Distinciones, Homenaje al Académico Mario Sánchez Medina

Recipiendario de la Medalla Internacional “Hagedorn” de la Asociación Latinoamericana de Diabetes, otorgada en Punta del Este (Uruguay) en noviembre de 2001 (Palabras introductorias a su Conferencia Inaugural del 1er Congreso Colombiano de Diabetes, Bogotá, octubre de 2001)

Académico Efraim Otero Ruiz*
* Presidente, Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina.

Mario Sánchez MedinaHonrosa tarea la de presentar ante ustedes al orador de esta noche. Quienes hemos sido sus amigos y colegas de especialidad en los últimos 45 años, podemos decir con certeza que Mario Sánchez Medina resume, en su persona y en su obra, la historia de la diabetes en Colombia. Por eso, nada más apropiado que sea él quien pronuncie la conferencia inaugural de este 1er.

Congreso Colombiano de Diabetes sobre un tema que ha sido muy cercano a su corazón desde hace mucho: los aportes de la biología molecular a la terapéutica.

Si consideramos que la práctica científica de la diabetología en Colombia tiene 50 años, la misma edad que acaba de cumplir la Sociedad Colombiana de Endocrinología, casi ese mismo tiempo tiene la incorporación de Mario a esas actividades, primero desde la cátedra de nutrición y después desde la Asociación Colombiana de Diabetes. Pues, al terminar su carrera de médico en la Universidad Nacional a mediados de los años cuarentas, Mario viaja a Buenos Aires a entrenarse en los dos campos que serían después la esencia de su ejercicio profesional; la diabetes, por un lado, y la alergia e inmunología, por el otro. Buenos Aires en 1945 era uno de los centros mundiales de la actividad diabetológica, casi tan importante como Inglaterra o como Boston: el Instituto de Fisiología del profesor Bernardo Houssay -cuyo busto en bronce preside la Sala de Juntas de nuestra Academiallevaba más de una década en sus experimentos clásicos sobre la relación entre diabetes y adenohipófisis, estudios que le valdrían al sabio argentino el premio Nobel en Fisiología y Medicina de 1947.

El grupo de endocrinólogos bonaerenses formaba entonces una constelación que nunca, en ningún país latinoamericano, se volverá a repetir: Leloir, el discípulo y colaborador de Houssay en metabolismo intermediario y también futuro Premio Nobel; Argonz, Del Castillo, Galli-Mainini, Camerini-Dávalos, Braun-Menéndez, para citar tan sólo algunos nombres que nos deslumbraban a quienes, apenas unos años después, estudiaríamos para prepararnos con los siete volúmenes de la llamada entonces “Semiología de los Argentinos”. Allí trabajará por varios años con Escudero en el Instituto Nacional de Nutrición, en íntimo contacto con el Hospital de Clínicas y la Facultad de Medicina. De allí nacerá también su amistad con Camerini-Dávalos quien, después, luchará por llévarselo al New York Hospital, donde éste ocupó la Jefatura de Diabetes por muchísimos años y a quien después invitará Mario varias veces a dar conferencias en Colombia. También en Buenos Aires (ciudad a donde ha llevado después sus investigaciones y su experiencia y que lo ha honrado con altísimas distinciones) inicia sus estudios sobre alergia e inmunología (su tesis de grado en Bogotá había versado sobre “la reacción leprosa”), que después completará en Nueva York en el Robert Cooke Institute.

Provisto de ese bagaje y de esas conexiones internacionales regresa Mario al país y pronto se incorpora a la cátedra de nutrición de la Universidad Javeriana, como lo había hecho desde antes su hermana Margarita.

La situación de los diabéticos, que observa en los hospitales de San José y de San Juan de Dios – pues pronto estará también en la cátedra de Medicina Interna de la Universidad Nacional- y en su práctica privada, se le muestra tan crítica y abandonada que sacude los diapasones más íntimos de su sensibilidad social y funda en 1954, con la ayuda generosa de su padre y de toda su familia, la Asociación Colombiana de Diabetes.

La idea era la de dotar a la ciudad y al país de un centro accesible a todos los diabéticos de todas las clases sociales pero, especialmente, a aquellos de menores recursos, dotado de laboratorios investigativos con internistas, endocrinólogos, nutricionistas, bacteriólogos y trabajadoras sociales. Y de servicios asistenciales abiertos día y noche donde, además de prodigárseles las primeras terapias, se les instruyera sobre los cuidados elementales, se les enseñara a alimentarse y a preparar sus dietas -incluso con los ingredientes de la pobreza- y se les ayudara a conseguir sus medicaciones oportunas y a menor precio.

Todo con la meta fundamental, inspirada por Joslin en su clínica de Boston desde comienzos del siglo XX, de que son los cuidados paralelos al control adecuado de la glicemia, conducentes al cambio de un sistema de vida, los que otorgan al diabético una existencia longeva y libre de complicaciones. Esa obra, crecida y multiplicada en el país por más de cuatro décadas, es hoy orgullo no sólo del autor sino de la nación entera y ha inspirado la creación de Federaciones, como la patrocinadora de este Congreso, que proyectan la idea del cuidado científico-social de la diabetes más allá de las fronteras transnacionales.

Pero no sólo en lo social ha cumplido su deber epónimo la Asociación Colombiana de Diabetes. Ella brindó su sede desde muy temprano a la naciente Sociedad Colombiana de Endocrinología y Mario organizó diversos cursos y seminarios nacionales e internacionales, trayendo a los más distinguidos endocrinólogos mundiales, fueran ellos o no diabetólogos. Mario fue afortunado en que, por muchos años más, pudo confiar los rumbos jurídicos y financieros de la Asociación a su ilustre progenitor, inspirador como nadie de su preocupación social y padre de otros dos distinguidos colegas, uno de ellos Académico, que han brillado por años en el firmamento de la psiquiatría colombiana.

Esa animación y esa ayuda humanitaria la ejerció también siempre su señora madre, activa en la Asociación hasta poco antes de su muerte. Con esos eminentes apoyos y rodeado siempre de un grupo selectísimo de colaboradores, muchos de los cuales aún hoy lo acompañan, Mario pudo dedicarse a los temas de investigación que siempre le han apasionado. Como ha sido la retinopatía diabética, habiendo traído la primera cámara de retinofluorofotografía que existió en el país y que permitió avanzar grandemente en el estudio y prevención de esa ominosa complicación.

Y como fue el aislamiento y trasplante a través de la vena porta de las células de Langerhans, trabajo que inició hace 30 años, cuando al tema apenas si se lo mencionaba en la literatura mundial y que hoy adquiere gran importancia con el advenimiento de potentes inmunosupresores no-glucocorticoideos.

El de las pruebas funcionales con las primeras sulfonilureas; el de los mecanismos de resistencia a la insulina; en fin, tantas otras disciplinas en que confluyen, en preclara convergencia, sus dos especializaciones, la diabetes y la alergia-inmunología, que lo siguen iluminando actualmente. Prueba de ello son sus varios libros y sus 140 artículos científicos publicados, a los que se añade el excelente artículo sobre “Inmunopatogénesis de la Diabetes” ya publicado en esta Revista. Fruto también de sus experiencias ha sido el “Libro Mundial de la Diabetes en la Práctica”, publicado hace algunos años y que aún se conserva como texto fundamental en muchas instituciones.

Porque, en las áreas de alergia e inmunología, Mario también ha cosechado prodigiosos laureles. Yo tuve el honor, como Director de COLCIENCIAS en esos años, de acompañarlo a presentar su trabajo “Acaros en Colombia” en colaboración con la Universidad de California (publicado después en forma de libro), que fuera el primer trabajo colombiano cofinanciado en su totalidad por la National Science Foundation de los Estados Unidos, ganador de diversas distinciones nacionales e internacionales. Más recientemente, el prólogo y comentario al libro sobre “Alergia” del Académico Eduardo De Zubiría, nos demuestran la profundidad ecuménica de su conocimiento en estas materias.

Todas esas acciones científicas, promocionales, académicas y sociales no emulan, sin embargo, las características personales y humanas del Académico Mario Sánchez Medina. Leal, franco, generoso y abierto, amigo de sus amigos aun en los puntos más altos y más bajos de sus carreras, inquieto siempre por la verdad científica y pródigo en sostenerla y enseñarla, Mario es un paradigma que honra la especialidad diabetológica, como ha honrado siempre la medicina de proyección social y humanitaria en Colombia.

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