El Siglo XX

El siglo XX es la centuria en la que se han presentado los mayores adelantos en el campo científico. Los conocimientos de la ciencia se traducen rápidamente en adelantos tecnológicos de aplicación casi inmediata. Esa es la razón por la cual se llama a nuestra la Era de la Tecnología. En el campo de lo infinitamente grande de que hablaba Pascal, los desarrollos de la astronomía son impresionantes. Del estudio convencional de los astros de los siglos pasados, se ha llegado a la radioastronomía, a la astronomía de los rayos X y a la de las ondas infrarrojas y las ultravioletas. El conocimiento de nuestro universo se ha ampliado tanto, que ya se registran sucesos ocurridos hace diez mil millones de años en galaxias que se alejan de la nuestra a la mitad de la velocidad de la luz. Y en el mundo de lo infinitamente pequeño, la ruptura del átomo, considerado antes como indivisible, ha llevado al descubrimiento de más de cien partículas subatómicas de las cuales no se puede conocer simultáneamente su ubicación y la dirección de sus movimiento de acuerdo el principio de incertidumbre postulado por Heisenberg en 1928. El concepto de certeza se transformó en el de probabilidad. Se encontró que la física del universo y la de las más ínfimas partículas del átomo se regulan por leyes análogas, y los científicos se aplican afanosamente en la actualidad en la tarea de alcanzar una concepción unificada de todas las fuerzas del universo que satisfaga a los intelectuales de diversas disciplinas.

En el terreno de la biología, las discusiones entre vitalistas y mecanicistas, que se presentaron en el curso de los siglos anteriores, produjeron finalmente, en las postrimerías del siglo XIX, unas cuantas teorías explicativas en respuesta a la gran incógnita de qué es la vida: para los vitalistas, fueron ellas la idea directriz de Claude Bernard, el nuevo vitalismo de Rudolph Virchow y el impulso o “elan vital” de Bergson; para los mecanicistas, las explicaciones mecánicas del materialismo fisiológico de Moleschott y Vogt. En la actualidad, nuevas concepciones tendientes a contestar esa magna pregunta superan los postulados vitalistas y mecanicistas al negar, por una parte, que en los organismos vivientes operen “fuerzas” superiores y ajenas a las que estudia la física, y al rechazar por otra, que los fenómenos más propios de la actividad biológica puedan ser reducidos a la pura mecánica como lo preconizaron René Descartes y Julien de la Mettrie.

Es entonces cuando se encuentran fructíferamente los pensamientos de filósofos y hombres de ciencia. En el campo filosófico, Whitehead, Bertrand Russell y Zubirí; en el científico, el físico Schroedinger, el biólogo Szent-Györgyi, y neurólogos como Sherrington, Luria y Sir John Eccles, para citar sólo algunos de aquellos cuyas ideas me han parecido más interesantes. En las últimas décadas, ya no es posible concebir un filósofo que ignore los postulados científicos actuales o un científico que no tenga en cuenta las inquietudes de la filosofía. El ejemplo más notable, en mi sentir, es el de Einstein cuyas preocupaciones por la filosofía y especialmente por la ética dejaron páginas inolvidables al lado de aquellas en las que postuló su descubrimiento de las teorías de la Relatividad. Queda la sensación de que un nuevo Humanismo para el siglo XXI, debería construirse sobre las bases que tanto la filosofía como la ciencia están en condiciones de aportarle.

En el campo de la medicina tecnológica del siglo XX se han producido muchos y significativos avances algunos de los cuales quiero señalar someramente: Por un lado, la Genética humana ha permitido no solamente diferenciar los 46 cromosomas de la especie y su forma de replicarse sino también determinar muchos de los genes defectuosos responsables de múltiples enfermedades. Al poderse detectar con precisión algunas de las aberra-ciones cromosómicas, se ha facilitado al comienzo de una planificación generalizada ten-diente a prevenir las anomalías genéticas. Por otro lado, en el campo promisorio de las investigaciones del futuro cercano, se ha comenzado a estudiar el Genoma Humano que llevará al conocimiento del papel de todos y cada uno de los genes del organismo; proyec-to éste de una dimensión colosal y de unos costos incalculables. Se plantea por otra parte la posibilidad de clonar o duplicar seres humanos, tal como ya se ha obtenido en animales, con implicaciones desde luego muy serias en el campo de la ética, del derecho, de la cien-cia misma y de la filosofía en general.

La Inmunología posterior a la II Guerra Mundial ha mostrado que determinadas actividades biológicas sin relación directa con las infecciones tenían de hecho una base inmunológica. Se descubrió que el organismo humano responde inmunitariamente a la presencia de materiales extraños como los que ocasionan las enfermedades infecciosas. En rela-ción con lo anterior se debe mencionar el hecho de que muchos de los fracasos en los transplantes de órganos son debidos principalmente a que el organismo receptor reacciona contra el órgano transplantado en forma similar a como lo hace contra un virus o una bac-teria. El mejor conocimiento del sistema inmunitario permitirá una mayor éxito en los transplantes de tejidos y órganos a la vez que facilitará, en el caso del cáncer, la compren-sión del porqué los sistemas inmunitarios de los pacientes cancerosos son inadecuados para destruir el crecimiento maligno.

La invención del microscopio electrónico y los avances de la inmunología, la bioquímica y la biofísica, han permitido estudiar y comprender mejor la biología de los virus, su estructura y relación con las células del enfermo, y sus mecanismos de entrada, de liberación y de reproducción. Los resultados prácticos de los avances científicos en este campo han sido altamente benéficos para la humanidad. La vacunación contra la poliomielitis, por ejemplo, ha permitido controlar en buena forma la enfermedad; lo mismo ha ocurrido con la rubeola y algunas formas de la influenza. En la actualidad se estudia con gran de-dicación el control del virus del Síndrome de Inmunodeficiencia Adquirida y el de algunas formas de hepatitis. Por otra parte, se está avanzando en los sistemas de diagnóstico y detección temprana del cáncer y en los sistemas de tratamiento, que a base de radiaciones, se habían iniciado ya a comienzos del siglo y que luego se complementaron con quimioterapias de diversa naturaleza.

No menos importantes han sido los adelantos en el diagnóstico y tratamiento de las enfermedades del corazón mediante la visualización de las estructuras internas del órgano y de las arterias coronarias y la medición de las presiones que reinan en el interior de las mismas, todo lo cual ha permitido el desarrollo de la cirugía de revascularización del miocardio y de reparación de malformaciones congénitas o adquiridas, gracias a la circulación extracorporea permitida por el corazón artificial. A lo anterior es necesario agregar los progresos obtenidos con los sistemas de diálisis renal, y los transplantes de diversos órganos, logrados merced a la transformación de principios y descubrimientos científicos en alta tecnología aplicable a la práctica. Hechos similares se han obtenido en los sistemas empleados en Rehabilitación, cuyos mayores y espectaculares adelantos se lograron después de las dos guerras mundiales, la de Korea y la del Vietnam.

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