Creación, Arte y Psiquis

Guillermo Sánchez Medina

* Libro publicado por la Academia Nacional de Medicina de Colombia. Presentado por el autor el 1 de Abril del año 2004 en la Academia Nacional de Medicina. La introducción fue solicitada por la Académica Sonia Echeverri de Pimiento para la Revista Actualizaciones en Enfermería de la Fundación Santa Fe de Bogotá.

** Miembro de la Sociedad y Asociación Colombiana de Psicoanálisis, Miembro de la Academia de Historia de Boyacá y del Instituto Colombiano del Sistema Nervioso. Miembro de Número de la Academia Nacional de Medicina de Colombia y Miembro Honorario de la Asociación Colombiana de Psiquiatría.

“Y así Goethe hubiera podido encabezar su biografía con una observación como esta:
‘toda mi fuerza tiene su raíz en la relación con mi madre’”. (Freud S. 1917).

“Primero estaba el mar.
Todo estaba oscuro: no había sol,
ni luna, ni gente, ni animales, ni plantas.
Sólo el mar estaba en todas partes.
El mar era la madre”. (Mito Kogui)(1)

En esta obra trataré de sumergirme en las temáticas de la creatividad o de la creación realizada por el ser humano en el arte y cómo se llega a él a través de los mecanismos psíquicos. En el texto haré definiciones más específicas adentrándome en el mundo psíquico normal y patológico para escudriñar cómo se construyen y organizan las dinámicas mentales para conformar armonías y con ello arte.

Para definir la creatividad hay que distinguir entre la capacidad creadora del acto creativo, y la obra creada, así como entre el sujeto creador y el objeto creado (con sus formas y contenidos en sus interrelaciones y con los diferentes modelos y técnicas en que se efectúa la creación).

La creatividad es la capacidad de integrar a partir de una forma existente; es el acto por el cual se unen dos elementos. Como consecuencia se origina otro elemento nuevo y distinto que antes no era. Por lo tanto, la creatividad implica hacer, nacer, dar vida, componer y dar origen.

En la capacidad creadora intervienen la integración, la simbolización y la síntesis. Así se crea un nuevo objeto o situación, mediante la sublimación. El acto creador en el hombre y en la mujer parte de la naturaleza biológica y psicológica en sus diferentes procesos y desarrollos. La obra creada, aunque lingüísticamente tiene el género femenino, sin embargo, va más allá del género y es el conjunto de resultados producidos por la fusión de impulsos y de objetos con sus significantes y significados en el espacio interno mental o en el espacio externo real. Quien realiza esto es el sujeto femenino y/o masculino.

El potencial o la capacidad creativa no tiene género. Sin embargo, a través de la historia, aquella se ha podido expresar más en el hombre, posiblemente porque la mujer la ha realizado más a nivel biológico.

El producto o el objeto creado conlleva la síntesis témporoespacial en la dimensión universal (biológica, del conocimiento-científico, sociocultural y artístico), plasmándose en una forma o discurso que tiene la posibilidad de comunicarse con todos los objetos (los demás); por lo tanto, no es individual sino colectivo; es así también como se logra una ruptura témporoespacial con un conocimiento en el acto de crear.

Pienso que en la creatividad en general (hombre y mujer), se repite el modelo de fusión del instinto con sus impulsos, atracciones rechazos, necesidades y deseos para re-producir y pro-crear imágenes (acústicas, visuales, lingüísticas, táctiles, olfativas y gustativas), representaciones, vivencias y fantasías, que tocan con lo universal y están en el inconsciente en forma latente; de tal forma, también se crean espacios y objetos, se llenan vacíos y se integran funciones. La capacidad creadora libera tanto libido (impulso amoroso), como el tánatos (impulso destructivo), para crear algo nuevo diferente y distinto, transformando lo existente o plasmando las distintas formas, lo ya dado, a partir de integraciones, de sensopercepciones. Sin embargo, la creación “perse” va más allá del simple plasmar, transformar, agregar y crecer, pero todos estos participan en la creatividad prolongando así lo creado en el futuro.

En la creatividad, el sujeto, en su continente, acepta con- fusiones que integra, reconstruye, repara, redescubre y da origen a algo nuevo; por lo tanto, el Yo de la persona, en su espacio continente, repite la continencia materna y se deja fecundar en lo interno heredado y lo externo aprendido.

Antes de seguir adelante con el tema de la creatividad, individual o colectiva es necesario plantear la capacidad y desarrollo de la misma que proviene de la genéticamente heredada y derivada de la misma biología; es decir hay sujetos genéticamente creativos, independiente de los que desarrollan la creatividad por las relaciones vinculares establecidas en el medio ambiente en la primera y segunda infancia, en la pubertad y adolescencia, hasta llegar a la adultez. Aquí es necesario hacer hincapié que, en todo este proceso, influye fundamentalmente el medio ambiente con el desarrollo natural en las relaciones vinculares. Con respecto al desarrollo de las capacidades creativas es necesario tener en cuenta que las tendencias libidinales amorosas deben predominar a las tanáticas agresivas destructoras; las primeras son las que dan origen al objeto bueno reparador y las segundas a las vengativas, retaliadoras, malas, egoístas, ambiciosas, envidiosas, voraces y perversas.

Si el sujeto tiene esta capacidad creadora implica que existe un objeto en el “sí mismo” o sea en el Yo interno, que proviene también del instinto primario de conservación, de integración y del epistemofílico. Cuando hay predominio del Thánatos o fuerzas destructoras hay un desequilibrio a favor de la destrucción y/o de la creatividad negativa; de tal manera el producto es mal sano y negativo, prohijándose un antidesarrollo e involución; por eso hay que prohijar por que las fuerzas de Eros-amor predominen a las de Thánatos o estas últimas, se puedan manejar para que se cree al algo positivo, constructivo, nuevo, bueno, bello, armónico, verdadero, equilibrado y prudente.

Debemos considerar las clases y formas de la creatividad, es decir, el producto positivo y el negativo, bueno o malo; por lo tanto la creatividad puede tener dos caminos uno reparador, recreativo, constructivo, en beneficio del bien común y otro negativo, en este último caso, la mayoría de las veces, produce un mal común a la sociedad y sólo aparece en beneficio del egoísmo de un grupo minoritario; en el primer caso, el positivo, se da al bien, el desarrollo y la evolución individual y colectiva a nivel del pensamiento científico y social; en el segundo la consecuencia es la destrucción.

Al referirnos al objeto integrador, reparador creativo del “sí mismo”, implica que también puede haber fuerzas destructoras que se ponen al servicio de la creación; de tal manera, existe la necesidad de romper, destruir, cortar lo que implica también un deseo de independencia y diferenciación con libertad; así el sujeto queda libre y puede crear algo nuevo.

Cuando nos referimos a los objetos, estos pueden ser de cualidades buenas y malas; como ya se enunció en otra parte, a la vez se pueden incluir los objetos heredados que sumados a los buenos del medio ambiente e incorporados en la intimidad, se suman a los objetos reales externos, los que se van a introyectar o incluir dentro del sí mismo, estimulando la creatividad en contra del objeto malo destructor; si bien esto puede persistir y aún persiste por toda la vida, es esto lo que deberíamos manejar y controlar, para lograr el progreso y el cambio creativo, integrador tanto colectivo como individual.

Al hacer referencia a la integración, lo hacemos en relación no solamente con los objetos internos si no con los externos, los que hay que reconstruir, unir, relacionar, redescubrir, reconstruir, reconocer en unidades; es decir, crear una unidad; para que esto ocurra habría que recibir y dar, contener y ser contenido, reparar, transformar los objetos y así encontrar la unidad y fecundar algo nuevo; para todo esto se requiere además una posibilidad de jugar y recrear, del pensar, y, con ello también, como ya se expresa en otro lugar representar, ordenar, diferenciar, comparar, analogar, relacionar, redescubrir y reconocer; todas estas funciones hay que complementarlas con la educación y formación; cuando se ponen estos factores en función interactúan y participan unos con otros, y se puede conseguir la unidad.

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