II. Consideraciones Generales: Conceptos Filosóficos del “azar”

Introducción

En el presente capítulo voy a referirme a las definiciones y conceptos de azar, determi­nismo, complejidad y caos, orden-desorden, simetría-asimetría, principios reguladores y los inconscientes, los tres campos de fuerza, los instintos, los objetos y sus destinos. Estos temas serán abarcados en una forma general y global, pues más adelante en capítulos posteriores se desarrollará pormenorizadamente la temática propuesta. Es importante tener en cuenta que desde tiempos prehistóricos, la especie humana se ha preocupado del azar y el determinismo buscando patrones de los modelos y tratando de hallar explicaciones e interpretaciones filo­sóficas y algunas teológicas. Actualmente es la ciencia de las matemáticas, de la complejidad y de la física clásica y cuántica la que nos lleva a penetrar dentro de estos principios de cau­salidades desconocidos.

Definiciones

Conceptos filosóficos del “azar”

Téngase en cuenta, como es bien sabido que el término “filosofía” (del griego φιλοσοφία, del latín philosophĭa) se refiere a la significación del conocimiento y sus constantes e implica la posesión o adquisición del mismo conocimiento. En realidad es la ciencia que trata de la esencia, propiedades, causas y efectos de las cosas naturales. Por su parte existen tres con­ceptos básicos con respecto al azar: el primero el subjetivista que incluye la imprevisibilidad y la indeterminación causal; el segundo objetivista que se le atribuye el acontecimiento causal y la interacción de causas; el tercero la interpretación moderna en la cual se contempla la insuficiencia de probabilidades en la previsión.

Al ocuparnos de este tema (del título de la obra) sobre el azar deterministatenemos que definir los términos, el azar y el determinismo puesto que si bien ambos se refieren a acciones son sustantivos; lo que intento aquí, es mostrar cómo el uno puede complementar al otro volviéndose uno el sustantivo y el otro el adjetivo. El término de azar proviene del árabe “az –zahr” que significa el “juego de los dados” que por casualidad caen de un lado u otro en forma fortuita. La palabra “azar” deriva del árabe zahr, dado, y del latín casus. Este término también se lleva a todos los juegos de las cartas; implica que no está determinado por una causa específica y por lo tanto no tiene un rumbo u orden.

Ya desde la antigüedad Aristóteles hablaba sobre esta “casualidad” como algo provenien­te de lo oculto, superior o divino de la inteligencia humana y como una necesidad racional proveniente de la naturaleza inmanente del cosmos o del orden mecánico del universo. Fue más adelante cómo Kant en sus postulados mencionó los principios “a priori” y los de “cau­salidad” negando la existencia del azar, y postulándose así “la proposición ‘nada ocurre por un ciego azar, es una red ‘a priori’ de la naturaleza”. Hegel atribuye el azar a la naturaleza en “una accidentalidad sin reglas y desenfrenada”. Bergson explica el azar como algo pu­ramente subjetivo que está entre el orden mecánico, vital o espiritual en que intervienen las fuerzas mecánicas.

La interpretación objetiva del azar concibe como “el entrecruzamiento de dos o más órde­nes o series de causas”; el mismo Aristóteles al contemplar este hecho se pronuncia: “cómo el azar no se verifica ni en las cosas que suceden siempre de la misma manera, ni en las que suceden de la misma manera en la mayoría de las veces sino mas bien las que se suceden por excepción fuera de toda uniformidad(24).

En realidad podemos llegar a concebir que el azar es el encuentro de un entrecruzamiento de series causales con nociones de probabilidad, lo que implica una combinación o encuen­tro de fenómenos independientes (Cournot, “Theorie des chances et des probabilites”, 1843, Cap. II) (25). Stuart Mill contempla al azar como “una coincidencia” en la que no tenemos motivos para inferir una uniformidad y Ardigó atribuye a una “pluralidad y entrecruzamiento de leyes causales diferentes, difíciles de prever y no dependen de una única serie causal”; por lo tanto, el azar pertenecería a la complejidad e impredicibilidad. Hume lo ubica como algo puramente subjetivo y así se llega a cómo “si no existe el azar como noción y categoría tampoco existe la causa sino la probabilidad en la cual se funda el azar como nos lo indica la echada de los dados”. Ya en el Siglo XX Peirce trae el concepto de la eliminación del “necesarismo” o sea, la de concebir como todo en el mundo ocurre por necesidad; esto está debatido y postulado en su profundidad natural por Jacques Monod (2002), y en especial por el principio todavía en boga del “entropismo del hombre”, el cual plantea que somos tan ne­cesarios que si no existiéramos no existiría el mundo; he ahí el “homocentrismo”.

De una u otra manera, llegamos a los conceptos filosóficos del azar y nos encontramos que cuando no conocemos o somos ignorantes o incapaces para la comprensión y llegamos a la “incomprensión de los sistemas complejos en un mundo determinista”, arribamos a lo que podría denominarse el “auténtico azar del ser” (azar ontológico). Este último no está acep­tado por el mismo determinismo científico, puesto que se considera que existen los procesos aleatorios, los cuales no serían otra cosa, en la realidad, que los eventos en los que no sean tenidos en cuenta las particularidades de los sistemas complejos. Se dice que acudimos al concepto del azar, cuando no podemos tener cálculos predictivos lo que equivale que cuando no tenemos cómo explicar algo reaccionamos sin pensar en los cálculos predictivos. De una u otra manera, el azar es muy diferente al libre albedrío, más aún cuando no se es libre al (o por) tomar una “decisión aleatoria”26 en la cual puede existir cierto grado de determi­nismo. En el libre albedrío se pone en ejecución lo que se decide. El mismo psicoanálisis en la obra de Freud, lo contempla en especial en “Psicopatología de la vida cotidiana” (1901)27 la que apareció un año después de la famosa obra “La interpretación de los sueños”, (1900)28. En estos dos últimos trabajos vemos que los fenómenos mentales están determinados; sin embargo, se cuestiona la predictibilidad en su globalidad y aún en manera individual.

Podríamos simplificar el pensamiento concluyendo que el azar aparece cuando no se en­cuentra la causa determinante o lo utilizamos para significar y explicar algo que ocurre y nos es desconocido o ignoramos, o viceversa que al existir la causa, no hay azar; por lo tanto azar y determinismo, dentro de este análisis son contradictorios; así hay causa (determinismo) o no la hay (azar); y, de lo que trata esta obra es de mostrar la relación entre uno y otro. (Más adelante se definen estos conceptos).

En realidad el azar es una cualidad presente en distintos fenómenos en que no se observa el principio de causalidad con un orden o supuesta finalidad. El azar se refiere a hechos sin principio de causa aparente; por ejemplo, dos hechos que se encuentran y aparentemente no están relacionados y determinados por que se consideran un accidente o casualidad a la cual le llamamos “azar”; ¿será que necesitamos explicar la casualidad de todas formas para entender el accidente y aplicarle un determinismo con una explicación lógica y cumplir con el principio de causalidad? La respuesta es afirmativa. Los filósofos han clasificado al azar en ontológico o que forma parte del ser; sin embargo, nos encontramos con leyes determi­nistas y con procesos espontáneos y aleatorios independientes del conocimiento. Otra de las clasificaciones dentro de la filosofía es el azar epistemológico, el cual se refiere a los hechos del conocimiento que por ignorancia o por incapacidad de encontrar las causas pertenecerían a sistemas complejos, y de todas formas en un mundo determinista apartándonos de la pura casualidad o azar. El mismo determinismo afirma que no existe el azar ontológico y los proce­sos aleatorios serían eventos en que no se ha tenido en cuenta las particularidades complejas de los diferentes hechos.

De una u otra manera al ser humano le acompaña la necesidad predictiva y la de encontrar el resultado lógico para prevenir la existencia de los fenómenos, a la vez que la necesidad del libre albedrío. De una u otra manera, existen nuevas teorías científicas en las cuales se admite el azar, el cual se diferencia del libre albedrío, puesto que no se puede ser más libre por tomar una decisión aleatoria que por tomar una decisión determinística. El problema de la predictibilidad frente al azar nos relaciona inmediatamente con el caos determinista, y con él, el buscar instrumentos como son las descripciones estadísticas de conjuntos de grandes cantidad desde elementos individuales o globales para encontrar similitudes y relaciones en el comportamiento individual de las diferentes fuerzas que participen en el fenómeno.

Dentro de toda esta configuración está los sistemas turbulentos en que no es predecible a corto plazo o prever las variaciones infinitesimales que provocan cambios exponenciales o impredecibles por el mismo principio de Heisenberg. He ahí otro aspecto de la complejidad presente en el azar.

Los científicos desde Newton han hecho alusión al azar y a la ciencia natural, la cual de todas maneras está conectada con el determinismo; y, el azar tiene poca cabida dentro de las leyes de la física. Por lo tanto, el azar sería un simple juego de probabilidades basada en fórmulas, en nuevas teorías complejas de los sistemas caóticos o turbulentos que operan en la mecánica cuántica, en la cual de todas maneras nos encontramos en aleatoriedades; por ejemplo “las leyes de la desintegración atómica, pueden predecir el número de núcleos de un cuerpo radiactivo que se desintegrará en un periodo dado de tiempo, pero no cuándo lo hará un núcleo concreto”, (29).

A esta interpretación hay objeciones arguyendo que existen las “variables ocultas” y que el resultado está determinado por características inobservables individuales y universales. El azar y las matemáticas tienen su centro en el cálculo de probabilidades que, como ya se enunció, pertenece a un sistema de clasificación aleatorio. El azar también opera en las comunicaciones; la teoría de la información tiene aportaciones fundamentales en las comu­nicaciones para establecer bases teóricas de la criptografía en donde también se presenta una fuente de aleatoriedad y de azar. En todos estos textos el lector podrá encontrar que de todas maneras, el azar nos lleva al concepto de determinismo, de la naturaleza del ser, de la temporo-espacialidad lo que comprende todo lo externo cercano o lejano.

Aquí hay que ser conscientes que nos acercamos al concepto de aleatoriedad; éste perte­nece a un campo en que se asocian la matemática y los procesos y resultados no predecibles más que en razón de la intervención del azar. Todo acontecimiento aleatorio no puede deter­minarse antes que se produzca, por lo tanto los fenómenos aleatorios pertenecen también a la teoría de la probabilidad dentro de un marco estadístico; de todas maneras debemos expresar que la palabra aleatorio se usa para expresar una carencia aparente de causa u orden y se usa como sinónimo de un número de propiedades estadísticas medibles sin tendencias o correlaciones. He aquí que esta palabra es más de una terminología conceptual aparecida en los últimos siglos. Otra cosa es asociar lo aleatorio al azar, el cual ha sido, como ya se mencionó en otra parte, dilucidado o discutido desde siglos atrás y conectado con conceptos teológicos, con los juegos de azar, adivinación y actualmente conectados con la aleatoriedad y probabilidad algorítmica, las teorías del caos, de juegos, de la información, de la probabi­lidad, de la criptografía, el reconocimiento de patrones, la mecánica cuántica y estadística y la simulación.

Si bien el “concepto de aleatoriedad” tiene una historia aquel es utilizado por las ciencias (física, biología, matemática, comunicación, finanzas), la filosofía y la teología; además tiene sus usos y aplicaciones realizando enlaces con otras disciplinas; aún mas, puede existir mal interpretaciones y falacias lógicas del concepto de aleatoriedad; por ejemplo, eligiendo un número que “debe surgir” dentro de una serie de los mismos, o por lo contrario calificarlo como un “número maldito o bendito” de acuerdo al positivismo o al negativismo como con­secuencia subjetiva.


24 fis; II, 5, 196b, 10ss. Abbagnano, pág. 124
25 Op. cit., Abbagnano, N., (1997).
26 Decisión aleatoria es la que puede ocurrir.
27 S. Freud, “Psicopatología de la vida cotidiana”, Standard Edition, Volumen VI. Hogarth Press, London, 1901
28 S. Freud, “La interpretación de los sueños”, Standard Edition, Volumen III y IV, Hogarth Press, London, 1900
29 Walter Fendt, (1998).

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