Drogas Útiles para el Acné

Antibióticos para Infección Urinaria

La ceguera nocturna o “crepuscular” y la xeroftalmía humana se consideraron enfermedades por deficiencia de algún factor dietético, pero sólo hasta el siglo pasado se comprobó su relación con la vitamina A. En Egipto se habló 15 siglos a.C. de la primera enfermedad mencionada e Hipócrates recomendó comer hígado de vacas para su tratamiento. La oftalmía como manifestación de desnutrición se observó en esclavos brasileños y en los ortodoxos rusos que ayunaban para Pascua, que presentaban la ceguera en forma endémica. La querato-malacia es un problema en los hijos lactantes de madres que ayunan y la sequedad y engrosamiento de la conjuntiva -característica de la xeroftalmía- se ha observado en pacientes sometidos a dietas donde el tocino es la única fuente de grasas. No obstante que en 1913, los grupos de McCollum y de Osborne descubrieron en forma separada la vitamina A; al finalizar el siglo XX el retinol y sus precursores los beta-carotenos, han adquirido un papel muy importante en el tratamiento de ciertas entidades dermatológicas, ya que su deficiencia juega un papel en la producción de piel seca e hiperqueratòsica. También se ha investigado su función en el mejoramiento de las defensas, y aunque se habló de un rol antitumoral esto quedó desvirtuado en fumadores, que presentaron mayor incidencia de carcinoma broncogènico al ingerir megadosis de betacarotenos.

La selección sistemática de muestras de suelos de todo el mundo -hecha con el fin de descubrir nuevos microorganismos cuyas enzimas pudiesen destruir bacterias letales- dio como resultado la aparición de nuevos anti-infecciosos de amplio espectro. Esta investigación fue iniciada por Rene Dubos, del Instituto Rockefeller para investigación médica (y autor de una estupenda biografía sobre Pasteur); Dubos descubrió en 1939 la Tirotricina, un bacilo del suelo que curaba las infecciones neumocòcicas de los ratones. Luego un consultante de Laboratorios Lederle, el Profesor Benjamín Duggar de la Universidad de Wisconsin, aisló la clortetraciclina (Aureomicina), del Streptomyces aurofaciens, un inhibidor de la síntesis proteica con efecto sobre al menos unas cincuenta bacterias patógenas. Pfizer fue exitoso en el desarrollo de otras tetracicilinas, una de ellas llamada Terramicina pues procedía de la tierra. La tetraciclina, ampliamente usada hoy en el manejo crónico del acné o en la prevención de infecciones respiratorias en los bronquíticos crónicos, fue el resultado de haber dilucidado la estructura química de los primeros compuestos de este grupo. La minociclina y la doxiciclina aparecieron posteriormente.