Historia de la Medicina, Algunas ideas en Relación al Psicoanálisis Aplicado y del Quijote y Sancho

Académico Carlos Plata Mújica*
* Sesión Solemne del 5 de junio de 2003 con motivo de su posesión como Miembro Honorario.

Este es para mi un día de honor, de aquellos honores que se originan por una parte en el afecto de uno de ustedes, doctor Guillermo Sánchez Medina, quien tuvo a bien presentar ante la Academia mi nombre, que encontró en todos ustedes, los directivos, apoyo y comprensión para su empeño, que cuando me lo comunicó, le agradecí profundamente.

Mi agradecimiento se extiende a todos los miembros de la Academia que tuvieron a bien aceptar que yo entre a formar parte de esta antigua institución, que como ha destacado Guillermo, contó en su fundación con un pariente mío, por el lado tanto de mi padre como de mi madre. Espero cumplir con la exigencia de honor que ustedes me han hecho con esta designación que hoy formalizo.

Entraré a desarrollar el tema ofrecido.

Las soluciones que el desarrollo cultural halló para conceptualizar el funcionamiento mental o psíquico del ser humano partieron ya sea de principios filosóficos o de otros teológicos, o de diversas mezclas de ambos criterios, que llenaron esta noción de un lenguaje que con el tiempo llegó a ser muy popular pero que a través de esta divulgación escondía significaciones confusas que hicieron muy difícil superar y enfrentar el sistema constituido por tales expresiones. Me refiero a términos que fueron considerados, por ejemplo, dentro de la filosofía tomista, de raíz griega, como potencias del alma, tales como la voluntad, memoria, etc.

Sigmund Freud al postular el aparato mental como modelo para representar el funcionamiento psíquico partió de sus conocimientos como neurofisiólogo, y también de su propia orientación filosófica, pero su ulterior dedicación a la clínica, y el desarrollo conceptual derivado de ésta, le permitió llegar a conceptos cada vez más centrados en la experiencia tenida dentro de un campo específico de observación técnica, que paulatinamente fue constituyendo el psicoanálisis, con los tres aspectos que abarca este concepto. Por una parte una experiencia clínica específica, por otra una técnica dentro de una relación dual delimitada y una teoría, que mejor se llama metapsicología, concepto este que tiende a destacar que es una teoría psicológica de lo inconsciente y, si me permiten definirla por lo negativo, una psicología que si bien tiene en cuenta lo consciente no se centra ni se agota en su exclusiva consideración, tal como sí lo hace la psicología clásica, que se inició también dentro de la segunda mitad del siglo XIX.

El desarrollo de la teoría psicoanalítica le permitió señalar que el principal campo de aplicación del psicoanálisis es el clínico, sin que por esto sea el exclusivo, sino que se puede usar esta teoría, o metapsicología, en una gran variedad de disciplinas humanísticas que constituyen lo que se denomina el “análisis aplicado”.

El mismo lo inició por el estudio de los contenidos mentales inconscientes de diversas obras de arte, ya sea poesía o novelas, y también por su aplicación a estudios biográficos de artistas y de investigaciones antropológicas. Recordaré acá sus ensayos sobre Moisés, Leonardo da Vinci y Dostoievski.

A través del análisis aplicado se pueden considerar diversas variantes de la búsqueda de comprensión. Este fue empleado en el caso de Moisés como una hipótesis histórica tendiente a ubicar la génesis del monoteísmo para el culto judío de su ética y de algunas costumbres.

En Leonardo da Vinci conectó la dificultad para terminar sus obras con las complicadas vicisitudes infantiles de su vida, también buscó enlazar una de sus obras famosas con su drama de las dos madres infantiles.

En Dostoievski buscó esclarecer el origen tanto de su histeroepilepsia, como de su llegada a un conservatismo extraño con sus traumas, así como también de su adicción al juego.

En todos estos estudios advirtió que buscaba aspectos de los autores sin entrar a considerar cual es la motivación de sus grandes capacidades, especialmente las artísticas, campo en el cual señaló que no podría opinar con fundamento.

Desde el principio del desarrollo de las investigaciones psicoanalíticas fue muy importante la contribución del psicoanálisis aplicado. Freud, por ejemplo, para estudiar el fenómeno de las psicosis tomó como tema una autobiografía de un abogado y juez alemán psicótico que había publicado sus memorias, en las cuales también se refiere a sus tratamientos psiquiátricos y la evolución de sus delirios. Coloquialmente lo conocemos como el Caso Schreber y se publicó como “Observaciones psicoanalíticas sobre un caso de paranoia autobiográficamente descrito” (1911).

Estudió “El poeta y los sueños diurnos” (1908) También publicó diversos libros y ensayos sobre la estructura social y la relación de lo social con lo individual, por ejemplo, “Totem y Tabú” (1913), “La psicología del grupo y el análisis del yo”(1921), “El malestar en la cultura” (1930). A través de toda su vida mantuvo su interés en estos temas referentes a la aplicación del psicoanálisis Siguiendo a Freud en su interés del drama de Sófocles sobre Edipo, un autor que investigó temas relacionados con la mitología y abrió un campo que ha sido muy fructífero fue Otto Rank. Este campo ha llevado a múltiples estudios. En Latinoamérica se han publicado diversos estudios sobre culturas aborígenes tanto por psicoanalistas mejicanos como peruanos.

En el tema del arte, Ernst Kris en su libro “Psicoanális y arte” (1955) desarrolló, desde el punto de vista norteamericano, una contribución central a la comprensión y a la sistematización recomendada para esos estudios.

Melanie Klein empleó el psicoanálisis aplicado para ilustrar su comprensión del mecanismo que ella denominó identificación proyectiva a través del estudio de una novela llamada “Si yo fuera usted” escrita por Julian Green.

Centralmente habría dos técnicas para el estudio psicoanalítico de las producciones literarias. La una, empleada tanto por Freud como por Klein, el primero en la Gradiva, novela escrita por Wilhelm Jensen y la segunda por la ya citada de Julien Green. Estos tienen en común que se ocupan de la obra en sí misma sin tener en cuenta la posible relación de la obra literaria con la biografía y los conflictos mentales del autor; técnica que K. R. Eisler ha denominado endopoiética.

La otra técnica, llamada exopoiética, se toman los personajes novelescos, o también el tema, como si fuesen escenificaciones de la estructura mental del autor y en general se emplea para mostrar aspectos de la biografía conflictual inconsciente de quien escribió la obra.

Como contribuciones colombianas a estos temas podría citar a Guillermo Sánchez Medina en el “El arte de enseñar y aprender” (1986) y en “Psicoanálisis y la teoría de la complejidad” (2002); a Roberto de Zubiría en “Muerte y Psicoanálisis” (1996); a Simón Brainky en “Psicoanálisis y Cine: Pantalla de ilusiones” (2000); a Guillermo Carvajal en “Adolecer: La aventura de una metamorfosis” (1993) y en “Cartas a Andrés: Cómo formar un demócrata sin corromperlo” (2002); y a Adolfo DeFrancisco Zea en “El mundo psicológico de Kafka” (2002). En 1960 publiqué un breve estudio sobre la novela Frankestein de M. Sheley.

En el ejemplo que me propongo traer en este momento a través de Don Quijote y Sancho sólo tomaré en cuenta a esos dos personajes y no me ocuparé para nada de Don Miguel de Cervantes, porque he considerado que los datos que sobre él tenemos han variado en tal forma en los últimos cincuenta años, que las especulaciones que al respecto se puedan hacer aún tendrían bases históricas no muy sólidas, que seguramente se transformarán en aspectos importantes en la medida que prosigan los estudios biográficos documentales sobre este autor. Esta novela, central de nuestro idioma, su acción transcurre en el verano de algún año del siglo XVII.

La base para el desarrollo que les voy a explicar ha sido un estudio que presenté en un Simposium Anual de la Asociación Psicoanalítica Argentina (1955), en cuya revista publiqué un resumen en ese entonces en la Revista Argentina del Psicoanálisis Vol. XII p.449, y el texto, tal cual lo había presentado ese año, en la Revista Colombiana de Psicoanálisis el año de 1983, (Vol VIII p.97-106) sobre “Algunos aspectos psicoanalíticos de Sancho y don Quijote”. En parte he seguido mi comprensión lograda en ese entonces, enriquecida ahora con algunos nuevos conceptos y desarrollos.

Debo advertir que principalmente para este ensayo he tratado de seguir la orientación de un estudio que en buena parte es un excelente ejemplo de análisis aplicado, me refiero a Ronald Britton en su libro “Belief and Imagination” (1998) –Creencia e Imaginación– que a mi entender conjuga a S. Freud, M. Klein, W.R. Bion, J Steiner en general al grupo que puede deno-minarse postkleiniano de Londres.

Para las citas he empleado la edición del “INGENIOSO HIDALGO DON QUIJOTE DE LA MANCHA” compuesto por Miguel de Cervantes Saavedra, Segunda Edición, según el texto de Francisco Rodríguez Marín, de la Real Academia Española, en dos tomos, impreso en Barcelona, Montaner y Simón, S. A., Editores – MCMLIV.

Don Quijote

Don Quijote de la Mancha es descrito inicialmente como un hidalgo de cincuenta años de edad, llamado Alonso Quijano el Bueno (II p. 629), persona bien considerada en su lugar, de complexión recia, seco de carnes, que a honra tenía haber sido siempre persona honesta, o como él también dice: “de los enamorados platónicos continentes”. Vivía acompañado de su sobrina, Antonia Quijana (II p. 629)1, de veinte años, hija de una hermana, de un ama de servicio que pasaba de los cuarenta (I p. 24) a cincuenta años(II p.623) y de un mozo para todo oficio.(I p 24)

Era gran madrugador, amigo de la caza y “en sus ratos de ocio que eran los más se dedicó a leer libros de caballería por el gusto de los cuales y para conseguirlos malbarató parte de sus medianos haberes y descuidó el administrarlos”; y “vendió muchas hanegas de tierra de sembradura” (I p. 24).

Primeramente deseó acabar de escribir algunos de esos libros inconclusos y sobrevalorándolos y discutiendo con sus amigos fue penetrando tanto en las aventuras y enfrascándose tanto en su lectura que finalmente vivió a los personajes allí expuestos y sus situaciones. “Llenósele la fantasía de todo aquello que leía en los libros, así de encantamentos como de pendencias, batallas, desafíos, heridas, requiebros, amores, tormentas y disparates imposibles” (I p. 26).

Don Quijote de la Mancha.

Tomado del libro Don Quijote de la Mancha. Ed. Castilla y Madrid, 1947.

Luego pasó a actuar estas fantasías dentro de su cuarto de lectura y posteriormente resolvió que era necesario para él, y para el mundo, resucitar la orden de la caballería andante y salió a actuarla. En esta sucesión muestra diversos pasos de una identificación proyectiva y luego de nuevo introyectada como principio del Quijote. Actualmente mejor podríamos expresarlo a través del concepto de imaginación, que es un espacio o escenario psicológico virtual donde acontecen sucesos de diversa índole, por ejemplo, donde los caballeros andantes cobran existencia y también los encantadores que persiguen, como lo seguiremos viendo es el espacio para las fantasías.

Se preparó para salir limpiando las armas de sus bisabuelos y haciendo una celada que no resistió prueba de dureza y la reconstruyó sin atreverse otra vez a probarla (I p.28). Todas estas situaciones, incluso la descripción del núcleo familiar actual hacen pensar en un intento de identificación regresiva con un padre fantaseado agresivo e impotente. Su armamento, oxidado de un antepasado, mostraría un padre frágil y muerto, y ahora encargado de mal cubrirlo y protegerlo.

Siguiendo esta misma transformación se puso nuevo nombre a sí mismo, Don Quijote y también a su escuálido caballo, Rocinante, y además a una “moza labradora de muy buen parecer, de quien él en un tiempo anduvo enamorado, aunque según se entiende , ella jamás lo supo ni se dio cata dello. Llamábase Aldonza Lorenzo, y a ésta le pareció bien darle el título de señora de sus pensamientos” (Ip.29/30) Vino a llamarla Dulcinea del Toboso porque era natural del Toboso (I p. 30) y de quien dice: “ Dulcinea no sabe escribir ni leer y en toda su vida ha visto letra mía ni carta mía, porque mis amores y los suyos han sido siempre platónicos, sin extenderse a más de un honesto mirar y aún esto tan de cuando en cuando que osaré jurar con verdad que, en doce años que ha que la quiero mas que la lumbre destos ojos que han de comer la tierra no la he visto cuatro veces, y aún podrá ser que de estas cuatro veces no hubiese ella echa-do de ver la una que la mira-ba; tal es el recato y ence- rramiento en que su padre Lorenzo Corchuelo y su madre Aldonza Nogales en que la han criado” (I p260).

De su relación con Dulcinea dice además: “y para concluír con todo yo imagino que todo lo que digo es así sin que sobre ni falte nada y píntola en mi imaginación como la deseo, así en la belleza como en la principalidad” (Ip.262) y “(para) lo que yo (la) quiero tanto me vale como la más alta princesa” y “ella pelea en mí y vence en mí y yo vivo y respiro en ella y tengo vida y ser” (I p.319), “¡Oh Dulcinea del Toboso, día de mi noche, gloria de mi, …, norte de mis caminos, estrella de mi ventura! (Ip.256)

En estas diversas transcripciones se puede apreciar la forma en que mágicamente logró construir su mundo interno poblado de sus figuras ideales.

En estas circunstancias resolvió realizar su primera salida a ejercer la caballería andante, estando en ello “le vino a la memoria que no era armado caballero …(se) propuso de hacerse armar … del primero (caballero) que topase””(I p.32) Llegado a una venta inició escenificar su fantasía transformándola en fortaleza, con el ventero como castellano alcaide de ella y a las mozas Tomado del libro Don Quijote de la Mancha. Ed. Castilla y Madrid, 1947.

las convirtió en señoras principales y logró que se hiciese una especie de ceremonia de velación de las armas, que terminó en problemas por un arriero que tocó sus armas; pero el mesonero aligeró la ceremonia para que se fuera. Así intentaba acá iniciar el realizar sus proyectos fantaseados: “Dichosa edad y siglo dichoso donde saldrán a luz las famosas hazañas mías, dignas de entallarse en bronce, esculpirse en mármoles y pintarse en tablas, para memoria en lo futuro” (I p. 32-33).

Caminando, al azar de su caballo, defendió un adolescente maltratado por su patrón. Siguió y él iba diciendo a media voz: ‘“Bien te puedes llamar dichosa sobre cuantas hoy viven en la tierra ¡oh sobre las bellas bella Dulcinea del Toboso! que te cupo en suerte tener sujeto y rendido a toda tu voluntad y talante a un tan valiente y nombrado caballero como lo es y será don Quijote de la Mancha … (quien) hoy quitó el látigo de la mano a aquel despiadado enemigo que tan sin ocasión vapulaba a aquel delicado infante” (I p.50)

Estas transcripciones de sus fantasías sobre Dulcinea, la figura femenina ideal, nos permiten pensar que obedecen a la propia figura de la madre, posiblemente deseada defensora de vapuleos a él como infante.

Luego solicitó a unos viajeros que confesaran “que no hay en el mundo todo doncella mas hermosa que la Emperatriz de la Mancha, la sin par Dulcinea del Toboso” exigencia ésta que terminó luego de un corto y gracioso diálogo en caída y apaleamiento de don Quijote, quien posteriormente fue llevado a su casa, atravesado sobre un asno y las armas en Rocinante, por alguien que lo conocía y a quien incluyó en las fantasías que estaba viviendo en ese momento.

Durante su estadía en cama, recuperándose, el ama, la sobrina, el Licenciado Cura Pedro Pérez y el Barbero Nicolás hicieron el estudio, selección y quema de sus libros y “muraron y tapiaron” su biblioteca, diciéndole que llegaron los diablos y se la llevaron y, según la sobrina dijo, fue un encantador.

En esta sucesión podemos apreciar que sus fantasías son tratadas como creencias con la calidad de omniciencia. Su creencia a través del conocimiento de la literatura caballeresca para él había adquirido la categoría de certeza, condición esta que fue afirmándose y ampliándose en las armas, el nombre del caballo y la transformación de Aldonza en Dulcinea. Esto permite su primer ensayo en que ya encontramos su transformación fantaseosa del mundo, de las personas y de las cosas u objetos de la realidad. Su identificación proyectiva que le dio casi vida a Amadis de Gaula, pasó a atributiva en su caballería andante y la percepción de la realidad no desiderativa fue reprimida, o en términos de entonces “murada y tapiada”.

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