Articulo de Reflexión, Salud Mental y Desarrollo

María José Sarmiento Suárez1

Resumen

La relación entre salud mental y desarrollo es tan estrecha como ignorada. Aunque ambas buscan potenciar las capacidades de los individuos para lograr un bienestar individual que redunde en la comunidad, la salud mental ha sido sistemáticamente excluida de los planes de desarrollo. Los problemas de salud mental afectan a millones de personas en el mundo quienes, al no recibir un tratamiento adecuado y oportuno, pueden desarrollar un trastorno. Se calcula que una de cada cuatro personas desarrolla algún tipo de enfermedad mental a lo largo de su vida. En tanto se cree que no es posible recuperarse de estas enfermedades, los recursos no están dirigidos a intervenir sobre ellas. Siendo absolutamente transversal a todos los aspectos de nuestras vidas, y por tanto un pilar fundamental en el desarrollo sostenible, el gasto global en salud mental es de menos de dos dólares por persona por día. Situación que no sólo impacta directamente sobre las tres dimensiones del Índice de Desarrollo Humano (IDH) – salud, edu- cación y estándares de vida – sino que perpetúa la condición de desigualdad estructural en que viven las personas con trastornos mentales. Mientras los problemas de salud mental afectan la esperanza de vida, los años de instrucción esperados y el Ingreso Nacional Bruto per cápita, siendo a su vez causa y consecuencia de la pobreza, las personas con trastornos mentales deben enfrentar numerosas barreras para el acceso a la educación, a las oportunidades de empleo y otras fuentes de generación de ingresos, debido a la estigmatización, discriminación y marginación que históricamente han vivido. Por tanto, si queremos que todos sean partícipes de las oportunidades de desarrollo, es necesario un cambio estructural donde desaparezca el estigma frente a los trastornos mentales, que permita posicionar la salud mental como eje de los planes de desarrollo y aumentar la inversión en la promoción de la salud mental y la preven- ción e intervención de estas problemáticas, para alcanzar un desarrollo equitativo y sostenible.

Palabras clave: salud mental, desarrollo sostenible, desarrollo humano, índice de desarrollo humano.

Mental health and development

Abstract

The relationship between mental health and development is as narrow as ignored. Although both seek to empower individuals to achieve individual well-being that goes back to the community, mental health has been systematically excluded from development plans. Mental health problems affect millions of people in the world who, by not receiving adequate and timely treatment, can develop a disease. It is estimated that one in four people develops some type of mental illness throughout their life. While it is believed that it is not possible to recover from these diseases, the resources are not directed at intervening on them. Being absolutely transversal to all aspects of our lives, and therefore a fundamental pillar in sustainable development, the global expenditure on mental health is less than two dollars per person per day. This situation not only directly impacts the three dimensions of the Human Development Index (HDI) –long and healthy life, knowledge and a decent standard of living– but perpetuates the condition of structural inequality in which people with mental illness live. While mental health problems affect life expectancy, expected years of education, and gross national income per capita, which in turn are the cau- se and consequence of poverty, people with mental illness must face numerous barriers to access education, employment opportunities and other sources of income generation, due to stigmatization, discrimination and marginalization that have historically lived. Therefore, if we want everyone to be involved in development opportunities, a structural change is necessary in which stigma disappears in the face of mental illness, which makes it possible to position mental health as the axis of development plans and increase investment in promotion of mental health and the prevention and intervention of these problems, in order to achieve equitable and sustainable development.

Keywords: Mental health, sustainable development, human development, human development index.

No puede haber desarrollo sin salud mental. La relación entre salud mental y desarrollo es tan estrecha como ignorada. Es tal su interrelación, que de la obviedad, pasamos a la desatención. La salud mental es absolutamente transversal a todos los aspectos de nuestras vidas, pero por lo general, sólo le prestamos atención cuando se presenta algún problema que interfi ere con nuestro funcionamiento habitual. Si esto sucede a nivel in- dividual, no sería para sorprendernos que la salud mental haya sido sistemáticamente excluida de los planes de desarrollo. Sólo hasta hace menos de una década, cuando las cifras de los problemas de salud mental se volvieron alarmantes, empezamos a notar su presencia, pero aún no su trascendencia en términos de desarrollo humano.

Esto resulta paradójico ya que, si miramos los conceptos de desarrollo humano y salud mental, pareciera que estuvieran haciendo referencia casi a lo mismo. Si consideramos el concepto de desa- rrollo humano, propuesto por el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), como “un proceso de expansión de las libertades de las personas para llevar una vida prolongada, saludable y creativa; conseguir las metas que se consideran valiosas y participar activamente en darle forma al desarrollo de manera equitativa y sostenible en un planeta compartido”; y entendemos esas libertades en los términos de Amartya Sen como “la expansión de las capacidades de las personas para llevar el tipo de vida que tienen razones para valorar” (1-3), nos encontramos que no estamos lejos del concepto de salud mental. Para la Orga­nización Mundial de la Salud (OMS), salud mental es “un estado de bienestar en el cual el individuo es consciente de sus propias capacidades, puede afrontar las tensiones normales de la vida, puede trabajar de forma productiva y fructífera y es capaz de hacer una contribución a su comunidad” (4).

Vemos que, tanto el desarrollo humano como la salud mental, buscan potenciar las capacidades de los individuos para lograr un bienestar individual que redunde en la comunidad; capacidades y bienestar que estarán definidos de forma individual, social y cultural. Pero a pesar de esta cercanía conceptual, en la práctica están tan lejos la una de la otra, que parecieran ir en direcciones opuestas. Si la gente es el centro del desarrollo humano, como genera­dora y beneficiaria del mismo, lo primero a lo que deberíamos atender es a su salud mental. Para el desarrollo humano, es de vital importancia la agen­cia, entendida como la capacidad de las personas para tomar decisiones y actuar en consecuencia para alcanzar aquello que cada uno quiera lograr, sin embargo, es precisamente esa capacidad de agencia la que se ve aminorada cuando tenemos que enfrentar un problema de salud mental (1,2). Así que, si no atendemos a la salud mental, ese “proceso de expansión de las libertades” al que hace referencia Amartya Sen estaría casi condenado al fracaso.


1. Médica Especialista en Psiquiatría General. Pontifi cia Universidad Javeriana. Máster en Antropología Aplicada: Salud y Desar- rollo Comunitario. Universidad de Salamanca. Coordinadora de proyectos en salud mental e investigador. Facultad de Medicina. Pontifi cia Universidad Javeriana. Médica Psiquiatra y psicoterapeuta. Práctica Privada.

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