Reseñas Bibliográficas: Meditaciones de un Octogenario

Autor: Fernando Sánchez Torres
Comentario

Felipe Coiffman Z1.

Meditaciones de un OctogenarioAutor: Fernando Sánchez Torres
Editorial: Giro Editores Ltda.
Año de publicación: 2010
Número de páginas: 303
ISBN: 978-958-9396-48-3

Definitivamente mi amigo el Dr. Fernando Sánchez Torres, autor del libro, es un octogenario feliz. Qué envidia. Envidia de la buena. Esuna felicidad contagiosa. Gocé mucho leyendo su libro. Confieso que muchos capítulos los releí. Quedé impactado de su erudición. Hay páginas que tienen más de cinco citas bibliográficas. Aunque el autor no lo pretendió, es una especie de autobiografía relatada en un lenguaje fluido, sincero y periodístico, pues el ser columnista del periódico El Tiempo le da autoridad en este campo. Este es su décimo libro, todos igualmente interesantes.

Aunque los médicos solemos tener intereses adláteres a la medicina, no abundan los galenos tan polifacéticos como el autor. Incursiona en campos como la pintura, la filosofía, la docencia, la investigación, la bioética, etc. Por algo tiene el título de Profesor Honorario de la Facultad Nacional de Medicina de la cual fue decano. Cuando fue rector de la Universidad Nacional, dejó una huella imborrable por sus reformas.

Tengo la fortuna de compartir con Fernando la membresía de la Academia Nacional de Medicina, de la cual es el actual presidente. Allí está llevando a cabo una labor que dará frutos para beneficio de todos los pacientes de país, sin distinción de clases ni posición económica. El gobierno, muchas veces renuente a las recomendaciones de la Academia, las está teniendo en cuenta. Bien se sabe que “la experiencia es la enfermedad que menos riesgos tiene de contagiarse” y en la Academia abundan las figuras médicas con experiencia.

Los temas sobre los que mi colega medita en su libro son variadísimos. Citemos unos cuantos: la vida, Dios, religión, arte, la medicina pasada, actual y futura, la mujer, la vejez, la muerte, etc.

En su capítulo acerca de Dios y la religión, se declara escéptico o agnóstico, por no decir ateo. Se une al grupo de más de mil millones de habitantes en el mundo que niegan o negaron la existencia de un Ser Supremo, entre los cuales se encuentra Voltaire, Darwin, Marx, Freud, Einstein y otros. Relata que un trauma en su niñez lo llevó a dudar de Dios. Cuando estudiaba en el Colegio Americano de Bogotá, de tendencia presbiteriana, un sacerdote católico lo vio leyendo una biblia protestante. Sin más preámbulos le gritó: “Sí no te retiras de ese colegio, te esperan los castigos del infierno”. La amenaza tuvo efectos contraproducentes. Mi amigo se cuestionó la existencia de Dios y del infierno y se convenció de que el “hombre creó a Dios”. Yo me pregunto: cuando Dios creó al hombre “a su imagen y semejanza”, creyó que era bueno. ¿Dirá lo mismo ahora?

Aunque sostiene que “no es crítico de arte ni consagrado artista”, en mi concepto es un excelente retratista. En la Academia de Medicina gozamos sus pinturas de los últimos presidentes. Me impresiona, además de la fidelidad de las formas, la captación del espíritu de cada persona, aspectos que ninguna fotografía puede captar. A mí también me gusta la pintura y creo tener alguna facilidad para ella. A mi colega y a mí nos tocó recibir clases de “Dibujo médico” con el maestro Miguel Díaz Vargas. Sin embargo, casi pierdo la materia. Un buen día me dijo tajantemente el maestro: “Coiffman, si lo vuelvo a ver haciéndoles los dibujos a sus compañeros, le hago repetir la materia”.

Mi colega está un poco decepcionado de la medicina de hoy. Yo lo comprendo. La edad de oro de la medicina nos tocó a nuestra generación. Los que estudiamos medicina, lo hicimos por absoluta vocación. Hoy, la comercialización de nuestra profesión debido a las compañías intermediarias, ha cambiado el espíritu médico. Mi colega comenta: “Me hice médico y médico de la mujer, en homenaje a mi madre. Tenía 10 años cuando ella murió. En ese instante, al pié de su cadáver, prometí ser médico para que las madres no se murieran”. Afortunadamente para la medicina, cumplió su promesa.

Sus últimos capítulos se refieren a la vejez y a la muerte. Confiesa que ha tenido una vejez feliz, rodeado por su familia y sus ocupaciones que absorben todo su tiempo. Sostiene que “triste final aquel cuando el cerebro muere antes de que el corazón deje de latir”. No es su caso. Está de acuerdo con Epicuro, el filósofo griego, cuando dijo que “el más feliz no es el joven, sino el viejo que ha vivido una hermosa vida”.

Mi amigo octogenario aplica la vieja fórmula latina: “Carpe diem” (aprovecha el día presente). ¡Qué buen ejemplo para seguir!


1 MD. Profesor de Cirugía Plástica, Universidad Nacional de Colombia. Académico de Número.

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