La Salud: Una Sensación de Satisfacción Vital

Cardona R. Dora, Nieto M. Eugenia, Isaza de G. Gloria, Lara T. Alicia,
Jaramillo G. Orlando, Vásquez L. César, Martínez D. Mancel E.

ABSTRACT

Comprehensive qualitative research favors the reconstruction of the meaning that human groups give to vital experiences. This study interpreted the experience undergone by a group of 21 community mothers with reference to feeling, knowing and acting in front of health and disease.

A Holistic Vision of Health, Solidarity, Pain, Patient Classification resulted from the reconstruction of the starting categories of analysis. Accordingly, we had access to the following new arising categories: Health: A Sensation of Vital Satisfaction, Solidarity, Turning Point Between Individualness and Collectiveness, Oblivion and Memory: Pain Identity, Sickness or Sick People? And the Health Culture, the Vital Scenario, which represent the meaning of health and disease in human groups.

This comprehensive process triggered the appearance of theoretical categories from which it will be possible to redefine the formation of health agents, service delivery and the formulation of policies and programs according to the sociocultural reality of human groups. We propose to enrich the konowledge about reality, the vital world of people, by means of qualitative research and to build a bridge with research, from the perspective of the current scientific-technical rationality paradigm, and especially with Epidemiology and Public Health.

KEYWORDS

Health Culture, Sickness or Sick people, Pain, Vitality, Feeling, Solidarity, Integrality.

1. INTRODUCCIÓN

La comprensión del proceso salud-enfermedad ha sido objeto de diferentes sistemas teóricos que a lo largo de la historia se han desarrollado y representado por los denominados paradigmas en salud. Tales paradigmas son: el mágico religioso o espiritualista, el hipocrático o naturalista y el experimentalista (1). Este último está basado en los criterios de racionalidad, universalidad y validez que surgen con la ciencia moderna. Subyace en este paradigma la racionalidad científico-técnica, desde la cual ha sido mirado el proceso salud-enfermedad, desde la biología, la epidemiología y la salud pública. Sin desconocer los logros de este enfoque, muchos de los elementos que afectan la salud se localizan por fuera del campo de las intervenciones médicas y de la salud pública tradicional.

El proceso salud-enfermedad es un campo de carácter sociocultural complejo que constituye una realidad social amplia en la que se articulan los diversos sistemas que la componen, el económico, el sistema de organización social, el político y el cultural, todo ellos estructural y funcionalmente relacionados entre si y por tanto corresponsables de los hechos sociales que afectan a los actores sociales en conjunto.

En aras de recuperar y consolidar la integridad del sujeto humano y su necesaria pertenencia a un grupo social, se propone realizar un análisis del sistema cultural, entendido como “el conjunto de normas, valores, símbolos e ideologías propuestas por la sociedad” (6) que son aprendidas por el individuo mediante la socialización y lo preparan para desarrollar cotidianamente su vida como ser social respecto a los diferentes roles que debe asumir, en este caso referido a su saber, su sentir y su actuar frente al proceso salud – enfermedad.

Por ello, los objetivos del estudio fueron identificar las prácticas, las creencias y las actitudes en salud del grupo social seleccionado y reconocer los sistemas médicos que cohabitan en el contexto sociocultural en el que el grupo desarrolla sus experiencias vitales alrededor del proceso.

2. MATERIALES Y MÉTODOS

Se realizó un estudio de carácter comprensivo sobre la Cultura de la salud como unidad de análisis. Para ello se contó con la participación de 21 mujeres que se desempeñan como madres comunitarias en la Comuna No. 5 de la ciudad de Manizales. El tipo de muestreo fue no probabilístico, por conveniencia.

Para la recolección de la información se utilizaron la entrevista semiestructurada individual sobre las categorías iniciales de análisis y la entrevista semiestructurada grupal, utilizada para la confrontación durante el proceso de construcción de las categorías.

Las categorías iniciales de análisis fueron: a) saber acerca de la salud, de la salud oral y de la enfermedad. B) Saber hacer: creencias, actitudes y prácticas. 3) Cultura de la Salud.

El análisis de la información trasncurrió entre la descripción, la interpretación y la construcción de sentido.

3. RESULTADOS

Los resultados de la investigación son la construcción teórica que emerge en el proceso de Reconstrucción de las categorías de Análisis. A continuación se presentan tales categorías.

3.1 La salud: una sensación de satisfacción vital

“Salud es sentirse bien”, esta afirmación hecha por la totalidad de mujeres entrevistadas para este estudio, se constituyó en elemento fundamental para la argumentación, pues tratando de ampliar este concepto, se encontró que la operativizaciòn de ese “sentirse bien” o BIENESTAR, ésta dada por la CAPACIDAD DE HACER, es decir, por la capacidad de desempeñar el papel asignado culturalmente a cada individuo, estudiante, trabajador , ama de casa, etc.

El Bienestar, como representación cultural de la salud, dada por el colectivo de madres comunitarias, no encontró en las palabras de estos actores sociales suficientes elementos para ser descrito, hablar de bienestar se tornó una tarea bastante difícil; todas pueden decir como se percibe el bienestar, en que situaciones cotidianas se manifiesta, pero ninguna pudo ir más allá. Esta situación permite recordar la frase de I. Kant (10) : “El bienestar no se siente porque es mera conciencia de vivir”, es decir, es una experiencia tan íntima del sujeto humano, que convertirla en palabras parece disminuir su sentido , además la sensación de bienestar parece tener la propiedad de lo completo, si hay bienestar nada falta.

“Tener salud, es tener buen estado físico, mental y espiritual, es estar aliviado, no sentir ninguna enfermedad, que a uno no le duela nada, es que la salud se siente”.

La dimensión corporal y con ella todo lo físico, material tiene la menor valoración, es decir, su presencia y satisfacción de necesidades materiales es importante pero cada individuo y su grupo humano se adaptan de manera creativa a vivir positivamente en su ausencia o fragilidad.

La mente se ubica en la escala de mayor valor y dentro de ella se reconoce lo moral y lo atinente al alma como la esencia de la vitalidad. Se le atribuye a la mente un poder especial, mítico que la convierte en el eje alrededor del cual se desarrollan los procesos mórbidos y de recuperación de la salud.

El elemento cultural se presenta para este grupo comunitario como un escenario en el que cada uno desempeña un guión de su propia autoría, por lo tanto no es rígido, sino dinámico, moldeable según los requerimientos de los actores y las escenas.

Por último la dimensión trascendente del ser humano, es decir, la representación y expresión individual y social de un ser superior y su relación con el sujeto humano aparece como un telón de fondo que acompaña todas las escenas representadas en la vida antes y después de la muerte, según las creencias de cada individuo.

El sentido atribuido por el grupo comunitario a la sensación de bienestar, tiene un carácter integral. Esta integridad permite reconocer la tensión entre los elementos opuestos pero también complementarios del proceso salud – enfermedad, y la mediación necesaria de los componentes del sistema socio – histórico para lograr la distensión, responsable en alguna medida de la satisfacción vital que experimentan los sujetos.

Hablar de la salud como una sensación de satisfacción vital, permite recordar el concepto de salud de Friedrich Nietzsche, cuando en Ecce Homo, considerada su obra autobiográfica, la frase “estar sano en el fondo”(11), es utilizada por el para demostrar como la salud es vitalidad y depende de la disposición del sujeto para encontrar en los momentos de decadencia, el estímulo para recobrar la armonía; a diferencia de lo que representa esta misma experiencia para el grupo social, pues en su imaginario la recuperación de la sensación de satisfacción vital es un asunto colectivo, pero no por ello despersonalizado.

3.2 Solidaridad: Punto de encuentro entre lo individual y lo colectivo:

La constitución de la cultura y sus múltiples expresiones, son el resultado de compartir públicamente los significados atribuidos a cada experiencia humana, tal es el caso, en el proceso Salud – Enfermedad; su significado y su sistema de interpretación corresponden a un proceso colectivo de búsqueda de consensos mínimos para conservar la cultura, es decir, para recrear el mundo vital común en el que los sujetos comparten la aparición de la enfermedad, su tratamiento, y la recuperación de la armonía que les proporciona la salud.

“Cuando uno tiene un problema, un dolor, o sea cuando está enfermo, eso afecta a los demás, lo mismo que si alguien de la casa está enfermo uno también se preocupa”. Convencionalmente la solidaridad es entendida como la práctica de mutua ayuda entre las personas, apoyada en el principio del más fuerte hacia el más débil; ésta interpretación de la solidaridad conserva la distancia entre quién da la ayuda y quien la necesita. Este principio presenta un nuevo tipo de relación, que pretende formar una unidad entre el que requiere ayuda, el enfermo, y quien le aporta soluciones en el proceso de recuperación de la salud.

En la relación que se establece entre los miembros de este grupo comunitario en torno al proceso salud – enfermedad, se destaca como el sanador , se anticipa, acude donde el enfermo, aquel que requiere ayuda. Este comportamiento esta motivado por los lazos afectivos y de confianza existentes entre los integrantes del grupo. Lo que de antemano garantiza algún grado de efectividad en la solución aportada por el sanador o construida colectivamente entre éste, el enfermo y su grupo familiar.

La dinámica del proceso Salud- Enfermedad, mantiene a los sujetos en una situación de plena disposición hacia la solidaridad con el otro. Así, cada uno reconoce en el otro un sujeto solidario, porque comparten éxitos y fracasos, deseos, temores, frustraciones, enfermedades, terapias y salud. En esta relación, enfermo y terapeuta son uno en la búsqueda del bienestar colectivo, ya que quien hoy goza de satisfacción vital, mañana puede estar enfermo y su recuperación dependerá de las practicas curativas de sus allegados.

Para vivir esta nueva solidaridad, es necesario pasar del descubrimiento de la alteridad, a establecer una relación dialéctica entre lo individual y lo colectivo, pasar de la sensación individual de bienestar a la búsqueda del bienestar colectivo, aquel que solo es posible si todos, pero también cada uno de los sujetos se siente bien.

Aquí los requisitos para ser terapeuta tienen menos que ver con la formación profesional, sea académica o tradicional, y más con la capacidad de hablar, escuchar, comprender y compartir, que se desarrolla en el proceso formativo que da la experiencia mundo vital, en los espacios cotidianos que comparten los sujetos en su interacción y reconstrucción de l sí mismo . Sólo puede ser terapeuta, cabeza médica o “persona de confianza” en un grupo social, aquel que posee la identidad individual, que le permite ver en el otro a un igual, estableciendo con él una comunicación en la que ambos se aceptan como interlocutores validos”.(12)

3.3 Olvido y Memoria: Identidad el dolor

El dolor se presenta como una sensación desagradable que marca el límite entre el bienestar, la salud, y el malestar, el dolor, es percibida plenitud por el sujeto humano y se considera la principal manifestación de la enfermedad.

Según el tamaño o la intensidad con que se siente, se clasifica en dolor del cuerpo y dolor del alma.

– El dolor del cuerpo: es una sensación desagradable, temporal y ligera. Su principal característica es el olvido, no posee memoria. Se manifiesta con incapacidad motora, sensación de ardor o quemadura en la piel del área afectada y se interpreta como la señal de que “algo está funcionando mal”, y ese algo es fácilmente localizable en la estructura corporal.

El dolor del cuerpo “no es grave”, esa sensación desagradable desaparece al utilizar algún tratamiento reconocido por su efectividad, bien sea por quien padece la enfermedad o por alguien muy cercano afectivamente en el ámbito familiar o comunitario, es así como, para curar el dolor de cabeza que aparece como la manifestación más frecuente de enfermedad, se recurre a medicamentos de acción analgésica. También se utilizan plantas en emplasto como la cascara de papa o de limón, o bebidas de plantas en infusión, aunque no para el dolor de cabeza propiamente dicho.

Se considera que este es un dolor ligero porque el sujeto humano es capaz de soportar la carga que él representa, además se tiene la certeza de que es una sensación temporal, solo hace falta un poco de tiempo para que el analgésico seleccionado haga su efecto, y una vez hecho, el dolor se olvida, no tiene memoria.

– El dolor del alma es una sensación permanente, pesada y con memoria. Se manifiesta con disminución del “ánimo”, del deseo de hacer cosas, con alteraciones de la tranquilidad, la calma, la alegría.

“Es que la mente lo controla todo, el cerebro, toda la coordinación viene del cerebro, por decir algo, usted tiene un problema por resolver o tiene una angustia, un ser querido enfermo, usted piensa, piensa y así usted coma, nada le va a alimentar porque de todas formas usted no está pensando en la alimentación, ni se fija que es lo que está comiendo, sino a toda hora pensando en eso, si está haciendo un actividad, la hace por cotidianidad, porque su pensamiento está en otra parte, eso a la final lo que crea es más angustia y uno la siente como un vacío en el estómago, como una debilidad en el cuerpo”.

Tal como lo muestra este relato, el dolor del alma se caracteriza por ser muy intenso, con manifestaciones no solo mentales, sino también corporales. “Es que es un dolor que no cabe en el alma, es una angustia que una no quisiera … no, es que no hay palabras con que expresar ese dolor, esa angustia que uno siente, es como si le arrancaran un pedazo del alma”.

El dolor del alma es un dolor “interno” pero con claras manifestaciones corporales externas. Este dolor pervive a pesar de los intentos terapéuticos, los que logran disminuirlo pero no borrarlo. El dolor del alma afecta negativamente a quien lo padece en todas y cada una de sus dimensiones, es decir afecta su vitalidad.

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