Competencias para la Vida: habilidades, aptitudes y valores

Las competencias para la vida son todas esas habilidades, aptitudes, valores y conocimientos que nos ayudan a conseguir nuestros objetivos; no se tratan solo de las habilidades físicas para hacer algo como el saber hacer, sino es todo un conjunto de saber ser y saber hacer que actúan de manera integrada.

Las competencias para la vida se desarrollan principalmente durante la etapa de escolaridad o educación básica, pero además se siguen desarrollando y fortaleciendo durante toda la vida. Estas habilidades se aplican en diferentes contextos de diferentes situaciones que se viven a diario y son indispensables para vivir en sociedad.

¿Por qué? Porque son las habilidades que nos ayudan a superar los retos que impone la sociedad, el estudio y el trabajo; y porque son los que nos indican el comportamiento más positivo y constructivo para la vida. (Ver También: Cómo Tener más Liderazgo en la Vida.)

Clasificación de las Competencias para la Vida

Sociales

Son la serie de competencias o habilidades que nos permite, no solo vivir en sociedad, sino actuar de manera correcta. Por ejemplo, éstas pueden ser los valores con los que nos educaron para respetar a las demás personas, para no discriminar, para respetar la ley y las normas, etc.

En las competencias sociales también se incluyen las habilidades para relacionarnos con otras personas, por ejemplo, las habilidades comunicativas, la empatía, la asertividad, entre otros. Es importante tener en cuenta que estas competencias sociales son muy importantes para toda la vida, porque las personas siempre vivimos en sociedad.

Convivencia

Estas habilidades van de la mano con las sociales, porque son esas cualidades que nos facilitan la interacción y la relación con las demás personas de una manera sana y positiva. Por ejemplo, entre las competencias de convivencia se encuentra la facilidad para trabajar en equipo, para tomar decisiones y negociar; para reconocer y respetar la diversidad, tanto a nivel social, como lingüística y cultural, para tener una comunicación asertiva, entre otros.

La resolución de problemas es una habilidad que comenzamos a desarrollar desde pequeños, pero que trabajamos y fortalecemos durante toda la vida. A través de los años experimentamos cambios y diferentes situaciones que nos ayudan a mejorar esta competencia; y viene junto con otra competencia que es la adaptabilidad o facilidad para adaptarse a nuevas situaciones.

Aprendizaje

Se refieren a un conjunto de habilidades que es indispensable comenzarlas a desarrollar y trabajar desde la educación básica. Son, por ejemplo, la capacidad para leer y comprender la lectura, también para escribir y aprenderse a comunicar de manera certera tanto en la lengua materna como una o varias nuevas.

Esta capacidad de estar en continuo aprendizaje ayuda a desarrollar otra competencia para la vida muy importante que es el pensamiento crítico; se refiere a la capacidad que tiene una persona de pensar de forma responsable e independiente, creando pensamientos o posturas propias.

Comunicación y Manejo de la Información

La competencia de la comunicación va muy ligada con el aprendizaje y es fundamental para toda la vida, ya sea que sea una comunicación verbal o no verbal; la importancia radica en la capacidad que tiene la persona para expresar de manera asertiva, adecuada y correcta sus pensamientos, emociones o deseos.

Adicionalmente, en esta competencia para la vida se incluye la habilidad para el manejo de la información, especialmente en una época en donde gracias a la tecnología se traspasan fronteras. En ese sentido, estas habilidades son la de buscar la información, aprenderla adecuadamente; además tener la capacidad para seleccionar, organizar, analizar, resumir, apropiarse de la información y tener un punto de vista.

Manejo de Situaciones

Finalmente, en la competencia de manejo de situaciones intervienen varias habilidades como tomar decisiones, la gestión adecuada del tiempo, manejar situaciones de frustración o fracaso; ser capaz de salir de la monotonía, aunque esté en una zona de comodidad, asumir los riegos de las decisiones; y en general asumir las consecuencias, positivas o negativas, de las decisiones que se toman.

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