Editorial: Responsabilidad Social de las Sociedades Científicas

The social responsibility of scientific societies

El objetivo de este escrito es reflexionar acerca de la responsabilidad social de las sociedades científicas, la ciencia y el científico a través de la revisión de su papel histórico y del análisis de la situación académica, ética y legal.

La auténtica participación de las sociedades científicas en la ciencia moderna es un tema que ha sido estudiado y debatido. sin embargo, el papel actual de estas organizaciones es poco conocido o discutido.

A través del tiempo, diversos historiadores han investigado los orígenes de la Royal Society of London y otras academias nacionales de ciencias del siglo XVII. El desarrollo de las sociedades profesionales de científicos en el siglo XIX, así como la creación de asociaciones internacionales en el marco del proceso de internacionalización de la ciencia en el siglo XX(1).

Se cree que las sociedades científicas tienen su origen en la Escuela (Hermandad) Pitagórica, escuela de filosofía, matemáticas y ciencias naturales fundada en Crotona, al sur de Italia, ca 530 adC.

Allí se establecieron las bases de las matemáticas como de la ciencia. Fue ésta una sociedad autoritaria y conservadora. Casi religiosa donde el secreto era mantenido bajo juramento y el conocimiento era transmitido verbalmente, no escribían libros para mantener el secretismo y evitar que otras personas pudieran leerlo.

La mujer estaba en un plano de igualdad. A los 56 años Pitágoras se casó con su discípula Téano, mujer extraordinaria. Quien tras la muerte del maestro continuó dirigiendo la escuela, se cree que encargó a su hija Damo la tarea de conservar y mantener en secreto los escritos de su padre.

El aporte de Téano como científica es un homenaje que complementa el legado de Pitágoras:

se interesó por la física, la medicina y la pedagogía y destacó en matemáticas por sus trabajos sobre la proporción áurea, la teoría de los números, la construcción del universo y libros como la Vida de Pitágoras, Cosmología y sobre la Virtud, entre otros(2,3).

Era una sociedad extraña, algunos incluso la comparan con una secta. En dicha Escuela o Hermandad todos los bienes eran comunitarios. Los miembros eran vegetarianos, de vestir sencillo y se esperaba la máxima dedicación de sus miembros al estudio de los números. La escuela pitagórica es conocida por el Teorema de Pitágoras, sus conocimientos sobre la armonía musical, los números primos y sus conocimientos sobre astrología.

Como no se llevaban actas escritas, solo se conocen los resultados presentados por terceros, de manera que no queda claro si fueron producto de Pitágoras mismo, de otros miembros de la escuela o el resultado de un esfuerzo colectivo. Debido al reconocimiento obtenido por los miembros de la escuela y su influencia política, la escuela se ganó muchos enemigos que, al parecer la encendieron por el año 500 adC.

Los miembros de la escuela pitagórica continuaron sus actividades como sociedad secreta hasta aproximadamente el año 400 adC. Son algunos de sus postulados:

1. En su forma más profunda, la realidad es de naturaleza matemática, 2. La filosofía sirve para la purificación espiritual, 3. El alma puede alcanzar la unión con el divino, 4. Ciertos símbolos tienen significado místico(2,3).

Parte del desarrollo de la ciencia se debe al trabajo en grupos de personas con intereses comunes. Del antiguo trabajo individual y secretista del alquimista, la Ilustración y gracias a los salones de contertulios burgueses, poco a poco y sobre todo en los países protestantes, van apareciendo sociedades de amigos de la ciencia que pronto encontrarán su lugar en las sociedades científicas de las universidades y serán apoyadas por los estados.

The Royal Society of London, es la Sociedad científica más longeva del Reino Unido y más antigua de Europa. Se fundó el 28 de noviembre de 1660. Aunque empezaron a reunirse a mediados de la década de 1640 en “un colegio invisible” de filósofos naturales para discutir la nueva filosofía de promover el conocimiento del mundo natural. A través de la observación y el experimento, lo que ahora llamamos ciencia.

Durante las primeras décadas de su existencia, la Royal Society

Se limita a tratar temas de esa Nueva Filosofía y de materias relacionadas con ella como la anatomía, la medicina, la mecánica, etc. por medio de la experimentación.

Existió un rechazo de plano al principio de autoridad: las ideas deben sobrevivir o hundirse por sus propios méritos.

Su lema no deja ninguna duda: Nullius in verba (Por la palabra de nadie, figura 1). Los miembros no aceptaban afirmaciones sin más, ni siquiera de unos de otros, solo daban importancia a aquéllas que tenían una base empírica y racional.

Pertenecieron a esta sociedad los científicos Boyle, Robert Hooke, William Petty y Thomas Willis e investigadores como Thomas Bayes e Isaac Newton. Desde 1661 la Royal Society ha hecho públicos sus logros en numerosos libros y revistas científicas. Considerada uno de los pilares de la investigación técnica cuenta con más de 1.400 miembros.

La organización ha definido activamente la ciencia y sus estudios actuales sobre la contaminación o el ser humano han resultado decisivos. Promueve la Igualdad y Diversidad en la ciencia en el Reino Unido(4).

Escudo de armas de la Royal SocietyFigura 1. Escudo de armas de la Royal Society Tomado de https://royalsociety.org/about-us/history/

Otra de las Academias de gran relevancia e importante legado para las organizaciones actuales es la L´Académie Française, fundada en 1635. Sus estatutos y los reglamentos fueron creados por el cardenal Richelieu, firmados por Luis XIII y registrados por el Parlamento en 1637, consagraron el carácter oficial de una compañía de letrados, que se reunían de manera informal.

Tenían como lema “A l’immortalité” (A la inmortalidad). Su misión dar a la lengua francesa reglas, hacerla pura y comprensible para todos. El Diccionario de la Academia Francesa fue publicado en 1694. Muerto Richelieu, esta protección fue ejercida por el canciller Séguier, luego por Luis XIV y, más tarde, por todos los reyes, los emperadores y los jefes sucesivos del Estado de Francia.

Han sido miembros de la Academia Francesa:

Descartes, Molière, Pascal, De La Rochefoucauld, Rousseau, Diderot, Beaumarchais, Chénier, Honoré de Balzac, Alexandre Dumas (padre), Gautier, Flaubert, Stendhal, Nerval, Maupassant, Baudelaire, Émile Zola, Daudet, Marcel Proust, Gide, Giraudoux, Camus,entre otros. La componen cuarenta miembros elegidos por sus iguales, llamados «los Inmortales ». Es la primera de las cinco academias del Instituto de Francia(5).

Otros países europeos crearon sus sociedades científicas como España que en 1871 funda la Real Sociedad Española de Historia Natural, RSEHN, siendo la decana entre las sociedades científicas de España de carácter privado.

Tiene como fines el fomento de la investigación y el estudio de la naturaleza en todos sus campos, la difusión de estos conocimientos, la defensa del patrimonio natural y contribuir a la formación del profesorado a todos sus niveles en lo que a estas materias concierne(6).

Pero más allá de la constitución de sociedades, academias y organizaciones científicas cuyos objetivos principales. En general y comunes a la mayoría, son fomentar la investigación. La difusión de estos conocimientos y proteger los avances de la ciencia, entre otros, es pertinente plantear la conveniencia de tomar conciencia de la responsabilidad social de la ciencia y de los científicos con la sociedad y el medio ambiente.

Charles Kleiber, Secretario de Estado para la Educación e Investigación de Suiza, señaló al respecto, refiriéndose al siglo XX:

“Ningún otro siglo ha sembrado tanta vergüenza, amargura, confusión, interrogantes, esperanza y miedo en los corazones de la humanidad. Nunca el progreso de la ciencia ha levantado tantas promesas y tantas dudas.”

Afirmaciones que ponen la responsabilidad de la ciencia en el centro del debate estratégico de nuestro planeta y nuestra vida cotidiana(7). Edgar Morin, filósofo y educador por su parte, enfatiza en que se necesitan urgentemente la reintegración de los valores, de la mirada estratégica, de la reflexión ética, dada su enorme capacidad de impacto en todos los órdenes.

La Conferencia Mundial de la UNESCO sobre “Ciencia para el siglo XXI: un nuevo compromiso”, realizada en Budapest, Hungría en 1999, aprobó la “Declaración sobre la Ciencia y el uso del saber científico” la cual destaca varios pasajes que abordan de manera ejemplar la problemática de la responsabilidad de la ciencia.

En el artículo 1 de su Preámbulo, establece:

“Las Naciones y los científicos del mundo son llamados a reconocer la urgencia en utilizar el conocimiento de todos los campos de la ciencia de manera responsable para satisfacer las necesidades humanas y aspiraciones, sin caer en su mala utilización”. La proclama de esta Declaración remite a cuatro ejes estratégicos de la reflexión y la acción: 1. La Ciencia para el conocimiento. El conocimiento para el progreso, 2. La Ciencia para la paz, 3. Ciencia para el desarrollo y 4. La Ciencia en la sociedad y para la sociedad(7).

Al final, hace una recomendaciones que son un llamado a promover el diálogo entre la comunidad científica y la sociedad, a fortalecer la cultura científica y su aplicación científica en todo el mundo, y a promover la utilización del conocimiento científico para el bienestar de las poblaciones y para la paz y el desarrollo sostenible, teniendo en cuenta los principios sociales y éticos(7).

Ahora bien, ¿es suficiente esta proclama para garantizar un actuar responsable por parte de los científicos, el avance vertiginoso e incontrolado de la ciencia y qué papel juegan las sociedades científicas?

Ana Delicado del Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de Lisboa en su excelente artículo:

El Debate: ¿Para qué sirven las sociedades científicas? Hace una serie de planteamientos y preguntas: “En un contexto en el que los sistemas científicos y universitarios están sujetos a múltiples presiones (financiamiento, evaluación, accountability, responsabilidad social), ¿tendrán las sociedades científicas algo que decir que trascienda las estrategias particulares de las instituciones? Ganando la política científica una creciente importancia tanto a nivel nacional y supranacional, ¿irán las sociedades científicas jugar un papel activo de asesoramiento y lobby?

En un momento de transformación de las carreras académicas, tendientes a una mayor precariedad, ¿podrán las sociedades científicas ayudar a incrementar el interés y expresar las demandas de los científicos?. De cara a la creciente demanda de los responsables de la evaluación científica del riesgo, ¿serán las sociedades científicas una puerta de entrada para identificar a los expertos más adecuados para esta tarea?. Teniendo en cuenta la acumulación de controversias técnico científicas que socavan la confianza del público, ¿estarán las sociedades científicas en una posición privilegiada para crear foros de debate abierto y tender puentes entre la ciencia y la sociedad?

En una ciencia que oscila entre las tensiones opuestas de la hiperespecialización y la interdisciplinariedad, ¿todavía tiene sentido tener sociedades científicas disciplinarias? Teniendo en cuenta la creciente valorización de la internacionalización proporcionada por las asociaciones internacionales, con sus revistas y congresos, ¿podrán las sociedades científicas nacionales sobrevivir y mantener sus propios instrumentos de comunicación en sus lenguas autóctonas? En una actividad en la que la movilidad internacional es casi un requisito, ¿todavía vale la pena pertenecer a sociedades científicas nacionales?(1)

Respecto a estos dos últimos cuestionamientos, la constititución de sociedades de carácter interdisciplinario:

Como es el caso de las agrupaciones de diferentes países y continentes de nutrición parenteral y enteral conformadas por médicos, enfermeras, nutricionistas, químicos, farmacéuticos y biólogos, entre las que se destaacan la American Society for Parenteral and Enteral Nutrition, A.S.P.E.N., la Sociedad Brasilera de Nutrición Parenteral y Enteral, creadas en 1975.

la European Society for Clinical Nutrition and Metabolism, ESPEN, fundada en 1980 reúne sociedades de nutrición de países de la Unión Europea. Een América Latina tenemos, entre otras. La Asociación Argentina de Nutrición Enteral y Parenteral, Asociación Colombiana de Nutrición Clínica, La Asociación Mexicana de Nutrición Clínica y Terapia Nutricional, constituidas en 1983, 1986 y 1989 respectivamente. Son un reflejo de la reunión de diversas disciplinas del área de la salud trabajando en equipo. Compartiendo el saber disciplinar con el único fin de lograr una interactuacción de saberes para mejorar la atención y el cuidado nutricional de los pacientes.

La fortaleza de este tipo de sociedades científicas interdisciplinarias, nacionales e internacionales centra su acción en la normatización, regulación, legislación, estandarización de procesos. Exigencia de conformación de Equipos de Terapia Nutrición, de aplicación de buenas prácticas para la habilitación, acreditación. Así como la certificación de instituciones prestadoras de servicios de salud: hospitales y clínicas con la finalidad de brindar atención con calidad y garantizar la seguridad a los pacientes y usuarios.

Cuando se habla de Competencias disciplinares, las sociedades científicas tienen la obligación ética y legal de velar por la formación académica en los diferentes niveles de educación:

Pregrado, posgrado (especialización, maestría, doctorado y posdoctorado), vigilar el proceso de homologación de estudios en el exterior. Y por que el Estado exija la certificación y recertificación de los profesionales de la salud. En este caso específico, con el fin de garantizar una educación continua.

De igual forma debe defender los intereses de cada profesión implementando su reconocimiento jurídico y el respaldo del Estado para su desarrollo completo y para la producción de conocimiento independiente e imparcial.

En este sentido, es importante reconocer que existe una relación de dependencia entre las profesiones del área de la salud y la industria farmacéutica que podría marcar una fuerte parcialización en la formulación de medicamentos. En la realización de investigaciones y en las publicaciones, situación que puede sin duda llevar a la deslegitimación de las profesión médica. Por parte de la sociedad y el reconocimiento de que no se están haciendo las cosas bien.

Se acude entonces a la deontología (deber ser de las profesiones)

A la responsabilidad social, a adoptar y actuar bajo la premisa de la conducta responsable, a la legitimación de la comunidad, de la sociedad científica y  al final de la anuencia de nuestros pares académicos.

He querido dejar al final y a manera de conclusión, la responsabilidad social del científico. Ernesto García Camarero, español, matemático e historiador de la ciencia, reconoce en Einstein, Born, Linus Pauling, Oppenheimer un liderazgo y compromiso activo en la defensa de la autonomía y libertad de la ciencia.

García Camarero argumenta en su artículo que “El científico se encuentra en una contradicción cuando se enfrenta con el problema de su responsabilidad. Por una parte tiene el compromiso de la búsqueda objetivo de la verdad y de su relatividad, pero por otra está encadenado a las clases dominantes mediante la organización de su trabajo.”

La dependencia del científico a los poderes del siglo, a los regímenes y gobiernos instituidos:

Queda manifiesta y clara en el párrafo de la carta de Einstein a la Academia Bávara en 1933:

«Mis razones para dimitir de la Academia Prusiana, no implican, necesariamente, la ruptura de mis relaciones con la Academia Bávara. Por lo tanto, el deseo de que mi nombre sea borrado de la lista de sus miembros es por otras razones.

El objetivo fundamental de una Academia es proteger y enriquecer la vida científica de un país. Que yo sepa, sin embargo, las sociedades eruditas de Alemania han permanecido pasivas y silenciosas mientras un gran número de científicos, de estudiosos y de académicos eran privados de su empleo y de sus medios de vida.

No quiero pertenecer a una sociedad que se comporta de esta manera, aunque sea bajo presión». Es precisamente esta dependencia la que hace caminar al científico por rutas no marcadas por él, y generan situaciones que tocan las áreas de su responsabilidad.

” Para fortuna del hombre y de la sociedad, en los años 70 surgen en diversos países asociaciones como la British Society for Social Responsibility in Science cuyo objetivo es promover la conciencia y destacar la responsabilidad que el científico y el técnico tienen en esta nueva situación(8).

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Referencias bibliográficas


Sonia Echeverri De Pimiento
Enfermera de la Universidad Industrial de Santander, Magíster en Bioética de la Universidad El Bosque, Asesora del Servicio de Soporte Metabólico y Nutricional del Hospital Universitario Fundación Santa Fe de Bogotá, Magistrada del Tribunal Nacional Ético de Enfermería, Directora Ejecutiva de la Fundación Conocimiento, Editora de la Revista Actualizaciones en Enfermería
Correspondencia: [email protected]
Recibido: noviembre de 2013
Aceptado para publicación: diciembre de 2013
Actual. Enferm. 2014;17(1):6-8

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