Disertación en el Cincuentenario de la Muerte de su Santidad Pío XII

Pío Xii el Gran Pontífice

Ecclesiae Sanctae Lumen”•

Monseñor Guillermo Agudelo Giraldo
Presidente de la Academia de Historia Eclesiástica

“Escrutad los agitados doce años de nuestro pontificado, indagad toda palabra salida de nuestros labios, todo párrafo escrito por nuestra pluma: no encontraréis sino invitaciones a la PAZ… el Vicario de Cristo no conoce deber más santo, ni más grata misión que la de ser incansable propugnador de la paz. Así hemos hecho en el pasado. Así haremos en el futuro, hasta que al divino Redentor de la Iglesia le plazca descargar de nuestras débiles espaldas la dignidad y el peso de supremo pastor”.

(Pío XII, discurso y radiomensaje, XII, pp. 387–388. 1951)

“El deber más santo” y “la más grata misión” encontrarán a Pío XII en pie aún por casi ocho años más; “hasta el agotamiento de todas sus fuerzas”, como observa el Cardenal Domenico Tardini.

El domingo 5 de octubre de 1958, hablando a los participantes en el congreso del Notariado Latino, repitió una vez más la palabra, por la cual había gastado la vida entera, exhortando a sus escuchas a cumplir el propio deber por “la conservación de la paz, deseada por todos los hombres de buena voluntad”.

Fue el último discurso que el Papa pronunció en público. Aquella mañana Pío XII apareció a todos débil y pálido. Se despidió del auditorio con un significativo: Adiós. Poco después dijo serenamente: “llegamos al fin” (Domenico Tardini, Pío XII, Roma, Tip. Pol. Vat., 1960 pp. 44).

Cuatro días más tarde, el gran Papa se consumió en Castelgandolfo, donde al comienzo de su pontificado, en el “fatal agosto” de 1939, –así lo llamo él mismo–, había hecho resonar un grito que no quedará sin un eco en la historia de la humanidad: “nada se ha perdido con la paz; todo se puede perder con la guerra” (Discurso y radiomensaje, Cit., I, P. 306).

Mons. Alberto Giovannetti en su libro titulado El Vaticano y la Guerra (1939–1940) y luego en el opúsculo “La obra de paz de la Santa Sede e Italia, Apuntes” y en otros artículos publicados en L´Osservatore Romano, destaca prevalentemente la actividad diplomática de la Santa Sede en el tiempo de la Segunda Guerra Mundial. El compilador hacer su relación encuadrándola, sobre la línea de las vicisitudes históricas, en el contexto de los llamados y de las enseñanzas, que sobre el tema de la paz retornan permanentemente en la elocuencia de Pío XII. Tanto más preciosa es esta documentación, que en esta conmemoración de los cincuenta años de la muerte de S.S. Pío XII, presenta nuestra Revista Verdad y Vida con el más filial recuerdo de la excepcional personalidad de S.S. Pío XII y de su magna obra, por lo cual al momento de su muerte, tanto la prensa italiana como la internacional, y los más destacados personajes de la Iglesia, del mundo político, los gobernantes, los intelectuales, los fieles católicos y los no católicos y los ciudadanos de todo el mundo, no vacilaron un momento en aclamarlo como “Pío XII el Grande, el Magno”.

La Divina Providencia, preparó al futuro Papa Pío XII, desde la Primera Guerra Mundial como excepcional y competente colaborador del Papa Benedicto XV, y luego como Secretario de Estado de Pío XI, para la histórica acción pacificadora que años más tarde el Papa Pacelli desempeñaría en la Segunda Guerra Mundial, la más feroz, inhumana, despiadada y destructiva de todas las Guerras. Pío XII respondió al ansia de paz de los pueblos que no entraron en el conflicto, no solo con los gestos clamorosos y los llamados suplicantes, sino también con su presencia, vestido con su túnica blanca para auxiliar y consolar a sus hijos víctimas inocentes de los bombardeos y de la violencia bélica.

Pío XII luchó sobre todo por echar mano de la autoridad moral de la Santa Sede para favorecer la distensión de los ánimos; hacer comprender la inutilidad de las estrategias y avances técnicos de la guerra armada; proyectar la luz de los beneficios de la concordia entre los pueblos y las imprevisibles consecuencias que entraña un conflicto una vez desencadenado; reconducir a la reconciliación; reconstruir la confianza en soluciones honorables para todos. Esta era la línea meditada en su acción. A todo ello se aferró incansablemente con la invitación a la plegaria pública, con toda la fuerza de su elocuencia y de su presencia sobrehumana.

En la edición de Verdad y Vida, no podemos recorrer todas las páginas de la vida, de la obra y del arsenal y tesoro de las enseñanzas de las 43 Encíclicas y documentos de Pío XII, a quien se le ha asignado el justo reconocimiento de haber sido el autorizado precursor del Concilio Vaticano II.

Presentamos en nuestras secciones una síntesis orgánica y compacta de cuanto nos ha parecido más oportuno transmitir a nuestros lectores, por cuanto no sin ambages y con justificación afirmó el presidente de los Estados Unidos D. Eisenhower en el momento de la muerte del llorado Pontífice: “con la muerte de Pío XII la humanidad se ha empobrecido”.

DÉJANOS TU COMENTARIO

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!