José Fernández Madrid, Médico y Presidente

RESEÑA HISTORICA

 F. SERPA, MD.

La figura de José Fernández Madrid (Cartagena, 1789-Barnes, Inglaterra, 1830) ocupa lugar sobresaliente en el panteón de médicos ilustres de Colombia, no sólo por su labor científica, que fue importante, sino por su actividad literaria y, principalmente, por su papel descollante en los comienzos de nuestra vida independiente, en que actuó como político, periodista, parlamentario, hombre de estado y diplomático.

Ocupó la presidencia de las Provincias Unidas, en 1814, en el Triunvirato del que también hacían parte don José María del Castillo y Rada y don Joaquín Camacho. Y luego, en circunstancias dramáticas, ante la renuncia de Camilo Torres, después de la rendición de Cartagena, del desastre de Cachirí y el triunfo de la reconquista, el Congreso lo designó Presidente de la Confederación (1).

“Acepto por la fuerza el destino que el congreso me confía …. “, fueron sus palabras y, derrotado, se dirigió al sur, a Popayán, luego de tratar de parlamentar infructuosamente con los españoles.

Del Cauca huye al Huila y es hecho prisionero, junto con su esposa, doña María Francisca Domínguez. Morillo, ante su petición de gracia, le conmuta la pena de muerte por el destierro.

Se radica en la Habana, donde es acogido generosamente. Allí ejerce su profesión de médico, escribe obras literarias y científicas. Y con dignidad sobrelleva el triste sino del desterrado, aquejado ya de los primeros síntomas de la afección pulmonar que lo llevara al sepulcro (2).

Luego de 9 años de destierro en Cuba, en 1825 regresó a la Nueva Granada. Había salvado su vida del cadalso, corriendo mejor fortuna que sus compañeros de gobierno y que la mayoría de los próceres que cayeron en manos del pacificador Morillo, fusilados en tiempos del terror.

Al retornar el ilustre médico, que con tan escasa fortuna tuvo en sus manos como Presidente la salud de su patria, bebió el trago amargo de las insidias de quienes no le perdonaban el haber sobrevivido a la derrota.

En La Miscelánea, publicación perteneciente a distinguidos jóvenes de la época que militarían después en el partido conservador, apareció un acerbo ataque, sin firma, contra Fernández Madrid que algunos, aviesamente, tuvieron la avilantez de atribuirlo al General Francisco de Paula Santander, vicepresidente encargado del gobierno por entonces.

El autor del anónimo periodístico aclaró la situación. Por 10 demás, en el periódico que podríamos llamar oficialista, orientado por Santander, El Constitucional, se le brindó al desgraciado expresidente una acogida favorable.

Quien escribió la nota contra Fernández Madrid luego de su largo destierro, fue el doctor Rufino Cuervo, años después candidato presidencial (derrotado por José Hilario López en 1849) y padre del notable filólogo don Rufino J. Cuervo.

En su carta de retractación, dirigida a Fernández Madrid, Cuervo dice lo siguiente: “Cuando El Constitucional anunció la llegada de Ud. a Cartagena e hizo el elogio de su persona, creí de mi deber tomar la pluma y pronunciarme contra Ud …” y luego de algunas consideraciones, concluye: “Desvanecidos por su “Exposición” los motivos que me hacían mirar a Ud.

con ojos de horror, me congratulo de verlo restituido al seno de su familia y amigos, y deseo que Ud. consagre sus talentos y luces a esa patria, que tanto necesita los esfuerzos combinados de sus hijos. Viva Ud. tranquilo y feliz y reciba la atención de su afecto servidor” (3).

El general Santander, a su tumo, envió al ilustre cartagenero un mensaje de por sí explicativo, que está consignado tanto en la Biografia de D. José Fernández Madrid, escrita por Carlos Martínez Silva en Bogotá en 1889 (4), como en el Tomo IV de las Obras de don Rufino José Cuervo (5) y que dice así: “Reciba usted mis enhorabuenas por el artículo que ha publicado la Miscelánea de ayer sobre usted.

Ahora sí quisiera haber sido yo el Autor de la Venida (se refiere a la nota anónima “Venida del doctor J. Fernández Madrid”, N. del A), para merecer el honor de ser un hombre honrado y de buena fé. Este artículo me parece un hermoso triunfo: entre mil veces, una es la que un enemigo confiesa que se ha equivocado y ofrece deponer su encono”.

Una vez rehabilitado justamente ante la opinión pública, el Vicepresidente Santander, encargado del gobierno, lo nombra en 1826 agente confidencial de nuestro país en Francia y, luego, Enviado Extraordinario y Ministro Plenipotenciario en Inglaterra, a donde llega en abril de 1827.

“Sus gestiones diplomáticas en Inglaterra, dice Humberto Roselli, favorecieron el reconocimiento de la independencia de Colombia, que poco tiempo después hicieron las potencias de Europa” (1).

Su salud, seriamente quebrantada (“Acabo de sufrir un ataque de pecho, escribe a su esposa en 1828, durante el cual he arrojado bastante sangre …”) no se recuperará ya más y, en 1830, fallece en una población cercana a Londres. Junto a él estaba su esposa, quien “en los últimos meses de su vida pudo llegar a acompañarlo”.

Su hijo mayor Pedro, quien nació en La Habana, estudió en Oxford y alcanzó posiciones destacadas en nuestra patria, como Gobernador de Boyacá, miembro del Congreso y funcionario de nuestra Cancillería.

En el NlI 62 del Papel Periódico ilustrado de don Alberto Urdaneta se informa que don Pedro “Murió en el pueblo de Serrezuela lugar que desde entonces lleva el nombre del ilustre huésped en justo reconocimiento a las virtudes y méritos que 10 adornaron …” (6). Dato curioso el de que el encantador nombre de la población sabanera hubiese sido cambiado como homenaje al hijo del prócer y no para evocar la memoria del infortunado expresidente.

El general Francisco de Paula Santander también acompañó en sus últimos días al doctor José Fernández Madrid.

Estaba ahora en calidad de desterrado por Bolívar quien, el 6 de marzo de 1830, le había enviado a su Plenipotenciario en Londres aquella patética carta-apología escrita en la Quinta de Fucha en que, entre otras cosas, le dice: “El hecho es que mi situación se está haciendo cada día más crítica, sin tener esperanza de poder vivir fuera de mi país de otro modo que de mendigo” (7).

No alcanzó a leer la carta que, desde Turbaco y fechada el 31 de mayo, concluía diciéndole: “Todavía no sé si me iré para Inglaterra, pues espero mi pasaporte y no sé cuándo vendrá; esta es mi intención decidida y allá alcanzaré a Vd. con todo mi corazón …”

Al pie de ella escribió su hijo Pedro: “Cuando esta carta llegó a Inglaterra el señor Madrid no existía. Murió el 28 de junio de 1830 …” Como tampoco leyó la postrera que el 24 de julio le envió desde Cartagena y que comienza: “Con mucha pena veo que los males de Vd. no le abandonan, lo que me hace pensar que mientras no salga Vd. de Inglaterra, la salud de Vd. le hará sufrir más y más …”.

Fernández Madrid, médico y científico El doctor Fernández Madrid estudió su profesión de médico en Santa Fé, en el Colegio Mayor de Nuestra Señora del Rosario, donde se graduó en derecho canónico y medicina antes de cumplir los 20 años (8). ,

Fue discípulo del doctor Gil de Tejada y defendió espontáneamente las conclusiones públicas de medicina en octubre de 1806, mediante 4 meses de estudio privado, con lo que obtuvo un premio especial, ofrecido por el doctor Eloy Valenzuela (1)

Su primer trabajo científico, la “Memoria sobre la naturaleza, causas y curación del coto” lo publicó en el Semanario del Nuevo Reino de Granada, con dedicatoria al doctor Eloy Valenzuela en testimonio de su afecto (8).

Durante su permanencia en Cuba escribió en 1817, una Memoria sobre la disentería, un Ensayo analítico sobre la naturaleza, causas y curación de la calentura thermo-adynámica y thermo-atáxica, llamada Calentura Amarilla de América, Vómito Prieto” (1821) (1) Y un estudio de cerca de 600 páginas, la Memoria sobre el influjo de los climas cálidos y principalmente de la Habana, en la estación del calor, que presentó ante la Real Sociedad Económica de la Habana, en 1824 (2,8).

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Su presencia en las letras

En la literatura colombiana el nombre de José Fernández Madrid ocupa sitio de precedencia por sus poesías (“La hamaca”, “Mi bañadera”…) y sus odas. Martínez Silva, su biógrafo, lo compara con Bello y con Olmedo (4). Sus dramas Atala y Guatimoc lo colocan al lado de Luis Vargas Tejada, como fundador del teatro nacional (8).

Y, como periodista, es recordado por su gaceta “El Argos” que “publicó en las distintas ciudades a que lo llevó su peregrinar, desde Cartagena (donde lo fundó con Manuel Rodríguez Torices) hasta Tunja, Bogotá y la Habana, ciudad donde vivió en exilio” (8).

Con Humberto Roselli (1) coindidimos en que el “solo epitafio del héroe del Bárbula, tan conocido, haría perdurar su nombre:

“Girardot aquí yace sepultado;
vivió para la patria un solo instante,
vivió para su gloria demasiado”.

Su figura humana

¿Cómo era la figura humana de éste que, con Bolívar y Nariño forma la trilogía de “los grandes tuberculosos de nuestra independencia”? (1). ¿ “El sensible Madrid” como fue llamado por quien lo conoció en la adolescencia, don Joaquín Camacho. al describir al juvenil integrante de la Tertulia del Buen Gusto?

“Adviértese, dice Humberto Roselli en “Los Médicos de la Independencia” (1), por las semblanzas que nos dejaron de Madrid sus contemporáneos, y por los retratos que conocemos, al paso que la constitución bondadosa de su temperamento, ese aire especial que presta la impregnación tuberculosa a estos seres sensibles y especialmente dotados para la emoción estética …”

Carlos Martínez Silva en su biografía nos lo describe así: “Era Madrid de mediana estatura, delgado y flexible de cuerpo, fino de cutis y más bien blanco que moreno; su barba, cejas y pelo negros, el último rizado, abundante y sedoso, lo mismo que la barba. Las cejas eran finas, los ojos grandes, rasgados, de color pardo y muy oscuro, sumamente expresivos, como toda su fisonomía …. ”

En la galería de los próceres del Museo Nacional de Bogotá se conserva su retrato al óleo, hecho cuando aún sobre su frágil organismo no habían caído tantas y tan agobiadoras pruebas. Cuando aún sus ojos bondadosos no habían contemplado tantas miserias, ni su frente alta y noble había sido azotada por tantas tempestades.

Las largas patillas que enmarcan el delicado rostro, parecen hacer un paréntesis a los delgados labios apretados que, todavía no habían exhalado aquel gemido de triste desterrado: “Ay, todo lo he perdido, ni la salud siquiera me ha quedado; los males de mi pecho devorado a los males de mi alma se han unido ….”

Referencias

  1. Roselli H: Los Estudios de Medicina en Santa Fé de Bogotá. Los Médicos de la Independencia. Rev Medicina, órgano infonnativo de la Academia Nacional de Medicina de Colombia 1979 No. 2: 52-57
  2. Hernández de Alba G: Cinco figuras médicas colombianas. Bogotá, Ed. Sol y Luna, 1973
  3. Cuervo A y R J: Vida de Rufino Cuervo y noticias de su época. París, A Roger y F Chernoviz Ed., 1982
  4. Martínez-Silva C: Biografía de D. José Femández Madrid. Bogotá, 1989
  5. Cuervo R J: Obras. Instituto Caro y Cuervo, Biblioteca Colombiana. 1987 6. Urdaneta A: Papel Periódico Ilustrado, Bogotá 1984 abr; N-62
  6. Simón Bolívar: Obras Completas. La Habana, Cuba, Edil. Lex, 1947
  7. Serpa-Flórez F: Médicos, Medicina e Historia. Bogotá Edit. Didáctica, 1977
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Doctor Fernando Serpa-Flórez, Médico de la Univ. Nacional. Master en Salud Pública de la Univ. de Harvard. Miembro Fundador de la Sociedad Colombiana de Historia de la Medicina. Miembro Correspondiente de la Sociedad Venezolana de Historia de la Medicina.

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