El Futuro es Hoy

En el aniversario veinte de su empresa, Pollos Savicol, su presidente habla del futuro de la industria del pollo, y dice que este producto debe dejar de ser un genérico.

Reducir costos o renunciar a tener futuro parece ser la disyuntiva que enfrenta hoy la avicultura colombiana. Para muchos, la única vía que conducirá a esa meta es la fusión de empresas.

Esta tesis cada día toma más fuerza en la medida en que el paso de los días muestra que en el calendario se estrecha el plazo para que el Area de Libre Comercio de las Américas, Alca, o un tratado de libre comercio (TLC), particularmente con Estados Unidos, pongan a este sector productivo frente a un esquema comercial en el que parecen “incubarse” más riesgos que oportunidades.

Uno de los que con más ahínco y convicción agitan la idea es Jorge Pabón Rangel, quien durante treinta y ocho años ha sido testigo de la evolución de la avicultura, y cuya empresa, Pollos Savicol, de la que es presidente, cumplió el mes pasado veinte años dedicada al engorde, beneficio y comercialización de estas aves.

Esta efemérides fue celebrada por la familia Pabón con una copa de champaña, en el Club del Comercio, a la que se invitó a medio centenar de amigos y colegas, oportunidad que se aprovechó para entregar distinciones especiales a los empleados con mayor tiempo de vinculación a la compañía.

Sin intención alguna de aparecer como profeta de desastres, su experiencia y visión lo han llevado a la convicción de que es de pocos días el plazo de que los empresarios disponen para sentarse a hablar en serio, desprovistos todos de orgullos, vanidades y liderazgos mal entendidos, con el fin de organizarse para enfrentar la nueva realidad con alguna posibilidad de permanecer en el negocio. Como considera que la avicultura colombiana ya salió de la pubertad y está entrando en la mayoría de edad, ha adquirido la madurez necesaria para entablar un diálogo serio y realista buscando tener claridad de hacia dónde va, por lo que dice tener fe en que la gente reaccione hasta tomar conciencia de que el actual es el reto mayor al que hasta ahora le ha tocado enfrentarse la industria avícola. En estas dos décadas, Savicol ha adoptado las medidas necesarias para crecer y permanecer en el sector; por ello se ha fusionado con otras empresas o formalizado alianzas diversas para producir pollitos de un día y alimento balanceado.

Pabón Rangel tiene claro que a partir de la convicción de que Colombia sólo debe tener los pollos que necesita para satisfacer su consumo interno, lo importante no es crecer en número de aves, sino en adopción de tecnología, en desarrollo de nuevos y atractivos productos; en otras palabras, en hacer que el pollo de una vez por todas abandone su condición de genérico y los avicultores puedan empezar a ofrecerlo con valor agregado. Otro aspecto de la estrategia que está empezando a aplicarse en Savicol es encontrar un camino más directo para llegar al cliente final; por ejemplo, mediante puntos propios de venta cercanos al ama de casa. También se está evaluando la posibilidad de atender un frente de acción muy importante, el de los cultivos, es decir, ser productora de las materias primas que demanda.

Orgullo y desconcierto

Su mayor satisfacción al observar qué tan lejos ha llegado su empresa se la brinda la contribución a darle trabajo a la gente, o, lo que es lo mismo, al desarrollo y a la paz de Colombia. Bien significativa, pues al examinar las cifras se advierte que de los tres empleados que en octubre del 83 se necesitaron para atender a los clientes entre quienes Savicol mercadeó en su primer mes los 17 mil pollos con que inició operaciones, se ha pasado a casi trescientos, indispensables para manejar una población promedio de un millón mensual, dos décadas después. Estas aves, cuyo engorde ocurre en granjas de la Sabana de Bogotá, Fusagasugá, La Mesa y Guaduas, y en Guateque, población boyacense, se benefician en la capital, a razón de 40 mil diarias, a un ritmo de 5.400 por hora.

Desde hace cuatro años, asesorada por Fenavi está trabajando en la implementación del sistema Análisis de Peligros y Puntos Críticos de Control, (HACCP, por sus siglas en inglés), y espera que en marzo del 2004 esté lista para solicitar al Instituto de Vigilancia de Medicamentos y Alimentos, Invima, la certificación de calidad.

Y como cada día trae su angustia, la de hoy en el mercado interno es el comercio informal del pollo, que los propios avicultores admiten haberlo engendrado y estimulado su crecimiento; infortunadamente para ellos, su “criatura” ha adquirido tal tamaño y fuerza que cada día amenaza más la estabilidad de las empresas formales de Bogotá, pues cerca de 40 a 45% del pollo que se consume en el mercado capitalino proviene del sector informal.

“No podemos quejarnos de algo que hemos formado”, sentencia Jorge Pabón, al tiempo que advierte que la situación se agrava porque han aparecido otros actores, entre ellos, algunas fábricas de alimentos balanceados, otros proveedores y algunos de los muchos intermediarios, que están produciendo aves con las que abastecen los mercados informales.

¿Por qué lo hacen? En el caso de las plantas de alimentos, porque buscan estimular el engorde de pollos para darle ocupación a una porción importante de su infraestructura productiva, hoy subutilizada en la medida en que una proporción considerable de empresas avícolas elaboran sus propios alimentos.

Ello es muy grave para la industria avícola porque, como subraya, no puede competir con personas que no tienen costos, que trabajan el día a día.

Sin dejar de aceptar como lógica la existencia de informalidad en una sociedad afectada por elevados índices de pobreza, encuentra inaceptable que sean precisamente las empresas organizadas las que fomenten una actividad que termina devolviéndose contra ellas mismas.

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