La Teoría Marxiana de la Explotación

Hasta aquí las ideas que fueron apareciendo durante la época clásica en relación al funcionamiento del mercado de trabajo se han contemplado bajo el prisma de la ortodoxia económica. Naturalmente, la doctrina de la explotación de Marx queda fuera de este prisma.

Sin embargo, no puede hacerse una revisión completa de las principales ideas relacionadas con del mercado de trabajo durante esta época sin mencionar los elementos esenciales de dicha teoría.

Este capítulo se dedica a ello. En el primer apartado se trata situar la teoría de la explotación en el contexto de El Capital; en el segundo apartado se exponen las líneas generales de la teoría del valor-trabajo de Marx y se presenta el concepto marxiano de explotación.

Finalmente, en los dos últimos apartados del capítulo, se intenta dar un esquema del razonamiento que lleva a Marx a postular la explotación de los trabajadores en el sistema capitalista. En ellos se trata la cuestión de la transformación de valores en precios (sin entrar en los aspectos más intrincados de la misma) y se hace una valoración de lo que, con posterioridad a Marx, se ha llamado teorema fundamental marxiano.

1. La doctrina de la explotación en el contexto de El Capital

Marx había llegado al estudio de la economía política procedente de la filosofía. Como filósofo había llegado a la conclusión de que la clave para el análisis del comportamiento humano estaba en la actividad productiva del hombre y su objetivo era nada más y nada menos que encontrar las grandes leyes explicativas del cambio histórico. Él creyó que esas leyes históricas existían, que eran identificables, y que precisamente el estudio de la economía le daría la clave para encontrarlas.

Marx centró su interés en el análisis de la vida económica en un período concreto de la historia (siglos XVII al XIX) y trató de identificar los rasgos diferenciales de la economía en ese período.

Para él esos rasgos eran dos:

(a) la propiedad privada de los medios de producción y

(b) la polarización de la sociedad en dos clases – capitalista y trabajadora -. Tales rasgos configuraban un modo de producción, el capitalismo, y Marx se propuso construir un modelo económico que explicase la evolución de dicho modo de producción.

Él hizo algunos esfuerzos en esta dirección e intentó identificar algunas leyes o tendencias evolutivas en el sistema capitalista: la concentración del capital, la disminución de la tasa de ganancia, la miseria creciente del proletariado, etc.

Antes de abordar este análisis dinámico, Marx trató de descubrir la verdadera esencia del capitalismo. Tras su lectura de la literatura económica clásica llegó a la conclusión de que el trabajo era la esencia de todo valor y postuló que el mecanismo que realmente mueve el sistema capitalista es la explotación del trabajo por el capital.

Esta explotación se manifiesta a través de la apropiación de parte de lo producido por la mayoría de la población (los trabajadores) por la clase social minoritaria (los capitalistas) que controla la marcha del sistema.

El Capital puede entonces concebirse como una obra con dos objetivos. Por una parte, se trata de descubrir la esencia del capitalismo; algo que existe, pero que a simple vista no se ve: el capitalismo sólo puede subsistir gracias a la explotación de la clase trabajadora por la clase capitalista. Por otra parte, se intenta construir un sistema dinámico que explique la evolución del capitalismo.

Los dos objetivos no se encuentran claramente separados en El Capital. Ambas cuestiones se analizan a la vez y de manera entremezclada. La primera está formulada en el lenguaje de la teoría del valor-trabajo de Marx. La segunda, el análisis de la dinámica capitalista, queda bastante oscurecida por dicho lenguaje.

No obstante, puede decirse, aunque aquí no trataremos de justificarlo, que el lenguaje de la teoría del valor no afecta a la validez del análisis de Marx en lo referente a las tendencias a largo plazo del sistema económico.207

En este capítulo no vamos a entrar en lo que tal vez sea la parte más importante de la teoría marxiana: el análisis de la evolución a largo plazo del sistema capitalista. Nuestro interés aquí se centrara exclusivamente en la teoría de la explotación.

En primer lugar, trataremos de situar el concepto de explotación dentro de la Teoría del valortrabajo de Marx. A continuación, discutiremos la conexión entre explotación y capitalismo y eso nos llevará a hacer algunas referencias al llamado problema de la transformación. Concluiremos el capítulo con una evaluación crítica de la teoría de la explotación de Marx.

2. La teoría del valor-trabajo y el concepto marxiano de explotación

La idea básica de la teoría del valor-trabajo es que los precios de los bienes se explican fundamentalmente a partir de las cantidades de trabajo incorporadas en los mismos. A veces se dice que la teoría clásica del valor, es decir, la idea de que los precios se determinan a largo plazo por los costes de producción, constituye, en la versión de Adam Smith y, sobre todo, en la versión de Ricardo una teoría del valortrabajo.

Sin embargo, conviene hacer varias precisiones sobre este punto. Adam Smith defendió la validez de la teoría del valor-trabajo para un período histórico muy concreto: “el estado más temprano y rudo de la sociedad que precede a la acumulación de capital y a la apropiación de la tierra.

Para ilustrar su punto de vista, Smith utilizaba el ejemplo de un país de cazadores en el que la caza del ciervo requiere la mitad de tiempo que la caza del castor. Naturalmente, en una sociedad de este tipo sería de esperar que un castor se intercambiase por dos ciervos.208

Pero Smith era perfectamente consciente de que, en una sociedad avanzada, los precios relativos no tienen por qué coincidir siempre con las cantidades relativas de trabajo.

Ricardo estuvo tal vez más cerca de la teoría del valor-trabajo, pero no llegó a defenderla con generalidad. Ricardo compartía la teoría básica de los precios, de raíz smithiana, basada en el coste de producción.

Él simplemente creyó que la cantidad de trabajo incorporada en los bienes podía servir para describir la estructura de precios relativos de una manera aproximada; y no tuvo reparos en recurrir a dicha aproximación para resolver algunos problemas analíticos que le fueron surgiendo a lo largo de su obra.

Marx hizo suya la teoría del valor-trabajo y, aparentemente, quiso llevarla a sus últimas conclusiones lógicas. Pero el análisis de Marx no explica que en el capitalismo desarrollado el precio de un bien se determine por la cantidad del trabajo incorporado o que los precios relativos tiendan a la larga a ser proporcionales a la cantidad de trabajo que incorporan. Lo que en realidad hace Marx es utilizar la teoría del valor-trabajo para demostrar, según él, el carácter explotador del sistema capitalista.

El valor de un bien, para Marx, es prácticamente por definición, igual al trabajo socialmente necesario para la producción de dicho bien.

Con alguna simplificación podría decirse que el valor de un bien es igual a la cantidad total de trabajo incorporado en una unidad del bien (tanto el trabajo directo como el trabajo incorporado en la producción de los inputs o trabajo indirecto).

Por otra parte, los precios, según Marx, se determinan de la misma forma que en la teoría clásica ortodoxa, es decir, por los costes de producción a largo plazo. Es decir, para Marx, valor y precio son dos cosas distintas. Los valores relativos no tienen por qué coincidir siempre con los precios relativos.

Es más, se espera que en el capitalismo desarrollado los unos no coincidan con los otros. Aunque sí se espera que haya algún tipo de relación entre valores y precios.

De hecho, Marx, intenta encontrar una relación sistemática entre los valores y los precios con el propósito de desvelar la naturaleza explotadora del sistema capitalista.Así se origina el problema de la transformación al que nos referiremos más adelante.

Conviene ahora precisar el concepto marxiano de explotación. El sentido que el lenguaje corriente da a este término cuando se refiere a las relaciones laborales está cargado de connotaciones éticas. Marx, sin embargo, no quiere hacer una teoría normativa.

Él da un concepto de explotación desprovisto de connotaciones valorativas. Para Marx la explotación del trabajo se da cuando el obrero recibe, a cambio de una jornada de trabajo, bienes y servicios que incorporan menos de una jornada completa de trabajo.

En otros términos, existe explotación cuando el trabajo se vende por menos de su valor. La diferencia entre la duración de la jornada laboral y el tiempo de trabajo incorporado en el salario (los bienes salariales) que percibe el trabajador constituye la plusvalía.

Y el cociente entre la plusvalía y el tiempo de trabajo incorporado en los bienes salariales se define como tasa de explotación.

Dadas estas definiciones es bastante simple demostrar que la plusvalía, y por tanto la explotación, no existirían en un mundo hipotético en el que los trabajadores fueran productores independientes; donde cada trabajador poseyera sus propios medios de producción (que no podría alquilar a otros productores independientes), y comercializara sus propios productos.

Este era el mundo hipotético al que Marx se refería al hablar de la producción simple de mercancías (una abstracción teórica con la cual pretendía representar esquemáticamente las economías precapitalistas).

Bajo la producción simple de mercancías todos los trabajadores reciben el mismo ingreso por igual tiempo de trabajo (pues si no fuera así habría desplazamientos de trabajadores entre las distintas actividades productivas). Los precios coinciden con los valores y la plusvalía y la explotación no existen.

Este mundo sería el equivalente al “estado más temprano y rudo de la sociedad” de Adam Smith, en el que los bienes se intercambian en proporción a la cantidad de trabajo incorporado porque no hay capital.


  • 207 A este respecto, Joan Robinson escribe que “lo embarazoso de calcular en términos de valor, en tanto que las mercancías y la fuerza de trabajo están constantemente cambiando de valor, explica mucho de la falta de claridad de la exposición de Marx […].” Y agrega más adelante: “ningún punto sustancial de la argumentación de Marx depende de la teoría del valor trabajo.” (J. Robinson (1966) An Essay on Marxian Economics, MacMillan, 2ª edición, Londres. Traducción al castellano: Introducción a la Economía Marxista, 1978, Siglo XXI, pp. 41-43).
  • 208 Adam Smith, La Riqueza de las Naciones, op. cit. vol. I, libro primero, capítulo 6, p. 133.

 

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