Historia y Bibliografía de la Diabetes en Colombia

Presentación de un libro en la Academia de Medicina

Por afortunada coincidencia, la presentación del libro “Diabetes en Colombia, Recuento Histórico y Bibliográfico” se realiza con ocasión de la celebración en la Academia de las bodas de oro de la Asociación Colombiana de Diabetes y del ascenso de su fundador y director científico Mario Sánchez Medina a miembro honorario de la corporación.

Este libro –que consta de diez capítulos y tiene ciento cincuenta referencias- ha tratado de recoger los momentos históricos, personas destacadas, tendencias en el manejo e investigaciones en el campo de la diabetes en nuestro país.

En el primer capítulo llamado “La alborada de la Historia” –antes de hacer el recuento cronológico del conocimiento que se tuvo de la enfermedad a nivel mundial desde épocas remotas hasta el inolvidable siglo XX- comienza con un párrafo que generó cierta atención en los medios y ocasional controversia. Dice este que “aunque se pensó que la diabetes existiera entre los pobladores amerindios precolombinos, los estudios recientes de antropología genética descartan esta posibilidad”. De allí se sacó una frase -incluida en el editorial “La diabetes que llega”del diario “El Tiempo”- que tajantemente afirma que en tiempos pre-colombinos, la diabetes no existía en América. Aunque esto no era lo que Joslin creía en los años sesenta, ya hay al menos un par de estudios de antropología genética que favorecen la teoría de la inexistencia o la muy baja incidencia de diabetes entre los pobladores originales de nuestro continente. El grupo del Instituto de Genética de la Universidad Javeriana (Briceño, Barriocanal, y los académicos Alberto Gómez Gutiérrez y Jaime Bernal Villegas entre otros) publicaron una carta en Diabetes Care que mostraba que esta enfermedad no existía en los amerindios puros del área rural colombiana. Los genes amerindios protegen contra la diabetes, según investigación publicada en la Gaceta Médica de México por un grupo de inmunogenètica de ese país liderado por Gorodezky, en el que participaron investigadores colombianos como Montoya, Bedoya, Restrepo y Alberto Villegas y también científicos venezolanos, que se realizó en 349 diabéticos tipo I y 257 controles sanos de tres ciudades latinoamericanas (Méjico, Caracas y Medellín). El 48% de la contribución genética de la diabetes tipo I corresponde a los genes clase II del HLA. Del brazo colombiano de este estudio se colige que el HLA que más susceptibilidad acarrea es el B18, mientras que la menor incidencia es la del B44 en 26 diabéticos tipo 1 y 56 controles estudiados en Medellín. Los haplotipos diabetogènicos en los grupos con mestizaje corresponden al ancestro mediterráneo, y las secuencias relevantes para la expresión de este tipo de diabetes se localizan en los locus DRB1 y DQB1. Los aminoácidos aspàrtico y glutámico confieren protección.

Que la diabetes provenía de los conquistadores lo sugieren Cortázar y Sánchez Medina (basado en escritos del historiador Henao y Arrubla) quienes dicen que entre nuestros conquistadores hay algunos casos como el de don Gonzalo Jiménez de Quesada (se le amputó una pierna por una gangrena posiblemente de tipo diabético) y el de Nicolás de Federman quien a través de sus descendientes dejó vestigios auténticos de padecer la enfermedad, ya que en los santanderes y en el noreste de Boyacá, regiones en las que habitan personas con rasgos teutones y nombres o apellidos de origen sajón, es una de las regiones con mayor incidencia de diabetes. Dice Cortázar que existen relatos de soldados que sin estar en campaña y en pleno descanso físico, morían de sed y en sueño profundo, habiendo perdido la conciencia en forma progresiva. Probablemente estos hombres jóvenes o maduros presentaron una acidosis diabética. Ha sido fácil establecer una secuencia familiar en el caso de los alemanes, mas no entre los conquistadores españoles, que iniciaron un mestizaje con numerosas tribus aborígenes. En cuanto a los franceses que colonizaron la costa atlántica a finales del siglo XVII y que se mezclaron con los negros, dieron lugar a familias en las que la diabetes se ha transmitido hasta las generaciones actuales.

En una revisión que publiqué hace unos tres años en la revista Medicina, que se refería a la incidencia de la diabetes en hispanos de las dos américas, decía que desde hace años sabíamos que países de gran altura (por su enclave andino) como Bolivia y Perú, tenían baja incidencia de diabetes mellitus; pero que la situación en el atrasado campo de esos países en vía de desarrollo no era la misma que en las grandes ciudades de esas mismas naciones sub-desarrolladas.

En una tabla publicada en las Guías ALAD 2000 se ve claramente la diferencia: muy bajas prevalencias (< 3%) en poblaciones como Huaraz (Perú), El Alto (Bolivia), Aymaras (Chile), o en el estudio liderado por Pablo Aschner –subdirector científico de la Asociación Colombiana de Diabetes y Jefe de la Unidad de Endocrinología del Hospital Universitario San Ignacio- en Choachí (Colombia), cuando se comparan con las tasas prevalentes en Sao Paulo, Bogotá o Lima. En estas grandes capitales suramericanas las tasas nunca son tan altas como en Ciudad de México, San Luis de Potosí o Santa Cruz, la ciudad industrial de Bolivia (que pasan la barrera del 10%). El común denominador de la baja prevalencia es la altura de la población (> 3000 metros sobre el nivel del mar) y el hecho de ser rurales y/o indígenas. En las de alta prevalencia, el punto definitivo es el estilo de vida de la gran urbe; la urbanización progresiva de los grupos poblacionales, acelerada por las migraciones internas y externas que se acentúan por factores como la violencia y el desempleo, es definitivamente responsable de la “diabetizaciòn” de las gentes, como se ve definitivamente en el caso de los hispanos en los Estados Unidos.

Los indios PIMA de México -primos de los Indios PIMA de Arizona- con muy bajas tasas de diabetes, también manifiestan un marcado aumento de prevalencia de la enfermedad cuando atraviesan la frontera debido al nuevo medio ambiente; es sabido que en los indios PIMA de Arizona se puede encontrar diabetes hasta un 50% en ciertas edades. Un hallazgo constante es el hecho de que las alteraciones del crecimiento fetal son factores altamente predictivos del desarrollo de enfermedades en la edad adulta como la diabetes tipo 2, según se observó en los Pima. No está claro cómo la estructura genética del individuo puede afectar el proceso. Si hubo sub-nutrición intra-uterina con presencia de un genotipo ahorrador -que lo protege allí o en épocas de hambruna- este lo lleva a obesidad y resistencia a la insulina en épocas de abundancia. Los bebés macrosómicos –productos de madres con diabetes gestacional- también tienen más probabilidades de desarrollar diabetes al llegar a la edad adulta. Aunque las diferentes tasas de diabetes en diferentes poblaciones, se pueden explicar en gran manera por las diferencias de la estructura genética, los efectos duraderos de las alteraciones nutricionales sobre el feto en desarrollo son, probablemente, los mismos en todas las poblaciones. A medida que los países en desarrollo aumentan sus provisiones de alimentos, más mujeres que nacieron con bajo peso se transformarán en adultas supernutridas, tendrán mayores tasas de diabetes que desarrollarán en edades más tempranas y, por lo tanto, tendrán con mayor frecuencia diabetes durante el embarazo.

En el siglo XIX se hicieron grandes aportes al estudio de la enfermedad por parte de Naunyn, Cantani, Langerhans y Minkowski. En Colombia, estas noticias se tradujeron en la primera publicación sobre diabetes en el año de 1897. Diabetes azucarada fue el título de la tesis de grado de Rafael Ucròs Durán (1874-1947). Este médico huilense estudió la carrera en la Universidad Nacional, y con la presidencia de tesis de su pariente José María Buendía, presentó este trabajo para optar al doctorado en medicina. Dice Ucròs Cuèllar –familiar suyo- en la Historia de la Endocrinología Colombiana que usó la metodología descriptiva francesa según lo acostumbrado en la época, comenzando por la historia, descripción de la enfermedad, actualización de los conocimientos que sobre ella había, que la causa –aunque desconocida- tiene que ver con los hábitos alimenticios y la herencia. Insiste en la utilidad de los exámenes de orina con el licor de Fehling e incluye 13 referencias bibliogràficas en francés e inglés. La parte más importante del trabajo es la referencia al primer diagnóstico de diabetes azucarada hecho en Colombia, y que correspondió a un señor R.P. que murió de la enfermedad, que fue realizado por los doctores Andrés Pardo y Ricardo Cheyne. Adicionalmente incluye la descripción, diagnóstico y evolución de cinco casos clínicos más.

En 1917 –nuevamente según Ucrós Cuellar- el doctor Julio Z. Torres presentó en la Sociedad de Cirugía de Bogotá un trabajo sobre el tratamiento de la diabetes con inhalaciones de ozono… pero no se publicaron ni resultados ni comentarios sobre el mismo. En aquellas épocas se usaban la quinesioterapia (ejercicio), crenoterapia (tratamiento hidro-mineral), talasoterapia (baños de mar), climatoterapia, electroterapia, raquicentesis y ozonización. Se decía que la respiración del aire ozonizado determinaba en la orina una mayor proporción de urea y ácido fosfòrico; habría pues una sobreactividad de las combustiones orgánicas, con mejor asimilación, lo que llevaría a exageración del apetito y aumento de peso, por lo que la ozonización tendría buenos efectos en el tratamiento de la diabetes por anhepatìa.

Los experimentos de Fredrick Banting y Charles Best en 1921 le dieron un vuelco total al manejo de la diabetes. El concepto mismo sobre la enfermedad giró 180º. La primera aplicación de insulina en Colombia la hizo Jorge E. Cavelier en 1923, recién llegado de Chicago (quien habría traído de esa ciudad algunas dosis de la hormona); viajó a Cartagena en un avión fletado para aplicarle la insulina a Fernando Vélez Danies, quien fuera suegro de su hermano Roberto. De 1922 es una tesis de grado de Francisco Obregón Jarava, médico de la Universidad Nacional, quien años después fue Rector de la Universidad de Cartagena y gran impulsador de su facultad de medicina; publicó entonces “Estudio fisiopatològico de la diabetes azucarada y su tratamiento”, tesis que fue dirigida por José Vicente Huertas. Este presentó dicha tesis al rector de la facultad de ciencias naturales y medicina el 3 de noviembre de 1922. El mencionado autor cartagenero describe diez pacientes a los que trató con cocimientos de polvo de corteza de Copalchi, cuyo nombre científico es Crotón niveus, y que en La Heroica gozaba de fama como antidiabético. De allí se había aislado un alcaloide análogo a la quinina, pero Manch sólo encontró un glucósido amargo incristalizado, que llamó copalchina. Sus efectos son principalmente sobre los aparatos urinario y digestivo. Sobre el primero reduce la glicosuria y la poliuria y en esto consiste su virtud curativa. Sobre el segundo, aumenta la secreción de saliva y disminuye la sed, mejora el apetito…. Los parámetros de mejoría –además de los clínicos- fueron la medición de la poliuria (que se redujo en todos, menos en uno al que se le aplicó “pituitrina”con resultados favorables), la glucosuria y la cetonuria, con mejoría en la totalidad de la serie.

DÉJANOS TU COMENTARIO

DÉJANOS TU COMENTARIO

Please enter your comment!