XIX. Ciencia, Filosofía, Cálculo y Destino

Introducción

En la obra se realiza una relación entre los diferentes conceptos que abarcan los prin­cipios de causalidad de la creación (físico-químico-eléctrico y psíquico) para llegar al hombre, así como a las ciencias que lo estudian en su origen y funcionamiento intrínseco, lo que equivale a pensar en la pregunta en si existe una ciencia positiva que pueda ocu­parse de todo lo físico y psíquico y en sus diferentes hechos que puedan probarse con evidencia absoluta o esta última como causa de todo lo existente: materia, energía, luz, cuerpo y mente hasta lo eterno. Esto sería también llegar al determinismo.

Después de una serie de disquisiciones filosóficas se llega nuevamente a la posición de la creencia o no en Dios como causa de todo, y aceptado éste, con la fe o con la posición agnóstica (que no se conoce). De una u otra manera podemos acercar el concepto Dios al conocimiento del universo con sus leyes y fuerzas conocidas más no con lo desconocido. Ciencia biomolecular, ADN, física y química tratan de la vida y conllevan el estudio de una energía que se asimila a la proveniente del cosmos y éste al factor (es) creador (es) incógnitos. He ahí el puente entre ciencia y “creador” o viceversa. He aquí también innumerables incógnitas de leyes desconocidas. De todas maneras aparece el “libre al­bedrío” que incluye el creer o no creer y a la vez el no quedarse en la posición certera de tener la razón y menos una verdad absoluta y revelada.

Este tema trata de la ilusión y esperanza de la inmortalidad, así como de la idealiza­ción de personas, creencias y aún de otro posible concepto de vida más allá de la que vivi­mos. Es así también como en el texto se hace un acercamiento científico con lo conocido y se interrelacionan creencias, mitos hasta llegar a interpretarse y al concepto construido por la mente de un ente al que se le llama Dios creador que lo estudia la teología más no la ciencia.

Todas estas elucubraciones con respecto al concepto, la creencia y la fe en un creador a través de cinco, diez o más milenios pueden entenderse como una construcción mental que intenta una explicación causal de los orígenes de lo que conocemos e imaginamos.

Se trata así mismo de un pensamiento conceptual en el cual se sustenta la esencia del ser humano. Por lo tanto, no cabría aquí procurar quitarle la base, para tratar de desbaratar con unas argumentaciones lógicas todo lo que el hombre ha llegado a reflexionar a lo largo de miles de años. ¿Es esto acaso llegar al crepúsculo de los dioses o al concepto y creencia en Dios? Por lo contrario, de lo que se trata es de poder controlar estas re­flexiones para llegar a lo mismo, o bien a buscar otras respuestas que satisfagan nuestras preguntas, especialmente las que se refieren a un “más allá de este mundo como destino”, a los universos atemporales y situados en distintos espacios, dentro de la nada y del todo. Más aún, ¿no será que hoy en día, como siempre, el ser humano necesita más que nunca, creer en un ente supremo que explique en quien se puede ubicar el origen de las leyes, programas y diseños naturales del principio y fin, orden y desorden, y por lo tanto del hombre en el cosmos? La respuesta bien puede ser positiva, porque el ser humano tiene sus límites y necesita justificaciones para sentirse aliviado ante la angustia existencial que incluye la incógnita del tiempo (el por-venir), la cual necesita una resolución. Esto también puede provenir de la “ilusión de la inmortalidad”, que en la historia y en los mitos está en los dioses que el ser humano ha fabricado como lo hace con su propia vida de acuerdo con toda la historia individual y colectiva.

Ahora bien, el hombre ha puesto la ilusión en sí mismo, con la esperanza, para algu­nos, de un juicio final, con la reencarnación y la resurrección de las almas y los cuerpos, y así, una vida eterna en, o con, o como Dios; ¿por qué y para qué ser eternos?; ¿qué tal que lo fuéramos? En primer término no estamos diseñados para ello y la naturaleza como tal, tampoco tiene esos programas y leyes; por el contrario, todo este hecho ocurre para tener un principio y un fin y he ahí nuestro destino; sin embargo, en el año 2009 se le dio el premio Nobel de medicina a la doctora Elizabeth Blackburn investigadora de la University of California, San Francisco (UCSF), por su trabajo sobre los telómeros, unos “trocitos” de moléculas de ADN que con la enzima de la telomerasa protegen los extremos de los cromosomas. El trabajo de Blackburn puede ser la clave para comprender -y eventual­mente modificar- los mecanismos del envejecimiento, (561).

Podemos concluir también como existe la necesidad de un concepto y/o una creencia en unas fuerzas supremas controladoras; esto es un imperativo categórico; todos tenemos esa necesidad de creer en algo que controle, programe para poder tener una base de sus­ tentación; se cree en uno mismo o en los demás, de los cuales se depende o en una idea (s) o en fines (metas), para así asegurar nuestra vida psíquica y nuestra existencia.


 

561 Matt Ridley en su obra: “Genoma”, 2001 en el capítulo del cromosoma 4, pág. 107 y sig. le da el nombre al cromosoma destino y escribe: “esto es determinismo, predestinación y destino a una escala que Calvino nunca soñó…. Los genes mandan y no hay nada que podamos hacer al respecto”. Hace mención a como “una antepasada fecunda tuvo once mil descendientes en 8 generaciones, 9 mil de los cuales vivían todavía en 1981… y… uno tenía la enfermedad de Huntington cuando Wexler los visitó por primera vez y 3600 tenían un 25% de probabilidades de desarrollar la enfermedad, porque al menos un abuelo tenía los síntomas. Más adelante escribe” […] “podría resultar o no que los fragmentos de ADN elegidos al azar fueran diferentes con toda fiabilidad en las personas afectadas y en las que no estaban… a mediados de 1983 no solo había aislado un marcador cercano al que era afectado, sino que lo había definido en el extremo del brazo corto del cromosoma cuatro”. Al estudiar esta enfermedad de Huntington escribe el autor: “El gen es la receta de una proteína llamada Huntingtina: la proteína se descubrió después que el gen, de ahí su nombre”. […] “Al igual que la enfermedad de Alzheiber y la BSE (Encefalopatía espongiforme bovina) enfermedad de las vacas locas, esta acumulación de conglomerados de proteínas en el interior de la célula es lo que causa la muerte celular,… e induce a la célula a suicidarse”. Más adelante el mismo autor escribe. “No puede escapar a su destino por muy bien que le traten los expertos. Y, desde luego, el conocimiento acerca de su estado es suyo para hacer con él lo que quiera. Si desea obrar en consecuencia y matarse, ¿quiénes son los médicos para ocultar la información?”. El autor más adelante se refiere a cómo “Tiresias, el profeta ciego de Tebas por casualidad vio a Atenea (Juno) bañándose desnuda y ella le dejó ciego arrepintiéndose de ella, pero le otorgó el poder de la profecía, era su destino que podía ver el futuro pero no cambiarlo, ‘es una lástima’, dijo Tiresias a Edipo, ser sabio cuando la sabiduría no sirve de nada. Total que el destino estaría en los fieles y el conocimiento de nuestro destino o autoconocimiento no previene el futuro”. (Ver capítulo IX)

El autor Matt Ridley en la página 355, cromosoma 14 trae el epígrafe siguiente: “el paraíso de todas las cria­turas oculta el libro del destino… todo menos la página prescrita, su estado presente” de Alexander Pope). En este escrito del cromosoma 14 lo llama el de la inmortalidad y escribe: “la razón de que los genes no se pierdan en los óvulos y en los espermatozoides, los pasados directos de la siguiente generación es la presen­cia de la telomerasa, cuya función es reparar los extremos desgastados de los cromosomas, volver a alargar los telómeros. Descubierta en 1984 por Karol Greider y Elizabeth Blackburne, la telomerasa es una bestia curiosa contiene ARN que utiliza como plantilla para reconstruir los telómeros y su componente proteico tie­ne un parecido sorprendente con la transcriptasa inversa, la enzima que hace que los retrovirus y los trans­posones se multipliquen dentro del genoma” […] “en este contexto observamos que la frase “TTAGGGK” el que se repita algunas miles de veces en cada telómeros es exactamente la misma en los telómeros de todos los mamíferos”. […] “todavía no sabemos con seguridad qué proteínas se reúnen para formar la telomerasa humana y puede que resulte muy distinta de los ciliados. Algunos escépticos se refieren a la telomerasa como esa enzima mítica”, “debido a lo difícil que es hallarla en las células humanas” […] “un equipo de científicos japoneses localizó el gen en el cromosoma 14; produce una proteína denominada TEP1 o proteína asociada a la telomerasa 1. No es la que hace que la transcripción inversa repare los extremos de los cromosomas” […] “la falta de la telomerasa parece ser la razón principal de que las células envejezcan y mueran, pero ¿es la razón principal de que los cuerpos envejezcan y mueran? La respuesta no es muy afirmativa ni conclu­yente” […] “la selección natural a construir nuestros telómeros de una longitud tal que puedan sobrevivir de 75 a 90 años o más”. He ahí también nuestro destino. [Harrington, L.; McPhall, T.; Mar, V.; Zhou, W.; Oulton, R.; Bass, M.B; Aruda, I. y Robinson, M.O. (1997), "A mammalian telomerase-associated protein”, Science 275: 973-977; Saito, T.; Matsuda, Y.; Suzuki, T.; Hayashi, A.; Yuan, X.; Saito, M.; Nakayama, J.; Hori, T. y Ishikawa, F. (1997), "Comparative gene-mapping of the human and mouse TEP-i genes, which encode one protein component of telomerases”, Genomics 46:46-50]. [Mat[Matt Ridley: "Genoma”, 1999, Grupo Santillana de Ediciones, S.A., Madrid, España]pan>

La razón de que se vuelven más cortos (los telómeros) es probable porque el cuerpo carece de la capacidad de reparar adecuadamente el daño corrosivo que producen los llamados radicales libres, átomos con elec­trones desapareados que se originan en las reacciones del cuerpo en las que producen oxígeno. El oxígeno libre es peligroso, como puede atestiguar cualquier trozo de hierro oxidado También nuestros cuerpos se “oxidan” constantemente como consecuencia de los efectos del oxígeno. Resulta que la mayoría de las mutaciones que causan “longevidad”, al menos en moscas y gusanos, se encuentran en genes que inhiben la producción de radicales libres, impidiendo en primer lugar que se produzca el daño, más que alargando la vida repicadora de las células que reparan el daño”, (Op. cit.)

De acuerdo a toda la conceptualización de la genética tenemos que en ella existen codificaciones que conlle­van programas, conexiones entre neuronas, memoria, interpretaciones e información neuropsico biológicas en múltiples direcciones y cuyo centro de comando o control es el cerebro desde la vida hasta la muerte. Aquí estaríamos hablando de que en el código genético estaría marcado nuestro destino y no habría mucha libertad o libre albedrío para decidir sino lo que nos acompaña ayudar a la naturaleza a su propia evolución, desarrollo desde el principio al fin. ¿Quién escribió el libro del genoma, o quien lo diseñó? La respuesta es que no es alguien sino es el azar determinista que opera para producir todas las codificaciones a través de la evolución de las especies conocidas; el libro se escribe constantemente; sin embargo, todavía no podemos dilucidar bien la ley del orden en el comportamiento de las letras del genoma y por eso recurrimos a fuerzas desconocidas que originan todos los diseños de la naturaleza; es por esto por lo que le damos el nombre de el Creador, el Todo o Dios.

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