¿Qué médicos podrían intervenir en mi tratamiento contra el cáncer de próstata?

Qué médicos podrían intervenir en mi tratamiento

Médico general

Es el profesional en medicina con quien usted tiene el primer contacto. Y es quien le puede ofrecer el examen de sangre para medir el PSA e incluso practicarle el examen rectal. Si alguno de estos exámenes es anormal, lo remitirá al especialis­ta.

Mientras usted es tratado de su cáncer de próstata, el médico general puede ha­cer controles para darle seguimiento a cualquier situación de salud adicional que usted presente. Una vez usted ha sido tratado, el médico general puede continuar su seguimiento, de acuerdo con las indicaciones del especialista.

Médico urólogo

Es el médico especialista en los órganos sexuales masculinos. Es el primer es­pecialista al que usted será remitido si su PSA o examen rectal son anormales. El urólogo diagnostica el cáncer de próstata con el resultado patológico de la biopsia. Y evalúa junto con usted y su familia el tratamiento apropiado según su caso y el estado de la enfermedad.

Probablemente es quien realizará la cirugía (prosta­tectomía) o formulará el tratamiento hormonal. Si usted requiere radioterapia o quimioterapia, el urólogo será quien lo remita al médico radioterapeuta o al mé­dico oncólogo, según sea el caso. El urólogo estará involucrado en el seguimiento durante el curso de su enfermedad y manejo.

Médico oncólogo radioterápico

Es el médico especialista en radioterapia (tratamiento con irradiación). Si se ha determinado que su tratamiento debe ser la radioterapia. Será este el médico encargado de decidir cómo será aplicada para tratar su enfermedad o en la progre­sión del cáncer, por ejemplo, en el manejo de las metástasis óseas.

Médico oncólogo clínico

Es un médico especialista en el manejo del cáncer usando la quimioterapia. Este mé­dico solo lo verá y tratará si su cáncer de próstata se encuentra en un estado avanzado.

Enfermera oncóloga

Es la enfermera especialista o con experiencia en el manejo del cáncer. Ella lo acompañará, a usted, a su pareja y a su familia, durante el tratamiento y manejo de la enfermedad. La enfermera podrá resolver las inquietudes que tenga acerca del tratamiento y los posibles efectos secundarios.

Será la persona que lo apoye directa­mente y le dé las recomendaciones para el manejo de los efectos secundarios de cada uno de los tratamientos. El manejo de las complicaciones que puedan presentarse en la enfermedad avanzada. Y la preparación para exámenes o procedimientos que le vayan a ser practicados. Si usted requiere quimioterapia como tratamiento, la enfer­mera oncóloga será la encargada de su aplicación.

Grupo de cuidado paliativo

Es un equipo de especialistas, como anestesiólogo, enfermera, trabajador social y psicólogo. Con experiencia en el manejo del dolor y control de síntomas, particularmente en personas con cáncer avanzado.

Este equipo trabajará muy de cerca con su pareja y su familia en el manejo de los síntomas físicos, psicológicos y necesidades espirituales. Usted será remitido a este grupo si el dolor u otros sínto­mas, por su complejidad y severidad, afectan su calidad de vida.

Patólogo

Es el médico especialista que estudia los tejidos y fluidos del cuerpo humano para evaluar el estado y la agresividad de cada cáncer. La muestra de tejido que toma el urólogo en la biopsia es enviada al patólogo para su estudio. Con estos resultados su urólogo puede decirle el estado de su cáncer (figura 6).

Escala de GleasonFigura 6. Representación del tejido obtenido por medio de una biopsia

Psicólogo

Es el profesional que trabaja con la conducta y el comportamiento humano. Puede ayudarle a usted, a su pareja y a su familia a manejar sus dificultades emo­cionales, sociales y espirituales, como la ansiedad y la depresión.

Trabajador social

Es el profesional que maneja los problemas personales y sociales de los pa­cientes. Lo orientará sobre cómo acceder de la forma más rápida y efectiva a los servicios de salud que sean necesarios. Podrá ayudarlo a resolver dificultades so­ciales y económicas relacionadas con la atención de su enfermedad.

Nutricionista

Es el profesional encargado de asesorarlo y orientarlo en cuanto a los requerimien­tos nutricionales que pueden existir de acuerdo con su enfermedad. Lo podrá orientar en el manejo de trastornos nutricionales o alimenticios que puedan presentarse por el curso normal de la enfermedad o como efecto secundario de los tratamientos.

Terapeuta ocupacional

El terapeuta ocupacional es el profesional que evaluará su capacidad para desem­peñar las actividades de la vida cotidiana e intervendrá cuando dicha capacidad esté en riesgo o afectada a causa de la enfermedad, o como efecto secundario de los trata­mientos.

El terapeuta ocupacional lo ayudará a adquirir el conocimiento, las destrezas y las aptitudes necesarias para desarrollar las tareas cotidianas requeridas y conse­guir el máximo de autonomía e integración a su vida cotidiana.

Fisioterapeuta

El fisioterapeuta se encargará de prevenir su deterioro físico o de apoyar su recu­peración si su actividad física se ha visto afectada por el cáncer o por los tratamientos.

En general, el tratamiento de su enfermedad y el manejo de todo lo que ella pue­da implicar serán trabajados por varias disciplinas en aspectos físicos, psicológicos y emocionales; por ello, indague en su institución de salud por la presencia de estos profesionales si usted o su médico tratante consideran que se requieren durante la atención.

Cuando se le ha diagnosticado cáncer de próstata a un paciente, ¿necesariamente debe recibir tratamiento?

Existen varias consideraciones que se deben tener en cuenta antes de definir la estrategia de manejo para un paciente con cáncer de próstata. Es importante tener claro que la patología tumoral maligna por sí misma implica un riesgo para la salud y la vida de quien lo padece. Por consiguiente, todas las conductas deben ir encaminadas a minimizar este riesgo.

Comportamiento Biológico

Por otro lado, no todos los tumores malignos de la próstata tienen el mismo comportamiento biológico, es decir, su capacidad de hacer daño al paciente puede variar, y no tenemos herramientas precisas en la actualidad que nos permitan predecir este comportamiento.

Para aproximarnos a su posible comportamiento, usamos herra­mientas basadas en características como los síntomas de la enfermedad, el valor del antígeno prostático específico, el estadio clínico y las características patológicas del tumor, dadas por una calificación de Gleason.

Estas características de alguna forma, no del todo exacta, predicen la agresividad de la enfermedad, y su urólogo deberá tenerlas muy en cuenta antes de proponerle un tratamiento.

Además de las características del tumor, hay situaciones propias de cada pacien­te que definen la necesidad y el tipo de tratamiento por ofrecer. La más importante es la expectativa de vida al momento de hacer el diagnóstico.

Dado que el cáncer de próstata es una enfermedad de evolución y progresión lentas, asociada con la edad, se ha definido que quien tiene una expectativa de vida menor de diez años tiene poca probabilidad de morir por cáncer de próstata, y esta consideración es fundamental a la hora de tomar un tratamiento específico.

La edad influye

Se trata, pues, de ofrecer el tratamiento más adecuado, para afectar de la menor manera posible la calidad de vida de la persona. Buscar algunas veces la curación y otras veces detener la pro­gresión de la enfermedad el tiempo que sea necesario para que el paciente no tenga síntomas, la enfermedad no progrese o el paciente no muera por esta.

En ese orden de ideas, existen tumores de próstata que es mejor que no sean diagnosticados. Especialmente en pacientes mayores sin síntomas, cuya expecta­tiva de vida es menor de diez años. Y que, por tanto, no se beneficiarían de tra­tamientos específicos.

Cuando sean diagnosticados, en este grupo de pacientes plantearemos la posibilidad de no iniciar ninguna terapia y solo se pensará en esta si la enfermedad progresa o se hace sintomática. Y la intención de la terapia se encamina en mejorar los síntomas, no en curar la enfermedad.

De lo anterior se deduce que si usted es una persona con expectativa de vida superior a los diez años. Tiene síntomas o una enfermedad calificada como de ries­go intermedio o alto para progresión debe recibir tratamiento. Cuya intención cu­rativa o paliativa (tratar los síntomas o complicaciones) debe ser discutida con su urólogo. Y teniendo siempre presente sus preferencias.

Es importante aclarar que si usted padece una enfermedad de bajo riesgo y no tiene síntomas, tiene la opción de diferir el tratamiento. Es decir, no necesariamente tiene que ser tratado inmediatamente. Ya que existen esquemas de seguimiento vi­gilados y confiables que le permiten llevar una vida de alta calidad el mayor tiempo posible antes de ser sometido a un tratamiento definitivo con intención curativa.

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