La Intuición y el Azar Determinista

Intuición

Leyendo los textos anteriores podemos inferir que existe un preconocimiento o una pre­cognición con preconceptos como lo postula Bion en “Volviendo a pensar” (1961). Aquí vale la pena transcribir lo postulado por el escritor Arthur Miller refiriéndose a Einstein y Picasso en la temática “El tiempo, los espacios y los estragos de la belleza”:

“Para Picasso, en 1907 la selección de un problema significaba elegir un tema que él pudiera trans­formar en un estilo conceptual. Como los artistas de hoy en día parecen olvidar; para trabajar con­ceptualmente es preciso tener realmente un concepto, así como un tema y una forma de fundir ambos en un todo. El concepto era una nueva representación del espacio y el tiempo; “elegir un problema” significaba elegir una escena en la que este concepto pudiera plasmarse completamente en una forma compleja y estéticamente satisfactoria.

“Dentro de los grandes genios, Howard Gardner establece una diferencia entre los “maestros” y los “hacedores”. Mozart era un maestro que trabajaba dentro de un “ámbito”. A excepción de alguna de sus operas, no creó ningún estilo musical radicalmente nuevo. Pero mediante partituras soberbiamen­te estructuradas y de sublime melodías, puso punto final al periodo barroco y allano el camino hacia la época romántica, en la que Beethoven sí abriría nuevas posibilidades. Einstein y Picasso fueron hacedores que hicieron añicos ciertos ámbitos, creando otros nuevos. Con todo, incluso en el caso de los hacedores, suponer que las aportaciones les cayeron del cielo es hacer un uso incorrecto de la idea de la intuición.

“La intuición para Einstein incluía la búsqueda de lo general, que dependía de su capacidad para percibir cuando debía elevar una hipótesis a la categoría de axioma. Su aplicación del principio de la relatividad de Newton satisfizo la intuición del experimentador mental en 1895, así como su mi­nimalismo estético y su fe en la imagen visual, en el sentido kantiano de Anschauung como forma de intuición.

“Resulta difícil predecir la intuición de Picasso en el mismo sentido que Einstein, que era fruto tanto de la cultura como de la ciencia. Sin embargo, lo que sí puedo decir es que ambos tenían interés en expandir el concepto de percepción para sacarlo de su base, situada dentro del sentido común. La idea de un nuevo sentido común que incluya la naturaleza relativa del espacio y del tiempo lleva a la percepción más allá de los límites de nuestros sentidos. En el Arte, esta nueva percepción surgió de un sustrato geométrico, de una revelación formal que también rebasa los confines de nuestra visión inmediata.

“Verificación”

“Voy a analizar tres tipos de verificación. Las dos primeras aluden concretamente a las teorías cien­tíficas, mientras que la tercera tiene que ver también con el arte.

“Al volver la vista atrás para contemplar sus experiencias como científico, Einstein logró expresar con concisión las dos primeras: “el primer punto evidente: la teoría no debe ir en contra de los datos empíricos”. Si una teoría científica no puede verificarse en el laboratorio, se pone en cuestión y puede llegar a ser rechazada. Pero no tan rápido continua diciendo Einstein, “por muy evidente que este re­quisito pueda parecer a primera vista, su aplicación resulta bastante delicada”. Esto es justo lo que ocurrió con la teoría de Lorente-Einstein cuando la contradijeron los datos de Kaufmann, mientras que las otras teorías especializadas y relacionadas con los electrones les fueron mejor. Lorente cayó preso del pánico, pero Einstein tuvo confianza y procedió a generalizar su teoría de la relatividad. La razón radica en la segunda forma de evaluar las teorías científicas de Einstein, que consiste en optar por teorías “cuyo objetivo es la totalidad de las apariencias físicas”. Este era el objetivo de la teoría de Lorente-Einstein y, más en concreto, en la cabeza de Einstein, de su teoría de la relatividad. Esas teorías no sólo afectan a los electrones y el físico alemán se negaba a permitir que el problema lo resolviera un único conjunto de datos empíricos.

“El tercer método de evaluación, que se aplica tanto al arte como a la ciencia, es aun más sutil. Es la verificación mediante la influencia: ¿ha llevado la nueva idea a alguna parte?, ¿Inspira a otros a producir una ciencia útil o un arte de importancia?, ¿se convierte en parte de una visión del mundo? Está claro que la teoría de la relatividad de Einstein y Las Señoritas De Avignon de Picasso, cumplen todos esos requisitos. Los impulsos creativos de ambas figuras se convirtieron en inspiración y ellos mismos en argumentos de películas y novelas. Sus grandes obras elaboradas durante el periodo más intensamente creativo fueron al principio rechazadas, después elogiadas, mas tarde incorporadas al medio intelectual que ellas mismas habían generado, y finalmente, superadas. Pero nunca podrán ol­vidarse, porque ya forman parte de la piedra sobre la cual siempre se asentaran la ciencia y el arte en su conjunto. Durante sus vidas, la influencia de sus creadores menguó, sin duda a su pesar. Einstein y Picasso ya no podían producir obras como las de su juventud, cuando nada les importaba más que las ideas. Extrañaban los días de la Oficina de Patentes y el Bateau Savoir. La llama del genio arde con fuerza, pero por poco tiempo, y después empieza a apagarse lentamente.

“Quizás Einstein pensara en sí mismo tanto como en Newton al escribir, al final de su vida, de esta forma tan conmovedora:

-“Perdonadme, Newton; tu describiste prácticamente el único camino que, en tu época, un hombre de mente y de capacidad creativa, superior podrá descubrir. Los conceptos que creaste, aún hoy en día, siguen guiando nuestro pensamiento en física, aunque ahora sabemos que, si queremos alcanzar una comprensión más profunda de la relaciones, habrá que sustituirlos por otros muy distintos de la esfera de la experiencia inmediata”.

“Mientras que para Newton ese momento no llego hasta 1905, a Einstein le ocurrió durante su propia vida. (Pagina 300-308)”.

En la transcripción de las ideas de Arthur Miller encontramos cómo se puede crear, des­cubrirse o realizar un hecho (obra musical, pictórica, científica, etc.), una teoría (s) las que algunas veces son rechazadas y luego aceptadas e incorporadas para constituirse en geniales (provenientes de un genio); sin embargo, el momento de creación puede ocurrir por un azar (causalidad) que estaba determinado por diferentes variables del creador (genialidad, moti­vaciones, intereses, fantasías operantes, estímulos presentes, intuición, presentimiento, pre­conceptos), los cuales se interrelacionan y obran en el o un momento dado, por ese fenómeno que denominé: “azar determinista”. Aquí deviene una pregunta: ¿será que todos los genios estarán predeterminados y determinados al descubrimiento de algo nuevo y/o a la realización de una obra?, ¿principio o teoría creadora? La respuesta no puede ser indefectiblemente afir­mativa, pues puede que el genio exista pero no aparezca la obra genial; entonces y ¿cuál es el destino que acompaña al genio?; la respuesta es la que él mismo y su momento o circunstan­cia se den en la vida cotidiana.

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