Anatomía y biomecánica de la articulación acromio-clavicular

La articulación acromio-clavicular está formada por las caras articulares acromial de la clavícula, convexa, y del acromión, de forma elipsoídea, cubiertas ambas por cartílago hialino.

En las etapas tempranas de la vida, la articulación se encuentra dividida por un disco fibrocartilaginoso intraarticular, que se degenera progresivamente a partir de la segunda y tercera década, encontrándose usualmente ausente después de los cuarenta años.

La estabilidad articular depende de dos sistemas ligamentosos separados: La articulación acromioclavicular en sí, que posee una cápsula articular relativamente débil, reforzada en su cara superior por el ligamento acromioclavicular superior, y por su cara inferior por el ligamento acromioclavicular inferior, mucho más delgado y que algunas veces está ausente. El segundo sistema, mucho más fuerte, está constituído por los ligamentos coracoclaviculares, conoide y trapezoide.

El primero tiene forma de hoja triangular orientado en sentido frontal, cuyo vértice se origina en la parte posteromedial de la base de la apófisis coracoides y termina en forma de abanico a nivel del tubérculo conoide en el borde posterior de la clavícula. El segundo tiene forma de hoja  cuadrilátera, orientado, en forma sagital, se origina anterior y lateralmente al mismo nivel del conoide, y se dirige hacia arriba y afuera para insertarse en la cara inferior de la clavícula. (Nótese que en conjunto, el complejo ligamentoso adopta una disposición helicoidal en abanico).

Es importante anotar que los músculos deltoides y trapecio, en sus inserciones a ese nivel, constituyen dos elementos importantes coadyuvantes en la estabilidad de la articulación. Desde el punto de vista biomecánico, la función de la articulación acromioclavicular, se describe de manera práctica y en resumen como la de mantener distante el brazo del cuerpo (Zariczny4), además de contribuir al 20% del arco de movimiento completo del hombro a través de la escápula, la cual bascula deslizándose sobre la reja costal, alrededor de un eje que pasa por las articulaciones acromioclavicular y coracoclavicular de tal manera que los ángulos superior y externo de la escápula se mueven simultáneamente pero en sentido inverso.

Además está comprobado (Inman et al. 1944)4, que la clavícula tiene la posibilidad de girar alrededor de su eje longitudinal. Esto sucede al abducir el brazo por encima de los 90º. Al llegar a los 180º se logran rotaciones de la clavícula hasta de 45º, por lo tanto un impedimento en la rotación, podría limitar la abducción por encima del ángulo recto. Sin embargo Kennedy y Cameron en 1954 demostraron en vivo y en cadáveres, que la unión rígida entre la clavícula y la escápula no limita la abducción, produciéndose en estos casos una rotación sincrónica de ambos huesos.

Hablando de los ligamentos en sí, varios autores han hecho estudios referentes a su función específica y resistencia (Summer en 1928 y Marachner en 1958), quienes midieron la resistencia a la tracción del ligamento acromioclavicular superior, encontrando valores de 36 a 42 Kgf y la de los coracoclaviculares en más de 80 Kgf. Fokuda, Craig, Cofield y otros del Departamento de Ortopedia de la Clínica, Mayo en 1986. Realizaron un interesante estudio en el que determinaron la función de los ligamentos acromio y coracoclaviculares, en la estabilidad articular, observando su capacidad de distensión al aplicar fuerzas de tracción, compresión y rotaciones, seccionando secuencialmente cada uno de ellos, logrando así determinar su función individual, lo que mostró finalmente, en resumen, que el ligamento acromioclavicular superior, juega un papel primordial, evitando el desplazamiento posterior de la clavícula, el conoide la rotación anterior y los tres ligamentos en partes iguales la rotación posterior del extremo distal de la clavícula. El ligamento acromioclavicular reduce el desplazamiento vertical inicialmente, pero al aumentar la fuerza, es el conoide el que asume la mayor resistencia. (60%)

El trapezoide soporta el mayor porcentaje de la fuerzas de compresión axial. Desde el punto de vista práctico, todos los ligamentos ofrecen en conjunto estabilidad a la articulación, sometida a estrés en diferentes direcciones, con gran preponderancia de los coracoclaviculares, sin menospreciar la importancia de la reparación concienzuda del complejo acromioclavicular.

Siempre se debe intentar la reconstrucción anatómica de las estructuras comprometidas para esperar los mejores resultados funcionales.

Objetivos

1. Revisar las implicaciones dentro de la biomecánica de hombro, de la integridad y de la lesión del complejo capsuloligamentoso de la articulación acromio – clavicular
2. Elaborar un protocolo para el diagnóstico preciso, clínico y radiológico, y el seguimiento de pacientes con luxación acromioclavicular G III tratados quirúrgicamente
3. Evaluar los resultados clínicos y radiológicos en pacientes con luxación acromio-clavicular G III tratados quirúrgicamente mediante reducción abierta, reparación de los ligamentos y cerclaje coracoclavicular con cinta de dacrón (Cervi-set_).

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