La Nueva Psiquiatría

En el siglo XX, la figura más sobresaliente de la psiquiatría fue Sigmund Freud, cuya publicación en 1900 de su libro “La Interpretación de los Sueños” produjo años después una verdadera revolución en el campo de las ciencias psicológicas. Freud había escrito con Josef Breuer sus “Estudios sobre la Histeria” cinco años antes, y a partir de ese entonces fue concibiendo y desarrollando el Psicoanálisis al que dedicó todas sus energías hasta su muerte en 1939. Descubrió la influencia que en el comportamiento humano tienen los procesos del inconciente, y señaló cómo el hombre no era libre sino dependiente de factores inconscientes que en una u otra forma actúan en su desarrollo psicológico desde la temprana niñez; las experiencias infantiles tenían para Freud una importancia crucial en el desarrollo psicológico del ser humano. La postulación de su teoría del inconciente y de las instancias psíquicas del Superyo, del Yo y del Ello; la interpretación de los sueños; la teoría psicoanalítica del desarrollo de la sexualidad humana con el señalamiento de la importancia de la sexualidad infantil; la conceptualización de los instintos eróticos y tanáticos, mediante los cuales se comenzó a explicar el origen múltiple de la angustia y la agresión humanas que hacen del hombre un ser que ante todo se ama y se odia a sí mismo, son algunos de los aspectos que Freud desarrolló gracias a su genio, a su intuición y a su inmensa capacidad de trabajo. (J. Strachey. “The Complete Psychological Works of Sigmund Freud”. 1971).

La muy amplia terminología psicoanalítica del siglo XX, está ejemplificada por términos tales como proyección e introyección, simbolismo, sublimación, mecanismos de defensa, fantasía, principios de placer y de realidad, etc., vocablos que han impregnado el lenguaje corriente y el de la literatura, que se encuentran en la fraseología de los políticos y en el idioma de los artistas. Es un lenguaje nuevo y peculiar que se ha utilizado en las obras de teatro y en las películas, que sirve a los novelistas para interpretar el trasfondo de sus personajes y que se constituye, en fin, en el lenguaje de nuestra Era en multitud de circunstancias.

Una de las cosas que más llaman la atención en la historia del Psicoanálisis de Freud, es cómo su genio creador fue capaz de construir un sistema conceptual tan armónicamente y en forma absolutamente personal. Ya Thomas Mann, en su estudio sobre “Schopenhauer, Nietzsche y Freud” lo ha señalado en la siguiente forma: “Sigmund Freud, el fundador del psicoanálisis como terapéutica y como método universal de investigación, recorrió el duro camino de sus conocimientos en total soledad, en total independencia, únicamente como médico e investigador de la naturaleza….. Freud no conoció a Nietzsche, en el cual encontramos anticipadas por todos lados, como relámpagos, ciertas intuiciones freudianas; no conoció a Novalis, cuyas románticas ensoñaciones e insinuaciones biológicas se aproximan a menudo, de manera tan asombrosa, a ciertas ideas del psicoanálisis; no conoció a Kierkegaard, cuyo coraje cristiano para los máximos extremos de la psicología le habrían interesado necesariamente en forma profunda y provechosa; y sin duda tampoco conoció a Schopenhauer, melancólico sinfonista de una filosofía de los instintos ávida de conversión y de redención…”. (T. Mann. “Schopenhauer, Nietszche y Freud. 1984).

Thomas Mann señaló también la influencia de las teorías psicoanalíticas en su propia obra literaria y en la comprensión de sus vivencias infantiles personales: “El psicoanálisis vino a mí…. Desde “El pequeño señor Friedemann” hasta “La muerte en Venecia”, desde “La montaña mágica” hasta “José y sus hermanos”, me dio a entender que yo tenía algo que ver con él, y me hizo adquirir conciencia de las simpatías que allí estaban latentes y que eran unas simpatías preconcientes. Y mi estudio de las obras psicoanalíticas, me hizo reconocer, bajo el ropaje literario y mental de la exactitud propia de las ciencias naturales cosas que me eran profundamente familiares y que procedían de mis vivencias espirituales tempranas”. (T. Mann, ibid).


En su reciente y extensa biografía de Nietzsche, Werner Ross relata que éste filósofo, en su juventud, había anticipado la conciencia como una de las instancias de la psicología del ser humano que Freud postularía dos décadas después. Al preguntarse qué sabe el hombre de sí mismo como objeto de conocimiento, dijo Nietzsche: “¿No le oculta la naturaleza la mayor parte, incluso acerca de su cuerpo, para así, al margen de las espiras de los intestinos, del rápido curso de los torrentes sanguíneos, de los intrincados temblores de los filamentos, meterle y encerrarle en una conciencia soberbia y engañosa?”. Ya Nietzsche contemplaba la conciencia, al igual que despues lo hiciera Freud, no como objeto de conocimiento sino como prisión. La naturaleza, afirmaba Nietzsche con osadía, ha arrojado lejos de sí la llave de la “habitación de la conciencia” y “ay de la fatal curiosidad que consiguió ver a través de una fisura desde la habitación de la conciencia y hacia abajo, y que ahora en la indiferencia de su ignorancia, intuía que el ser humano se asienta en lo despiadado, en lo codicioso, en lo insaciable, en lo asesino, y por así decir, estaba sentado en sueños sobre el lomo de un tigre”. (W. Ross, “Friedrich Nietszche. El águila angustiada”. 1994). Para Nietzsche, la contemplación desde la “habitación de la conciencia”, del mundo de depredadores que son los instintos, no sólo le sobrecogía sino que también le fascinaba; amaba en el fondo la crueldad de su propio subconsciente.


Sin ser una filosofía y mucho menos una religión, el psicoanálisis ha tenido que ver con la interpretación de fenómenos relacionados con aspectos filosóficos, legales y religiosos, además de literarios, históricos, antropológicos y artísticos. Al psicoanálisis terapéutico que desarrolló Freud como parte de la medicina para entender los trastornos psicológicos del ser humano, aliviarlos o curarlos, y para transformar el dolor intolerable en dolor tolerable, se agregó el psicoanálisis aplicado, que intenta dar explicaciones racionales a lo irracional que observa en la conducta de los seres humanos y en sus manifestaciones artísticas y literarias. Freud mismo confesó que toda la ciencia natural, toda la medicina y toda la psicoterapia habían sido para él un rodeo y una vuelta que duró su vida entera, para retornar a la pasión primera de su juventud por la historia de la humanidad, por los orígenes de la religión y de la moralidad; un interés que en la cumbre de su vida irrumpió grandiosamente con su obra “Tótem y Tabú” y que a través de toda la historia de su vida se advierte como manifestación del más noble humanismo. Como investigador de las profundidades del alma y psicólogo de los instintos, Freud se encuadra perfectamente en las filas de los intelectuales de los siglos XIX y XX que como historiadores, filósofos, críticos de la cultura y antropólogos, subrayan, cultivan y destacan científicamente la cara oculta de la naturaleza y del alma, en contra del racionalismo, del intelectualismo y del clasicismo.

Hoy en día, para muchos de los psicoanalistas, los más ortodoxos, el psicoanálisis aplicado al estudio de personajes históricos o al devenir mismo de la historia, no tiene razón de ser ya que el trabajo analítico sólo se realiza en la relación psicoterapéutica de analistaanalizado, en el “aquí, ahora y conmigo”; para otros, menos ortodoxos, el psicoanálisis es un instrumento de valor para el análisis de la historia, los hechos históricos y la sociedad misma, como lo explica con claridad y erudición en un reciente libro Guillermo Sánchez Medina, quien sigue la linea recta preconizada por Freud que se extiende desde “Tótem y Tabú” hasta “Moisés y el monoteísmo”. (G. Sánchez Medina, ibid).


Al igual que los psicoanalistas en el campo de la psicología y ciencias afines, los neurólogos han avanzado en forma importante en la comprensión del funcionamiento del cerebro, tanto en estado normal como patológico. La tecnología ha prestado su importante concurso al desarrollo de esas investigaciones de la neurociencia. Científicos de la tercera cultura, que estudian la fisiopatología cerebral y su química más íntima, que analizan los desarrollos de nuevos sistemas psicológicos para explorar la mente, y definen técnicamente métodos para conocer funciones como la percepción que antes sólo se estudiaban desde un ángulo puramente psíquico, han ido identificando un nuevo campo de exploración sobre bases desde luego muy antiguas: el campo de la relación mente-cuerpo, que hoy en día genera la producción ininterrumpida de artículos de divulgación y experimentación, libros extensos y reuniones frecuentes de analistas del tema, sin que hasta el momento se haya producido acuerdo alguno que indique cuál es el puente de unión, la verdadera esencia de la comunicación entre las dos instancias, mente y cuerpo que constituyen el legado importante que nos dejó la filosofía de Platón. Las especulaciones se extienden desde las profundamente materialistas expresadas en su libro “The Astonishing Hypothesis” por Francis Crick, codescubridor del sistema de replicación del DNA, base de los estudios de genética moderna, hasta las concepciones casi religiosas de modernos filósofos de diversas culturas.

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