Explicaciones Antropológicas, Determinísticas y de Necesidad

Desarrollo Científico Psicoanalítico

(Funciones físico-quími­ca-psíquicas)(109)

Al mismo tiempo que nuestras concepciones cambian y el término azar debe sustituir­se por un determinismo causado por el hombre. Así llegamos a que el azar no es igual a la libertad, pero si semejante a la aleatoriedad compleja, no lineal, no propositivamente determinada, pero con un fondo importante, preciso, que conlleva el concepto de armonía. Otra pregunta que podemos hacer en estos momentos y es: ¿la armonía se produce por un determinismo o un azar? Ó ¿pertenece a los dos?; ¿pertenece la armonía (110) al micro y macrocosmos? Cuando arribamos a esta temática, podemos caminar por distintas vertientes, una es la filosófica, otra es la puramente física, otra la matemática, otra la biológica, otra la psicológica y así sucesivamente. De una u otra manera podemos llegar a la concepción de la unidad y del todo, de la igualdad; y, así continuamente, es factible concluir que todo acaba en un Todo. En ese Todo se ubicaría un equilibrio macro y microcósmico; más sin embargo, entraríamos a otro espacio en donde no existiría la entropía y sí el absoluto, terminando de tal forma en el concepto del creador Dios.

Si aceptamos que todo es cambiante y que el mismo todo puede variar a múltiples formas de masa y energía, luz, movimiento, espacio y tiempo, tendríamos que estos dos conceptos absolutos y relativos o condicionales, también pertenecen a un todo, en el cual puede conce­birse la armonía. Dentro de todos estos conceptos pueden incluirse el ya mencionado el azar, la necesidad, las fuentes de la evolución, la incertidumbre y la certeza, y dentro de ellos en el mundo antropocéntrico, los cálculos probabilísticas, en los juegos de azar y el destino. Desde milenios atrás el hombre ha deseado controlar ese azar e incertidumbre a través de métodos operacionales numéricos o metodológicos, cabalísticos o mágico omnipotentes, religiosos, adivinatorios, predictorios, proféticos, ritualísticos, o ubicados en la voluntad divina, para escapar del accidente y en el fondo de la muerte. Sin embargo, el hombre se ha encontrado con que su cuerpo ya está programado y determinado por la conformación del ADN y todas sus proteínas que lo marcan y que tienen una base cuántica química.

Observemos que todos los esfuerzos hechos para sustituir la teoría cuántica, por una es­tructura más refinada, escapan de la incertidumbre a la vez que han fracasado y lo que hemos obtenido es la interrelación de disciplinas para encontrar explicaciones determinísticas; por ejemplo de la estructura del ADN y de sus efectos funcionales a nivel de las intersecciones de las proteínas y, no sólo por una coincidencia, sino por una organización evolutiva (con orden)de la fuerza creadora y transformadora, equilibrante dinámicamente para cambiar un estado a otro. De todas formas nos encontramos con esa franja o frontera en que se cree que todo está determinado por el creador Dios y así no hay más que pensar y decir. Sin embargo, queda por determinar qué y cómo es esa materia y energía oculta que existe en el universo más allá de las partículas cuánticas y que los físicos la ubican en variables ocultas (ecuación de M. Born), las cuales podrían pertenecer al determinismo del universo y de la vida y, ¿será que es factible de darle el nombre de Dios?

Una de las preguntas básicas de los filósofos (de la teleología) más allá del ¿por qué de la esencia? Y ¿por qué están todos los elementos del universo y cuál es el fin?; dentro de toda esta problemática se presenta el concepto de las funciones de cada uno de los elementos y los fines de los mismos en forma parcial y total incluyendo en ellos la elección de un fenómeno u otro, o de un elemento u otro, o la relación entre ellos, su determinación y causa, y si hay dominio o predominio de uno u otro, o de “algo que lo determina”; en caso de haber una exigencia, esto implica también la presencia de un impulso perentorio “para un orden”, una continuidad, un fin en el cual podemos incluir la conservación o la transformación de fun­ciones o de los elementos; cuando planteamos el concepto de impulso lo estamos haciendo también con el instinto.

A la vez, referirnos a la selección, lo estamos haciendo a los fenómenos de la naturaleza, la cual se mueve en una red que se determina dentro de una interrelación de funciones. El lector aquí puede hacerse la pregunta y si todo esto es así ¿acaso no existe un “proyecto de la existencia” y de la relación psicobiológica diseñado por y para un todo global, con un fin? La respuesta nuevamente vuelve a ubicarse en el concepto del Todo, del principio y el fin, del concepto témporo-espacial, de múltiples dimensiones y tiempos o de la atemporo-espa­cialidad en donde se ejecutan todos los proyectos de la naturaleza. Tengamos en cuenta que todo funciona y tiene sus parámetros para llegar al fin del todo y en medio están los “ciclos o fases”. Aquí llegamos nuevamente al concepto de fuerza, armonía cósmica (omega Ω). Aquí también podemos incluir el concepto de Dios; de ahí que no se dé cabida al azar y sí a omega Ω.

A todo esto hay que sumarle el concepto de la posible mutación para la diferenciación de las especies. Tengamos en cuenta que los fenómenos y sus acontecimientos, pueden caerestadísticamente en una conformación irreversible; por ejemplo, la evolución del hombre se ha producido con una dirección de forma, función, sentido y desarrollo no presentando irre­versibilidades de la evolución sino mutaciones, sin excluir cómo un sistema macroscópico puede remontar la cuesta de la entropía, es decir volver al tiempo y presentarse una evolución selectiva con incidentes, en donde aparece el azar o el destino. Es así como se concibe la “máquina del tiempo” como una paradoja explicativa, en la cual se observa la totalidad del fenómeno y así podemos remontarnos en el tiempo y contemplar los ciclos, más no podemos negar o excluir el presente y el futuro que nos acompaña como el “lazo del destino”, (éste último término será expuesto en el capítulo XVI).

Otro aspecto a dilucidar aquí es el que se refiere a cómo los mismos organismos u organi­zaciones no solamente se seleccionan sino que construyen sistemas de defensa, con los llama­dos anticuerpos, en los cuales una proteína reconoce a otra por asociación, la acepta o no para considerarla e integrarla o ubicarla como extraña porque invade su espacio y organización; por ejemplo, en el caso de las bacterias o virus, construyéndose así los ya bien conocidos sistemas de anticuerpos o estructuras inmunológicas. Es de tener en cuenta cómo existe una interrelación y participación entre la información cerebral (neuronal) y los diferentes sistemas para establecer la capacidad de aprendizaje, memoria y conocimiento; sin embargo, sólo el Sistema Nervioso Central y el Sistema Inmune tienen la capacidad de la memoria y aprendi­zaje, además no todos reaccionamos de igual forma.

Aquí viene una pregunta: ¿será que las funciones de la química molecular (funciones que producen sistemas) pertenece a la dinámica cuántica actualmente en investigación y descu­brimiento? La respuesta posible es positiva; más aún, cuando conocemos la intervención de combinaciones y recombinaciones para construir estructuras de anfígenos que representan selección y favorecen la multiplicación de células productoras de estos mismos anticuerpos, capaces de reconocer (los ya mencionados cuerpos extraños) con interacciones diferentes y específicas que tienen el fin de proteger la unidad, la organización biomolecular o sistémica. Valdría la pena aquí preguntarnos si el medio ambiente colabora propiciando toda esta de­fensa, y por lo contrario, si no se presenta una serie de parámetros favorables, colapsan las defensas más cuando pueden existir ataques a otros niveles y de otros desequilibrios, desór­denes sistémicos. He ahí nuevamente un determinismo biológico y la necesidad con cierta aleatoriedad del comportamiento ambiental.

Aquí otra pregunta, y ¿cómo ocurrió la mutación del antropoide al homínido (Australo­pitecus o Australántropo) Homo erectus?, recordemos que éstos últimos poseían caracterís­ticas que distinguen al hombre de sus próximos parientes los Pungidos (simios antropoides) que habían adoptado posición erecta, asociada no solo a una especialización del pie si no a numerosas modificaciones del esqueleto y de la musculatura, principalmente de la columna vertebral y de la posición del cráneo en relación a aquella; ¿qué la motivo? Aquí debemos considerar en la evolución del hombre, la liberación de la servidumbre de la marcha a cuatro patas de los antropoides, excepción del Gibón; además hay que considerar la importancia de la capacidad de aquellos antropoides de ser cazadores sin dejar de andar o de correr o de uti­lizar sus miembros anteriores o superiores. Realmente el homínido era superior al chimpancé y ligeramente inferior al Gorila. Se considera por su parte que el Zinjántropo (homo faberprimitivo) no pesaba más que el Gorila y era capaz de comportarse mejor que los Póngidos, construyendo herramientas como los grandes simios a la vez que utilizar piedras o ramas en los árboles, más no producían nada comparable a artefactos confeccionados según norma reconocible. En síntesis tenemos que los Austrántropos cazaban a bestias fuertes y poderosas como el hipopótamo, la pantera, el rinoceronte y el elefante; a su vez el volumen del cerebro era mayor que los simios, teniendo un cierto lenguaje articulado que los simios no lo tenían; aquellos los australopitecus usaban elementos del lenguaje simbólico de los sordomudos y el poder de simbolización articulada se modificó. Lo que no conocemos con evidencia es ese tipo de lenguaje bien determinado, ni su inteligencia, sin embargo, en estos momentos está en estudio, así como el desarrollo de su cerebro con los sistemas de comunicación simbólica. La evolución fue favorable e irreversible y estimulada por el cambio de ambiente en ambos, hombre y ambiente.


109 Esta temática, surgió de las reflexiones provenientes de la lectura de la obra: “El Azar y la Necesidad” (Ensayo sobre la filosofía natural de la biología moderna) de Jacques Monod, Sexta Edición (2000) y de otros escritos que provocaron diferentes reflexiones.
110 Armonía: entiéndase este término dentro contexto como la concordancia, equilibrio, simetría, relación entre las partes o elementos combinados en un orden que da la sensación de belleza, en este caso de la natu­raleza y del universo. Estos conceptos se asocian con la “proporción aurea”.

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