Orígenes de la Asociación Colombiana de Diabetes y Semblanza de Mario Sánchez-Medina

Orígenes de la Asociación Colombiana de Diabetes

Solicité a la Junta Directiva intervenir en esta sesión solemne para presentar algunos hechos históricos que originaron la fundación de la Asociación Colombiana de Diabetes. El motivo para esto fue el seguir mis impulsos genéticos y ponerlos en palabras, más aún cuando me siento que comparto con mi hermano Mario la solemnidad del honor que hoy se le otorga en su labor científica de cincuenta años, y de su reconocida obra social lo cual hace este momento más trascendente al ser nombrado Miembro Honorario de este claustro.

Aquí deseo referirme a las raíces de Mario Sánchez Medina y de la Asociación Colombiana de Diabetes. Nuestra familia proviene de un pueblo de Extremadura llamado Llerena; de allí vino al nuevo reino de Don Miguel Sánchez Mateus. En la décima generación nace Don Antonio José Sánchez Narango, nuestro padre, quien determinó una serie de caminos en sus hijos, pues sus estudios de derecho, ciencias políticas y luego de pedagogía, psicología y filosofía, imbuidos de la cultura inglesa y francesa, le permitieron tener una visión que rompió fronteras.

En 1917 en Bogotá, se conformó la pareja del Doctor Antonio José Sánchez Naranjo y Doña Isabel Medina Escobar: un año después nació Mario Sánchez Medina, así él selló un nuevo apellido. Por el año de 1924, el Senador Antonio José Sánchez Naranjo presentó dos proyectos de ley de la Nación, ante el Congreso: uno sobre Higiene Social y Asistencia Pública y otro sobre Relaciones Patrón-Obrero, las cuales fueron aprobadas. Quiero con estas notas mostrar el molde intelectual donde se construyó la familia, sumado a la labor social que nuestros padres prohijaban, con la gente necesitada.

Cuando Mario tenía aproximadamente 9 años, la familia se trasladó a Suiza, en donde él estudió la primaria y se relacionó, además, con la cultura suiza-francesa.

Luego, al regreso a Colombia en 1930, siguió sus estudios de bachillerato y se graduó en 1936, en el Colegio La Salle, institución de corte cultural francés en donde se estimulaba el interés por las ciencias naturales, entre otras disciplinas. Allí, en esa institución, nuestro padre daba conferencias con ideas sobre las ciencias psicológicas y naturales; así fue como Mario escribió su primer trabajo sobre las vitaminas. Por esa época, el Profesor Henry Pierón, Profesor de la Universidad de Sorbona, en París, visitó Tunja, por invitación del doctor Antonio José Sánchez, Secretario de Educación en ese entonces, quien preguntó al Profesor cuál sería la carrera para Mario; él respondió: “las ciencias naturales”. Mario inició sus estudios de medicina, en 1937, y se graduó con una tesis sobre “La reacción Leprosa”.

En 1940 la familia se trasladó a la Argentina, donde Mario se interesó por estudiar sobre la diabetes e ingresó al Instituto Nacional de Nutrición de dicha Capital. En Buenos Aires tuvo la oportunidad de conocer al premio Nóbel, Bernardo Houssay. Por ese entonces, el profesor Charles Best había descubierto la Insulina y escrito el libro conocido como “Best and Taylor”. Fue así también como ingresó al Instituto de Investigaciones de la Academia Nacional de Medicina de Buenos Aires. Por ese entonces, Mario ya estaba interesado en la inmunología, pues veía la necesidad de entender y saber un poco más sobre lo que más adelante se comprendería como la memoria o reconocimiento en las organizaciones moleculares, sus mecanismos y reacciones, que en ese entonces se mencionaba como enfermedades del metabolismo y la tiroiditis de Hashimoto.

En 1945, a su regreso a Colombia, se le nombró Profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Javeriana y luego en la Universidad Nacional; en su práctica se encontró con la atención de los diabéticos, con toda la morfología de la enfermedad. Un día la señora Ramoncita Escobar Montejo, nuestra abuela, nos dijo, en una de las charlas de sobremesa, que tuviéramos en cuenta que había enfermos que no podían pagar la consulta, y que era necesario dedicar una tarde de un sábado a aquellos necesitados. Así, con todos estos vectores y antecedentes, cristalizó en la mente de Mario la necesidad de iniciar un trabajo por los diabéticos; de tal forma, y con el visto bueno del Padre y Rector de la Universidad Javeriana, Carlos Ortíz Restrepo, se construyó un consultorio, en un espacio libre, debajo de unas escaleras, en la entrada del Hospital de San Ignacio de ese entonces en 1950.

Un año después se pasaron a un local de una casa, frente al Hospital Militar. En 1953, se decidió convocar a los diabéticos y congregarlos en una Asociación. Inicialmente se dictaron conferencias sobre diabetes en el Museo Nacional. Una vez convocados los pacientes diabéticos, el día 13 de junio de 1954, a las 7 de la noche, durante el gobierno de Rojas Pinilla y cinco días después del conflicto con los estudiantes y precisamente el primer día de la televisión en Colombia, se reunió la comunidad diabética en el Museo Nacional. Surgió entonces, legalmente, la Asociación Colombiana de Diabetes. Como primer presidente se nombró al doctor Plinio Cifuentes; sin embargo, quienes estaban detrás de toda esta organización, eran el doctor Antonio José Sánchez Naranjo y Doña Isabel Medina Escobar, nuestros padres. Fueron ellos lo que apoyaron y ayudaron a redactar los estatutos y a fundar el voluntariado y toda la filosofía del servicio y la asistencia médica y social de los enfermos de diabetes, niños y adultos.

Seis años después de la fundación de la Asociación Colombiana de Diabetes se trasladaron a la sede actual, en donde se continúa con la ardua y valerosa labor, sin ánimo de lucro, sólo con la retribución del “placer del deber cumplido”. Han transcurrido 50 años de trabajo continuo, sus puertas siguen abiertas, con la esperanza de una mayor voluntad de aquellos que económicamente puedan vincularse y así establecer una equidad en las políticas de educación, prevención, investigación y asistencia del diabético. Por la Asociación han pasado, aproximadamente, 50 mil pacientes y actualmente hay un promedio de 45 consultas diarias. Se han conseguido desde entonces logros a diferentes niveles. Sin embargo, todavía falta continuar la labor y mirar el camino recorrido, dejado atrás, y luego apoyar que otros sigan adelante en el curso de la profundidad del tiempo; he aquí la ilusión de la inmortalidad de la obra realizada en esta vida. Todo esto es lo que la Asociación Colombiana de Diabetes tiene como lema grabado en dos palabras: “Ciencia y Servicio”. Eso esperamos todos, especialmente su fundador, el padre vivo de esta Institución: el Dr. Mario Sánchez Medina.

Mario, a través del desarrollo de su vida profesional, ha tenido múltiples honores, diplomas y condecoraciones; pertenece a diferentes Academias, ha presidido diferentes Congresos y publicado varios libros y alrededor de 150 artículos científicos, especialmente los dos últimos, que quiero mencionar: “La Inmunopatogénesis de la diabetes”, en la que plantea una forma de ver las organizaciones inmunológicas, y el trabajo en conjunto con el Académico Alberto Gómez sobre la Alergia respiratoria en trabajadores de biblioteca, en el que se encuentra una proteína distinta, todavía por identificar y nominar.

Una de sus más importantes investigaciones, además de la de los Ácaros y las ya citadas obras, es sobre el “Aislamiento y Transplante de las Células e Islotes de Langerhans”; iniciado hace ya 30 años atrás, cuando apenas se conocían algunas pruebas funcionales. Su vida ha sido de eterno estudio, de atención y dedicación clínica.

Cualquier idea que escriba de Mario está parcializada por mi subjetividad. Hemos compartido una serie de vivencias desde la familia hasta el conocimiento y discusión de las organizaciones y desorganizaciones, funciones e intercambios biomoleculares descubiertos en estos últimos años; obviamente, nuestro diálogo se ha estimulado por la curiosidad de los dos y la confianza que él me profesa, no sin existir preferencias. Su fortaleza vital con toda la intensidad, me produce la mejor de las envidias, la del desear vivir más. Sus logros están asociados a su brillante inteligencia, a su voluntad, tenacidad y pragmatismo; los primeros, los logros, son múltiples, desde lo científico a lo social, en el sentido del servicio médico especializado a la comunidad gracias a su generosidad, creatividad, capacidad de ayuda y solidaridad. Pienso, como la mayoría de los aquí presentes, que Mario ha sido un inmejorable hijo y hermano, excelente esposo, padre, profesional, colega y amigo y con el don de los afectos que, en ocasiones, emergen con pasión de la propia naturaleza genética y de sus creencias. Si bien algunos, pienso muy pocos, pueden ser sus contradictores, nunca, nadie, podrá quejarse de su entereza y nobleza, que obliga a los demás a sentirse orgullosos de su amistad generosa y bondadosa, no sin aceptar y posicionar diferencias, algunas veces exclusivistas e idealizantes, pero con un don de gentes y una exquisita sensibilidad social, lo cual lo hace más humano.

Con estas palabras quiero hacer un recuerdo y honra a nuestros antecesores, a todos los profesionales médicos o no, a las personas que han hecho donaciones y que de buena voluntad han servido y han apoyado la labor creativa de Mario, ya en dos generaciones; incluyo a mi sobrino Dr. Juan Camilo Sánchez Thorin, médico Oftalmólogo de la Fundación Santa Fe; a mi hijo Guillermo Sánchez Barea, médico Ginecobstetra de la Clínica del Country y un reconocimiento muy especial a nuestra hermana Margarita quien estuvo al lado de Mario, aportándole todos sus conocimientos y quien fundara la Facultad de Nutrición y Dietética en la Universidad Javeriana. Los hermanos Helena, Carlos, Alfonso y quien les habla hemos estado presentes en la obra generada desde mediados del Siglo XX cuyo fundador fue Mario, el primer hijo que enorgullece la familia.

Un reconocimiento especial a su señora Alin Batiste Borda, quien lo ha apoyado no solamente afectivamente sino, en forma inteligente, con sus consejos, a la vez que en la práctica, ayudándolo en los trabajos de retinopatía diabética; a sus dos hijos, María Piedad y Mario los felicito, pues ellos son los recipiendarios de lo mejor de sus padres: la vida en todas sus cualidades, ellos le están devolviendo el amor que todo padre necesita.

A la señora Mercedes De Torrado quien, con su intensa y admirable labor, ha acompañado a Mario en distintos momentos del desarrollo de la Institución, nuestros más sinceros agradecimientos.

Uno de los cuerpos más virtuosos de la Asociación Colombiana de Diabetes, es el del voluntariado, que fundara y dirigiera nuestra madre en forma sencilla, amorosa y dedicada. Quiero hacer mención, entre tantos nombres, muy especialmente, a la Sra. Helena Sáenz de Groot, esposa de nuestro Secretario Perpetuo y Miembro Honorario, el profesor Hernando Groot Liévano. Ella se distinguió por enaltecer su estirpe y ser un paradigma en el cariñoso afecto, cualidad representativa de todas las damas voluntarias. A todas ellas, en nombre de la sociedad en general y en el de la familia en particular, nuestra gratitud.

Sólo me resta, en nombre de la familia, expresar nuestra gratitud a los presentes, a las Directivas y a todos los Académicos, por este momento de honra a la labor desarrollada en los 50 años de la Asociación Colombiana de Diabetes y a la persona de mi hermano, Dr. Mario Sánchez Medina.

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