El Azar Determinista

DR. GUILLERMO SÁNCHEZ MEDINA

VII.

(Complejidad, caos, azar y determinismo, procesos de ordenamiento, cuerpo-mente)

Introducción

A estas alturas el lector se encuentra nuevamente con el término azar determinista como título del capítulo y de la obra; aquel concepto en este momento ya se ha centrado en capítulos anteriores, su origen y el desarrollo del mismo, en relación a la complejidad, al caos, a los procesos de ordenamiento que ocurren en el cuerpo y mente para establecerse un sistema al que denomino “azar determinista”; por lo expuesto el interesado en estos temas deberá tener en cuenta los textos pertinentes y en especial los que se refieren al azar, al determinismo, a la complejidad y caos, al orden y desorden, así como los postulados de Popper, Einstein, Prigogine y otros.

Centrar el pensamiento que conlleva múltiples conceptos implica no solamente traer una síntesis sino la condensación de la interrelación de ideas que ya fueron definidas; sin embargo, no todas estan interrelacionadas y menos cuestionadas para llegar a la utilidad de las mismas; en esta parte se tratará de hacerlo.

Designación del “Azar Determinista”

Inicio estos textos con la definición del término “azar determinista” el cual apareció en el año 2000-2001 y fue publicado en la obra: “Psicoanálisis Teoría de la Complejidad”, (2002); uso el término “azar” como sustantivo y al “determinismo” como adjetivo; mas los conceptos se fusionaron; la explicación de ellos son desarrollados a través de la obra y más explícita­mente se realizó en el capítulo anterior: “Determinismo y Azar”.

En el año 2007 me encontré con textos ya estudiados en que Ilya Prigogine en su libro: “El nacimiento del tiempo”, (1996); en el cual comenta sobre el equilibrio (lineal o no lineal) aña­diendo a los atractores la sensibilidad a las condiciones iniciales, el de azar determinista. Este concepto está antes, en y después del sentido que le pueda dar el hombre, mas encuentra en las fronteras en el sistema consciente-inconsciente, al menos en su posibilidad. Estas ideas y otras más, como ya el lector lo podrá haber observado, son discutidas en toda la obra.

Como ya se explicitó en el capítulo V los académicos AM Kolmogorov y Shaitin propu­sieron la relación entre complejidad y azar o aleatoriedad, y al mismo tiempo dentro de este contexto se reduce el azar a la complejidad; el primero sería proveniente de la ignorancia. A la vez Ilya Prigogine plantea como el caos determinista, así como las leyes de Newton, en­gendran comportamientos de aspecto aleatorio; de tal forma habría una interrelación entre azar y determinismo; por lo tanto, las leyes del caos se asocian obviamente a los sistemas caóticos pero con la posibilidad de tener un nivel estadístico.

La asociación entre sistemas caóticos y parámetros estadísticos es factible siempre y cuando conozcamos las trayectorias de las partículas, sus posiciones, velocidades, tiempo, espacio, movimientos y fases que des­criben sus funciones lo cual según los postulados de Heisenberg y Pauli no son por ahora posibles; sin embargo, esta medición es una probabilidad la cual se formula con teoremas de convergencia pero más aceptando las desviaciones de los fenómenos. Como ya se explicitó esto está elaborado en el capítulo “Determinismo y azar, probabilidad y predicción estadís­tica”.

El concepto de “azar determinista” de acuerdo a los postulados que traigo a través de la obra, los relaciono específicamente con el sistema consciente e inconsciente y su interrelación con la física ondulatoria o la operatividad de la física de partículas, para tener un conocimiento del comportamiento de uno y otras (sistema consciente e incons­ciente y partículas) y conocer sus equilibrios y así lo determinado e indeterminado, lo predecible e impredecible; y, como lo expresé en el capítulo anterior (determinismo y azar), de aquí partimos a la importancia del concepto del determinismo, el destino y el azar para explicar procesos naturales, coincidencias y principios de causalidad.

Conocemos cómo de las formulaciones de Laplace se llegó a lo impredecible y a lo inde­terminado dentro de la naturaleza y personalmente lo relaciono con lo que denomino ‘azar determinista’ y que otros hacen alusión al ‘caos determinista’.

Con el término de “azar determinista” explicito cómo se designan los fenómenos o hechos (factores) que operan y configuran un comportamiento psicofísico cotidiano basados en el comportamiento de lo físico-químico cuántico probabilístico en los cuales se unen lo impredecible con lo predecible y determinado con un principio de causalidad; por ejemplo, el pensamiento intuitivo, los actos inconscientes y aun todo el comportamiento del sistema inconsciente, los fenómenos paraverbales y extraverbales, que no son extrasensoriales sino sensoriales físicos y en algunas ocasiones medibles, pero hasta ahora no bien reconocidos por la ciencia clásica, pero que son propios del aparato sensoperceptual del hombre y aún del animal, y, que todavía atañen a la ignorancia; por esta razón no significa que no corresponden a la ciencia y se les dé más la connotación de ocultismo y fenómenos mágicos.

Téngase en cuenta que esta explicitación o designación de hechos o actos, entre ellos los inconscientes, pertenecen, como se dijo a una proposición hipotética explicativa la cual requiere la prueba de ser reproducida, falsada, contrastada, corroborada y verificada para convertirse en certera y en ley o ciencia. Es aquí cuando deviene el problema del por qué; por ejemplo, los hechos inconscientes no pueden ser verificados y falsados.

Por lo general consideramos ciencia cuando toda teoría pasa a ser leyes comproba­bles; la comprobación, por su parte, tiene que ver con el tiempo, es decir que en diferentes tiempos se compruebe el mismo fenómeno o hecho; sin embargo, aquí se introduce como no todos los fenómenos de la naturaleza o los hechos que aparecen han sido comprobados, y más bien cuando nos adentramos al concepto de pasado, presente y futuro entendiéndolos o relacionándolos con la velocidad y obviamente con movimiento en los diferentes espacios; es así como la témporo-espacialidad puede fundirse y el tiempo ser uno; es decir, entramos en la dimensión atemporal como ocurre con el inconsciente del psicoanálisis.

Cuando contempla­mos el antes, el ahora y el después, lo hacemos en una dirección definida temporal y espacial con una percepción del tiempo; más si nos deshacemos de este postulado témporo-espacial perdemos la dirección y así el antes, el en y el después. Es así como nos encontramos con el pensamiento de Ilya Prigogine quien postula que podemos eliminar la noción del tiempo, más cuando nos acercamos a los conceptos teológicos de Dios, en los que se concibe como “el todo está dado” y por lo tanto no hay temporalidad.

Es en este punto en donde nos acer­camos a los conceptos de Laplace (demonio de Laplace, ojos de Dios), cuando aquel filósofo matemático escribe: “el tiempo no tiene dirección definida y tanto da si el tiempo avanza o retrocede”; he aquí los conceptos de irreversibilidad y reversibilidad del tiempo, (Op. cit., Ilya Prigogine, 1996).

Conocemos cómo la velocidad y el movimiento conceptos que tienen que ver con la se­gunda ley de Newton en que se entiende como la fuerza es el producto de la masa por la aceleración y esta última es la velocidad sobre el tiempo; y a la vez, la velocidad es distancia sobre tiempo; en consecuencia la distancia sobre el tiempo al cuadrado se conjuga con la de la fuerza que, como ya se mencionó anteriormente es igual a la masa por distancia sobre el tiempo. (F: m.d/t), (Entiéndase F=fuerza, d=distancia, t=tiempo, m=masa).

Estas leyes las podemos conectar con las de la termodinámica ya planteadas en este tex­to, pero para recordarlas, me permito nuevamente traerlas en forma somera; en la primera la energía ni se crea ni se destruye, solo se transforma y la segunda que se refiere a que el intercambio de calor en un sistema y sus alrededores se produce un equilibrio, y, a mayor calor mayor entropía que es la medida de desorden; la tercera ley se refiere a que la entropía se acerca a cero cuando la temperatura se aproxima al cero absoluto.

Observando todas estas leyes de la física clásica newtonianas y de la termodinámica, nos encontramos de todas ma­neras con el concepto de masa y energía264, a la vez que con los de fuerza, calor, movimiento, tiempo, espacio, orden, desorden, equilibrio, reversibilidad e irreversibilidad, determinis­mo e indeterminismo, probabilidad e improbabilidad, certeza e incertidumbre, entropía y su contrario neguentropía, y así sucesivamente otros términos y sus significados; cada cual conlleva todo un concepto con respecto a la materia y a la energía con sus diferentes siste­mas y procesos.

Así llegamos a las ideas de creación del universo, el cual parecería que se inició en un nivel de entropía con un desorden para llegar a un orden a través de un supuesto tiempo, dentro de un sistema abierto dinámico con tendencia al equilibrio y cuya totalidad es más virtual y conceptual pues los sistemas tienden al equilibrio o al punto cero (0) para luego volver a repetir el o los ciclos.

El segundo y tercer principio de la termodinámica tienden a la entropía y al equilibrio; esto no significa que haya una propensión de llegar a lo estático, sino al movimiento para pasar del equilibrio al desequilibrio y viceversa. Pienso aquí que esto es inexorable y ocurre como réplica del universo en el ser humano; es así como nos encontramos con la vida y la muerte, lo consciente y lo no consciente, más allá del inconsciente.

Es así como podemos concebir que la vida biológica y psicológica y aún la social son estados procesales de sus sistemas que transcurren en diferentes fases, a las cuales podemos llamar “estados transitorios o transicionales o estacionarios265 en los que se encuentra el sitio vital del ser humano, es decir, el día y la noche con un constante transcurrir sin mantenerse siempre en un equilibrio en que no haya movimiento o dinámica.

En este momento quiero introducir algo obvio y es la irreversibilidad del tiempo; pense­mos si antes del “big bang”, (comprendiéndolo dentro del concepto universo inflacionario) si había tiempo o no y si podemos concebirlo como que existía otro espacio; tiempo y es­pacio son concepciones que tiene el hombre percibidas y medibles; sin embargo dentro del marco de la relatividad concebimos al universo en expansión y también en eclosión; lo que significa una variedad de la témporo espacialidad y rupturas de las simetrías, y también de la concepción de distintos espacios dentro de los diferentes sistemas.

Ilya Prigogine en su obra “Leyes del Caos”266, expresa cómo en los sistemas dinámicos inestables no podemos recurrir al “tiempo cuántico” tal como se encuentra asociado a la ecuación de Schrödinger sino que debemos utilizar el tiempo asociado a la “evolución de las probabilidades” tal como lo des­cribe la solución de Liouville267.

Lo anterior expuesto implica que lo que vivimos ya pasó y la vida, o mejor el transcurrir de la vida en nuestro planeta tierra, es una posibilidad más que el “sujeto-ser”, considerado hombre, tiene en el universo; posiblemente puedan existir otras modalidades formales de vida y aún de semejanzas.

Aquí podría agregarse un concepto teórico, del cual no estoy seguro de su concepción y es el que se refiere a lo que denominamos “Dios hizo al hombre a su imagen y semejanza”; este hecho puede ocurrir igual en otros universos con una serie de variables, semejanzas o igualdades o la otra interpretación que refiere a que los seres requieren de explicaciones e in­terpretaciones, y ponen en función el mecanismo de la identificación proyectiva, creando y/o construyendo a imagen y semejante el o los seres supremos (Dios); de este último podríamos inferir simplemente cómo el hombre creó (proyectó) la imagen suprema omnipotente de sí mismo Dios (268).

Volviendo al concepto de la vida y a sus equilibrios dinámicos nos encontramos con los fenómenos desequilibrantes o las fluctuaciones de los mismos o los hechos no lineales y es lo que Ilya Prigogine denomina estructuras disipativas en las que aparecen puntos críticos lla­madas bifurcaciones y en “donde la evolución futura del sistema deja de ser única y depende de una perturbación ínfima (antes irrelevante) y es por ende incierta; sólo una se convierte en realidad”, (R. Mandressi, 2001).

Para este autor citado, eso lo “decide el azar”, “una chispa de azar”, según él como la bella expresión del biólogo francés Henrry Atlan (269); en este punto me cuesta aceptar el concepto de “chispa de azar”, puesto que si se le denomina así, puede ser el momento crítico para producir el cambio de lo estable a lo inestable, o puede también llamarse “otra dirección o bifurcación” que tienen obviamente sus connotaciones de incertidumbre. El azar determinísticosería el punto de partida posible o de probabilidad de cambio que tiene su connotación determinística.

Entiéndase que “el azar y el determinismo, en conjunto lo he denominado azar determinista, y este es el nuevo concepto que propon­goen este texto y que también se “plantea en la termodinámica moderna”, (Prigogine, I., 1967, 1996, 1997). “Ilya Prigogine ha llamado a este fenómeno “orden de fluctuaciones”, noción que se asemeja a la criticalidad autoorganizada propuesta por el físico Per Bak del laboratorio nacional de Brookhaven en Nueva York”.

La hipótesis de Bak es que los sistemas dinámicos evolucionan de modo natural hacia un estado crítico, y una vez que han llegado a él, exhiben una propiedad muy característica: una perturbación pequeña puede desencadenar respues­tas de diversa magnitud, desde una respuesta pequeña, que no modifica sustancialmente el estado del sistema, hasta una respuesta extrema, que puede provocar el colapso total del mismo” (R., Mandressi, 2001).

De los textos expuestos podemos concluir cómo se trata en esta conceptualización, es comprender que el azar como el determinismo se unen o se conjugan entendiendo que el primero (el azar) está determinado por fuerzas o determinismos no bien conocidos por la ciencia clásica. Entiéndase así que el concepto “azar determinista” pertenece a una condi­ción y valor de frontera como ocurre con la teoría matemática de Sturm-Liouville (SL)270, en que se plantea una “ecuación diferencial lineal de segundo orden” y en la cual existen en sus “funciones un inicio y un intervalo finito cerrado”; esto mismo ocurre con el destino del azar determinista.

Téngase en cuenta que el concepto “condición y valor de frontera” es pertinente dentro de la proposición planteada del “azar determinista”; es una franja en que participa la materia-energía y sus funciones, entre ellas las neuropsíquicas; y, por lo tanto, los valores son asintóticos.

De otra parte no podemos reducir la vida o el destino del hombre (como se explicita en otra parte), a una sola “ecuación diferencial lineal”, puesto que al cruzar la frontera de la consciencia nos encontramos con el preconsciente y el inconsciente en donde no cabe lo lineal sino lo complejo (ver capítulos anteriores).

Sin embargo, la similitud del problema “SL” y del comportamiento de la función de onda o de la física de partículas, pueden o están presentes los principios de Heisenberg, la cons­tante de Planck, la paradoja EPR, como el principio de exclusión de Pauli y aun la teoría de la relatividad de Einstein, y los principios de organización físico-químico, biológico, psí­quico, sociopolítico- económico y las funciones reguladoras conscientes e inconscientes de Freud.

Es así como es posible que nos acerquemos a la gran teoría de unificación de los seres vivos, (271) en que siempre está presente el orden y desorden.

Por su parte para la mayoría de los pensadores el mismo desorden se produce o está ahí por el azar; personalmente pienso que el desorden y/o el caos se presenta dentro de un proceso (por un determinismo) qué lo antecede, o ¿sólo será la acción cósmica en su entor­no y circunstancia?; por ejemplo, en el universo las galaxias se forman o se destruyen por determinismos cosmológicos, o pensemos en el desorden de un basurero en que se mezclan multiplicidad de desechos los cuales están ahí porque el hombre lo produjo por sus propias necesidades de deshacerse de lo que considera conscientemente inútil; cuando los desechos se seleccionan y lo biodegradable sigue su proceso, quedan los elementos no desechables, por lo que el ser humano requiere tratarlo para producir sellamiento compacto de esos elementos llenando espacios que luego pueden ser útiles; ¿será este hecho una réplica de lo que ocurre en el macrocosmos?; las respuestas afirmativas podrán ser válidas siempre y cuando conciba­mos una fuerza universal, inteligente (obviamente no humana) que rige el orden-desorden, el todo-nada, el espacio-tiempo.

Pasando al ser humano, si reflexionamos a lo que ocurre en nuestro aparato mental, en nuestros centros neuropsíquicos, vamos a encontrar que existen múltiples recuerdos almace­nados, algunos útiles y otros no; ocurre que cuando requerimos de alguna información que supuestamente tenemos, nuestras neuronas pueden ser activadas para recordar (memoria de larga, mediana o corta duración) o lo contrario; esto depende de la connotación y/o relación emocional (carga o catexis, vivencia) con que se haya efectuado la representación mental; además puede o no tener un orden o una organización asociándose una imagen con otra o un signo o símbolo con otro, y aparecer el recuerdo o no. De ahí que el azar determinista esté presente para producir o no el recuerdo el cual co­rresponde a otro orden neuropsíquico.

Aquí en las funciones psicofísicas también participa la necesidad, el determinismo e indeterminismo o el antideterminismo psíquico, el azar, la probabilidad, la incertidumbre, la realidad, lo subjetivo y objetivo, el sistema consciente e inconsciente, los sistemas complejos caóticos y ordenados, los algoritmos neurofísicos, los sistemas dinámicos asociados, lo reversible e irreversible, el libre albedrío o la libertad, las interrelaciones de sistemas y la operatividad de la electroquímica y física cuántica. Y ¿para qué sirve conocer todo este discurso y conceptos?, ¿acaso qué utilidad y cuánto es el beneficio en la vida práctica o real? ¿A dónde nos lleva este saber? ¿Cómo podemos mane­jar este conocimiento? ¿Por qué al saber del “fenómeno azar determinista” nos favorecemos y por ende conseguimos un bien personal o colectivo?

Estas preguntas trataré de responderlas una a una. La primera, la segunda y la última preguntas se relacionan (el para qué, el qué y el porqué) pues nos hallamos ante hechos humanos no bien dilucidados por la consciencia, y, al comprenderlos y reconocerlos es factible que podamos manejarlos mejor evitando hechos perjudiciales, destructores, y, así de tal forma evitarlos y/o prevenirlos; sin embargo, no se entienda que con el conocimiento de ello lleguemos a manejar el tiempo, la vida, el poder predecir todos los acontecimientos y ordenar nuestra existencia, más así, y ayudado por otras disciplinas (como el psicoanálisis), podemos arribar a algo de nuestra propia naturaleza y de nuestros propios límites humanos.

Reflexionemos sobre cuál es el beneficio y cómo al ser consciente de nuestros hechos naturales neuropsicofísicos tenemos más libertad para decidir y actuar sin quedarnos en la ignorancia, en lo incógnito inconsciente y así más desvalidos. Ahora bien, ¿quién nos proporciona ese otro conocimiento y asegura el beneficio? La res­puesta es factible encontrarla en el deseo y la necesidad de nosotros mismos relacionados con el tener (adquisición), el poder y el control (las fuerzas para actuar) y el valor (lo que con­solidamos y tenernos como elementos valiosos) y todo esto como un resultado, la sensación que se despierta por el principio del placer.

A las preguntas: ¿cómo, dónde, cuándo y cuánto es lo que proporciona el conocimiento del azar determinista? Las respuestas las encontramos dentro de nosotros mismo, en nuestro propio análisis, en la relación con el otro, confrontando la realidad interna y externa con la auto observación e investigación. Desde otro punto de vista la realidad (interna y externa) la concebimos como la confronta­ción y corroboración de lo interno con lo externo y se crea sólo con el acto de la observación y de la consciencia; es decir, que el universo externo, el afuera es, si y solo si este es obser­vado y se tiene consciencia (realidad externa); por lo tanto, no existiría realidad objetiva en ausencia de la observación y del observador; y, la observación a la vez crea la realidad; sin embargo existe la realidad subjetiva o la fantasía inconsciente (realidad interna).

A la vez la visión exterior e interior se complementan; por ejemplo, el mirar una piedra nos hace resonar (asociar, recordar) con el pasado y proyectar el futuro o ubicar en un presente que nos puede dar respuestas factibles a la consciencia y ser elementos de vida. Aquí una pregunta: ¿si el pensamiento y la fantasía consciente e inconsciente existen, entonces estos son observados y/o medidos? La respuesta es ambigua, y por lo tanto no taxativa, porque hay ciertos límites de las maneras de medición; entonces, se puede argumentar que la realidad en general tam­bién es ambigua o ambivalente porque existe siempre y cuando haya quien la perciba.

A la vez surge otra pregunta: ¿puede ser medido el pensamiento, la percepción, la vivencia y la consciencia? La respuesta se dirige a que el pensamiento (Px) tiene un vínculo con la energía (E) y ésta con la materia (M); en donde Px= E+M.

Por lo tanto, la realidad objetiva y subje­tiva es un todo aparentemente indivisible; sin embargo, puede diferenciarse uno de otro con la confrontación y la vivencia integrada del Yo. El mundo objetivo es un sistema complejo como es el subjetivo, pero que trabaja como un todo y a la vez con la realidad subjetiva la cual también hace parte de la física, (272). Por lo tanto cada elemento constituye la realidad objetiva y subjetiva y afecta todo el sistema consciente e inconsciente, y por lo tanto son inseparables e indivisibles pues se in­terrelacionan continuamente en forma compleja.

Esto ocurre en la terapia o investigación psicoanalítica en la relación dual transferencia-contratransferencia. Aquí podemos observar también cómo cada observador (en el psicoanálisis) crea una realidad y ésta pertenece al todo y no se puede tomar como un ente independiente; es decir, el mundo psíquico consciente e inconsciente cambia en forma casi instantánea.

Todo esto tiene una relación analógica con el comportamiento de la física cuántica y con la teoría de los universos paralelos, que para nosotros es una paradoja puesto que choca con nuestro sentido común, especialmente cuando concebimos el viaje en el tiempo de Einstein. De aquí también podemos inferir las interco­nexiones con el macro y microcosmos psíquico individual y colectivo.

La realidad a la que se hace referencia hace alusión al psiquismo consciente e inconsciente y puede situarse en una franja, la cual puede franquearse en cuanto al tiempo y al espacio, y a la vez está inmersa en la dimensión causa-efecto, dispersión, recuperación y cambio.

Por lo expresado anteriormen­te podemos afirmar que cualquier evento o hecho puede ser producido por una causa de una realidad (consciente o inconsciente) en la que se plantea diferentes resultados o efectos posi­bles y que ocurren en diversos universos debido a sus interconexiones, en especial en lo que se refiere al mundo psíquico interno. De ahí que el resultado del evento puede tener también diferentes causales u orígenes, (273).

Cuando el investigador se sitúa en el plano físico material, y concibe el mundo de las partículas subatómicas como un sistema ondulatorio con flujos de energía que son causantes de la sensopercepciones así como de impresiones, en donde la realidad cuántica se considera como algo inmaterial y atemporo espacial como es el inconsciente, parecería que de tal ma­nera se apartara del mundo psíquico, lo cual no es cierto, puesto que este último también se basa en lo energético (libido del psicoanálisis); de tal forma que la consciencia también se interconecta con la fantasía y con los sistemas no solamente de consciencia en donde se crea la realidad consciente sino con la inconsciente y con la que el cerebro humano interpreta la realidad que moldea el pensamiento.

Por su parte los hechos tienen tres categorías una que ocurre con probabilidad y cierta certeza; la segunda los hechos inciertos que pueden o no ocurrir y tercera en que los hechos los desconocemos, o no sabemos de ellos y por lo tanto no sabemos qué o cómo sucedan, pero que si podemos advertir que puedan ocurrir y así favore­cerlos o evitarlos según los valores que les demos a sus consecuencias.

Aquí vale la pena recabar sobre los conceptos de azar y determinismo, sus principios físico-psíquicos, las conexiones cuánticas, lo predecible y lo impredecible, el cálculo de pro­babilidades, la computación, la capacidad predictiva del cerebro, los principios de orden y desorden, la complejidad, la lógica e ilógica del inconsciente, la necesidad, la interacción soma psiquis, la voluntad y la posibilidad de decisión, el determinismo e indeterminismo y el sistema psíquico, los sistemas conscientes e inconsciente y los procesos mentales relaciona­das con el azar y el determinismo, el antideterminismo, el realismo, lo subjetivo y lo objetivo de la investigación así como el conocimiento y la ignorancia, la incertidumbre, la presencia de diferentes constantes, la información codificada, los sistemas dinámicos asociados a la complejidad y al caos, y así al principio de causalidad y acausalidad, las variables y fuerzas ocultas, las señalizaciones no demostrables por ahora, el concepto de libertad y asociación libre y el azar determinístico; todo esto con un sustrato físico-químico y aún con el entendi­miento de las variables ocultas que pertenecen más a la física ondulatoria.

Todos estos conceptos ya enunciados en capítulos anteriores son los que nos permiten comprender el planteamiento del azar determinista; aún más, podemos hacernos la pregunta ¿es o pertenece el azar determinista al inconsciente?; la respuesta certera no la tenemos pero es muy probable que opere dentro de esa franja o ese espacio en donde concebimos el inconsciente.

Con estos últimos textos invito al lector tener en cuenta lo descrito en capítulos anteriores. A estas alturas nos podemos preguntar si todos estos conceptos pueden asimilarse a los sistemas psicodinámicos; la respuesta es positiva no solamente porque nuestro sistema psí­quico se basa en el físico-eléctrico- molecular con “flujo de energía” sino porque hay cierta analogía entre las funciones o funcionamientos de los distintos sistemas; por ejemplo, en el sistema psíquico opera el trauma que es un punto crítico que produce un desequilibrio.

De igual manera, cuando en la física nos encontramos con una interrupción de una trayectoria o de una partícula subatómica o de un átomo, o de una barrera en la trayectoria los cuer­pos, o una fuerza que desvía la trayectoria determinada, o cuando en el aparato mental se acumulan tensiones, las cuales tienen su resistencia y terminan al final desencadenando otro proceso distinto; de la misma forma ocurre en un recipiente de agua cuando se desborda de su límite.

Así pasa en los sistemas vivos. Cuando nos referimos a que un “flujo de energía” (274), puede fluctuar en ambas direccio­nes, estamos aseverando que la dirección no es una, sino lo hicimos utilizando las palabras del adentro y del afuera; de tal forma, por ejemplo, los microtúbulos no solamente sirven de continentes y conductores sino delimitantes de la energía dentro de una vía o canal (túbu­lo) en forma tridimensional, dentro de un espacio limitante.

(Lea También: Física, Determinismo y Azar)

He ahí un “determinismo de la naturaleza” y al mismo tiempo “un azar”; ¿cuándo es posible que las fluctuaciones sean en ambas direcciones o se superpongan?, ¿qué determina esto? ¿Acaso todo está determinado y no existe el azar? Se presenta aquí la polémica entre Einstein y Böhr; el primero se refería a que el azar aparecía como un rincón de la ciencia caracterizado por la falta de informa­ción y para el segundo era inherente a los mecanismos físicos o fenómenos de la naturaleza propia.

Surge aquí el “determinismo y el azar” como condición de la materia y la energía y sus consecuencias a través de diferentes fenómenos dentro de un espacio y tiempo definidos.

Entonces vendría otra pregunta: ¿acaso existe el azar causal de acuerdo a los niveles de las partículas cuánticas?, y ¿acaso aquellas no están determinadas por su primera estructura ató­mica y al mismo tiempo, son las que van a determinar la estructura del mismo?

A la vez, las respuestas nos llevan en dos direcciones, unas al azar, otras al determinismo de la naturaleza; además si el “azar” puede presentarse en la física cuántica esta última ya está determinada por sus propias funciones lo cual nos lleva a pensar en el principio de causalidad atómica y por lo tanto no cabría aquí el término “azar causal” si es que éste puede constituirse, porque él mis­mo es contradictorio y paradojal, puesto que o es azar o es causal y por ende determinado.

A todo esto podríamos preguntarnos ¿primero fue el azar y luego el determinismo o viceversa?; en esta pregunta entraríamos a concebir que el universo fue causado por el azar, lo cual no está bien visto por muchos científicos de diferente escuelas más cuando la frase del genio Einstein; “Dios no juega a los dados”, es concluyente por que se parte de la creencia en Dios, lo cual sigue cuestionándose por los ateos y los agnósticos; sin embargo, podemos cambiar el nombre por el de Todo, Uno o Unidad, y, ahí llegamos al plano cosmológico, teo­lógico y teleológico.

Prefiero dejar al lector libre para que encuentre los caminos que le den respuesta sin quedarse encerrado en el dogmatismo. Como ya es bien conocido, la misma teoría del “big bang” es sólo una teoría, porque no conocemos toda la profundidad del cosmos, y, aún los mismos cálculos nos llevan al infinito o a lo aleatorio. Tengamos en cuenta que tanto “el azar como el determinismo, van unidos al caos”.

Si bien los griegos consideraban al universo ordenado y lo llamaron “cosmos”, actualmente nos planteamos aquél con diferentes dimensiones (once espacios) y temporali­dades y atemporalidades; el concepto de tiempo lo podemos concebir en un proceso de orden y desorden que se proyectan “al ser y al no ser” (275) en una unidad simétrica y asimétrica cambiante.

El azar no determinista, ayuda a construir un universo parcialmente caótico, el cual lo podemos contemplar y analizar con las matemáticas del caos, para predecir comportamien­tos de distintos fenómenos, más no podemos por ahora explicar toda su naturaleza.

Como se explicita en otra parte de esta obra; el mismo azar no explica todo, más unido al deter­minismo y a los fenómenos consecuentes de los dos, sí nos lleva a la comprensión de la aparición de muchos hechos psíquicos y posiblemente de hechos cosmológicos, puesto que estos conceptos dan sustentación a nuestro proceso racional, más aún cuando partimos del vacío, caos y el desorden, suponiendo que ellos parten de un punto cero; de ahí una po­sible explicación.

Aún, si suponemos que el azar es una causa indetectable, no podremos explicar todos los fenómenos relacionados con este, porque no hemos detectado las cau­sas; sin embargo, si lo asociamos con el determinismo, vamos a encontrar una serie de interrelaciones y explicaciones causales.

El azar por sí mismo no es explicativo, más si descriptivo. Aquí me atrevo a repetir que el concepto a tener en cuenta es el del “azar deterministacomo una consecuencia y globa­lidad explicativa y dentro de ella la operatividad de la dimensión inconsciente; y, el incons­ciente por su parte lo concebimos como una instancia, un espacio en donde operan múltiples factores pertenecientes al cerebro-mente, los cuales no se pueden excluir del ser humano para entender “su estar, su existir, su pensar, su hacer y finalmente su vivir”.

Lo anteriormente mencionado se refiere más al hombre; sin embargo, antes de él están todas las organizaciones de gases, líquidos y sólidos para llegar a los minerales, vegetales y animales y así al ser humano, proyectándose en la evolución y el desarrollo del “cerebro mente”, con todas sus limitaciones en las diferentes especies.

Aquí vale la pena explicitar que cada especie animal tiene sus limitaciones de consciencia, sus sensopercepciones, su lengua­je, su contacto con la realidad, sus emociones y su indeterminismo y determinismo. Todo este lenguaje aparece en ocasiones grosero, burdo, vago, impreciso, y ambiguo, más con una tendencia curiosa a la investigación de la relación macro y microscópica de los diferentes elementos que participan en la vida del hombre.

Faltan sí, múltiples investigaciones con sus resultados y evidencias sobre todas las propiedades más importantes de los seres humanos, como son la razón, el lenguaje, el pensamiento y la consciencia, que nos puedan hacer com­prender al hombre en su globalidad y relación cerebro-mente con su significado y sentidos.

Recordemos que nada está aislado, todo se interrelaciona; el hombre se enlaza y conecta con el mundo externo del cual proviene. La misma consciencia individual tiene que ver con la colectiva así con el azar y el determinismo.

Si observamos cuidadosamente todos los conceptos de los hechos, mecanismos y proce­sos que participan en el “azar determinista”, nos encontramos de todas maneras con ideas de “materia-energía, tiempo-espacio, orden-desorden, y sus comportamientos a nivel indivi­dual, colectivo y del medio ambiente o de todo el mundo externo en el que se incluye lo co­nocido en el universo” (y en este la luz); a la vez, al referirnos al ser humano lo hemos hecho a la participación del azar determinista (el cual para el psicoanálisis no sería otra cosa sino el sistema del mundo inconsciente) con “el ser y no ser”; más adelante en algunos textos se hará referencia a la verdad y a la mentira, a la tendencia a la unidad, a la búsqueda de la “solidez” del pensamiento, a los sueños, a la intuición y obviamente a la participación del inconsciente, a la presencia de las paradojas, a la psicología de la vida cotidiana en que se observa por do­quier la presencia del “azar determinista” del cual se traerán algunos ejemplos.

Es así como llegamos a los conceptos de libertad, de libre albedrío y al destino de la humanidad; es decir, el azar determinista nos conduce al destino individual y colectivo, con voluntad, decisión, necesidad, probabilidad o sin ellas, pero de todas maneras con un principio y fin; he aquí el concepto de lo que denomino azar determinista y el lazo del destino.

De todas maneras estos conceptos son proposiciones hipotéticas, teóricas para ser demostradas y la polémica sólo está planteada para que otros avezados científicos con el interés que los acompaña sigan cuestionándose esta compleja temática. Aquí podemos preguntarnos: ¿y dónde está la física cuántica (función de onda) en las funciones mentales? Esta temática está bien desarrollada en la obra “Cerebro Mente.

El pen­samiento Cuántico” (2009), cap. VII; allí expreso cómo cada proceso psíquico le correspon­de una función de onda probabilística y/o función de onda cuántica. Dentro de este postulado tenemos que tener en cuenta como el pensamiento hace parte de la velocidad de los “cuantus” (partículas atómicas) que conforman la estructura del pensamiento, la imaginación y la capa­cidad de representar.

Esta es otra teoría del pensamiento (pensamiento cuántico). Podemos hacernos otra pregunta ¿si el azar está en parte determinado por lo que ya está señalizado y codificado en la mente (nombres, palabras, actitudes) y lo que pertenece al azar determinista? La respuesta es que siempre se pueden encontrar conexiones entre un elemento y otro, en donde cabe el término coincidencia o casualidad, además el de la necesidad determinística.

Téngase en cuenta que el conocimiento como función mental en el fondo pertenece a una onda partícula en la cual operan representaciones de una misma realidad, puesto que a veces aparece como onda y otras como partícula.

Conocemos muy bien como la comunicación y transmisión de señales cuánticas, en la relación madre-bebé (intra o extrauterinamente) parti­cipan en la realidad; estas señalizaciones van a producir una serie de codificaciones psiconeu­ronales las cuales determinan actitudes, tendencias o características que modulan las reaccio­nes psíquicas indícase aquí también la denominada comunicación extraverbal o preverbal.

Aquí recordemos a Albert Einstein citado por Agustín Andreu (2004) en “El libro de las estatuas”, que dice: “Si tu intención es descubrir la verdad, hazlo con sencillez, la elegancia déjasela al sastre”. “Si una idea no es absurda al principio, entonces no merece la pena”. “Tendremos el destino que nos hayamos merecido”. “Todos somos muy ignorantes. Lo que ocurre es que no todos ignoramos las mismas cosas”. “Todo es relativo”. “¡Triste época la nuestra! Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio”. “Una reunión en que todos los presentes estén absolutamente de acuerdo es una reunión perdida”, personalmente pienso que también aburrida.


264 Energía viene de la voz griega “energeia”, construida a partir de las raíces en (en) y ergon (trabajo).

Es la capacidad de cualquier sistema para realizar un trabajo. Newton definió el término vis viva (fuerza viva). La energía tiene su unidad que se le denomina Ergio. (Ver energía en el capítulo V, de este mismo libro, pág. 113).

265 Ese estado estacionario es más un concepto de “posición” que pasa a ser un episodio o fase y condición con su propio desarrollo

266 Ilya Prigogine (2008). “Las leyes del caos” Ed. Crítica, Barcelona España.

267 En matemáticas, la teoría de Sturm-Liouville, llamada así por Jacques Charles François Sturm (1803-1855) y Joseph Liouville (1809-1882), es una ecuación diferencial lineal de segundo orden de la forma:  ecuación diferencial lineal de segundo orden de la formaDonde las funciones funcion-2 esta especificado en el inicio, y en el caso más simple son continuas en un intervalo finito cerrado funcion-3.

La formulación del problema viene generalmente con valores específicos de “condiciones de frontera” de funcion-4.

La “función w(x)” es llamada “función de densidad o función de peso”. El valor de λ no se especifica en la ecuación; encontrar los valores de éstos lambda (λ) donde exista una solución no trivial de la ecuación que satisfaga condiciones de frontera, se denomina problema de Sturm-Liouville (S-L). Tales valores de lambda son llamados valores propios del problema de valores de frontera y están condicionadas por el conjunto de condiciones de frontera.

Las soluciones correspondientes son funciones propias del problema. Bajo suposiciones normales en los coeficientes de las funciones funcion-5, inducen operadores diferenciales herméticos en algunas funciones definidas por las condiciones de frontera. La teoría resultante de la existencia y el comportamiento asintótico de los valores propios, la teoría cualitativa correspondiente de las funciones propias y sus funciones adecuadas completas, se conoce como teoría de Sturm-Liouville.

Esta teoría es importante en matemática aplicada, donde los problemas “S-L” ocurren muy comúnmente, particularmente al resolver ecuaciones diferenciales parciales con separación de variables. (A. Zettl, Sturm-Liouville Theory, American Mathematical Society, 2005).

Traigo la ecuación como aparece en el texto y como una justificación para los entendidos matemáticos, además porque para entender o resolver algunos problemas diferentes como el azar y el determinismo se requiere pasar o situarlos en la “con­dición de frontera”, lo que implica la presencia de una o más variables y/o funciones.

268 Con estos textos dejo libre al lector en su posición de científico, teólogo, agnóstico o ateo, religioso o no, más sí con una moral y ética no encadenada a una religión o a una fe sin cuestionamientos pero aceptando las leyes universales del orden-desorden-caos y nuevos órdenes.

269 Citado por Mandressi R., 2001

270 Explicitada en el pié de página anterior.

271 Ver “Psicoanálisis y la teoría de la complejidad”, 2002

272 La psicología cognitiva tiene sus diferentes métodos para medir las diferentes clases de pensamientos, las percepciones y las vivencias a través de pruebas especializadas. Consultar pruebas psicológicas que detecten funciones cerebrales cognitivas, de pensamiento y del cerebro emocional en el libro: “Cerebro-Mente (El pensamiento cuántico)”, 2009, Capítulo IV páginas 385-388.

273 Op. cit .G. Sánchez Medina, 2009. Segunda Parte: Jairo Márquez Díaz.

274 Entendemos como energía a la capacidad para efectuar un trabajo, y la dividimos en cinética y po­tencial; la primera produce movimiento (luz, calor, frío, electricidad, movimiento de partículas grandes y pequeñas). La energía potencial es energía almacenada (energía química o física) que está en una posición de interfunciones en los organismos naturales.

La energía (y la fuerza) la observamos en el movimiento de las reacciones químicas eléctricas de todas las moléculas, de los átomos y de las partículas subatómicas y obedece a las leyes de la termodinámica y de las fuerzas electromagnéticas y atómicas”. (G. Sánchez Me­dina, 2009, pág. 193)

275 Esta temática se desarrollará en capítulos posteriores, en especial el capítulo IX.

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