Foro aplicación de los resultados de Investigación en Salud y Desarrollo de Políticas Públicas

Herman Esguerra Villamizar1

La investigación, la creación científica, —su aplicación—, la tecnología a través de los tiempos han tenido un gran impacto; esto por ser parte fundamental del conocimiento humano, tener gran protagonismo en la historia de la humanidad y ser motores permanentes en el desarrollo de los pueblos y culturas, de las ciencias y las artes, y en el que- hacer y bienestar del hombre. Cada hecho científico o tecnológico ha tenido su tiempo o su época y en muchas ocasiones ha sido emblemático o característico de este mismo instante en el significado del tiempo. Y en este desarrollo ascendente y dialéctico del conocimiento humano, partiendo des- de lo más simple hasta lo más complejo, la ciencia-tecnología ha permitido al hombre el trasegar a través de los tiempos, siendo parte a su vez del mismo camino, guía de cómo transitarlo, prolongarlo y proyectarlo en el futuro de cada presente, y de hacerlo cada vez más complejo y luego claro; de cada vez más lejano y luego cerca; y cada vez más difícil y luego simple. El conocimiento humano no tiene principio ni tendrá fin; este conocimiento se ha desarrollado gracias al pensamiento mismo y siempre ha ido a través de los tiempos, sin meta y sin descanso, obedeciendo la condición humana que no tiene saciedad hacia lo desconocido e «imposible»; y, en forma permanente, como un hábito o tendencia dominante, se proyecta y realiza haciendo conocido lo desconocido; una vez adquirido este conocimiento a través de la investigación, lo adapta y lo condiciona a su antojo gracias a la tecnología, y es más, lo hace un peldaño y parte del ascender infinito y la etapa previa a otra investigación-conocimiento que adaptará a su condición y así sucesivamente. La misma condición humana tiene diferentes matices, categoriza sus actos, su moral, sus hechos, sus investigaciones, sus inventos, sus objetivos y sus fines, permitiendo así el desarrollo del conocimiento, de las ciencias y de las artes. Esta categorización permite otros objetivos y otros fines en momentos antagónicos u opuestos, pero que, entonces, define los contrarios y una dialéctica perfecta que al fin es ascendente y positiva, dando así conocimiento en un rango, pequeño o grande, pero que permite a la vez conocimiento ampliado con aplicabilidad mediante la ciencia y tecnología. El pensamiento humano ha desarrollado y categorizado el conocimiento; a su vez el conocimiento es base para el pensamiento. Esta categorización del conocimiento ha permitido el origen de las ciencias; ciencias en un principio simples y aplicables en su época o momento, pero siempre proyectadas a los tiempos y al futuro; ciencias en un principio simples pero dinámicas y trascendentes que fueron acumulando conocimiento y se hicieron cada vez más extensas, más incontrovertibles y más poseedoras de verdades absolutas; ciencias con bases, principios y fundamentos nacidas de la investigación y que comparten, perfeccionan y conducen a objetivos y realizaciones diferentes; ciencias con la facultad de ser cada vez un mayor acúmulo de co­nocimientos y que se convierten o dan origen al con­cepto de conocimiento científico, pero que facilitan y permiten el desarrollo humano.

El conocimiento científico nace de la investigación y este hay que comunicarlo, perfeccionarlo, moldearlo, para así hacerlo asequible, útil, aplicable y con un fin. La aplicación de las ciencias van a la humanidad, a la sociedad, a la comunidad, al hombre, al individuo, y, en otros momentos, a la vida misma, y en esta aplica­bilidad de las ciencias, su armonización con su objeto, confluyen la vida con la ciencia, la investigación con un principio o fundamento científico, el hombre con el conocimiento, el bienestar con el buen fin, el pen­samiento con la realidad y la tecnología con la mejor forma de aplicar el conocimiento científico.

Al hablar de medicina se hace relación a un gran acú­mulo de conocimiento científico, el cual en últimas se focaliza en la salud de la humanidad; luego, al par­ticularizarlo y simplificarlo podríamos llegar al indi­viduo; y si somos un poco más reducidos, llegamos al enfermo y/o a la alteración de un órgano, y si so­mos más profundos, al daño de un tipo de célula; y si exageramos al daño o alteración de receptores, genes, cromosomas, microambientes; en fin, hasta definir la alteración de la microestructura con la repercusión hacia la vida misma. Finalmente, al utilizar todo ese conocimiento científico —todo nacido de la investiga­ción— se permite y faculta o logra —la armonización y normalización— de lo afectado (objeto final de la medicina).

Al hablar de medicina y salud, esto abarca prevención, promoción, diagnóstico, pronóstico, tratamiento, re­habilitación, control, seguimiento, cuidados termina­les, entre otros.

Hablar de medicina significa hablar de atención prima­ria, medicina comunitaria, medicina especializada, y más allá, medicina personalizada; y si proyectamos en el tiempo, medicina del futuro y en todas ellas tenemos que pensar sobre el desarrollo y aplicación de políticas públicas de salud. Para cada uno de los conceptos an­teriores ya hay el conocimiento científico-médico que permite afrontar con resultados el problema y en buena parte con resultados «positivos», tales que permiten, a su vez, conceptualizar que la salud es el objeto de la medicina y la buena aplicación de la medicina permite llegar a un mejor estado de salud. Es más, al hablar de medicina y su acúmulo de conocimiento científico, nos permite extrapolar resultados, predecir pronósticos, dar significancias estadísticas, prevenir mediante interven­ciones enfermedades no manifiestas o enfermedades en quienes no se han engendrado, trasplantes de células y órganos, planificar órganos sintéticos para reparar los dañados, tratamiento de las células, de la microestruc­tura, terapia blanco o dirigida, alteración o recomposi­ción del microambiente celular, regular la apoptosis, en fin, hasta la salud universal; —con esa condición huma­na que no tiene saciedad hacia lo desconocido e «impo­sible»—, conseguir en últimas hasta la inmortalidad del individuo y de la misma humanidad.

La medicina abarca todos estos campos, permite la apli­cación del conocimiento médico-científico desde la mi­croestructura, célula, receptores, órganos, organismos, individuos, comunidades hasta la salud en general.

Podríamos decir que la investigación, la creación cientí­fica, el conocimiento y tecnología médicas conforman la ciencia médica; que estas han permitido el conocimiento científico, base y fundamento de la ciencia médica; que estas han permitido, permiten y permitirán la aplicación de la ciencia médica en la célula, órgano, individuo, co­munidad, sociedades y salud en general; que estas, en la actualidad, en cualquiera de las especialidades médicas o políticas públicas en salud, permiten un diagnóstico preciso y facilitan un tratamiento o intervención adecua­dos; que estas permiten el acúmulo y ordenamiento de un sinfín de principios, bases y datos médicos y sobre su aplicabilidad y utilidad. Y finalmente, que la investiga­ción, la creación científica, el conocimiento y tecnología médicas futuras irán a la par con el conocimiento, nece­sidades y desarrollo del futuro universal.


1 Presidente Academia Nacional de Medicina.

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