Institución Hospitalaria, Medicina Talmudica

– Sinagogas –

Con aproximación a los siglos II aC y VI dC los hebreos vivieron la Epoca de la Tradición Oral, que pudiera llamarse Penado de Protohistoria, en la cual se inscribe la era de la Medicina Talmúdica.

En efecto, en el transcurso de esos siglos se practicó entre ellos una medicina respaldada en las enseñanzas del Talmud, que ya tenía inclusiones de las costumbres médicas de la antigüedad de Babilonia, Persia y Grecia. Buen número de los exégetas del Talmud eran médicos.

El Talmud predicó mucha medicina preventiva. No obstante, este libro fue más un valor religioso que un compendio médico. Su influencia se proyectó sobre el área de la cultura hebrea, cuya connotación hoyes el Estado de Israel.

A consecuencia de la derrota de los judíos concretada en la pérdida de Jerusalén en el año 70 dC(8),se dio la extinción del Estado Judío y como epílogo de ello la migración de los que fueron sus súbditos hacia Europa, Asia y África. Ante la desaparición de lo que fuera su Estado y su gobierno en su país, los judíos se aferraron a una línea de conducta subjetiva y moral diseñada por las enseñanzas escritas de La Biblia y por su propia tradición oral; y para evitar que ésta también sucumbiera, le dieron versión escrita con el portentoso trabajo del médico Rabí Yehuda Hanasi, en el siglo 11dC, posteriormente incluida en el Talmud Babilónico, y en el de Jerusalén, siglos V y VI de.

Por estos mismos siglos ya en las sinagogas se disponía de unas salas para albergar y tratar enfermos, y se menciona que tenían salas de operaciones cuyas paredes estaban enchapadas de mármol. Se cita también que las sinagogas disponían de una repartición donde se practicaba reconocimiento médico a los sacerdotes para verificar desde el punto de vista médico su habilidad para el culto.

Conocida la anterior información sobre el periodo de la Medicina Talmúdica, nos preguntamos qué nociones podemos tomar de ella que puedan parangonarse con cualquiera de los matices del hospital actual. Aunque la Medicina Talmúdica fue muy rica en concepciones respecto de la salud y la enfermedad, no es mucho el aporte de este periodo a nuestro objetivo, pues apenas hemos de registrar como detalles positivos para nuestra revisión y afines con nuestro concepto actual de “hospital”, el hecho anotado sobre las salas de cirugía y las salas de albergue de enfermos en las sinagogas, circunstancias estas que se asimilan al internamiento de los enfermos de hoy en el hospital de nuestros días y con el celo que no se oculta de mantener la sala quirúrgica en las mejores condiciones de presentación y contra los riesgos potenciales de infección.

Amplía la noción de hospital la sección para los controles médicos, que no por ser para los sacerdotes deja de parecerse a los consultorios que hay en los hospitales de hoy para atención de pacientes externos en relativas buenas condiciones, conocidos como ambulatorios.

Valetudinarios

En tiempos del Emperador Augusto, 30 aC al 14 dC, se instituyeron en Roma unas organizaciones que Llamaron Valetudinarios (del latín valetudo: estado de sal ud, enfermedad), destinadas a internar y asistir a las personas de quebrantada salud, esto es, enfermas. eO) Por esta característica, esas instituciones son consideradas como precursoras del hospital, toda vez que fueron concebidas desde sus comienzos para internar y tratar enfermos, a diferencia de otras instituciones como los albergues, cuya destinación primera fue hospedar a peregrinos, que desde luego podían enfermar después de internados.

Hubo cuatro tipos de Valetudinarios:

a) Los DE CARÁCTER CASTRENSE sostenidos por el Imperio Romano, destinados al internamiento y atención de los legionarios militares del ejército imperial, ubicados en las áreas limítrofes del Imperio, también llamados Lazaretos, pero a pesar de este nombre eran diferentes de las leproserías porque no eran para leprosos; tenían un patio interior cuadrado, en derredor del cual se disponían sus instalaciones.

b) Los CORTESANOS destinados al Emperador y la Corte Imperial, obviamente sostenidos por el Imperio.

c) Los DESTINADOS A LA ASISTENCIA DE LOS ROMANOS RICOS, sostenidos por éstos y atendidos por esclavos médicos.

d) Los DESTINADOS A LA ATENCION DE LOS ESCLAVOS ENFERMOS, eran sostenidos por los terratenientes.

Los Valetudinarios, no hay duda, son raíces históricas de las instituciones hospitalarias actuales, pues reunían dos de las características de éstas: el internamiento de los enfermos y su tratamiento al interior de ellos, las cuales son bastante para merecer el calificativo de “precursoras”, aunque en la bibliografía no se halla rastro de otras actividades que hoy completan la noción de hospital.

Era Cristiana, Monasterio –Hospital-

El nacimiento de Jesús fue un acontecimiento que forzosamente tenemos que mencionar dentro del propósito que nos anima, cual es el de hallar situaciones históricas que de cualquier forma puedan relacionarse con la institución hospitalaria actual.

Las reseñas que hemos dejado atrás nos sitúan en la perspectiva cronológica de comprender que la llegada de Jesús ocurrió en el apogeo de los santuarios de Asclepio. De ahí que, algunos siglos adelante, la “lncubatio” o “Sueño en el Templo” se practicara también en los santuarios del cristianismo, lo cual nos permite expresar que desde esos remotos tiempos se disparó la intervención religiosa en las organizaciones relacionadas con la atención de enfermos.

Pero, ¿fue la Incubatio de los templos cristianos un fenómeno de aculturación o de transculturación? Siendo para mucha controversia el punto, a nuestro juicio y partiendo del supuesto que en el ambiente cristiano no existía esa modalidad terapéutica a través del sueño, estamos sin duda ante un fenómeno etnológico de aculturación, puesto que no hubo para los cristianos desaparición o extinción de un elemento cultural preexistente. De otra forma expresado, no hubo para ellos el fenómeno de la de aculturación, necesario para que se configure el de la transculturación.

La ola de misticismo fanático desatada ante la imagen del Redentor, entre otras cosas llevó a la aparición de monjes, eremitas, anacoretas, ermitaños y estilitas, que por su afinidad originaron un movimiento que se consolidó hacia el siglo IV. Rápidamente se creció la población de estos personajes exóticos dispersos en las riberas del Nilo. Ellos decían abandonar el mundo, que circunscribían al valle bajo del gran río, y se replegaban solitarios a las colinas del desierto para dedicarse a la vida de la contemplación interior.

Hacia el año 320 el activista Pacomio logró reunirlos y agruparlos en un sitio vecino a Tebas, para que en comunidad oraran, trabajaran y comieran, dando al traste con el perfil solitario y taciturno que traían.

Al decir de Dieter Jetter (11), con la culminación del esfuerzo de Pacomio se inició la institución del monasterio, que por definición eso es: la vida en comunidad de los monjes.

En sus comienzos el monasterio tuvo la connotación de comunidad, llegándole posteriormente la misión de ’11- bergar enfermos fundamentada en el internamiento u hospedaje de los mismos, que inicialmente fueron los propios monjes impedidos por enfermedad y posteriormente fueron los enfermos corrientes, cuya asistencia se daba gratuita por parte de los monjes médicos, con sentido de vocación de caridad cristiana. Siglos adelante, este rol de internar y atender enfermos fue capitalizado por la jerarquía de los obispos y arzobispos, bajo cuya dependencia quedó, generándoles regalías.

El aprendizaje médico de los clérigos era suplementario a su formación religiosa. Es probable entonces que por esa razón pudieran ejercer en los monasterios sin recibir honorarios, pues sólo el sentimiento de caridad a lo cristiano los movía en la atención de los enfermos, con lo cual adoptaban una posición de franca y aventajada rivalidad con los médicos seglares que, aun careciendo de las letras que retocaban la figura del médico monacal, sí cobraban por sus servicios profesionales.

Ese tipo de ejercicio médico con vocación caritativa, tanto más relevante cuanto que los monjes venían desde siglos antes viviendo de regalos y donaciones, generó para ellos y los monasterios gran aceptación y posicionamiento social frente a las otras modal edades asistenciales, otorgándoles autenticidad e imagen que extendidas a otras organizaciones religiosas han llegado hasta nuestra época.

Posteriormente el componente de salud se apartó de los monasterios, quedando así abierta y separada la institución para la atención de enfermos internados, lo cual es el hospital.

Por la reseña anterior claramente vemos de qué manera el fenómeno de Cristo, como epicentro de la historia posterior a su nacimiento, aportó indudables raíces para la génesis y consolidación del ente “hospital”, compartidas por supuesto con otras no menos trascendentes e importantes. Los monasterios durante varios siglos dieron asistencia médica a enfermos hospedados, esto es internados, la cual era gratuita.

Fueron analogías indiscutibles con el hospital actual, la última de las cuales se erigió en creencia pública exigible que apenas recién empieza a desmontarse.

Citaremos algunas realizaciones concretas derivadas de la proyección cristiana, mencionando en primer término la contribución de las hospederías de la época, que durante corto tiempo atendían, recluidos, a sus peregrinos enfermos, con el apoyo de los monasterios vecinos. (12)

Deslindadas ya de los monasterios las áreas de salud, éstas ganaron su identidad institucional pero conservaron el vínculo de dependencia de la jerarquía religiosa. Basilio el Grande, en el año 370, en Cesarea (hoy Queisari, Anatolia), hizo un “gran establecimiento para enfermos”, en cuya parte central se levantó una iglesia con casas pequeñas en su derredor.

El obispo Basiano, en el año 451, fúndó en Efeso la “Casa para EnICrmos y Pobres” con 70camas de dotación. Efeso fue un centro cristiano del Asia Menor, importante, como que ahí había predicado el apóstol converso San Pablo en la primera centuria cristiana.

El influyente obispo Cesáreo hacia el año 500 fúndó el Hospital de ArIes, ciudad del sur francés.

El obispo Masona, en el 580, fundó en Mérida (España) uno de los más importantes hospitales de la época, de avanzado perfil, para atender sin distingos toda clase de enfermos, con dotación prevista para la mejor asistencia y comodidad de ellos. Fue corta la duración de este hospital.

El obispo San Landry fundó en París, en el año 660, el Hospital S1. Christophe, prolongado en el tiempo con el Hotel-Dieu de hoy.

En cuanto al Monasterio de San Gall (Suiza), parece que en su lugar hubo primero una ermita, en la cual murió en el 630, en su celda, un irlandés de apellido Gall, quien debió ser un ermitaño. Sobre la misma ermita, en el no, Othmaro erigió el Monasterio de San Gall, que bajo el impulso de su abad Gozberto (816-837), tuvo gran esplendor médico, de tal manera que hacia el 820 el abad Haito, del Monasterio Reichenau, proyectó sobre él un hospital del que se dice que de haberse construido hubiera sido el más famoso de la Edad Media alta: se contemplaba en la proyección, de diseño benedictino, un conjunto de edificios con las dependencias necesarias para las actividades de la comunidad (infirmarium), destacándose las construcciones destinadas a la atención de peregrinos y enfermos pobres (hospitale pauperum), y la posada para huéspedes de alto rango (domus hospitum).

Pero más aún se destacaban aquellas para la hospitalización de los monjes, que reproducían el estilo del monasterio propiamente dicho, cuyos claustros circundaban el patio interior cuadrado que lo tipificaba. Se agrega que se contemplaba en la construcción dependencias como baños, cocinas, casa para los médicos, casa de sangrías, y farmacia con un jardín de plantas medicinales, las cuales se convertían así en cultivos de pan coger.

En este proyectado hospital todas las reparticiones mantenían relación con la iglesia, lo cual, según Leistikow (citado por Juan Zaragoza), expresaba el “paradigma de la atención prestada al alma a la vez que al cuerpo”.

Cuando, en el proceso de la evolución histórica la arquitectura hospitalaria se separó del conjunto de la arquitectura monasterial, conservó el rasgo distintivo del patio cuadrangular entre los claustros, que hasta nosotros llegó y aún se conserva en los hospitales de nuestras ciudades ligadas a nuestra historia colonial.

En razón del apoderamiento de la actividad hospitalaria por parte de la jerarquía religiosa surgieron, antes del 866, los hospitales “Catedralicios”, así llamados por su vecindad o contigüidad con las catedrales, el primero de los cuales se construyó en la ciudad alemana de Colonia. Se replicaron en Bremen, Augsburgo, Treveris, Bamberg, Spira, Wurzburgo y Passan; también se construyeron en Italia, Inglaterra, España y Francia. Fueron blanco del embate de la rampante burguesía, resistido sólo por los de Inglaterra, ya que los de los otros países, especialmente los de Italia y Alemania, no resistieron por el auge del comercio con el oriente.

Igual que los obispos, arzobispos, burgueses y catedrales, la nobleza también se preocupó por tener sus propios hospitales, estableciéndolos principalmente en Francia, Inglaterra y España. Fue una fiebre de construir hospitales. Sólo Enrique I El Liberal, Conde de Champaña, hacia 1160 fundó por lo menos 13 hospitales. Los Duques de Normandía (Francia) fundaron varios. Felipe de Alsacia, Conde de Randes, en 1179 fundó el Hospital S1. lean de Arras; y la Condesa de Flandes, Juana, en 1216 construyó en Lille el Hospital S1.Sauveur, y hacia 1230 el Hospicio Comtesse. Por estos años Margarita 11im pulsó la realización de los hospitales Bergues, Sechin y Orchies. Margarita de Borgoña, cuñada del rey Luis IX El Santo, en 1293 construyó el Hospital Notre-Dame de Fonenilles de Tonneue.

En suma, del siglo XI a los comienzos del XIlI fueron innumerables los hospitales erigidos por los nobles.

A los antes mencionados grupos esquemáticos de hospitales, hay que agregarel grupo de los Hospitales Cruciformes, así llamados parla disposición en cruz de sus naves, que proliferaron en Italia y España, entre los comienzos del siglo XIlI al XVI. Surgieron estos hospitales en Florencia, Burgos, Valencia, Génova, Milán, Roma y Piacenza. En España los Reyes Católicos les dieron gran impulso, y cuando en 1492 culminó la reconquista de Granada, se proyectaron con medidas gigantescas y aire triunfalista en Toledo, Santiago de Compostela y Granada, bajo diseños del gran arquitecto Enrique Egas. (13)

En Francia, los Hospitales Cruciformes llegaron a tener presencia apenas en el siglo XVII, en Lyon y París. En Inglaterra se menciona el Savoy Hospital de Londres, en 1517. En Alemania no tuvieron acogida los Hospitales Cruciformes.

El apogeo del diseño crucifonne hospitalario se vio en las colonias: Ciudad del Cabo (Africa del Sur), Guadalajara (Méjico), Santiago de Chile, Goa y Pondichery (en la India).

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