III. La Necesidad y su Relación con el Azar y el Determinismo

(Funciones Psicofisicoquímicas)

Introducción

En la obra que antecede a esta (Cerebro Mente, 2009) aparece en forma más discriminada y explícita la neuroanatomía, neurobiología y neurofisiología de las funciones cerebrales y/o del sistema nervioso central y autónomo. Los textos que a continuación traigo sólo llevan ciertos conceptos del interfucionamiento cerebral relacionados con el determinismo, el azar y la necesidad; por lo tanto, el lector más avezado tendrá que ir a la lectura de los escritos ya mencionados y revisar los contenidos básicos de las neurociencias.

Sirvan estas líneas para adentrarnos en el determinismo y el azar y así en el “lazo del des­tino” con hechos naturales con diferentes consideraciones, cuestionamientos y explicaciones que tendrán que ser resueltos en el transcurso de los capítulos. Primero haremos nuevamente mención al azar y al determinismo e indeterminismo, a la probabilidad, a la complejidad, al ordenamiento, a éstos en relación a la necesidad, relacionándolos con los mecanismos conscientes e inconscientes y así con los hechos psíquicos con repercusiones vitales y con ello el destino.

La relación del azar determinista con la necesidad en el ser humano se basa en la interac­ción de las funciones neurofísico-química-psíquicas las cuales fueron apareciendo durante toda la evolución; aquellas funciones complejas aparecen descritas en forma más detallada en la obra “Cerebro-Mente. El pensamiento cuántico”, 2009; de todas maneras en seguida tocaré algunos aspectos a tener presentes.

Interacción Soma-Psiquis

En la neuroanatomía le damos nombres a las grandes áreas o regiones cerebrales tales como: frontal, parietal, temporal y occipital (derecha e izquierda), también lo hacemos con los centros cerebrales según su localización, cortex, neocortex, sustancia gris y blanca; o no­minamos los núcleos de la base: el tálamo, hipotálamo, la amígdala, los núcleos intersticiales, bulbo, puente de acuerdo a sus localizaciones; también podemos darles nombre de acuerdo con sus funciones y formas, y, de la misma manera, le otorgamos cualidades y nombres a las sustancias o moléculas; por ejemplo nos referimos a los neurotransmisores o a las hormonas, o a la “tubulina” (α β γ) porque aparecen en los túbulos; sin embargo, hay que preguntarse ¿por qué y qué determina cada forma? Es sólo cuestión de pensar que para establecer las funciones de interrelaciones y comunicación, organización y conservación, por ejemplo: la forma de la “naturaleza” (94) en el sistema nervioso central, en particular, el cual se encorvó, para crear las diferentes plegamientos de las circunvoluciones cerebrales y así diferentes cen­tros de funcionamiento; esto es sólo una interpretación; ¿será que esto se produce en todo el proceso evolutivo de adaptación? ¿Acaso ocurre igual con otros órganos, como el pulmón, el riñón, los intestinos, produciéndose toda la fractalidad? ¿Será que el universo conocido con el espacio curvo le ocurre lo mismo? La respuesta positiva es muy factible que sea así, más tiene explicaciones y hechos que la física, la geometría espacial y la matemática lo pueden comprender y aplicar mejor.

Otro mecanismo a dilucidar aquí es el que se refiere a cómo este interfuncionamiento de las moléculas, de los neurotransmisores, neuroestimulantes y neuro-inhibidores, neuro­receptores, neurofijadores, etc. tienen no solamente esa función específica, sino darle una coherencia y una dirección a los materiales para su ensamblaje y organización compleja, que determina un diseño de y por la necesidad de cada elemento para acoplarse. Aquí otra pre­gunta: ¿existe una intensión o un “pensar” en la molécula? ¿Por qué en la realidad hay una fijación, un reconocimiento, una memoria, una codificación y decodificación que son también funciones del pensar?; entonces, ¿todas estas nombradas anteriormente, pertenecen a una interacción para un fin: la vida? La respuesta está por investigarse con métodos experimenta­les multidisciplinarios. Si bien todo esto puede ser cierto, no podemos llevar todas estas ideas a simples teorías de la biología molecular, lo factible es establecer claridad en la dinámica molecular entendiéndola desde la física cuántica para luego poder explicar el pensamiento. Aquí surge una pregunta: ¿proviene este último de una necesidad? La respuesta afirmativa la vamos a encontrar a través de los textos siguientes. Téngase en cuenta aquí cómo no se puede entender que la (s) molécula (s) o neuronas piensen, más si que ellos son la base neurobioló­gica en que se da el pensamiento gracias también a la participación organizada y enérgica de ellos (moléculas y neuronas), como todo una función.


94 Se inicia desde un (os) punto (os) que evolucionan desenvolviéndose en expansión y así como ocurre con los huecos negros de la galaxia, acontece en nuestro desarrollo en general. Este capítulo se enriqueció gracias a los conceptos aparecidos en la ora de Jacques Lacan: “El azar y la necesidad”, (Op. cit.)

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