HISTORIA

Apuntes históricos sobre las procesiones de
la semana Santa en Popayán

Dr. Mario Perafan Fajardo.
Odontólogo F.O.C. Cauca.

PREFACIO

El origen de las procesiones de semana Santa. En los siglos XIII y XIV nacieron en toda Europa occidental las cofradías y hermandades piadosas, pero especialmente en la Península Ibérica. Inicialmente fueron asociaciones gremiales que se formaban para defender sus intereses materiales. Posteriormente se ponen bajo la protección espiritual de un Santo patrón o de una advocación de Cristo o de la Virgen. En este mismo siglo XIV surgen imponentes catedrales e iglesias en estilo gótico como demostración tanto de poderío económico como de la inquietud de devoción espiritual. En estos grandes templos, muchas veces inacabados, se acondicionan capillas de cofradías suntuosamente decoradas.

Entre las cofradías importantes en Roma se instauraron actos de flagelación y penitencia que luego se extendieron a España, en donde escogieron como tema preferido de advocación la pasión de Cristo, imponiéndose como actividad fundamental en la vida de hermandades, cofradías y parroquias, los desfiles de penitencias con flagelantes. La costumbre de hacer éstos desfiles acompañados de imágenes de Cristo o de la Virgen sólo aparecen a finales del siglo XV, es decir, coincidiendo con el descubrimiento de América. Debe anotarse que las primeras procesiones fueron de Corpus Cristi hacia 1498.

En España, en la época del Barroco, la religión era el centro y el eje de la actividad social y política. Monarquía y papado eran el centro del poder, pero además España era el brazo armado de Roma. Era el pueblo elegido que extendía su poder y su misión evangelizadora por el orbe entero, llegando a la intolerancia y aún a enfrentarnos con Roma.

El catolicismo se basaba más en el pensamiento teológico y en la observancia del culto que en los mismos preceptos morales. En los siglos XVI, y XVII proliferó un enorme número de religiosos que llegó a generar conflicto dentro de la misma iglesia.

La iglesia católica, enfrentada a la reforma propuesta por Lutero apoyó en forma decidida en el concilio de Trento (Convocado en 1559 por Paulo III y en 1562 por Pio IV), con todas las manifestaciones exteriores de religiosidad, entre ellas los actos procesionales fuera de los templos como un arma en contra de las ideas reformistas.

España trajo al nuevo mundo todo lo que poseía y de todo ello su mejor riqueza: su fe, su cultura, su idioma y sus costumbres. Entre ellas las procesiones de semana Santa que se han conservado durante cinco siglos con severidad tradicional en ciudades como Popayán, en donde descendientes de criollos, indios,negros, mulatos y zambos se convocaron y en fraternal identificación llevan sobre sus hombros o acompañan los pasos que representan la Pasión de Cristo.

Las procesiones de semana Santa en Popayán: la historia nos enseña que Sebastián de Belarcázar llegó al Cauca en la semana Santa de 1536. Extraña coincidencia más o menos un año desde que Pedro de Añasco y Juan de Ampudia había salido de Quito hacia el norte, como tenientes exploradores suyos. Que a la llegada de aquel, estos y sus soldados "Celebraban soberanos misterios" en su campamento a orillas del río Cauca dirigidos según algunos cronistas, por los padre Juan de Oñate y Gercía Sánchez. Aunque como dice Castellanos:

"Llegaron martes de Semana Santa año de treinta y seis que ya corría pero por ser los curas ignorantes la celebraban ocho días antes".

El conquistador pasó por ésta campos hacia el norte y en julio de 1536 fundó la ciudad de Cali, pero llevó en sus ojos y en su alma el encanto de ésta comarca prodigiosa. Regresa en diciembre del mismo año y hace la fundación inicial de la ciudad de Popayán, ósea la escogida del sitio el 13 de enero de 1537 y posteriormente la ratificó el 15 de agosto del mismo año, con el nombramiento de Alcaldes Ordinarios, Regidores, Justicia etc. Confirma esto la dedicación de la ciudad a nuestra Señora de la Asunción que se celebra en ése día y el nombre dado a nuestra Catedral hoy basílica menor don de se celebró la primera misa.

Pocos años después de la fundación de Popayán los habitantes de ésta ciudad, contando con la aceptación de las Autoridades Eclesiásticas, solicitaron a S.M Carlos V Rey de España, autorización para realizar Procesiones Religiosas durante la Semana Santa.

El 10 de marzo de 1540 el Emperador Carlos V formó la provincia de Popayán nombrando Gobernador a Don Sebastián de Belarcázar y el Papa Paulo III la erigió como Diócesis en 1546.

Posteriormente cuando el rey por enfermedad abdicó el trono a favor de su hijo Felipe II en 1556, le concedió a la ciudad el título de "La muy noble y leal ciudad de Popayán" y le mando confeccionar a los heraldistas un escudo en el cual aparece la "ciudad de oro" como emblema de lealtad, esplendor y nobleza, con la cúpula de la catedral, dos torres-campenarios y dos ríos que la circundan y luego se unen (el Molino y el Ejido) rodeados de árboles de roble como símbolo de defensa y fidelidad. Al fondo la cordillera con dos volcanes nevados (el Puracé y el Sotará) como representación de pureza. Sobre el cielo azul expresión de lo ideal o espiritual, aparece el sol encima de dicha sierra como máximo timbre de esplendor y gloria. Sobre el marco del escudo aparece en sus cuatro costados un símbolo que es la cruz de Jerusalén en color rojo que significa sacrificio por la fe de la conquista detalle que le valió a la ciudad el apelativo de la "Jerusalén de América".

Dada ésta Cédula Real en Valladolid el 10 de noviembre de 1558 a nombre del Rey Felipe II y firmada por la princesa, se constata históricamente que la merced había sido acordada por el Rey y firmada por doña Juana de Austria, princesa de Portugal y hermana del monarca Español como hija del Emperador Carlos V. para esa época don Felipe II se hallaba en Inglaterra celebrando sus bodas con María Tudor y era Regente de España la princesa Doña Juana.

La autorización para llevar a cabo las procesiones en Popayán llegó en 1558 por medio de otra Cédula Real, firmada por S.M Felipe II y en ese año comenzaron a salir en Semana Santa.

Ni las guerras, las plagas, ni los terremotos han interrumpido estos desfiles civicos-religiosos y cuando los aguaceros y las tempestades han obligado a suspender alguna procesión ha salido la del día siguiente aunque haya sido una vez en la semana. Recordemos algunas anécdotas históricas: por la época cuando se iniciaron las procesiones se había preparado por parte de los indígenas desplazados que venían desde el Perú, una conspiración contra Popayán para tratar de conquistar la ciudad y cuando llagaron a los cerros que les circundaban en las horas de la noche vieron una interminable hilera de luces en movimiento que la envolvían e imaginando que se trataba de un gigantesco ejército con antorchas y lazas se retiraron despavoridos cuando en realidad se trataba de la procesión de penitentes el jueves Santo. Así se frustro una matanza segura.

Cuando el Libertador Simón Bolívar regresaba triunfante después de la batalla de Ayacucho todas las ciudades y pueblos por donde pasó le ofrecieron homenajes y festejos. En la Paz, (le regalaron la llave de la ciudad que es de oro macizo la cual se exhibía en Casa Mosquera y pesa 44 onzas) en Lima (conoció a Manuelita Saéz) y en Quito fueron apoteósicos.

Popayán no se podía quedar atrás y como complemento de muchos banquetes (almorzó en la hacienda Calibío el 30 de octubre de 1826) y atenciones, le organizaron una procesión en la última semana de octubre de 1826 la cual salió de la Iglesia de San Agustín y pasó por admiración de los ilustres huéspedes por frente a los balcones de la casa de la carrera séptima con calle sexta donde se alojó el Padre de la Patria y su comitiva del 24 al 30 de ese mes conforme lo atestigua una placa colocada al lado de su portalón de entrada.

Corría el año 1840, caracterizado por la turbulencia políticas de las pugnas internas bajo la presidencia de José Ignacio Marques amigo personal y seguidor del General Tomás Cipriano de Mosquera y Arboleda. Durante ese mandato el Gobierno había suspendido los conventos menores de la ciudad de Pasto, originando el levantamiento de los guerrilleros del sur comandados por el Presbítero Francisco Solano de la Villota. Como los insurgentes dominaban la comarca, el Gobierno central despachó desde Santafé de Bogotá, un contingente militar al mando del General Pedro Alcántara Herrán, yerno del General Mosquera, el cual estaba encargado de apaciguar la zona.

En cabeza de franca rebeldía declarada, se veían dos destacadas figuras Caucanas: los combatientes José María Obando y Juan Gregorio Sarria, enfrentados al general Mosquera, por que éste, sin formula de juicio, acusaba a Obando como responsable del asesinato del Mariscal de Ayacucho Antonio José de Sucre ocurrido en Berruecos, en junio de 1830.

A Pasto llegaron las fuerzas gobiernistas el 19 de marzo de 1840, siendo conducido el General Herrán hasta la propia morada de Obando, donde literalmente fue retenido como prisionero, pues los habitantes de la ciudad eran fanáticos simpatizantes Obandistas. Además de los pastosos, los patianos y timbianos eran también adeptos de Obando, el General Herrán optó por suplicarle a aquel que desmontara la rebelión.

Este hecho, como es natural causó indignación en el General Mosquera quien inmediatamente después de conocer el suceso apresuró su viaje desde Santafé de Bogotá hasta la provincia del Cauca en compañía de su sobrino, el Capitán Julio Arboleda.

Mientras tanto Obando y Sarria, después de desplegar una activa campaña en el sur se dirigieron hacia Popayán, llegando a el sitio de Calicanto a la entrada de la ciudad, el lunes Santo 13 de abril de 1840. Con ellos se encontraba un grupo de lanceros de su propia tropa. Al día siguiente, martes 14 de abril, los dos guerreros dejan sus armas para vestirse de "cargueros" al estilo Sevillano como era costumbre de la época, con el capirote cubriendo el rostro. Es así como portando las alcayatas en la diestra, se dirigen a la Iglesia de San Agustín para reclamar sus respectivos barrotes en el paso de la Dolorosa y así cumplir como devotos cargueros.

Cuando los dos jefes rebeldes se acercaron a tomar sus barrotes son informados sobre la presencia de Mosquera en la hacienda de Calibío.

En aquel entonces los cargueros sacaban los pasos a las siete de la noche, desde los mismos "burros" de la iglesia. Sin embargo como medida de seguridad Obando y Sarria toman sus barrotes en la esquina del Mascarón, cuando el síndico del paso presumía que en tales circunstancias era imposible que ese año asistirían, ya les había buscado sustituto. Primero se presentó uno de ellos luciendo un impecable túnico de Nazareno con el rostro cubierto con el capirote de penitente y golpeando con su alcayatas el empedrado piso dijo en voz baja al carguero delantero izquierdo: "éste es mi puesto y no lo dejaré mientras viva.., soy Sarria!". Igualmente lo hizo Obando en el lado delantero derecho.

La noticia se regó como pólvora entre los cargueros, alumbrantes y el público que abarrotaba los andenes al paso de la procesión la cual transcurrió sin ningún contratiempo en completo silencio y recogimiento absoluto.

El Gobierno regional, bajo el mando del ilustre hombre Manuel José Castrillón, se entera de la presencia de Obando y Sarria en la procesión y ordena que al terminar el desfile, se prenda a los jefes insurgentes. El pueblo de Popayán era netamente Obandista, entonces se prepara para ayudarlos y evitar sean hechos prisioneros.

Para tal efecto, los amigos y compañeros del jefe acuerdan el santo y seña de "pichón". El plan se pone en marcha en la esquina de la Ermita los alumbrantes apagan sus velas y a la voz de "pichón" cogen el paso de la Virgen de los Dolores, sin que nadie de los feligreses se atreva a cometer una felonía.

Los Generales Obando y Sarria pudieron escapar. Al otro día el General Castrillón dio la orden para que los cargueros llevaran el rostro descubierto, costumbre que hasta nuestros días al igual que la palabra "pichón", utilizada para cargar los pasos unas cuantas cuadras a la entrada y salida de cada desfile.

Es la única oportunidad que tienen los aspirantes a cargueros para sentir el peso de las andas.

Sirva esta historia para que recordemos a nuestros antepasados con respeto y cariño e igualmente para comprender por qué en Popayán se "carga con la cara destapada".

De los aguaceros famosos que han obligado a suspender una de las procesiones en el presente siglo, está el que narra en una crónica deliciosa Hernando Rojas A. en la revista de la Junta Permanente Pro-Semana Santa de 1993 en las páginas 23 a 26 con el título de "Por qué los Cargueros de Popayán son así", refiriéndose al sucedido el jueves Santo 31 de marzo de 1983, cuando no fue posible sacarla y al día siguiente desfilaron tres pasos extras después de haber tenido que intervenir el Maestro Valencia para lograrlo por que los cargueros no se aguantaron las ganas de cargar ese año.

En la Semana Santa de 1964 llovió durante tres días de martes a jueves y ninguna procesión logró terminar por completo su recorrido (yo había alcanzado a cargar media procesión el miércoles" y los frustrados cargueros lograron que la junta y la curia autorizara para sacar 22 pasos el viernes en vez de los 12 que están programados, por lo cual hubo necesidad de utilizar 176 cargueros y el síndico del señor del Perdón Sr. Reynaldo López me llamó a las 5 de la tarde para ofrecerme su barrote pues el cargaba esa noche en la Virgen de la Soledad y no podían hacerlo dos veces el mismo día. Así que ese año cargué ese imponente paso que estaba estrenando nueva esfera de plata y lo hice en la esquina trasera izquierda.

En 1983 la ciudad estaba bellísima impecablemente pintada de blanco, sus calles limpias, sus balcones adornados con materas y los árboles de los parques y avenidas florecidos. La mayoría de los turistas no habían llegado, los días fueron extremadamente calurosos, las procesiones del martes y miércoles Santo estuvieron muy ordenadas y el festival de música estaba en todo su esplendor y cuando 60 horas después de haber escuchado el concierto para violín de Mendelssohn magistralmente interpretado por el solista payanés Hugo Valencia Quijano, en la iglesia del Carmen con la orquesta Sinfónica del Valle, sobrevino a las 8:15 a.m. del jueves Santo del 31 de marzo el " Terremoto de Popayán"!!!... Pero esa es otra historia sobre la cual mucho se ha escrito y escribirá.

Miles de anécdotas podrán contarse: pasos que se han caído por romperse alguno de los barrotes (la sentencia el jueves Santo de 1940 en la calle del comercio y las insignias frente al Teatro Popayán el viernes Santo de 1949 al quebrarse el barrote esquinero derecho de adelante donde cargaba César Simmonds). Cargueros que han muerto después de haberse doblado bajo las andas (don Arcesio Velasco Iragori) frente a la iglesia de San José, el miércoles Santo 16 de abril de 1947 cargando el paso de el Prendimiento en la parte delantera derecha. Cargueros que han venido del exterior donde viven, todo los años, (don Jaime Fletcher de Ciudad de México). Sahumadoras que también viajaban, (la Negra Sara desde Caracas).

Todo eso ha sucedido, pero nunca se ha interrumpido ésta tradición que lleva 441 años de 1558 a1999.

Popayán-Colombia, Domingo de Ramos 28 de Marzo de 1999.