El Fausto y los Modelos Fáusticos

Fausto ha sido uno de los héroes culturales de la Edad Moderna. Goethe trabajó en su versión del Fausto durante sesenta años, desde 1770 hasta 1831, poco antes de su muerte. En versiones anteriores a la de Goethe, como “The Tragical History of doctor Faustus”, de Christopher Marlowe, los Faustos habían vendido sus almas a cambio de ciertas cosas de la vida bien definidas y universalmente aceptadas, como el dinero, el poder, el sexo, la gloria y la fama. El Fausto de Goethe pide todavía más; quiere gozar de todo el patrimonio de la humanidad: “aprender con mi espíritu así lo más alto como lo más bajo, en mi pecho hacinar sus bienes y sus males, y dilatar así mi propio yo hasta el suyo, y al fin, como ella misma, estrellarme también” (“Fausto”, lineas 1765 a75).

El Fausto de Goethe es un hombre de edad mediana a quien se reconoce y estima como doctor, abogado, teólogo, filósofo, hombre de ciencia, profesor y administrador. Ha logrado aprender todo lo que le ha sido posible y cuanto más se ha ampliado su mente, más aislado se encuentra y más se ha empobrecido su relación con la vida exterior y las demás personas. Su cultura se ha desarrollado apartándose de la totalidad de la vida. Fausto anhela una conexión con la vida que sea más vital y a la vez más erótica y activa y lo expresa así: “Cómo te he de aprehender, Naturaleza infinita?” (“Fausto”, linea 455). Los poderes de su mente, al volcarse hacia el interior, se han vuelto contra él y lo aprisionan. Fausto intenta encontrar la forma en que su inmensa vida interior se desborde y se exprese en el mundo exterior a través de la acción, e invoca al Espíritu de la Tierra, quien se mofa de él y en tono burlón le llama Superhombre, con lo cual le sugiere que trate mas bien de convertirse en un auténtico ser humano.

A medida que avanza la vigilia, en el primer Acto de la obra, el mundo interior de Fausto se torna más oscuro; quiere darse muerte, pero el repique de campanas que le recuerdan su infancia lo detiene. Al recuperar en su memoria sentimientos perdidos de su infancia, que habían sido reprimidos durante la vida adulta, tal como lo enseñará Freud cien años más tarde, Fausto podrá liberar tremendas energía psíquicas que le darán el poder necesario para reconstruirse. Fausto vuelve al mundo, emocionado, en un Domingo de Pascua, y descubre que sus propios sufrimientos y luchas están relacionados con los de las gentes que le rodean.

Sus recuerdos indican que Fausto inició su carrera como médico e hijo de médico, pero que abandonó el hogar al sentir que el trabajo de su padre era el de un “remendón ignorante”. Recuerda que al practicar la medicina artesanal de las épocas medievales, tanto él como su padre mataban más pacientes de los que sanaban, lo que le hizo retirarse de los trabajos prácticos en búsqueda del conocimiento y del aislamiento que le llevaron a las puertas de la muerte. No puede volver atrás a la infancia y necesita establecer una relación entre la solidez y el calor de la vida y la revolución intelectual y cultural que se ha producido en su mente. Es entonces cuando expresa su lamento esquizoide: “Dos almas, ay de mí, viven en mi pecho”. Debe seguir viviendo en la sociedad y al mismo tiempo dar oportunidad a su espíritu para remontarse. En la procura de esa síntesis se ve precisado a acudir a los poderes infernales.

Los temores y escrúpulos de Fausto son fuertes, pero el mensaje que recibe de Mefistófeles es el de no culparse de los accidentes de la creación porque justamente la vida es así; aceptar la destructividad como parte de la creatividad, para poderse liberar de la culpa y actuar libremente. En el camino del autodesarrollo, Mefistófeles le enseñará a hacer las cosas evitando la pregunta de si debe o no hacerlas, para que luego, en la medida en que crezca, pueda actuar por sí solo utilizando como uno de los mediadores el dinero. Para Fausto lo importante no es acumular dinero, sino emplearlo para lograr sus objetivos, y utilizarlo además a gran velocidad. Ya no le interesa incrementar sus conocimientos sino gozar todo lo bueno y lo malo de la humanidad. Esta primera metamorfosis de Fausto lo transforma, de persona ilustrada y plena de conocimientos al estilo de un humanista de la Ilustración, en un individuo ávido de lograr los máximos goces y el más alto grado de desarrollo utilizando el dinero y los medios que sean necesarios en la vertiginosa carrera de una nueva época, la época modernista.

La segunda metamorfosis de Fausto es la tragedia de Margarita. Fausto se ha enamorado de ella y de su mundo. Dice así: “Qué tesoro en ésta pobreza, y en ésta prisión, cuánto encanto!” (“Fausto”, lineas 2694 y 95). Mediante pócimas mágicas y elegantes vestidos que le hacen parecer treinta años más joven, gracias a Mefistófeles y a su dinero, ha llegado a ser física y espiritualmente libre. Margarita, que es su primer amor, le atrae como símbolo de todo lo bello del mundo que ha dejado y perdido; luego se convertirá en su primera víctima, a la vez que el mundo tranquilo y simple de Margarita se vuelve contra ella con salvaje crueldad. Fausto huye a una caverna del bosque a meditar solitario sobre la belleza y riqueza de la naturaleza, pero Mefistófeles le critica sus pensamientos señalándole que ese tipo de naturaleza sin conflictos es una mentira. Fausto viaja a celebrar la noche de las brujas, en un éxtasis orgiástico; después, tiene un encuentro con el hermano de Margarita a quien mata. Margarita es culpada de esa muerte, de la de su madre y de la del hijo que espera de Fausto y es condenada a la ejecución. Fausto intenta sin lograrlo hacerla huir con él y se lamenta de su destino, pero Mefistófeles le hace reflexiones para mostrarle que en su crecimiento humano debe pagar el precio alto que significa desarrollarse; al decirle que Margarita no ha sido la primera ni será la más importante de sus mujeres, le muestra que él no hubiera podido pertenecer al mundo de ella.

El mundo de Margarita es distinto al de Fausto, pero en tanto que la manera de salir del mundo medieval de Fausto es tratar de crear nuevos valores, el sistema de Margarita es tomar en serio los antiguos viviendo realmente de acuerdo con ellos. El pequeño mundo de Margarita se erosiona al contacto con mundos avasalladores representados por figuras venidas de fuera, como Fausto y Mefistófeles. Goethe quiso expresar esa lucha desigual entre los mundos primitivos patriarcales y las fuerzas del modernismo que frente a ellos amenazan con destruirlos totalmente; quiso mostrar además cuánta crueldad y brutalidad ejercía la modernización sin tener en cuenta para nada las formas de vida que arrasaba.

En la primera etapa de su vida, Fausto vivía solitario y soñaba; acumulaba conocimientos en todas las áreas del saber humano; en la segunda, enlaza su vida con la de Margarita, a quien llega a amar, pero a quien transforma en la primera de sus víctimas y cuyo mundo patriarcal destruye despues de haberlo amado. En su tercera etapa, Fausto vincula sus impulsos personales con las fuerzas económicas, sociales y políticas que mueven al mundo. Expande el horizonte de su ser de la vida privada a la vida pública; lucha no sólo por cambiar su propia vida sino la de todos los demás. Encuentra que el modo eficaz de actuar contra el viejo mundo patriarcal es construir un entorno social radicalmente nuevo que despoje de contenido al viejo mundo antiguo o lo destruya. Las visiones de Fausto cambian totalmente; ya no hay campo para los sueños y la fantasía; quiere realizar planes concretos que transformen la tierra y el mar. Para adaptarse a sus nuevos anhelos, Fausto se transforma en una nueva clase de hombre dotado de las potencialidades más creativas y destructivas de la vida moderna. En adelante, quiere ser un demoledor y un creador consumado; convertirse en esa figura que en la época moderna se ha llamado “el desarrollista”.

A un ritmo frenético y brutal, el hombre desarrrollista que hay en Fausto se lanza a la tarea que tiene entre manos sin importarle los derechos de las personas, que pisotea sin piedad: “Víctimas humanas derramaban su sangre; resonaba por las noches el dolor del suplicio, corrían mar abajo raudales de fuego, y por la mañana aparecía allí un canal” (“Fausto”, lineas 11126 a 30). Desde una colina artificial creada por el trabajo humano, Fausto observa el mundo nuevo que ha hecho nacer, y que parece bueno; su tragedia radica en el hecho de rehusar ver los males que ha causado, en las realidades humanas que no quiere mirar. Desde su colina, Fausto observa una pequeña parcela cuyos propietarios no han querido someterse a sus deseos y pide a Mefistófeles que los quite de en medio para lograr así que su dominio se extienda a todo el mundo. Estos ancianos, que mata Mefistófeles, representan el mundo patriarcal que siente que se burla de él a sus espaldas.

Suenan de nuevo las campanas y el sonido que le señala su gran culpa es al mismo tiempo el que alguna vez le volvió a la vida. Fausto adivina su tragedia al pensar que una vez eliminados todos los obstáculos, él mismo se interpone en el camino y debe desaparecer. En su mundo interior vuelan hacia él cuatro figuras espectrales, la necesidad, la escasez, la zozobra y la culpa, figuras éstas que había hecho desaparecer del mundo exterior, pero que ahora como espectros torturantes vienen a su mente. La zozobra le echa su aliento y lo deja ciego, pero hasta en la oscuridad de su ceguera su visión y su energía continúan pujantes, desarrollándose y desarrollando el mundo que le rodea, hasta llegar al final.

En la escena VI del último acto del drama, Goethe expresa su ideal de una comunidad de hombres libres y laboriosos. “Es la ultima palabra de la sabiduría, dice Fausto, sólo merece libertad y vida quien diariamente sabe conquistarlas…. Un gentío así querría yo ver y hallarme en terreno libre con un pueblo libre. Decirle habría al momento: ¡Detente, eres tan bello! No es posible que la huella de mis días terrenales vaya a perderse en los eternos siglos…”. (“Fausto”, lineas 11581 a 85). Es el momento sublime del deseo expresado por Goethe, a través de Fausto, de detener el instante de plenitud y de felicidad alcanzado por el hombre libre, y al detenerlo, impedir que se transforme en algo diferente a esa máxima felicidad del instante. Al final del drama, cuando Fausto logra la salvación de su alma, gracias al principio femenino del amor representado por Margarita, el Coro Místico concluye así: “Todo lo efímero, símbolo es sólo; es aquí un hecho lo inasequible; aquí se cumple lo indescriptible; lo eterno femenino, con potente acicate nos impulsa siempre hacia arriba”. (“Fausto”, lineas 12105 a 10).

En opinión de Marshall Berman, Goethe ha descrito magistralmente el modelo fáustico de desarrollo. “Este modelo, dice Berman, da una prioridad fundamental a gigantescos proyectos de energía y transporte…. aspira menos a resultados inmediatos que a un desarrollo a largo plazo de las fuerzas productivas… Creará una síntesis históricamente nueva de poder público y privado, simbolizado por la unión de Mefistófeles, el filibustero y depredador privado que ejecuta la mayor parte del trabajo sucio, y Fausto, el planificador público, que concibe y dirige el trabajo en su conjunto…. El modelo fáustico ofrecerá un nuevo modo de autoridad, que deriva de la capacidad del líder para satisfacer la persistente necesidad de desarrollo aventurado, abierto y siempre renovado de las gentes modernas”. (M. Berman, ibid).

El modelo fáustico de desarrollo y los modelos pseudofáusticos que estudian sociólogos y economistas, han tenido vigencia tanto en el mundo capitalista como en el socialista. Goethe ha ofrecido un modelo de acción social en torno al cual convergen sociedades adelantadas y atrasadas, pero insiste en que se trata de una convergencia terrible y trágica sellada con la sangre de sus víctimas. Por lo demás, Fausto ha continuado desempeñando papeles simbólicos a todo lo largo de la época moderna, razón quizás por la cual Norman Mailer escribiera: “Somos una época fáustica decidida a encontrar a Dios o al diablo antes de irnos, y la esencia ineluctable de lo auténtico es nuestra única llave para abrir la cerradura”. (M. Berman, ibid).

Por su parte, los científicos nucleares que develaron el poder del átomo, establecieron un estilo de ciencia y de tecnología típicamente fáusticos impulsados por los sentimientos de culpa y de inquietud, por la angustia y la contradicción. Su proyecto, como lo señala Berman, contribuyó a mantener viva la conciencia fáustica y a refutar la afirmación mefistofélica de que los hombres solamente pueden hacer cosas grandiosas en este mundo bloqueando sus sentimientos de culpa y preocupación.

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