Diálogo consigo mismo y el Propio Destino

comunicacion

Aquí transcribo partes de una monólogo y diálogo entre un personaje de la obra teatral: “Pa­blo hijo de Paula” que aparece en la obra: “Dos líneas hacen un círculo” (1995) (534), en la cual se expresan las inquietudes de un adolescente con una madre adoptiva (Juana) y la madre biológica (Paula).

Dos lineas hacen el circulo
Figura 49. Carátula libro: “Dos líneas hacen el círculo”. Obra de Teatro de G. Sánchez Medina, 1995 .

La obra “Dos líneas hacen el círculo” tiene dos partes: “Las siete caras de Paula” y “Pablo hijo de Paula”. La primera parte el personaje Paula es una mujer soltera entra en con­flicto al embarazarse y consulta con su amiga Juana, un sacerdote y un abogado; al no tener respuestas a su conflicto ella se disocia en siete personalidades (la Paula consumo, social, laboral, estética, intelectual, afectiva e instintiva) finalmente aparece la Paula integrada quien decide tener el hijo llamado Pablo; el hijo queda en manos de la madre sustituta Juana.

La segunda parte “Pablo hijo de Paula” hace unas reflexiones con respecto a su vida, a su existencia y se ve envuelto en diálogos con el representante de la religión (un sacerdote), con el Estado, con la educación (el maestro), con su generación, con su patrón laboral, con la insti­tución sexual y familiar y finalmente con su madre biológica y madre sustituta, para luego enfrentarse al destino. Aquí se transcribe el primer y segundo monólogo de Pablo, seguido de unos cortos diálo­gos con sus madres natural y sustituta para quedar­se finalmente con su propio destino.

PABLO: Mi madre Paula me dio el nombre de Pablo. Soy hijo nacido de un momento como todos los hijos. No sé si fui deseado o no, no sé si fui planeado, yo sólo sé que existo. No recuerdo el nacimiento; se me dijo que yo existía porque pensaba, pero en verdad, ¿quién soy?, ¿de dónde vengo?, ¿para dónde voy?, ¿qué soy y qué tengo?, ¿por qué existo?, ¿por qué y cuándo dejaré de ser? La respuesta no es una; más aún, yo no me puedo comprender partien­do de estas preguntas y sólo de mí mismo; sólo teniendo en cuenta mi vida toda entera; de mis experiencias podré entender quién soy, aunque nunca de un modo completo, ni tampoco puedo darme cuenta de mi delineamiento definido puedo acercarme a mí mismo y por dentro, ¿cómo soy? ¿lo podré saber algún día definitivamente? Eso nunca; ¿debo pasar por este mundo renunciando a conocerme? quizás sí llegue a aproximarme un poco a lo que yo y otros puedan ver de mí. Muchas veces me he encontrado que he utiliza­do tesis e hipótesis pero finalmente he hallado que ellas no me sirven porque caigo en la confusión, o en el error. Recuerdo el escrito que dice: “precisamente aquellas tesis que corresponden a la labor de ac1ararnoslos enigmas del mundo y reconciliarnos con el dolor de la vida, son las que menos garantías nos ofrecen”, pero yo no puedo quedarme en las tinieblas o como un niño jugando con las ideas, y las palabras.

“Tengo que salir a la vida de la realidad, pero, ¿cómo puedo ser imparcial conmigo mismo? Tampoco lo puedo ser. Entonces, ¿cuál es la solución? Solución no hay para todo, todo no tiene solución, debo renunciar y limitarme a trabajar con humildad dentro de mí mismo. Pero, ¿por qué tantos pensamientos? Porque me siento infeliz, oscuro, en un hueco sin fondo, sin esperanza, sin posibilidad, encarcelado, y quiero salir de él, quiero ver la luz, nacer al mundo de la conciencia con otra conciencia. Para pensar tengo que imaginar, y me imagino mi historia; todo mi pasado es presente, nada se ha extinguido, todo vive como si fuera en este momento, todo lo que pienso, imagino, lo que pasa por mi mente es actual porque así lo veo, así lo siento, nada ha muerto, todo está vivo, toda mi vida está presente, no hay tiempo. ¿Y el futuro? Ah! el futuro quizá también pueda percibirlo. Sólo me faltan medios para describirlo. ¿Y el futuro acaso no es aquel que hago con mi presente? ¿Acaso no puedo prever mi futuro si analizo todo mi presente? EI futuro es el que vivo a cada instante. No, el futuro es una esperanza, una solución de posibilidad, tal vez es sólo una ilusión, un sueño que mi mente crea y que la realidad de la vida cristaliza y al fin como lo que llaman: la historia, pero, ¿cuáles mi historia?

“Imagino mi nacimiento cuando salí del vientre de mi madre y antes de él cuando estaba allá a oscuras, solo, en silencio, con las paredes que me recubrían todo mi ser; ellas y yo éramos solo una, no había dife­rencias, se movía sin sentido, sin dimensión, no existía ni lo alto ni lo bajo, ni lo profundo, no había tiempo, ni día, ni noche. Era un vivir más allá de la sombra y más acá de la nada. Sí viví pero sin vivir, desde allá controlaba todo, yo era poderoso, tan poderoso que no necesitaba ni ver, ni oír, ni respirar, ni hablar, todo me entraba sin ni siquiera pedido, todo estaba regulado sin sentido, flotaba como en un universo maravilloso entero y eterno; un día ese mundo ya no me servía porque ni él ni yo estábamos de acuerdo, era un desacuer­do entre lo que yo era y no era. Ya no cabía en ese mundo-limitado e incierto, todo me parecía pequeño, era la cárcel de ese momento, era estar prisionero sin haber cometido delito, sin tener la culpa por dentro. En un momento nos pusimos de acuerdo y de ese cuarto oscuro comencé a salir con esfuerzo. Tanto sería que rompí paredes y puertas que cerraban la casa en donde me había hecho. Al salir sentí por primera vez la angustia; era el temor de morir en un mundo adverso en donde todo era nuevo, en donde el aire se me metía con fuerza y al mismo tiempo me faltaba todo mi universo; había encontrado otro mundo y otro universo incontrolable, a tal punto que corría el peligro de perecer si no respiraba, y hacía un esfuerzo. En este momento sentí el dolor del nacimiento y lloré por primera vez en este mundo de tierra, aire y cielo. Lloré sin saber que no sería la única vez que desgarraría mis lágrimas de soledad, dolor de vida y esfuerzo. De todas formas di un grito fuerte y así le dije al mundo que había llegado mi ser al camino que otro caminante, peregrino que quiere descubrir y encontrar lo perdido por allá en el fondo oscuro de un universo desconocido, sin formas y sin tiempo.

“Aquí estaba presente para ver la luz del pensamiento, era quizás encontrar la conciencia individual con todos al tiempo para volver a unirme y dejar sellado otro ser más allá de mi tiempo. Así fue como busqué algo de qué agarrarme para no morir con el aire y con el viento. Encontré un pecho suave y lleno de alimen­to, chupé muchas veces hasta querer morderlo. Quise tragar lo que venía de afuera para sentirme lleno, y para quedarme tranquilo. Luchaba porque se me diera afecto sin obligación y tierno. Por allá dentro prometí devolver lo que se me daba con sufrimiento, sin poder controlar el tiempo, lo devolví con mis excrementos al mundo lo que se me había dado. Poco a poco descubrí al mundo, y a los pechos los junté con los ojos negros, gasté un tiempo hasta que quedaste toda entera ya ti te llamé madre. Pero tú, madre, muchas veces me rechazaste y finalmente me abandonaste como si yo hubiera podido pensar y hablar cuando el hambre me ahogaba por todo el cuerpo. Así estuve tan solo que se despertó un odio perverso. Así comencé a sentir odio por tus pechos, los que a veces sentía venenosos, devoradores y como monstruos que perseguían a mi pobre imagen que comenzaba a ver, sin saber de nombre. Tanta rabia tenía que ella misma me confundía, y no sabía si era yo, o el mundo que se me venía encima sin compasión y cobardía. En un momento vi vampiros, lobos, aves de rapiña y carnívoros, que saltaban por encima de los felinos, serpientes con alas de plumas y de carne viva.

“Todo lo sentía que podía destrozarme, así era como yo quería que tus senos se volvieran podridos porque de ellos no recibía la ilusión de cariño y de madre. El odio a veces me descontrolaba cuando se me dejaba en las garras del enemigo interno. Yo quería explotar y destruir al mundo entero con mis gritos Y los excrementos fecales y de orina que me parecía quemar mi cuerpo. Quería vomitar el abandono de soledad y de seno bueno. En realidad quería un beso, una caricia y un alimento dado con todo el calor de carne y sentimiento.

“MADRE: No me pidas tanto, no me exijas lo que no puedo, ya te has saciado y sin embargo sigues queriendo. Yo no tengo más y tú me sigues pidiendo porque nada te calma. Ya mis senos se quedan marchitos y secos, sin leche, y tú insistes en que debo tenerlos tan grandes y repletos. Nada te calma tu ambición y hambre, voracidad de animal del desierto. Ni el agua del mar, ni el aire del cielo te bastan para calmar tu desespero. Y a pesar de todo lo que me dices, te quiero.

“PABLO: Lo que pasa es que tú me has abandonado antes de alimentarme con tu corazón de mujer madre. A ti sólo te importa que te quieran, porque sólo te amas a ti misma.

“No me diste la vida con amor y paz de renuncia, sino con la envidia, pensando en ti misma, en llenar tus vacíos de vida. Tú eres la egoísta que solo aspira a darme para recibir una sonrisa, una palabra o una caricia. Tú eres la que no tolera una lágrima, una queja o una protesta al dolor interno y tierno que no sabe de lo malo y feo cuando tú misma guardas el amor por ti misma y por tu cuerpo. Sólo necesitas que té amen sin condiciones y que te acepten toda entera porque te diste el nombre de madre después de que gozaste a ser mujer sin saber primero qué eras.

“MADRE: Tú sigues hablando, pero de todas maneras te quiero.

“PABLO: Yo te perdono sin que me lo pidas, pero el castigo al mal que has hecho es caminar sola en tu propio camino. Además sigo recordando toda mi vida.

“Recuerdo que me bañaban como si trajera la suciedad prendida a mi piel, que no sabía de blancos o de negros; mi madre creyendo que me salvaba del pecado primogénito, original de mi nacimiento, me llevó a la iglesia y allí me volvieron a ungir agua, sal y aceite como si así se apartara el mal de mi cuerpo y de mis pensamientos. Era la magia en el ritual venido por un culto absurdo y sólo con el deseo de salvar del castigo del Padre Eterno.

“Así quedé en manos de una religión que me ligaba como si yo estuviera perdido en este mundo de caos, de un destino incierto.


534 Los textos que traigo del diálogo con el destino aparecen en una obra de teatro escrita en el año internacio­nal de la mujer (1975) con el nombre: “Dos líneas hacen el círculo”. La obra consta de dos partes; la primera se llama: “Las siete caras de Paula” y la segunda “Pablo, hijo de Paula”; en esta última existe un monólogo del personaje Pablo y luego un diálogo entre el destino y sus dos madres la biológica (Paula) y la sustituta (Juana). El lector podrá encontrar consideraciones vigentes para la juventud o para algunos de una u otra forma pensamientos que nos hemos formulado.

DÉJANOS TU COMENTARIO

DÉJANOS TU COMENTARIO

Please enter your comment!