Control del micoplasma

Para equipo Técnico de Avícola Colombiana S.A., autor de este artículo, la eliminación de las barreras sanitarias a nuestra avicultura, depende exclusivamente de los actores de esta industria. La misión no es imposible.

Los países que cuentan con una avicultura tecnificada y desarrollada han encontrado múltiples beneficios tanto económicos como sanitarios por mantener sus planteles libres de micoplasma, condición que se logra mediante la implementación de una cultura que involucra estrictos programas de bioseguridad, infraestructura adecuada y compromiso técnico-administrativo para proporcionar los recursos necesarios.

El impacto de una infección por micoplasma en lotes de ponedoras comerciales es significante, puesto que comparado con lotes normales, los lotes afectados producirán menos huevos y de un tamaño menor, lo que afecta negativamente la conversión alimenticia. En la progenie de reproductoras infectadas con micoplasma, la calidad de los pollitos se ve afectada (Carrier, 1999).

Asumiendo que no se presenten pérdidas en productividad directamente relacionadas con la contaminación con micoplasma, tal vez el mayor impacto económico de este agente en la avicultura está dado por:

1) Mayor susceptibilidad a infecciones bacteriales secundarias.
2) Incremento en la severidad de reacciones posvacunales.
3) Incremento en el uso de productos terapéuticos.
4) Decomisos asociados a resultado de contaminaciones secundarias.
5) Enfermedades exacerbadas por las infecciones con micoplasma.

El presente artículo tiene como objetivo revisar los conceptos más recientes frente a los programas de control en áreas endémicas al micoplasma. Los micoplasmas patógenos predominantes en las aves son dos especies, el Micoplasma gallisepticum (MG) y el Micoplasma synoviae (MS). Las patologías asociadas con estos microorganismos son: enfermedad respiratoria o enfermedad articular, asociada con el MS, y enfermedad respiratoria, ocasionada por el MG, que en general se considera más patógeno que el MS.

Generalidades de micoplasmas aviares

– MS y MG, una vez introducidos en un lote de aves, permanecerán en él y pueden aislarse de las tráqueas de aves clínicamente normales. Ellas son portadoras crónicas y actúan como una fuente de micoplasma para otros lotes (Jordan, 1981).
– El ciclo de infección en las granjas de múltiples edades normalmente no puede romperse sin desocuparlas completamente.
– Es importante entender que ningún antibiótico, sin importar la dosificación o duración del tratamiento, eliminará MG de un lote de aves.
– La reacción en cadena por la polimerasa (conocida como PCR en inglés) actualmente es usada de manera rutinaria para la detección rápida del micoplasma en muestras de tejido y en cultivos (Kleven, 2002).
– La prueba de DNA polimórfico amplificado al azar (RAPD) permite la identificación rápida de cepas específicas de campo o de cepas vacunales vivas de MG o MS, y a menudo es de gran valor para identificar las fuentes de infección (Kleven 2002). La identificación rápida de la cepa F vacunal u otras cepas vacunales es ahora relativamente fácil y puede ser llevada a cabo en un día siempre y cuando se cuente con el medio adecuado.

A pesar de los avances tecnológicos en el diagnóstico, la prueba de aglutinación rápida en placa continúa siendo la base principal para los análisis en todo el mundo; en muchos casos es la única prueba disponible. Es altamente sensible y aunque se pueden presentar reacciones falsas positivas, los antígenos disponibles hoy son por lo general muy buenos (Yoder, 1997). Las ventajas de esta prueba son su rapidez, sensibilidad, simplicidad y costo relativamente bajo.

Los resultados con la prueba de inhibición de la hemoaglutinación (IH) son inconsistentes; hay variabilidad significante en la calidad de los antígenos disponibles, en la metodología utilizada por los diferentes laboratorios y variabilidad antigénica entre las cepas de MG. Por esto, si la cepa asociada a un lote es diferente de la cepa utilizada en la preparación del antígeno, las pruebas de IH pueden dar un resultado negativo falso. Sin embargo, cuando la prueba de IH se lleva a cabo con un antígeno confiable, es altamente específica y rara vez da un resultado falso positivo.

Muchos laboratorios que ya están utilizando los kits Elisa con otras metas, han encontrado que esta prueba se puede usar muy bien para el diagnóstico serológico rutinario. Se han observado casos en los que la seroconversión para MS fue muy lenta y débil. En algunos casos, estas infecciones no son detectadas por la prueba de aglutinación pero sí por la prueba Elisa (Kleven, 2002).

Control por medio de medicación

MicroplasmaLos antibióticos son utilizados para disminuir las pérdidas en producción en ponedoras y para tratar a los pollos de engorde infectados. Estos tratamientos pueden ser muy efectivos en reducir los signos clínicos y las pérdidas en producción, pero hacen muy poco en cuanto a la eliminación de la infección. Los antibióticos son más útiles cuando se utilizan como medida profiláctica que como tratamiento.

Generalmente, en pollos de engorde se hace un tratamiento en el agua de bebida alrededor de los 3-5 días de edad, seguido por una segunda aplicación durante la primera reacción a la vacuna de Newcastle-bronquitis. En ponedoras o reproductoras, algunas veces se utiliza la medicación continua en el alimento, pero los tratamientos reducidos a una semana de cada mes, han sido de algún valor. Cuando los antibióticos se utilizan por un largo periodo, los organismos pueden volverse resistentes a todos los antibióticos disponibles.

Se ha demostrado que los antibióticos, aunque no previenen ni eliminan la infección, reducen el número de organismos presentes en el tracto respiratorio superior por 1-2 meses. Por esto, la aplicación de antibióticos en lotes recién infectados puede reducir el riesgo de transmisión a lotes vecinos. Por lo general, los antibióticos no son muy útiles en el control de la infección y son de muy poco valor en medidas de control a largo plazo. Algunos ejemplos de antibióticos utilizados para el control son: quinolonas, tiamulina, tylosina, lincomicina, espectinomicina, tetraciclinas (Kleven, 1994) y más recientemente la valnemulina (Jordan, 1998) y la aivlosina (Cerdá, 2002).

Estos antibióticos son altamente efectivos contra los micoplasmas y otras bacterias. Reducen de forma significativa las poblaciones de MG y de MS en el tracto respiratorio y reducen los niveles de transmisión al huevo. Se debe limitar su uso sólo cuando sea necesario y debe asegurarse que se utilicen de una manera que evite la aparición de cepas resistentes, utilizando la dosis completa por el periodo de tratamiento recomendado.

Control por medio de vacunas

El mantener a los lotes libres de infección es el método preferido para el control del Mycoplasma gallisepticum (MG). Sin embargo, cuando se tienen varias edades en producción o existe gran número de aves en pequeñas áreas geográficas, el control de la enfermedad puede ser muy difícil o imposible utilizando sólo programas de bioseguridad y pruebas serológicas (Kleven, 2002).

Actualmente, se producen bacterinas emulsionadas contra MG que se administran vía subcutánea o intramuscular antes de que las aves inicien postura. Las bacterinas reducen las pérdidas en producción de huevos y disminuyen la transmisión del organismo a través de este. Las bacterinas de MG se han usado para controlar la transmisión vertical; se ha encontrado que 2 dosis de bacterina de MG aplicadas con 4 semanas de diferencia, reducen considerablemente la transmisión del MG a través del huevo. Es necesario que la bacterina se aplique antes de que ocurra la infección natural, para conseguir una máxima protección contra la transmisión por el huevo. Por lo tanto, no es útil en los programas de erradicación.

El otro producto ampliamente usado es la cepa F de MG, empleada como vacuna viva (OIE, 2002). La cepa F es una cepa de MG de virulencia moderada a baja, que puede ser transmitida de ave a ave. Puede ser administrado vía ocular o nasal, en aspersión con gota gruesa o en el agua de bebida. Por lo general, las pollas son vacunadas entre 12 a 16 semanas de edad, pero también pueden serlo a cualquier edad a partir de la semana 8 hasta la edad de postura. Cualquiera sea la edad de vacunación, es importante tener en cuenta que se debe vacunar antes de que ocurra la infección de campo, aun si las aves deben ser vacunadas al día de edad.

Las bacterinas ofrecen sólo una resistencia mínima a la infección y tienen muy poca acción para reducir el MG en el tracto respiratorio superior. Es fácil concluir esto, pues en las observaciones de campo en granjas de edades múltiples, donde la vacunación con bacterinas se ha realizado durante mucho tiempo, no se ha eliminado la infección. Por otra parte, la vacunación con la cepa F ofrece altos niveles de protección contra la infección con cepas de campo y reduce en forma significativa la población de MG en el tracto respiratorio superior. Se ha demostrado, utilizando la tecnología de DNA, que el uso de la cepa F por largos periodos desplaza la cepa de campo en la granja. Cuando se usa adecuadamente la vacunación con la cepa F, se previene la mayoría de las pérdidas en producción de huevos y se reduce bastante el nivel de transmisión al huevo.

Se debe recordar que como las aves vacunadas son portadoras, el lote permanecerá infectado con la cepa vacunal y, por lo tanto, la revacunación no tiene ningún valor. Sin embargo, la cepa F es más suave que la mayoría de las cepas de campo y es susceptible a los antibióticos usados comúnmente. Se ha sugerido que podría ser posible dejar de vacunar con la cepa F y mantener todos los siguientes lotes libres de la infección, pero estos programas de erradicación no siempre han tenido éxito.

Existen dos cepas vacunales vivas de MG con algunas diferencias sobre la cepa F: la 6/85 y cepa Ts-11. La cepa Ts-11 es un producto congelado administrado por vía ocular, mientras que la 6/85 es liofilizada y se administra por aspersión. Ambas cepas son avirulentas, infectan sólo el tracto respiratorio superior, se diseminan muy poco o nada e inducen una débil respuesta de anticuerpos y proporcionan protección contra el desafío de campo.

Estas cepas pueden usarse en pollas comerciales de remplazo y reproductoras de engorde. Granjas con edades múltiples que utilicen la cepa F podrían considerar un cambio a las cepas más suaves como la 6/85 o la Ts-11, para desplazar la cepa F vacunal y, con el tiempo, erradicar completamente la infección en las granjas. Como las cepas 6/85 y Ts-11 se diseminan muy poco de ave a ave, parece que pueden ser capaces de desplazar la cepa F de MG en sitios con aves de edades múltiples, y pueden ser unos medios excelentes en programas de erradicación en granjas con edades múltiples (Turner, 1998).

– Desde hace algunos años se están realizando en Australia ensayos con una cepa termosensible de MS, conocida como MS-H (Markwan, 1998), que se obtuvo a partir de la mutagénesis inducida a una cepa de campo, mediante la aplicación de NTG (N-metil-N-nitro-N-nitrosoguanidina), (Morrow, 1997).

Entre las ventajas de esta vacuna se halló que 100% de las aves seroconvierten a la semana 5 posvacunación, y que el grado de protección estuvo directamente relacionado con el título de micoplasmas en la vacuna. A mayor dosis, mayor protección; a diferencia de las vacunas contra MG, se observó una asociación entre el grado de aglutinación y el porcentaje de protección.

Se considera que son necesarias 2-3 semanas entre la vacunación y la exposición a cepas de campo para conferir una adecuada inmunidad. La cepa vacunal no revirtió a virulenta ni perdió su fenotipo termosensible luego de 5 pasajes in vivo y 10 in vitro. En una experiencia de campo con ponedoras comerciales se observó una persistencia de hasta 55 semanas después de la vacunación. No obstante, en uno de tres lotes vacunados se aisló una cepa de campo. No se detectó transmisión vertical de la cepa vacunal.

Perspectivas

No hay duda, entonces, del impacto económico que a la avicultura le imprime el micoplasma en el costo por tratamientos, bajas en la productividad y efecto en términos de reacciones posvacunales. Pero no hemos medido en su verdadera dimensión la barrera que gracias a este microorganismo le hemos impuesto a nuestra avicultura, como quiera que todas las puertas en el mercado externo se nos han cerrado, por resultar indeseable para cualquier economía aves positivas a esta patología.

Estamos ad portas de negociaciones de libre comercio que tocan amenazantes nuestro sector, pero en tanto buscamos cómo nos defendemos y logramos todo tipo de barreras proteccionistas y arancelarias, no estamos viendo que nuestra positividad a micoplasma sea la principal barrera paraarancelaria, cuyo desmonte depende en exclusiva de los actores de la industria en nuestro país.

¿Misión imposible? En realidad no, y así lo manifiestan países que en principio pensaron como nosotros y que hoy se muestran como libres de este problema. Pero tiene que haber una conjunción auténtica de voluntades, en la que nadie sea marginal a este propósito: avicultores todos, proveedores de genética como pivote esencial (sin los cuales la tarea será un fracaso), autoridades sanitarias y asociaciones gremiales. Todos sensibilizados en el mismo propósito y dispuestos a dar la pelea y asumir el costo de este proceso que va a tomarnos varios años. Pero hay que empezar, y cada uno seguramente tiene un buen punto para iniciar esta campaña de contribución al propósito nacional de ser país libre de micoplasma. El retorno a ese esfuerzo humano y económico no tardará en expresarse en nuestros balances de actividad.


N. de la D.: La bibliografía de este trabajo se encuentra disponible en Avicultores.

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