Nutrición: Desnutrición y Obesidad

Los países en desarrollo presentan una serie de condiciones nutricionales únicas que contribuyen a la mala nutrición. La primera es la presencia de desnutrición crónica en edades tempranas, lo cual es un factor de riesgo para presentar obesidad y otras enfermedades crónicas, tema que ampliaré más adelante. En segundo lugar, está la selección de alimentos que se puede encontrar limitada por razones de costo, variedad o ambas cosas. La tercera es la falta de educación, lo cual hace que las personas seleccionen sus alimentos y un estilo de vida inapropiados [49, 50].

Anteriormente, se consideraba que la desnutrición y la obesidad existían por separado en los núcleos familiares; sin embargo, existen varios estudios que demuestran que se pueden presentar conjuntamente [51]. La combinación de niños pequeños de bajo peso y adultos con sobrepeso y obesidad coexisten en una misma familia en los países en vías de desarrollo que se encuentran en un proceso de transición en nutrición. En estos países, según Caballero [2], por lo menos, 60% de los hogares que tienen un miembro de la familia con bajo peso también tienen uno con sobrepeso.

Popkin [52] describe esta situación en países donde se presenta un crecimiento en el producto interno bruto (PIB) y, por lo tanto, un cambio en los hábitos alimentarios que se combinan con reducción en la actividad física y aumento de peso del individuo, lo cual resulta en sobrepeso u obesidad.

El concepto de obesidad se encuentra ligado a la abundancia. Por lo tanto, se pensaba que a medida que los países en desarrollo mejoraran su situación económica, la desnutrición o el retardo en el crecimiento iban a detenerse. Se esperaba, entonces, que la obesidad ocurriera en personas con niveles socioeconómicos altos. Sin embargo, esto ha tomado otra dirección, ya que cuando se es pobre en alguno de los países que tienen un PIB menor de US$ 800 por año, se podría decir que existe una “protección” contra la obesidad, según Caballero [2].

No obstante, cuando se es pobre en países de economías intermedias, el riesgo de presentar obesidad es mayor que si se pertenece a un estrato económico alto. Aunque las razones no son del todo claras, se puede deducir fácilmente que, en los países pobres, la escasez limita la disponibilidad y la calidad de los alimentos, lo que impide alcanzar las demandas nutricionales y calóricas diarias y lleva a la desnutrición. En el caso de los países con economías medias, existe disponibilidad de alimentos baratos y densamente calóricos (comidas rápidas) y una tendencia a hacer menos ejercicio, probablemente por falta de espacios disponibles, lo cual lleva a la población a ver más televisión y, por lo tanto, a una vida sedentaria.

Una situación diferente ocurre con las personas de estratos socioeconómicos altos, quienes presentan menores niveles de obesidad como resultado de una combinación de los siguientes factores: tener un mejor nivel educativo en salud y en nutrición, tener mayor poder adquisitivo para comprar alimentos sanos, disponer de más tiempo libre para poder hacer ejercicio y tener más posibilidades de ir al médico para vigilar el peso y sus consecuencias. Esta situación en particular la describió Monteiro en Brasil [53], quien demostró que en las mujeres de bajos ingresos, la obesidad había incrementado de 7,9% a 12,6% (p<0,001), mientras que, en las de clase socioeconómica alta, había disminuido de 14,1% a 10,9% (p<0,001).

Desnutrición temprana y sus efectos en enfermedades crónicas

Existen causas diferentes a la dieta, el gasto calórico y el estilo de vida, que vinculan la desnutrición o el retardo en el crecimiento con la aparición en la edad adulta de obesidad, diabetes y enfermedades pulmonares y cardiovasculares.

Barker et al. han llevado a cabo diferentes estudios [54-58, 60] que muestran que el retardo del crecimiento en la vida fetal y durante los primeros dos años de vida, se relaciona en forma importante con el establecimiento del metabolismo de lípidos, con la presencia de algunos factores de riesgo cardiovascular, con la enfermedad cardiovascular
crónica y con el infarto del miocardio [49]. Estos estudios se han replicado en hombres y en mujeres de Europa, Estados Unidos e India, y su interrelación es independiente del tiempo de duración de la gestación [57].

Precisamente en una de sus últimas publicaciones, Barker [59] menciona la “hipótesis del origen fetal”, la cual propone que las alteraciones generadas por la plasticidad del desarrollo debidas a la desnutrición durante la vida fetal, la infancia, y la niñez temprana, cambian en forma permanente la estructura y la función del organismo mediante un fenómeno llamado “programación”. Tanto el ritmo como el camino del crecimiento temprano son factores determinantes en el desarrollo de un grupo de enfermedades, que incluye la diabetes de tipo 2, la enfermedad coronaria, el infarto del miocardio y la hipertensión arterial.

Este fenómeno de programación se puede generar a través de tres procesos, principalmente. En primer término, la capacidad funcional de órganos esenciales es menor.

En segundo lugar, el proceso que vincula el bajo peso al nacer con enfermedades posteriores se presenta por la programación de las hormonas y el metabolismo. Un niño desnutrido puede establecer formas más eficientes de metabolismo y absorción de los alimentos. Por ejemplo, Barker [59] se basa en la información provista por Phillips [61], quien afirma que la resistencia a la insulina asociada con los recién nacidos de bajo peso al nacer, puede considerarse una respuesta fetal persistente, por medio de la cual las concentraciones de glucosa sanguínea se mantienen a cierto nivel con el objeto de beneficiar el cerebro, a expensas del transporte de glucosa hacia los músculos y para su crecimiento.El feto tiene prioridades claras para el crecimiento y el desarrollo de los diferentes órganos. La escala muestra una mayor importancia de los órganos principales, como el cerebro, mientras que otros órganos, como el riñón, los músculos y los pulmones, se encuentran entre las últimas prioridades.

En tercer lugar, el vínculo entre el bajo peso al nacer y las enfermedades posteriores se debe a que este tipo de recién nacidos es más propenso a presentar un futuro adverso en la vida. Esto se puede observar en el estudio de Helsinki [59], en el que se pudo comprobar que las personas con bajos recursos socioeconómicos tenían mayores probabilidades de desarrollar posteriormente enfermedad coronaria e infarto [62].

Según describe Yajnik [63], citando a Langley et al. [64], en estudios con animales, la restricción de proteínas durante el embarazo lleva a hipertensión arterial y a la reducción en la secreción de insulina. Diversos estudios se han adelantado para demostrar la influencia del estado nutricional y su efecto en las enfermedades crónicas.

Sin embargo, tal y como lo menciona Barker [57] con referencia a los escritos de Mellanby [65] y Mussey [66], es importante tener en cuenta que las dietas de una generación en particular pueden afectar los descendientes de varias generaciones posteriores, debido a que una nutrición correcta durante el embarazo no comienza durante el mismo, ni siquiera en la edad adulta antes de la concepción, sino que se relaciona con el crecimiento y desarrollo de las mujeres, e incluso, con sus perfiles metabólicos y hormonales cuando quedaron embarazadas.

El feto de una madre desnutrida responde a un déficit de suplencia energética mediante modificaciones genéticas que optimizan la conservación de energía. Esta estrategia de supervivencia modifica en forma permanente los sistemas reguladores, lo que causa un exceso de acumulación de energía y, por lo tanto, de grasa corporal, cuando los adultos se exponen a una dieta sin restricción del suministro energético [2]. El retardo del crecimiento intrauterino se presenta comúnmente en los países en vías de desarrollo y debe considerarse como una situación de alerta para el desarrollo tanto de obesidad como de enfermedades no comunicables relacionadas con la nutrición.

Fácilmente, podemos encontrar concomitantemente en una familia miembros que padecen detención del crecimiento o desnutrición y otros que presentan sobrepeso u obesidad. En estos casos, se observan madres obesas que tienen hijos desnutridos o con retardo de crecimiento. Doak et al. [51] realizaron un estudio nacional en siete países: Brasil, China, Indonesia, República de Kirguistán, Rusia, Vietnam y Estados Unidos. En seis de estos países, entre 22% y 66% de las familias tenían uno de sus integrantes desnutridos y otro con sobrepeso u obesidad. Infortunadamente, los líderes políticos tienden a pensar que la obesidad es el resultado del comportamiento, en vez de considerarlo como un problema producido y condicionado por los factores económicos del entorno [50].

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