¿Cómo es el seguimiento de mi tratamiento?

Seguimiento del tratamiento para cáncer de próstata, la prostatectomía radical

Luego de la prostatectomía radical, el urólogo instaurará un plan de segui­miento que puede variar según los esquemas particulares de cada centro.

Pero en general incluyen visitas periódicas el primer año cada tres meses, el segun­do y tercer años cada seis meses, y posteriormente cada año.

En estas visitas se le interrogará sobre las molestias o síntomas relacionados con los trata­mientos, se hará un examen físico y se pedirán exámenes de laboratorio; el más relevante es el antígeno prostático específico (PSA).

Este examen es de vital importancia, dado que la elevación del PSA suele preceder a la aparición de lesiones avanzadas o metástasis. Y puede determinar el cambio de la terapia ya instaurada o la necesidad de asociar otros tratamientos adicionales.

Luego de la radioterapia, el esquema de seguimiento es muy similar al de la prostatectomía radical. Con la particularidad de que algunos controles los realiza­rá el radioterapeuta y otros, el urólogo.

Es importante resaltar que la herramienta de seguimiento más importante, además del examen físico, es nuevamente el an­tígeno (PSA); pero su interpretación es algo más confusa, por lo cual no se alarme con sus valores; y espere siempre el concepto del profesional sobre las variaciones que se puedan presentar con este. (Lee también: ¿Cuáles son los riesgos y efectos secundarios de los tratamientos?

Si mi enfermedad está avanzada, ¿qué manejo me pueden ofrecer?

Si su enfermedad se diagnostica en un estado avanzado, o si como causa de la falta de tratamiento o de una respuesta no adecuada a este la enfermedad avan­za. Usted podrá presentar varios síntomas o signos que deterioren su calidad de vida y que se deberán manejar, esta vez no con intención curativa, sino paliativa. Para evitar complicaciones mayores, disminuir o evitar el dolor, y mejorar su calidad de vida en su entorno familiar. (Te puede interesar también: ¿Cómo puedo apoyar mi tratamiento?)

Algunos de estos signos o síntomas comunes en enfermedad avanzada se exponen a continuación.

Dolor

El sitio más común en que el cáncer de próstata hace metástasis son los huesos, por lo cual puede producirse dolor, fracturas y elevación del calcio en la sangre.

Asimismo, el dolor óseo tiene su localización dependiendo de dónde se ubique la metástasis, en muchas ocasiones se ubican en la columna vertebral. Por lo cual puede producir, además del dolor, la compresión de la médula espinal. Lo que incrementará el do­lor, producirá calambres, alteración de la sensibilidad en los miembros superiores e inferiores, e incluso puede llevar a parálisis.

Este dolor se maneja con analgési­cos, pero es importante eliminar la causa, o sea, las metástasis, lo cual generalmen­te se hace con radioterapia o con un medicamento llamado bifosfonato.

El control de dolor puede variar dependiendo de su intensidad y duración, así como de la causa. Lo primero en el manejo el dolor es que usted sea evaluado por algún miembro del equipo de cuidados paliativos. Quien le indagará por lo siguiente respecto al dolor que usted siente: sitio, intensidad, descripción de cómo es el dolor, duración, qué cosas lo empeoran o lo alivian, cómo afecta su sueño, su alimentación o su movilidad.

Todo esto ayudará a entender su dolor y darle el manejo más adecuado y efectivo, así como lograr seguimiento de este duran­te su tratamiento.

Se le formularán analgésicos generalmente para ser tomados o administrados en su casa, a no ser que su dolor sea incontrolable y requiera hospitalización. También, se le formularán otros medicamentos que lo ayudarán a disminuir posibles efectos indeseables de los analgésicos, como el estreñimiento o las náuseas.

Obstrucción urinaria alta y baja

Recuerde que la próstata se encuentra rodeando la uretra (tubo por donde sale la orina de la vejiga al exterior). Por ende, si su tumor es muy grande comprimirá dicho tubo, evitando que la orina salga de la vejiga; esto producirá incomodidad, sensación de tener la vejiga llena y no poder orinar, además de dolor.

Es una obs­trucción urinaria baja y se soluciona generalmente con la colocación de una sonda a través de la uretra, que va hasta la vejiga para desocuparla. Es probable que si esta sonda es permanente, se recambie periódicamente, con el fin de evitar infec­ciones.

Si el cáncer se ha diseminado a los ganglios o a los otros órganos de su sistema urinario o vecinos de estos, es posible que la orina que producen los riñones no pueda salir de estos, no pueda llegar a la vejiga o salir de esta, produciendo así una obstrucción urinaria alta, que debe ser manejada con derivaciones de uno o ambos uréteres, o de uno o ambos riñones (conectar los riñones o los tubos que salen de estos y van a la vejiga, al exterior, mediante unos tubos delgados conectados a una bolsa).

Estas derivaciones pueden ser permanentes, con el fin de que usted no presente una falla renal.

Hemorragia

Si el cáncer de próstata causa sangrado dentro de la próstata, es posible que esta sangre salga en el semen. Así mismo, si invade o erosiona las paredes de la uretra o la vejiga puede causar sangrado en la orina. Si invade o erosiona la pared del recto puede pro­ducir entonces sangrado rectal.

Los tratamientos para el cáncer avanzado pueden evitar o ayudar en estos problemas, pero en muchas ocasiones el sangrado uretral puede producir obstrucción urinaria por los coágulos, por ello tiene que ponerse una sonda uretral de tres vías con irrigación permanente con glicina para lavar la vejiga y ayudar a controlar el sangrado.

Fatiga y debilidad

Esta puede producirse por la anemia causada por hemorragia, depre­sión, ansiedad, dolor, edema en miembros inferiores causado por retención de líquidos. (Por ejemplo, si los ganglios linfáticos están comprometidos).

La fatiga puede ser controlada al manejar su causa, con transfusiones, medica­mentos y terapia para el manejo de las afecciones emocionales.

Pérdida de apetito

Es la ausencia de interés, deseo o energía para comer, que usted puede experimentar a causa de la progresión de la enfermedad. Como en el caso de metástasis al hígado, porque puede producir náuseas y vómito; al igual que si está tomando algunos analgésicos, principalmente opioides (figura 10).

Falta de apetitoFigura 10. Falta de apetito

Si la causa de la anorexia (pérdida del apetito) es reversible, su médico le dará manejo.

Además se recomienda que modifique sus hábitos alimenticios así: frac­cione las comidas (consuma alimentos seis veces al día en poca cantidad). Varíe la preparación de dichos alimentos, haciéndolos agradables a la vista y al gusto; procure que lo poco que coma sea nutritivo y balanceado, consuma alimentos de fácil digestión.

Falta de sueño

Es la dificultad que usted puede tener para conciliar el sueño; el hecho de des­pertarse varias veces en la noche o que su sueño sea intranquilo, ocasionándo­le fatiga y cambio en su estado anímico.

Puede deberse a dolor no controlado, al efecto secundario de algún medicamento que consuma, a la preocupación o a la depresión.

Es importante que planee actividades cuando se sienta con más ener­gía, realice ejercicio moderado, como caminar. Evite estimulantes como el café o el alcohol cerca de la hora de dormir, practique técnicas de relajación antes de dormir, tome un baño caliente, beba leche tibia, platique con su pareja y/o familia respecto a sus preocupaciones. Adicional a esto, si su médico lo considera conve­niente, puede formularle algún medicamento para dormir mejor.

Estreñimiento

Es la alteración de sus hábitos intestinales, volviendo las deposiciones más du­ras y distanciadas, incluso de varios días, lo cual genera malestar general.

Las cau­sas más comunes de estreñimiento incluyen la baja ingesta de líquidos, la ausencia de fibra en la dieta; la disminución de la ingesta de alimentos, la insuficiente activi­dad física o como efecto secundario del consumo de morfina, codeína u oxicodona.

Su médico le formulará laxantes, pero es muy importante que usted ingiera abundantes líquidos. Consuma alimentos ricos en fibra y aumente su actividad dia­ria para superar el estreñimiento.

Diarrea

Es cuando sus deposiciones son líquidas y se dan más de tres veces al día. Esta puede ser causada como efecto secundario del tratamiento de su enfermedad, por ejemplo en la radioterapia.

Debe ser manejada para evitar deshidratación y pérdi­da de electrolitos, como el potasio. Si no es posible manejarla en casa consumiendo abundantes líquidos y suprimiendo la fibra de la dieta, es posible que requiera hospitalización para hidratarlo con líquidos endovenosos.

Rol de la familia y los cuidadores

Cuando usted padece una enfermedad crónica y delicada como el cáncer, es di­fícil que la pueda afrontar solo; requerirá el apoyo y acompañamiento de su pareja, familia y amigos.

El diagnóstico de la enfermedad produce un impacto emocional grande en usted y en quienes lo rodean; por eso en primera instancia es importan­te que involucre a su pareja (si la tiene) y a su familia (padres, hermanos, etc.), y mantenga con ellos una comunicación clara y permanente.

Ellos pueden apoyarlo a la hora de tomar las decisiones frente a la mejor opción de tratamiento y acom­pañarlo durante este proceso.

Mantenga una comunicación abierta, clara y periódica con su médico tra­tante, ojalá acompañado siempre de su pareja o familiar cercano, ellos pueden recordar aspectos o indagar por dudas que a usted pueden olvidársele.

Es im­portante que considere el acompañamiento cuando la enfermera o el médico den indicaciones de tratamiento, expliquen procedimientos o informen sobre posibles efectos secundarios.

Recuerde que lo primordial es tener clara toda la información posible; sobre su enfermedad, tratamiento, evolución y expectativas para el futuro.

No siempre es posible, por diversas causas, tener el apoyo de familiares cerca­nos; en ese caso, lo puede acompañar o cuidar otra persona, o en una institución.

Será entonces con ellos con quien contemos para apoyarlo y acompañarlo durante su enfermedad y tratamiento, si usted así lo decide.

Además, no todas las personas asumen una situación nueva y difícil de la misma mane­ra; y en ocasiones puede requerirse el apoyo y orientación de psicología o trabajo social para facilitar el afrontamiento de la enfermedad; si este es su caso, indague en su institución de salud por estas ayudas.

Si su enfermedad está avanzada, se requerirá un cuidador permanente para que le colabore con la administración de medicamentos para el dolor, y lo asista en la movilización y actividades cotidianas, como el baño y la alimentación.

La decisión de involucrar a una o más personas en su enfermedad y situación de salud es totalmente suya; pero recuerde que sentirse acompañado mejorará su estado anímico y le ayudará a enfrentar su nueva situación de mejor manera.

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