Principios Básicos, Psíquicos, Físicos y Campos de Fuerza

DR. GUILLERMO SÁNCHEZ MEDINA

El psicoaná­lisis y la teoría de la complejidad

Muchos de los textos que a continuación aparecen son traídos de la obra: “El psicoaná­lisis y la teoría de la complejidad”, (2002), pues los considero fundamentales para tenerlos en cuenta con el fin de que estos conceptos puedan utilizarse para analizar fenómenos con diferentes perspectivas científicas sin referirme a los principios ya postulados; de tal manera el o los fenómenos estudiados estarán bajo cierta cosmovisión.

De tal forma en psicoanálisis y en física consideramos los siguientes principios básicos que operan con y en distintos campos de fuerza:

1. El “principio de constancia”:

Cuyo fundamento teórico es el del principio de placer y el de tener el nivel de excitación de la energía constante, a la vez que el de bajar la tolerancia de la frustración.

Este principio de constancia se opone al flujo libre de energía y se compara y/o relaciona con el segundo principio de la termodinámica, que equivale al principio de esta­bilidad de Fechner y a la homeóstasis de Carnot; podría además asociarse al principio de con­servación.

El principio de constancia guarda estrecha relación con el principio del placer, en la medida de que el displacer puede considerarse, desde un punto de vista económico, como la percepción subjetiva de un aumento de tensión, y el placer como la disminución de dicha tensión(Laplanche, Pontalis, 1971).

(Muy posiblemente este principio opera en lo expuesto en los párrafos que anteceden). A finales del siglo XIX los medios científicos ad­mitían cómo en la psicología y en psicofisiología operaban los principios más generales de la física, en la medida en que tales “principios se hallan en la base de toda ciencia”.

El mismo Freud se pronunció en el sentido de que con la palabra “constancia… puede entenderse la cosas más diversas”. Al aplicar a la psicología el principio de conservación de la energía, “en un sistema cerrado, las sumas de las energías permanecen constantes”; “…una energía psí­quica o nerviosa, cuya magnitud no varía de distintas transformaciones y desplazamientos” puede someterse a este principio y a la vez a los hechos psíquicos en lenguajes energéticos.

Este “principio de constancia, puede interpretarse en el sentido de una autorregulación, que permite mantener constante su nivel energético, con respecto al ambiente”. Según el mismo Freud, “el aparato psíquico tiene la tendencia a mantener más baja posible la cantidad de excitación existente… o, por lo menos, mantenerla constante”, (84).

Breuer, (1895), por su parte, consideraba una energía de “excitación tónica intercerebral y otra cinética que circulaba”.

Freud en el “Proyecto de psicología científica, (1895), se refirió al principio “de inercia neuronal, en virtud del cual las neuronas tienden a vaciarse de la cantidad de excitación a evacuarla por completo”; el flujo total de energía psíquica y la evacuación eran para Freud sinónimos y eran asimilados al principio de excitación o principio de displacer; luego el placer sería, como se enunció anteriormente, equivaldría a la disminución de la tensión.

Actualmente todos estos conceptos se conectan con la química cuántica de la biología molecular y obviamente con los neurotransmisores y neurorecep­tores; así mismo la búsqueda y el hallazgo del placer implican una mayor producción de organizaciones proteínicas y a la vez defensas inmunológicas y por ende mayor posibi­lidad de vida.

A nivel del psiquismo los procesos primarios y secundarios inconscientes y conscientes suponen el desplazamiento indefinido de las significaciones en un flujo totalmen­te libre del total de excitación o de una ligazón, regulada en cierta forma, para mantener y res­tablecer límites al nivel energético de las partículas cuánticas y sus funciones de onda.

Toda esta temática se desarrolla en la obra citada (85). En este principio de constancia interviene el “principio de nirvana” el cual se refiere a la tendencia de reducir la excitación de origen interno o externo y la “constancia” a “cero”; este último, equivaldría al principio entrópico que conlleva el de Carnot, en el que hay una “entropía absoluta”, y en donde no puede haber cambio. De tal manera de un principio se llega a otro. Este último principio conlleva la ten­dencia de la pulsión de muerte.

2. El “principio de inercia” (86).

Lo que Freud traduce en términos de libre circulación de energía, en las neuronas, no es más que la transposición de su experiencia clínica”. Este principio es también de “descarga de la excitación” que produce tendencias a evitar toda excitación.

3. Por su parte, funciona otro principio y es el de la “pulsión a la repetición” (87):

Como otro principio inconsciente y de la naturaleza en general, el cual es un instrumento del tanatos y es el que produce la repetición sin recordar (acting– actuación) y repetición para reparar y del desorden volver al orden y así sucesivamente (88).

4. El principio de “placer displacer

Conlleva específicamente la descarga y no la realidad; esta está regulada por el afuera (entorno).

5. El “principio de realidad

Lleva a la adaptación, la que está al servicio de Eros.

6. Dentro de todos los sistemas biopsíquicos existe otro principio el de “autoregulación y autoestabilización

Pues son sistemas abiertos que se autorregulan por la necesidad de y para establecer un equilibrio dinámico, y, por lo tanto un orden cambiante, con lo cual se hace evidente el principio de conservación y constancia.

Todos estos principios: “realidad, placer-displacer, compulsión a la repetición, inercia, nirvana, constancia, auto regulación, auto organización, y auto estabilización”, van a pro­ducir un dinamismo psíquico.

Habría que pensar si todos estos principios inconscientes, que participan en funciones reguladoras de las tendencias y energías, son a la vez fuerzas o anti-fuerzas, energías o anti-energías o solamente son funciones de las mismas fuerzas y antimate­ria, que a la vez provienen de los tres campos de fuerzas (con cuatro fuerzas: gravitacionales, electromagnéticas, nucleares débil y fuerte) y materias observadas (observables y compro­bables) en el funcionamiento del universo y en lo que se fundamentan los modelos sobre la concepción del universo. Estos campos son “nucleares”, “electromagnéticos” y “gravitacio­nales”, y producen energía y movimiento (89).

El primero, “el nuclear”:

Es producido por rupturas de fuerzas nucleares duales como una energía externa; en estas fuerzas nucleares actúan en distancias muy pequeñas y son inversamente proporcionales a la distancia; aquellas funcionan a la vez como repulsión y atracción de subpartículas en el micro espacio y se de­bilitan en el espacio, en partículas más grandes; este campo soporta el modelo de las fuerzas electromagnéticas pero funciona también como una explosión-expansión, defusión y fusión de fuerzas.

El segundo campo, el “electromagnético”:

Está asociado por cargas de partículas posi­tivas y negativas; aquí están incluidas todas las radiaciones; es un observable, dual, y es una consecuencia de las fuerzas electromagnéticas que actúan como campo y lo define; su con­secuencia es la formación de cuerpos, moléculas-especies, separados unos de otros; sin estas fuerzas, todo sería un plasma como un huevo y de ahí también la diferenciación de las molé­culas y de las especies; estas fuerzas limitan con las fuerzas nucleares y forman o producen el estado molecular y la diferenciación del plasma y de los objetos individuales (Hawking, S. W., 1992; Guth, A.H., 1999).

Cuando nos referimos a las fuerzas electromagnéticas lo estamos haciendo a las cargas eléctricas y a las magnéticas

Las primeras se refieren a flujos de electrones, es decir, los electrones en movimiento son el fluido eléctrico que tienen cargas potenciales; al mencionar las fuerzas magnéticas estamos aludiendo a un campo en donde existen rayos con partículas de cargas positivas o negativas que le damos el nombre de electrones, (90).

La existencia de partículas atómicas cargadas negativamente implican que existen también cargas positivas; lo que equivale que el átomo tiene dos valencias. Estas partículas producen ondas generadas eléctricamente; cada onda tiene una longitud o distancia entre sus crestas, una frecuencia y una amplitud o altura.

Así podemos caracterizar una onda por su frecuencia, longitud y ampli­tud; la onda a su vez, tiene velocidad y no la del medio de donde se produce; por ejemplo, la luz es un tipo de onda; cuando la onda se aleja de un objeto cargado, el fenómeno resultante recibe el nombre de radiación y dado que su origen es electromagnético, se habla de radia­ción electromagnética, la cual es una partícula onda.

De acuerdo con su longitud de onda, se conocen los radios secuencialmente AM, onda corta, el radio FM y TV., las microondas, los rayos infrarrojos, los ultravioleta, los rayos X y los rayos gamma, rayos láser. La luz que observamos se emite en pequeños paquetes y no a lo largo de un espectro continuo. Planck denominó a estos paquetes “cuanta” y nunca aceptó que la luz fuera una onda.

(Lea También: La Necesidad y su Relación con el Azar y el Determinismo)

El tercer campo “el gravitacional” está relacionado con la masa:

Se entiende que entre mayor sea la masa, mayor la fuerza de la gravitación, que aparentemente no es dual y no es observable, pero sin embargo, funciona para mantener el equilibrio en todos los cuerpos; aquí se ubican las fuerzas centrípetas y las centrífugas; “es la marcha a la destrucción” en un “equilibrio que lleva a cero y luego a otro cambio de energía y masa”; he aquí la teoría de la “conservación”, de la “entropía” (desorden) y de la “entropía absoluta para llegar a cero” (0) sin posibilidad de cambio (Teorema de Nernst) y luego la teoría de los huecos negros y del big bang:

Fusión-defusión, contracción-expansión, implosión-explosión pasando por un “punto crítico de fisión” para llegar al desorden-caos y luego a un orden y nuevamente al desorden; de tal manera se pasa del equilibrio al desequilibrio, que se refiere, como ya se observó, al campo nuclear y así a la nueva creación (91). Esta temática planteada en textos anteriores es la que se relaciona con el azar y el determinismo.

El modelo psicoanalítico energético estaría ubicado dentro de estos tres campos pero como derivados de ellos con las energías instintivas eros-tanatos. Todo esto configuraría el modelo de principios reguladores de las energías instintivas. Este modelo podría también ubicarse en el modelo económico o en el modelo instintivo estructural o bien se le podría denominar, repitámoslo una vez más, como “modelo de funciones reguladoras psíquicas”; sin embargo, cualquier modelo puede ser útil para las regulaciones instintivas o ser utilizado o entendido como regulación de las mismas.

El sujeto, con base en su filo y ontogenia va a construir su personalidad, en la que se in­cluye a la vez la base orgánica y con ella la base biológica neuronal, que no son otra cosa que los órganos físicos en donde se instauran los fenómenos y mecanismos psíquicos; de tal forma, que en esa estructura somática, se realizan las funciones mentales; una de las cuales, entre las más importantes, es la de la sensopercepción con acumuladores de estímulos, trans­formadores y condensadores con sus receptores, sus transmisores y sus conductores.

Es allí donde los diferentes mecanismos, fenómenos y funciones ocurren, y es así como aquellas se puedan formar, organizar, presentar, representar y reproducir. En los órganos senso-percepto­res, con sus diferentes intercambios bio-eléctricos de impulsos y con sus organizaciones, en el sistema nervioso central, es en realidad donde se efectúan los mecanismos psíquicos y que se ponen en relación vincular con el entorno y éste con aquél.

Quiero agregar que equilibrio y desequilibrio, orden y desorden, operan pasando por la confusión y el caos, así mismo rescatándose o saliendo de allí, en el ser humano, por medio de comparaciones y puntos de referencia que se establecen en y con los estímulos neuronales diferentes.

Aquí es necesario hacer la salvedad que debe existir una regularidad en los fenó­menos físicos y psíquicos y aún los socio-histórico-culturales, cada uno con sus ritmos, en ocasiones paralelos, o lo que podríamos denominar “en fase y otros desfasados”. Es mejor aceptar que nada es completo ni ordenado en forma continua, y que el caos es otro fenómeno y otra manera de presentarse él mismo, como modelo, lo que equivaldría también paradóji­camente, a otro orden desordenado.

De lo expuesto en este punto inferimos que los principios inconscientes de las funciones reguladoras siguen unas leyes, unas bien conocidas y otras por conocer (bio-físico-químicas, psíquicas y sociales) en el proceso de conocimiento. De todas maneras, nos encontramos con la naturaleza biológica y psíquica, la que también se regula con la incertidumbre de la conciencia pero con cierta certidumbre del destino, de sus instintos, sus pulsiones y de los objetos.

He aquí otro aspecto que se refiere al destino de los instintos y a los objetos. Quiero ex­plicitar aquí lo que entiendo como destino desde el punto de vista del campo de la psicología dinámica freudiana; es aquella fuerza (energía y pulsión) que predetermina al sujeto y al objeto a actuar.

La energía y pulsión provienen del mismo cosmos universal indiferenciado y luego paulatinamente en diferentes procesos se diferencia para entrar más adelante nue­vamente a la indiferenciación unitaria; esto como un principio del Todo. De tal manera “el inexorable destino” para el sujeto diferenciado hombre es el nacimiento, la vida y luego la muerte para entrar en nuevos ciclos universales; aquí la vida aparece como un destino que atraviesa en su ciclo y también como una oportunidad de vida. (Ver cap. XVI, XVII y XVIII).

Destino de los objetos

Cuando me refiero al “destino de los objetos”, lo hago en el sentido que el instinto se liga al objeto primario (y/o a la representación) creándose el vínculo que, luego al transcurrir el proceso de desarrollo, va determinando los vínculos posteriores y, podremos decirlo, marcan­do las relaciones objetales vinculares futuras; de tal manera, tanto instintos como objetos y la relación vincular (instinto-objeto) tienen su destino natural, lo que implica también toda una serie complementaria, en la cual se incluye lo genéticamente heredado.

Es decir, que el ser humano nace con un destino o un determinismo físico y psíquico, con sus marcas genéti­cas dentro de una temporo espacialidad socioeconómica cultural, y, de aquí, parte a su evo­lución y desarrollo, así como a la involución y al decrecimiento, en las diferentes vivencias y aconteceres psíquicos múltiples, con la posibilidad de cambio limitado (libre albedrío) y con la incertidumbre(92), con la ignorancia de la consciencia de lo inobservable o lo observado indirectamente, con o sin posibilidades de predicción y verificación.

Estos conceptos tendrían que llevarse también a la comprensión de la relación transferencia – contratransferencia en el psicoanálisis clínico, igualmente regulada con el encuadre sin el cual no podría presentarse el proceso terapéutico analítico.

Sin embargo, es de observar que en la psicología de la vida cotidiana ocurren diferentes hechos psíquicos y entre ellos están las que denominamos “por casualidad o por azar”, como el descrito en este capítulo y en el cual se puso a funcionar una serie de mecanismos para también en forma inconsciente, desarrollar en el libro la temática del azar y el determinismo.

Aquí podríamos hallarnos en el campo del psicoanálisis aplicado a un hecho psíquico personal y a la vez con especificidades físico-químicas y por ende ener­géticas o con la participación de la materia y energía que llevan a un hecho del destino. De aquí se parte a interpretar y/o explicitar el fenómeno acontecido más en forma incierta.

El lector en este momento, ya puede ubicarse en la teoría de la complejidad y en el psi­coanálisis así como en el determinismo y azar psicofísicos, después de tener en cuenta las pulsiones de vida y muerte, los puentes de comprensión entre soma y psiquis, algunos prin­cipios psicoanalíticos básicos, los inconscientes de las funciones reguladoras y de los tres campos de fuerzas (cuatro fuerzas), el determinismo e indeterminismo, la tendencia de pasar del orden al desorden y caos, del equilibrio al desequilibrio pasando mentalmente por la con­fusión y rescatándose por medio de comparaciones y puntos de referencia.

La teoría de la complejidad y caos la trataré nuevamente de conectar con el azar, el de­terminismo y especialmente con el psicoanálisis en lo que se refiere al sistema inconsciente; sin embargo, no deja de aparecer todo esto como una metáfora y analogía.

Otro factor a tener en cuenta es que así como se descubrieron las diferentes ondas y rayos de las partículas subatómicas y las leyes y ecuaciones correspondientes para probar la existencia de las posiciones de las partículas y sus movimientos, a la vez que las variables evidentes y ocultas; de la misma manera, se han descubierto los diferentes psicodinamismos, más no se ha podido llegar a descubrir la explicación a diferentes hechos psicológicos y parapsicológicos que tienen que ver con fenómenos mentales, el más importante de todos:

El pensamiento, la palabra y los fe­nómenos de la psicolingüística, los cuales funcionan en nuestro cerebro, todos los cuales todavía no hemos podido conocer en dónde y cómo se programa el mecanismo psico-químico-eléctrico con sus ondas, partículas y frecuencias específicas, en las neuronas y sinapsis; a la vez, todavía no están clasificados los mapeos o circuitos correspondientes a las diferentes funciones.

Lo que se propone con estos textos es traer una teoría (93) del sistema cuántico como el último responsable de la señalización de la información y está relacionado con el azar y el destino. Esperamos que en el siglo XXI se logre realizar el puente a través de las investigaciones multidisciplinarias de las que el psicoanálisis no pueda estar exento.

En los capítulos siguientes se hará relación del azar y el determinismo con la necesidad, el indeterminismo, la probabilidad, la complejidad y el caos, a la física del azar-determinsita, al ser y no ser, las paradojas del azar y el determinismo, a los sueños, al azar determinista en la vida cotidiana, para llegar a los ejemplos, a la intuición y al destino con reflexiones sobre el mismo y a la libertad, el bien y el mal, a la ciencia, la filosofía y al cálculo.

Estas temáticas ampliarán la información aparecidas en el presente capítulo, no sin repetir algunos conceptos los cuales deben tenerse en cuenta para comprender la relación que se trata de realizar entre azar, determinismo y destino.


84 Op. cit., Laplanche, Pontalis, 1971

85 Ver obra: Cerebro-mente” (El pensamiento cuántico), 2009, G. Sánchez Medina y J. Márquez Díaz.

86 Op. cit., Freud, S., 1895

87 Esta pulsión se convierte en compulsión, es decir, es algo que se necesita repetirse; personalmente pienso que si bien la mayoría de las veces está al servicio del instinto de muerte (tánatos), a la vez, puede ser o es utilizado por el instinto de vida para reproducirlo o para integrar objetos lo que significa también, para re­pararlos.

88 Este último concepto puede operar también en los diferentes procesos psíquicos, en las estructuras, siste­mas, y posiblemente esté interrelacionado con las funciones del Yo Corporal y con las nociones de témporo espacialidad interna y externa, antes o después de lo inmutable. Por ejemplo, en el recordar se repite la vivencia o bien para satisfacción de la misma o con el fin de repetir el recuerdo traumático y así evacuarlo o resolverlo; sin embargo se puede recordar por la tendencia a la necesidad de sufrir (masoquismo) o como ya se mencionó para volver al estado inicial anterior o por la operancia de los principios de constancia e inercia o autorregulación.

89 Cuando nos referimos a energía y movimiento, debemos mencionar las tres conocidas y ya men­cionadas leyes de la termodinámica.

La primera ley enuncia que la “energía” ni se crea ni se des­truye y sólo se transforma en el universo; de ahí el principio de conservación o constancia de la energía, la que involucra a todas las formas de energía conocida (térmica, gravitacional, magnética, cinética, nuclear, potencial, o energía química); aquí valdría la pena preguntarse si se puede incluir la energía psíquica, de la cual se ocupa la obra: Cerebro-Mente (2009) y “El psicoanálisis y la teoría de la complejidad”, 2002..

Se llama magnitud de energía a la energía total o a la energía interna del sistema. A escala molecular la energía interna, sigue siendo la suma de las energías cinéticas y potenciales, de todas las partículas que constituyen el sistema. La energía interna es una función perfectamente definida del estado del sistema, como son la presión, el volumen y la temperatura. (Mc Donall, B., 1976).

Cuando hay un intercambio de energía entre un sistema y su entorno, la energía total final para el universo (el sistema y su entorno) es igual a la energía total inicial, (para el universo es todo el sistema (s) y su entorno (s)).

La segunda ley de la termodinámica (enunciado de Kevin – Planck) parte del principio de Carnot y de la entalpía que se refiere a que en el intercam­bio de calor entre un sistema y sus alrededores se produce un equilibrio; sin embargo, para que haya un intercambio de calor debe producir un trabajo; el trabajo se convierte en calor y a mayor calor mayor “entropía” que es la medida de desorden. Nos referimos a trabajo como a la energía que es transferida mediante un proceso mecánico.

Para que haya trabajo se requieren de diferencias de temperaturas. En esta ley se contempla la ley absoluta y la ley cedida, que tiende o equivale a cero; de ahí viene la “ley cero” de la termodinámica, base de las dos anteriores leyes.

La ley cero de la termodinámica es igual al equivalente térmico de dos o más sistemas cuando entran en contacto se igualan las temperaturas o sea se produce un “equilibrio térmico” con un tercer cuerpo (R. H. Fowler, 1995), (Ayuso Martínez, L. E., 1995). La tercera ley de la termodinámica se refiere a que “la entropía de una sustancia pura se acerca a cero, conforme a la temperatura se aproxima la tempe­ratura de cero absoluto”.

En este caso la entropía pura, es el equilibrio termodinámico que tiende a cero o al cero absoluto. Todas estas leyes se aplican en todos los sistemas reversibles y a todo el universo, y he aquí el planteamiento de la teoría de la complejidad y caos; entre más entropía, más complejidad y más tendencia al caos y al punto cero (Badii, R., y Politi, A).

A la vez, cuando hablamos de conservación de energía, lo hacemos con respecto a las funciones reguladoras, al servicio de tendencias y energía, unas de conservación y otras de transformación de la misma.

La teoría de la relatividad de Albert Einstein comprende un “intercambio entre energía y masa; este intercambio es importante sólo para velocidades del sistema que se aproximan a veloci­dades de la luz, y para algunos otros casos, como la conversión de masa en energía en una relación nuclear”. Estas excepciones reciben en ocasiones el tratamiento especial en termodinámica, y no son analizados en esta obra.

“Un enunciado de la conservación de masa apropiado para la termodinámi­ca clásica se refiere a que la masa no se puede crear o destruir sino que se conserva para el universo (sistema más entorno) en todos los procesos” (Russell LD., Adebiyi, GA., 1997; Einstein, A., 1983).

Todo este conjunto de leyes nos hacen pensar no solamente en energía, movimiento, calor, trabajo, sino en fuerza, instinto, relacionados también con los principios básicos de los modelos psicoanalí­ticos, como estructura, compulsión a la repetición, inercia, principio de placer-displacer, primera y segunda tópica o espacios mentales, cargas, contra cargas, retiro de las mismas, represión.

Todo este uso de términos y sus referentes, significados y significantes, con sentidos iguales y diversos aparecen en toda la literatura psicoanalítica, y, de una u otra manera nos hacen referencia a los prin­cipios físicoquímicos que obviamente están interrelacionados con lo psíquico, o con las energías psíquicas: libido, tanatos.

¿Qué importancia más tiene la teoría de la relatividad de Einstein en su fórmula E = mc²? La res­puesta reside en que si bien hay diferentes clases de energía, ya mencionadas, y la masa a que se refiere la física pertenece más a lo cuántico y a la velocidad de la luz al cuadrado, nos refiere a un movimiento, que en el caso de lo psíquico todavía no está cuantificado, más sí hemos avanzado en su cualificación que está explicitado en las obras citadas.

Recomiendo al estudiante tener en cuenta este texto cuando nos referimos a la teoría de la complejidad y caos, al funcionamiento cerebro-mente y al comportamiento del azar y el determinismo. (“Psicoanálisis y la teoría de la complejidad”. 2003; “Cerebro Mente. El pensamiento cuántico”, 2009)

90 Op. cit., Guth AH., 1999

91 En la física moderna se considera no sólo tres campos de fuerzas sino, cuatro fuerzas fundamen­tales (ya mencionadas), que en orden de intensidad decreciente son:

1. La fuerza fuerte responsable de la energía de enlace de los núcleos, o la que mantiene unidos o cohesionados a los nucleones; esta fuerza es mediada por partículas de campo llamadas “glicones” o gluones.

2. La fuerza débil que tiende a producir inestabilidad, decaimiento, desintegración en ciertos núcleos inestables; es responsable de producir radiaciones: alfa, con núcleos de helio y beta con electrones o positrones y los gama o fotones de alta energía; la fuerza débil es mediada por partículas llamadas “bosones W y Z”.

3. La fuerza electromagnética, la cual une los átomos o moléculas para formar la materia y está mediada por los llamados “fotones”;

4. La fuerza gravitacional de largo alcance mantiene unido a planetas, estrellas y galaxias; esta fuerza es mediada por los llamados “graviones”. (Marcelo Alonso EJ., 1976)

92 Ver Lógica de la investigación científica”, de K. Popper, págs. 201-213.

93 Espero que el lector tenga en cuenta ciertos pensamientos de Albert Einstein con respecto al estudio, a lo que puede ser contado o lo contrario, a las teorías, las matemáticas, la curiosidad, lo mismo que a la experiencia y a la intuición todo lo cual fue expresado así: “La teoría es asesinada tarde o temprano por la experiencia”.

”La teoría es cuando se sabe todo y nada funciona. La práctica es cuando todo funciona y nadie sabe por qué. En este caso hemos combinado la teoría y la práctica: nada funciona… y nadie sabe por qué”.

“La única cosa realmente valiosa es la intuición”. “La única fuente del conocimiento es la experien­cia”. “No te preocupes por tus problemas con las matemáticas, los míos son todavía mayores”. “No tengo talentos especiales, pero sí soy profundamente curioso”. (En una carta a Carl Seelig 1952). “No todo lo que puede ser contado cuenta, y no todo lo que cuenta puede ser contado”.

“Nunca consideres el estudio como una obligación sino como una oportunidad para penetrar en el bello y maravilloso mundo del saber”. “Por dolorosa experiencia, hemos aprendido que la razón no basta para resolver los problemas de nuestra vida social.

La penetrante investigación y el sutil trabajo científico han aportado a menudo trágicas complicacio­nes a la humanidad […] creando los medios para su propia destrucción en masa. ¡Tragedia, realmente, de abrumadora amargura!?”. En “Un mensaje a los intelectuales”, publicado el 29 de agosto de 1948, reflexio­nando sobre el lado oscuro de la historia de la ciencia.

Revista ¡Despertad! 8 de Marzo de 1998, artículo: ¿Hay divisiones entre los científicos?. “Si no chocamos contra la razón nunca llegaremos a nada”. “Si no puedo dibujarlo, es que no lo entiendo”.

Fue la respuesta que dio a un alumno suyo al preguntarle la mejor forma para llegar a ser un gran científico. “Procuro no cargar mi memoria con datos que puedo encontrar en cualquier manual, ya que el gran valor de la educación no consiste en atiborrarse de datos, sino en preparar al cerebro a pensar por su propia cuenta y así llegar a conocer algo que no figure en los libros”.

Respuesta que le dio a Thomas A. Edison cuando le preguntó la velocidad del sonido.

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