Pérdida muscular relacionada con la edad y las enfermedades

Ejercicio 

El envejecimiento y la enfermedad crónica tienen muchos mecanismos comunes que podrían conducir, en forma sinérgica, a la pérdida de masa muscular. En consecuencia, en ambos casos, se han hecho investigaciones sobre el efecto del ejercicio y de las intervenciones en la dieta para la diabetes y la obesidad, con el fin de preservar la masa y la fuerza muscular.

Los ejercicios de resistencia estimulan la síntesis proteica dando como resultado el aumento de la masa y la fuerza muscular. El aumento de la masa muscular ocurre casi inmediatamente, mucho antes de que se haga ostensible el aumento de la masa muscular, lo que indica que, posiblemente, el efecto principal del ejercicio no derive de la hipertrofia sino de la calidad del músculo.

El máximo beneficio que se obtiene del entrenamiento de la resistencia y el ejercicio aeróbico es sobre la pérdida de peso, la masa muscular esquelética y la ganancia de fuerza; además, mejora la resistencia a la insulina, como lo demostraron estudios hechos en individuos obesos de 60 a 80 años.

Luego de 6 meses, la mayor ganancia de músculo (hasta casi 1 kg) se observó en el grupo que realizó ejercicios de resistencia. Los ejercicios de resistencia son efectivos y seguros para evitar la pérdida muscular, aun en los ancianos (edad media, 87 años) y en los individuos debilitados, potencialmente por la disminución de la apoptosis del músculo esquelético y la mejoría de la función mitocontrial.

Villareal y colaboradores comprobaron que para la pérdida de peso (de no más del 10%), seis meses de terapia ocupacional semanal combinada con sesiones de 90 minutos de ejercicios de resistencia, no más de tres veces por semana, pueden mejorar la función y la debilidad en los ancianos obesos (mayores de 65 años).

Por otra parte, el entrenamiento de la resistencia muscular puede mejorar la composición corporal, independientemente de la pérdida de peso. Fiatarone y colaboradores comprobaron que un programa de resistencia de ocho semanas, realizado en una institución geriátrica, podría aumentar significativamente la masa muscular en hombres y mujeres debilitados (edad media de 87 años).

Asimismo, el aumento de la masa muscular se acompaña del aumento de la tasa metabólica en reposo e induce cambios positivos en las fibras musculares. En tan solo 12 semanas, la capacitación de la resistencia durante dos o tres días por semana puede conducir al aumento del tamaño de las fibras musculares, tanto en los ancianos como en los jóvenes no entrenados.

En los adultos frágiles, mayores de 85 años,  el entrenamiento de la resistencia durante tres meses aumentó selectivamente las fibras tipo II, que son preferentemente las que se pierden con el envejecimiento. Simultáneamente, el aumento de la actividad contráctil promueve la transformación de las fibras oxidativas, la expresión de PGC-1á, la biogénesis mitocondrial y la síntesis de proteínas musculares, y podría llevar a la reducción de la inflamación y las células de estrés oxidativo. Las células satélite en el músculo también pueden ser activadas por el ejercicio.

Por otra parte, los hallazgos de varios estudios en diabéticos tipo 2 han mostrado los beneficios del ejercicio (aeróbico y de resistencia) para mejorar el metabolismo de la glucosa y la sensibilidad a la insulina. En los diabéticos con sobrepeso y obesos, después de 16 semanas, una dieta hiperproteica e hipocalórica combinada con el entrenamiento de la resistencia logró una mayor pérdida de peso y más cambios favorables en la composición corporal que lo que se logró con la intervención sola.

Después del ejercicio, la capacidad de la insulina para estimular el transporte de la glucosa mediada por la GLUT4 mejora notablemente y también podría estimular la traslocación de GLUT4 en el músculo esquelético, a través de un mecanismo distinto de la insulina, tal vez a través de efectos directos sobre la cascada de señalización de la insulina.

Dieta 

Contrariamente al beneficio que se obtiene para la salud muscular mediante los ejercicios, no ha quedado establecido que las modificaciones de la dieta sean efectivas para evitar la sarcopenia. El mejor momento para el aporte de proteínas sería antes o inmediatamente después del ejercicio, lo que podría brindar más beneficios sobre la síntesis proteica muscular que la ingesta postergada de las mismas, probablemente debido a la mayor liberación de aminoácidos para ser usados por el músculo que está haciendo un ejercicio activo. Aun sin el estímulo del ejercicio de resistencia, una dieta hiperproteica también mejoraría el anabolismo del músculo.

En estudios preliminares en ancianos de ambos sexos con sarcopenia, el suplemento oral con 16 g diarios de aminoácidos esenciales se asoció a los 16 meses con un aumento de la masa magra y más aumento a los 18 meses, junto con la mejoría de la sensibilidad a la insulina.

Los tratamientos dietéticos para la obesidad sarcopénica podrían programarse con menos restricción calórica (reducción de 200 a 750 kcal) que los programas de adelgazamiento usuales. La pérdida de peso moderada de alrededor del 5% en las mujeres mayores mejoró la resistencia a la insulina, la distribución de la grasa y la infiltración lipídica del músculo, y preservó la masa muscular del muslo, solo con un leve aumento de la masa magra apendicular. Algunos autores han propuesto que para contrarrestar los efectos de la obesidad sarcopénica, los adultos mayores sanos con una función renal adecuada podrían tener una ingesta proteica que alcance o aun exceda la cantidad diaria recomendada, para ayudar a evitar el catabolismo proteico del músculo durante la pérdida de peso.

La mayor ingesta proteica mantendría la masa muscular durante las dietas hipocalóricas hasta alcanzar una magnitud que supere la ingesta proteica usual.

El envejecimiento no necesariamente empeora la respuesta metabólica a las comidas ricas en proteínas. Son preferibles las fuentes alimentarias de alto contenido proteico como la carne magra, el pescado, los productos lácteos descremados y la soja. Sin embargo, los efectos de la suplementación proteica, especialmente en niveles elevados, requieren mayor investigación a largo plazo.

La suplementación con reemplazos alimentarios hiperproteicos, o específicamente con aminoácidos esenciales o aminoácidos de cadena ramificada, o ambos, sería beneficiosa pero necesita más estudios. Por el contrario, en los individuos con concentraciones elevadas de marcadores inflamatorios, la ingesta hipoproteica se ha asociado con una disminución de la fuerza muscular.

Conclusiones e investigaciones futuras 

A pesar del progreso en la caracterización de la sarcopenia y sus complicaciones, no hay cura para la pérdida muscular relacionada con la edad o las enfermedades. Es claro que el ejercicio ayuda a mantener la masa y la fuerza muscular, pero probablemente no afecta al proceso biológico que finalmente conduce a la sarcopenia. Por lo tanto, la estrategia más efectiva para tratar estas condiciones es un capítulo abierto.

Se están investigando nuevos tratamientos y hay varios estudios clínicos en marcha sobre este tema. Hay estudios multicéntricos en fase 3 sobre los resultados de las intervenciones en el estilo de vida y la independencia en ancianos. Se esperan los resultados de estudios clínicos sobre terapias antiinflamatorias para prevenir otros resultados secundarios como el endurecimiento arterial; dichos estudios también evalúan los cambios en la masa y la fuerza muscular.

Los estudios sobre los efectos del tratamiento sobre la función muscular con testosterona con o sin ejercicio ya están casi completos. Las investigaciones acerca del efecto de la vitamina D sobre la fibra muscular y otros parámetros ya están en ejecución. Sin embargo, solo hay pocos ejemplos.

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