La Inmunomodulación inducida por los Helmintos

Actualmente este es un fenómeno bien conocido cuya intensidad depende de factores como la severidad y la cronicidad de la infección, el fondo genético del huésped, el tipo de parásito y el poli parasitismo (18). Este conocimiento ha abierto nuevas perspectivas de tratamiento de las alergias y otras enfermedades in­flamatorias crónicas no infecciosas, hasta el punto de usarse, ya en ensayos clínicos, la denominada terapia helmíntica en humanos, consistente en infectar los pa­cientes con helmintos no patógenos y aprovechar sus propiedades inmunomoduladoras (19,20). Aunque estos enfoques han tenido resultados contradictorios y han suscitado polémicas, demuestran el valor poten­cial de aprovechar las propiedades inmunomodulado­ras de los helmintos (21,22).

Dichas propiedades han sido demostradas, además de manera experimental, en un proceso ejemplar de in­vestigación básica (23-27), que ha llevado al descubri­miento de un gran número de moléculas anti inflama­torias procedentes de diversos parásitos que infectan tanto al humano como a otros animales y destinadas a reemplazar la terapia con helmintos vivos (14,20,28). Entre las fuentes de esas moléculas está Ascaris lumbri­coides, el cual merece especial mención porque es uno de los parásitos más frecuentes y además de sus graves efectos sobre la salud de los niños, es capaz de inducir inmunosupresión impidiendo la acción de los progra­mas de vacunación contra virus y bacterias (16,29,30) y en otros escenarios puede aumentar la frecuencia y severidad de las alergias (31-33).

Se calcula, de acuerdo con el genoma de Ascaris suum (34), que estas especies podrían tener alrededor de 15 moléculas inmunomoduladoras. Sin embargo, aunque este efecto ha sido estudiado a nivel experimental (35) son pocas las moléculas que se han aislado, siendo PAS- 1 una de las mejores analizadas (36-39). Recientemente nuestro grupo ha explorado las propiedades anti infla­matorias de la cistatina de A. lumbricoides (rAl-CPI) (40), iniciando una nueva fase en la investigación del lado in­munosupresor de este nematodo. Las cistatinas pertene­cen a una numerosa familia de inhibidores de proteasas de cisteína y se habían obtenido de Onchocerca volvulus, Acantocheilonema viteae, Brugia malayi y otros parásitos, siendo la de filaria (AvCystatin) la más estudiada (41,42).

La cistatina de Ascaris (rAl-CPI) disminuye considera­blemente la inflamación del intestino cuando se emplea en un modelo de colitis inducida en ratones. Esto se acompañó de una sobreexpresión de los genes de IL- 10 y TGFB y una reducción de la expresión de IL-6 y TNFA. Además indujo la producción de IL-10 y TGFB por los macrófagos (40), todos estos indicadores de una actividad anti inflamatoria importante, la cual ha sido confirmada a nivel pulmonar en un modelo murino de alergia respiratoria inducida por ácaros, en el que se observó además la inducción de células T reguladoras (43). Dado que esta molécula tiene pocas posibilidades de inducir reacciones alérgicas adversas (44) es bastante promisoria en cuanto a su uso como anti inflamatorio en problemas intestinales y pulmonares.

El control de las helmintiasis es necesario y urgente

Como se deduce de esta breve revisión, la investiga­ción sobre las enfermedades parasitarias es importante no solo desde el punto de vista científico sino también en medicina y salud pública. Hoy se ha extendido a otros temas distintos a su impacto negativo general en salud humana y animal, destacando los posibles efec­tos positivos sobre el desarrollo y control del sistema inmunológico. Los descubrimientos sobre el efecto inmunomodulador de las helmintiasis nos han hecho caer en cuenta que, exceptuando el SIDA, son los procesos infecciosos que más suprimen mecanismos inmunitarios, despertando esperanzas para controlar la epidemia actual de enfermedades por exceso de di­chos mecanismos. Desde un punto de vista evolutivo podría pensarse que han sido parte esencial en la fi­logenia del sistema inmunitario, por lo que han sido incluidos en el grupo de «viejos amigos» junto con la microbiota y otros componentes de nuestro organismo (45). Sin embargo, es conveniente hacer algunas pre­cisiones que eviten confusiones en el público general, pues ya se han generado preocupaciones en algunos grupos de la comunidad científica (22).

Los helmintos son parásitos y las helmintiasis son perjudiciales para la salud, en consecuencia su erra­dicación debe ser el principal objetivo, invirtiendo la atención y el dinero necesario para cambiar los componentes físicos y culturales que determinan su existencia. Es absurdo y lamentable que en Colombia todavía encontremos municipios como Loma Arena (Bolívar) donde más del 60% de la población esté pa­rasitada (46) y peor aún, que esta situación se haya mantenido por muchos años a pesar de haber sido registrado y comunicado por las vías apropiadas (47). Los parásitos que allí se encuentran son variados, in­cluyendo los denominados geohelmintos, cuya erra­dicación es técnicamente posible y dejó desde hace mucho tiempo de ser un problema científico para convertirse en objeto de las políticas de salud pública gubernamentales.

Conclusión

Es importante insistir en que sería muy equivocado creer que la sola ausencia de infecciones, cualquiera que sea su etiología pueda explicar el incremento de las enfermedades inflamatorias crónicas; se sobre­entiende que muchos otros factores han intervenido. En caso de ser verdaderas las hipótesis que hemos mencionado respecto al componente de la higiene, es posible que el control y la eventual erradicación de las helmintiasis del planeta, lo cual en términos cien­tíficos significa modificar la biodiversidad y nuestras relaciones naturales con el ambiente (11), afectará en alguna medida nuestra fisiología. Afortunadamente la investigación básica y biotecnológica nos permitirá conservar las moléculas inmunomoduladoras de ori­gen parasitario que pudieran hacernos falta o que tal vez ya nos estén haciendo falta.

Agradecimientos

Varias de las investigaciones citadas han sido financia­das por Colciencias (Contrato 590-2013) y la Universi­dad de Cartagena (Convocatorias Internas).

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Recibido: 3 de diciembre de 2017
Aceptado: 17 de diciembre de 2017
Correspondencia:
Luis Caraballo [email protected]

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