pobres, la limitación de la jornada laboral, los sindicatos, etcétera.24

En cuanto a la teoría clásica de la oferta de trabajo debe señalarse que es una teoría esencial aunque no exclusivamente demográfica. Lo que a los clásicos les interesaba sobre todo era la evolución de la población total. Ellos creían que conociendo la evolución de la población se conocía de manera bastante automática la evolución de la oferta de trabajo. Este aspecto, el puramente demográfico, ya ha sido tratado en el capítulo 1. Pero entre las ideas clásicas sobre la oferta de trabajo hay también ciertas intuiciones acerca del papel de los salarios como incentivos al trabajo; es decir, se reconocía que las variaciones en los salarios pueden hacer que la gente trabaje más o menos. Este aspecto no demográfico será tratado en el primer apartado del capítulo. A continuación, analizaremos la noción de fondo de salarios, que constituye el núcleo de la teoría de la demanda de trabajo para los economistas clásicos, y discutiremos las implicaciones de dicha idea. Después, examinaremos las primeras críticas que se formularon acerca de esta teoría, así como algunos de los argumentos utilizados en defensa de la misma.

1. Incentivos salariales y oferta de trabajo

Los economistas clásicos no llegaron nunca a desarrollar un análisis sistemático de las decisiones individuales de oferta de trabajo. No obstante, sí lograron articular algunas intuiciones importantes en este terreno. En este apartado analizaremos las aportaciones al respecto de Adam Smith y de John Ramsey McCulloch. Tomaremos como referencia las obras originales de ambos autores, así como las interpretaciones de Marshall y de O´Brien.25

En La Riqueza de las Naciones Smith discute cómo influyen los aumentos salariales en el esfuerzo de los trabajadores. Como norma general, Smith establece que “Una retribución generosa del trabajo estimula la reproducción e incrementa la laboriosidad de la gente del pueblo. Los salarios son el estímulo de la laboriosidad, que como cualquier otra cualidad humana mejora en proporción al estímulo que recibe. Una manutención abundante incrementa la fuerza corporal del trabajador y la esperanza de mejorar su condición y de acabar sus días con desahogo y tranquilidad le animan a utilizar su fuerza hasta el máximo.” 26

En el último párrafo de esta cita parece también apuntarse la idea de que la demanda de ocio sólo adquiere importancia al final de la vida activa del trabajador.

Si suponemos que hay una equivalencia estricta entre unidades de esfuerzo y unidades de tiempo, las observaciones anteriores pueden interpretarse, como hacía Marshall, en el sentido de que Smith reconoce la existencia de una curva de oferta de trabajo individual con pendiente positiva. Aunque Smith no es demasiado claro a este respecto: a continuación del párrafo citado anteriormente, Smith reconoce que “algunos trabajadores, si pueden ganar en cuatro días lo necesario para mantenerse durante una semana, permanecerán ociosos los otros tres días.”

En general, parece ser que Smith, no compartía la idea, típicamente mercantilista, de que las subidas salariales reducen los incentivos a trabajar de los trabajadores poco cualificados. Por el contrario, pensaba que en “los oficios inferiores” no existía ninguna inclinación al trabajo y señaló que “[…] el placer del trabajo estriba por completo en su retribución. Quienes antes estén en condiciones de disfrutar de este placer, antes se entusiasmarán con su trabajo y adquirirán el hábito de la laboriosidad”.27 Como ejemplo de esto citaba el caso de los aprendices de oficios y añadía que el sistema de pagos a destajo era el estímulo más directo e inmediato para un trabajo eficiente.

J. R. McCulloch siguió en la línea marcada por Smith. Creía, como Smith, que los individuos son básicamente ambiciosos y que ello les lleva a responder de forma positiva a los estímulos salariales. McCulloch enfatiza el hecho de que los deseos de los individuos suelen ser ilimitados y ve en este hecho una razón que lleva a la gente a tratar de elevar hasta el máximo su oferta de trabajo. McCulloch se expresaba de la siguiente manera en sus Principios de Economía Política: “Para que los individuos sean laboriosos -para hacer que abandonen el letargo que adormece sus facultades en una condición degradada- deben tener gusto por las comodidades, los lujos y los placeres […] Siempre que estos gustos estén generalizados, los deseos de los individuos pueden considerarse ilimitados.La satisfacción de uno conducirá a la formación de otro. En las sociedades avanzadas los productos nuevos y las nuevas comodidades se presentan constantemente como motivos para el esfuerzo y como premios del mismo.” 28

McCulloch reconoce la existencia de una demanda de ocio, pero considera que dicha demanda no es lo suficientemente grande como para neutralizar el deseo de renta que tiene la mayoría de los individuos. Es por ello que la respuesta a mayores salarios es, en principio, un aumento en la cantidad de trabajo ofrecido. Pero McCulloch también reconoce, y aquí es donde está su originalidad, que más allá de un cierto punto, posteriores aumentos en el salario tienen un impacto negativo en la cantidad de trabajo que se ofrece. McCulloch apunta así la posibilidad de una backward-bending supply curve.29

McCulloch no se conformó solamente con este análisis de las decisiones individuales de oferta de trabajo. También consideró el comportamiento agregado de los agentes. Siguiendo a O´Brien podríamos decir que en los escritos de McCulloch es posible identificar hasta cuatro tipos diferentes de curvas de oferta de trabajo.30

La primera de ellas es una curva de oferta de trabajo a largo plazo. McCulloch cree, como Smith, que la oferta de esfuerzo siempre aumenta a largo plazo con el nivel de salarios. Debe aclararse que cuando O´Brien habla de aumentos en la oferta de esfuerzo parece referirse indistintamente tanto a mejoras en la calidad o intensidad del trabajo ofrecido como a aumentos en la cantidad de tiempo de trabajo que se ofrece. Debe observarse, sin embargo, que para que esto pueda sostenerse debería postularse una relación fija entre las unidades de esfuerzo y las unidades de tiempo de trabajo; de esta forma se transformarían las unidades de esfuerzo en unidades de tiempo y esto nos permitiría hablar indistintamente de una relación entre salario y oferta de tiempo o bien entre salario y oferta de esfuerzo.

La segunda de las curvas de oferta se refiere a un contexto de corto plazo e implica una relación inversa entre los salarios y la cantidad y/o la calidad (intensidad) del trabajo. McCulloch considera que el esfuerzo se reduce cuando los salarios suben, sobre todo después de un período durante el cual los trabajadores han estado luchando duramente por la supervivencia. Si, en lugar de subir, los salarios cayesen aún más, se incrementaría la oferta de trabajo para mantener los ingresos.

La tercera de las curvas de oferta de trabajo, que tiene también pendiente negativa en un contexto de corto plazo, tiene su origen en las variaciones que experimenta la tasa de participación. La disminución de los salarios hace que a corto plazo las mujeres y los niños aumenten su participación en el mercado de trabajo con el fin de mantener los ingresos de la familia y esto hace que aumente la oferta de trabajo.

Por último, McCulloch admitió la existencia de una curva de oferta secular de trabajo con pendiente positiva. Según se explicó en el capítulo anterior, la razón de ser de esta pendiente positiva estriba en que la gente se va acostumbrando a niveles de consumo cada vez más altos y eso hace que el salario de subsistencia aumente a largo plazo.31

2. La hipótesis del fondo de salarios y la demanda de trabajo

La hipótesis de un fondo, parte integrante del capital, destinado a remunerar a los trabajadores surge de la idea que los fisiócratas tenían del capital –consumo productivo- como un adelanto de los medios materiales de producción y de los medios dedicados al sostenimiento del trabajo empleado en la producción. La necesidad de adelantar los salarios es muy evidente en la agricultura, núcleo de análisis de los fisiócratas, dado el periodo de tiempo que transcurre entre la realización del trabajo y la obtención del producto.

La noción de un fondo salarial previamente acumulado para hacer frente a los pagos a los trabajadores la desarrollaron plenamente Turgot y Smith.32 A partir de Smith puede decirse que esta idea se convierte en la base de la teoría clásica de la demanda de trabajo.

Los clásicos, en general, pensaban que el stock de capital de una economía estaba formado en su mayor parte por capital circulante; y dentro de esta categoría se creía que la mayor parte eran avances salariales. Esta última expresión no quería decir que el pago de salarios tuviera que hacerse necesariamente al comienzo del proceso productivo. Lo importante era la existencia de un desfase entre la prestación de los servicios laborales y la obtención de un producto y de unos ingresos por ventas. Si el fondo de salarios es una parte importante del stock de capital, hay que admitir que el aumento del fondo de salarios es una forma de acumular capital. Los economistas clásicos, sobre todo en su análisis del crecimiento a largo plazo,33 llegaron a identificar la parte con el todo y supusieron que la inversión era una simple ampliación del fondo de salarios.

En el modelo de crecimiento de Ricardo, por lo menos en la versión en la que sólo hay un output – el trigo – que se produce con una cantidad fija de tierra y con trabajo, se supone que una parte de los beneficios se destina automáticamente a la inversión; o lo que es lo mismo, a ampliar el fondo de salarios. De este modo, el tamaño de dicho fondo puede considerarse dado al comienzo de cada período productivo. Viene determinado por los beneficios del período anterior y por la propensión al ahorro de la clase capitalista. La versión más estricta de la hipótesis del fondo de salarios lleva a considerar dicho fondo como una cantidad fija perfectamente determinada al principio de cada período productivo y dedicado incondicionalmente a los pagos de salarios. El gasto total en mano de obra es pues una constante a corto plazo, lo que implica una demanda de trabajo en forma de hipérbola rectangular.

Para justificar esta hipótesis podemos suponer que toda la producción está en manos de los capitalistas al principio de cada año. Estos destinan una fracción constante predeterminada de la producción para su propio consumo, y el resto lo distribuyen entre inversión en capital fijo y circulante (fondo de salarios). Por último, podemos suponer que la inversión en capital fijo se determina al principio de cada periodo productivo sin que se pueda alterar durante el mismo. En este contexto, el fondo de salarios es lo que queda del producto bruto, una vez deducido el consumo de los capitalistas y la inversión en capital fijo, ambas variables predeterminadas.

Nótese que detrás de la hipótesis del fondo de salarios no hay comportamientos optimizadores. Los capitalistas sólo llevan a cabo dos tipos de decisiones. En primer lugar, deciden cómo distribuir sus ingresos brutos entre consumo e inversión total. Y, en segundo lugar, deciden la composición de sus inversiones. La primera de estas decisiones puede venir determinada por los usos y costumbres del momento. Respecto de la segunda tampoco se especifica cómo se forman los planes individuales de inversión que permiten establecer las cantidades a invertir en capital fijo y en capital circulante. Ni siquiera hay razones que justifiquen que las dos decisiones deban escalonarse de esa manera. Bien podrían tratarse los gastos de consumo de los capitalistas, las inversiones en capital fijo, y las inversiones en capital circulante como decisiones simultáneas. Y, entonces, cualquier alteración en los salarios, en la tasa de beneficios, o en cualquier otra variable relevante podría dar lugar, en principio, a sustituciones entre las tres alternativas de gasto de los capitalistas. Los clásicos en general no ignoraron estas posibilidades de sustitución, aunque nunca desarrollaron un análisis sistemático de las mismas. Más adelante volveremos sobre esta cuestión.

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