Acerca del Suicidio

Suicidio: Origen mitos y realidades

Suicidio: Origen mitos y realidades

Fue el abate Desfontaines en el siglo XVIII quien primero empleó el término suicidio (sui- sí mismo y cidius- matar).

Actualmente la suicidología es un campo especial de investigación y práctica médica psiquiátrica –y aún de atención primaria- por lo que el psiquiatra cubano Sergio Pérez Barrero dice que “Es fundamental incrementar las habilidades del médico de la atención primaria de salud para el diagnóstico y tratamiento de la depresión, principalmente en los adolescentes y ancianos, así como garantizar el tratamiento eficaz del sujeto con intento de suicidio y su seguimiento por un período no menor de tres años.

Los mitos son criterios culturalmente aceptados y entronizados en la población que no reflejan la veracidad científica. Existen diversos criterios erróneos con respecto al suicidio, a los suicidas y a los que intentan el suicidio, que deben ser eliminados si se desea colaborar con este tipo de personas”.

Postura de las diferentes culturas ante el suicidio

  • Antigua Roma: posición neutral e incluso positiva. Séneca, -el estoico- dijo: El vivir no es un bien, si no se vive bien…Morir antes o después es irrelevante… La vida no es como para comprarla sea cual sea el precio.
  • Constantino El Grande (siglo IV d.C.): oficializó el cristianismo y con ello se asumió una actitud de rechazo. San Agustín lo consideraba un crimen y Santo Tomás como un pecado -quizá el mayor de todos- pues usurpaba a Dios la decisión sobre la vida. Este rechazo sigue siendo el punto de vista religioso
  • Hume (siglo XVIII): postura permisiva-positiva frente al suicidio. Si no es un crimen que ya cambia el curso del Nilo o el Danubio ¿dónde está el crimen? ¿en cambiar la dirección de unos cuantos litros de sangre?
  • Siglo XIX: comienza la era moderna en la interpretación del suicidio
  • Durkheim : enfoque sociológico; es el resultado de la fortaleza o la debilidad del control de la sociedad sobre el individuo. Así define tres tipos:
    • Suicidio altruista. Es el literalmente pedido por la sociedad, debido a su cultura, normas y costumbres. Al individuo no le queda otra opción honorable. Seguir viviendo sería una ignominia. Es el caso del harakiri entre los antiguos samurais.
    • Suicidio egoísta. En este caso la persona tiene pocos lazos con la comunidad; son personas que viven solas, no tienen familia ni grupo social o institución con quien relacionarse. No hay prácticamente exigencias sociales para el individuo.
    • Suicidio anónimo. Se produce por una repentina ruptura en la relación habitual entre la sociedad y el individuo (pérdida de seres queridos, propiedades, prestigio, etcétera.)
  • Freud: Teoría psicológica; en el suicida existe una hostilidad inconsciente dirigida hacia el objeto amado que ha tenido introspección previa. Es entonces un crimen al que se le ha dado un giro de 180 grados.
  • Zilboorg: retoma el punto de vista freudiano y lo desarrolla; considera el suicidio no sólo como una fuerte hostilidad inconsciente, sino también como una incapacidad poco común de amar a otros.
  • Karl Menninger: considera que en todo suicida se encuentran implícitos tres deseos: de matar, de ser asesinado y de morir.

Ambos enfoques, el sociológico representado por Durkheim y el psicológico por Freud, son enfoques unilaterales de este dramático problema; en la práctica médica se observan estos mecanismos, sobre todo el suicidio anónimo.

Suicidio: Origen mitos y realidades*

Criterio equivocado

Criterio científico

El que se quiere matar no lo dice.

De cada diez personas, nueve de ellas dijeron claramente sus propósitos y la otra dejó entrever sus intenciones.

El que lo dice no lo hace

Todo el que se suicida expresó con palabras, amenazas, gestos o cambios de conducta lo que ocurriría

Los que intentan el suicidio no desean morir, sólo hacen alarde.

Aunque no todos los que intentan el suicidio desean morir, les han fracasado sus mecanismos útiles de adaptación y no encuentran alternativas, excepto el atentar contra su vida.

Si de verdad se hubiera querido matar, se hubiera tirado delante de un tren.

Todo suicida se encuentra en una situación ambivalente, es decir, con deseos de morir y de vivir. El método elegido no refleja los deseos de morir y proporcionarle otro de mayor letalidad es calificado como un delito de auxilio al suicida.

El sujeto que se repone de una crisis suicida no corre peligro alguno de recaer.

Casi la mitad de los que atravesaron por una crisis suicida y lo consumaron, lo hicieron durante los tres primeros meses tras la crisis, cuando todos creían que el peligro había pasado. Cuando la persona mejora, sus movimientos se hacen más ágiles, está en condiciones de llevar a vías de hecho las ideas suicidas que aún persisten; antes, debido a la inactividad e incapacidad de movimientos ágiles, no podía hacerlo.

Todo el que intenta el suicidio estará en ese peligro toda la vida.

Entre el 1 % y el 2 % de los que intentan el suicidio lo logran durante el primer año después del intento y entre el 10 al 20 % lo consumarán en el resto de sus vidas. Una crisis suicida dura horas, días, rara vez semanas, por lo que es importante reconocerla para su prevención.

Todo el que se suicida está deprimido.

Aunque toda persona deprimida tiene posibilidades de realizar un intento de suicidio o un suicidio, no todos los que lo hacen presentan este desajuste. Pueden padecer esquizofrenias, alcoholismo o trastornos del carácter.

Todo el que se suicida es un enfermo mental.

Los enfermos mentales se suicidan con mayor frecuencia que la población en general, pero no necesariamente hay que padecer un trastorno mental para hacerlo. Todo suicida sufre.

El suicidio se hereda.

No está demostrado, aunque se puedan encontrar varios miembros de una misma familia que se hayan  suicidado. Lo heredado es la predisposición a padecer una enfermedad mental en la cual el suicidio es un síntoma principal, como en los trastornos afectivos y las esquizofrenias.

El suicidio no puede ser prevenido pues ocurre por impulso.

Toda persona antes de cometer un suicidio evidencia una serie de síntomas que han sido definidos como síndrome pre-suicida, consistente en constricción de los sentimientos y el intelecto, inhibición de la agresividad -la cual ya no es dirigida hacia otras personas reservándola para sí- y la existencia de fantasías suicidas, todo puede ser detectado a tiempo.

Al hablar sobre el suicidio con una persona en este riesgo se le puede incitar a que lo realice.

Hablar sobre el suicidio con una persona a  riesgo -en vez de incitar, provocar o introducir en su cabeza esa idea-  reduce el peligro de cometerlo y puede ser la única posibilidad para que analice sus propósitos autodestructivos.

El acercarse a una persona en crisis suicida sin la debida preparación para ello, sólo mediante el sentido común, es perjudicial y se pierde el tiempo para su abordaje adecuado.

Si el sentido común nos hace asumir una postura de atenta escucha -con reales deseos de ayudar al sujeto a encontrar otras soluciones- se habrá iniciado la prevención.

Sólo los psiquiatras pueden prevenir el suicidio.

Los psiquiatras son profesionales experimentados en la detección del riesgo de suicidio y su manejo, pero no son los únicos que pueden prevenirlo; cualquiera interesado puede ser un valioso colaborador en su prevención.

El tema del suicidio debe ser tratado con cautela por los problemas sociopolíticos que ocasiona.

Este tema debe ser tratado de igual forma que otras formas de morir, evitar las noticias sensacionalistas y manejos que provoquen la imitación de esa conducta. El suicidio se observa en países de regímenes socioeconómicos diferentes, pues responde a factores diversos (biológicos, psicológicos, sociales, psiquiátricos, existenciales, etc.)

* Pérez-Barrero Sergio (publicado en la revista argentina www.epildoras.tripod.com.ar). Autor de la Adolescencia y el comportamiento suicida (www.paidopsiquiatría.com/suicidio.pdf ), fundador de la sección de suicidología de la Asociación Mundial de Psiquiatría, asesor de la Organización Mundial de la Salud sobre este tema, autor de artículos -publicados entre otros en la Revista Cubana de Medicina Integral- y quien ofrece un curso por Internet para los interesados en estudiar este campo.

Porcentaje de suicidios por cada cien mil habitantes (1991-1999) en dos ciudades americanas. Fuente: www.paho.org

Dice el colombiano Gerardo Campo –investigador de Cali- que el suicidio es frecuente, pero lo es aún más intentarlo. Cada año ocurre un millón de suicidios en el mundo, afectando en promedio a 6 ó 7 sobrevivientes por suicidio.

En 1998, fue la octava causa de muerte en todas las edades en los Estados Unidos y la tercera causa de muerte entre hombres y novena en mujeres jóvenes y adultos jóvenes de los Estados Unidos de América y Europa (15-24 años).

Las cifras arrojadas por el Estudio Nacional de Salud Mental en Colombia indicaron que el suicidio corresponde a la cuarta causa de muerte en jóvenes entre 12 y 15 años; 57 de cada mil colombianos intentan suicidarse durante su vida y que entre 10% y 15% culminan en suicidio.

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