Dioses Hindús

En los siguientes textos, me propongo hacer una simple y muy somera síntesis de ideas que surgieron a mediados de 1800 en adelante y que da inició al pensamiento moderno braha­mánico, y que incluye el conocimiento de las ciencias que fueron apareciendo. Existen dife­rentes tratados sobre el hombre y su origen en la tierra, la consciencia, el alma, las funciones, los problemas de la humanidad: el fuego cósmico, las verdades, la ley de causa y efecto o ley del karma, del fuego material, mental y espiritual, del macro y del microcosmos, el concepto de la inmortalidad y el primer fuego, el cuerpo etérico y el prana como la fuerza vital que se reparte por la columna vertebral en el kundalini, los planos físicos y astral o espiritual. Todos estos conceptos se asocian a las leyes económicas (33) que integrarían lo interno; su conse­cuencia sería el fuego de la mente en su naturaleza con sus factores cósmicos, humanos, en los sistemas en donde aparece el ego con sus principios y movimientos, a la vez con su ley de atracción. El fuego del espíritu con sus diferentes estancias y enunciados básicos lleva al cosmos.

Entiéndase que en esta doctrina también los elementos aire, fuego, agua y tierra son fun­damentales, así como el sonido o lenguaje humano con las vocales y consonantes, a la vez que con toda una filosofía del sonido en relación con los Devas que presiden el mundo sutil y pertenecen al dominio del verdadero Mantra Sastra. La gran palabra que resuena durante los 100 años de Brahma cuya revelación persiste mediante el sistema solar, es el sonido sagrado Aum. Estas tres letras místicas representa las iniciales de una frase subsidiaria que consiste de varios sonidos, estos aspectos dominarían la materia. La ley de atracción se expresa mani­pulando aquella. Existen otras palabras o frases que completan 21 sonidos (cinco, más siete, más nueve); los nueve sonidos finales producen la síntesis espiritual.

Quiero anotar aquí que cualquier analogía, nunca es exacta en su totalidad y sólo ofrece ciertas correspondencias amplias y fundamentales. Este concepto debe aplicarse a cualquiera de los hechos descritos y encontrados a través de la historia; sin embargo, no podemos cerrar­nos y olvidar que existe una interrelación de fenómenos y el ya postulado azar determinista.

Podríamos afirmar que unos y otros, tratan del macro y microcosmos y de sus manifesta­ciones; de tal forma, que el hombre se pone en relación al cosmos, proveniente de él y su fin es el aquel, y entre medios estaría la consciencia individual, social o colectiva con todos sus factores electrofísicos, químicos y biológicos, así como las leyes de causalidad e interrela­ciones atómicas.

De ninguna de estas categorías o temáticas en especial me ocuparé, pues los lectores podrán consultarlos en los libros que extensamente los plantean. Sugiero al lector tener una mente abierta, no solamente a preguntas, sino a lo que aparece a través de la profundidad del tiempo, adelante o atrás y lo que aparece como verdad, algunas veces plena y posible, otras con mucha incertidumbre; entendamos cómo la verdad, en cualquier época “…aparece más adelante como un fragmento del todo, y más tarde podrá ser reconocida sólo como parte de una realidad, de tal manera, que en sí misma es una distorsión de la realidad”, (Bailey, 1960).

Aquí es necesario entender cómo el pensamiento, los conceptos y las creencias giran en una rueda evolutiva, pero no infalible, ni exacta; de ahí que cualquier escrito no debe admitir­se como un dogma o como una fuente de autoridad de inspiración infalible. En la misma doc­trina budista se escribe que: “El Señor Buda ha dicho: …que no hemos de creer en lo dicho, simplemente porque ha sido dicho; ni en las tradiciones, porque han sido trasmitidas desde la antigüedad; ni en los rumores como tales; ni en los escritos de los sabios, porque ellos los han escrito; ni en las fantasías que sospechamos nos han sido inspiradas por un deva (es de­cir una supuesta inspiración espiritual); ni en las deducciones basadas en alguna suposición casual que hemos hecho; ni por lo que parece ser una necesidad analógica; ni por la mera autoridad de nuestros instructores o maestros, sino que hemos de creer cuando lo escrito, la doctrina o lo dicho, está corroborado por nuestra propia razón y conciencia. ‘Por eso’ dice, ‘les he enseñado a no creer por el solo hecho de haberlo oído decir; pero que cuando crean con toda conciencia, entonces actúen de acuerdo a ello, con plenitud” (Blavatsky, 1888).

Sin embargo, voy a hacer una referencia específica al concepto de karma y de manas en la doctrina brahamánica. Manas significa mente, voluntad, inteligencia, propósito de una existencia, frecuencias eléctricas, cohesión, apertura, ordenación, percepción psíquica, prin­cipio animador de la consciencia, materia, deseo, fuerzas electromagnéticas, gravitacionales, nucleares, vitalidad, actividad; de ahí que se llama mahadeba la voluntad divina Vishnú, la sabiduría hija de la necesidad y Brahama consciencia inteligente: a todo esto en el lenguaje occidental lo entendemos como Dios. Entiéndase que todos estos conceptos se interrelacionan con las ciencias actuales, neuropsicociencias. Cuando nos referimos a manas en esta doctrina, lo hacemos a mente y a todos los órganos de los sentidos, y por ende también a la lógica y al logos; de tal forma, existe una interrelación de los diferentes campos físico y psicobiológico. En esta doctrina, se incluye la identidad y el desenvolvimiento consciente, así como el libre albedrío con sus jerarquías en el ser humano; si bien todas estas creencias constituyen un con­junto de conocimientos y conceptos, en ellas se cuestiona la verdad y todo no está resuelto, las mismas afirmaciones tienen preguntas, pero hay un determinismo y es el que se refiere a la reencarnación (343 encarnaciones para los brahamánicos); en estas creencias existe el día del juicio final (34) y por lo tanto hay un positivo y negativo, una evolución, una consciencia individual y una colectiva, hay hombres superiores y la conjunción espíritu-materia y mentes o manas. Las reencarnaciones en la rueda de la vida, el Samsara, que representa el tiempo circular, es también el deseo de los seres de salirse del Samsara para entrar al Nirvara o unión con el Uno o Todo universal.

Otro aspecto a mencionar aquí es el del karma, ley, causa y efecto, pero es también un impulso y causa originante con voluntad activa, un determinismo, una limitación; a la vez, es una verdad y una ilusión, es un sendero, es una esperanza para mejorar. El karma actúa a través de manas o mente en sus diversas formas. A la vez existen cuatro señores del karma o maharajáes, que adjudican y gobiernan el karma a los hombres, en el sistema y en el cosmos; poseen forma y planos.

Las clases de karma las impone la entidad animante de la materia o sustancia misma y esencia dévica; por lo tanto existe el karma cósmico impuesto al logos; el karma del sistema es el que pone en acción los anteriores, el karma planetario y el individual es el karma de cadena ligado a la experiencia de la vida; el karma del globo o destino es el individual de la entidad. “Las cinco existencias enumeradas aquí, sobre las cuales actúa el karma son señores cósmicos y estelares de luz, quienes adquirieron inteligencia y pasaron por el reino humano hace muchos años” (Op. cit. Bailey, 1960, p. 390). Existen otros tipos de karma: el plano mezclado con el del logos y que tiene aspectos masculinos y femeninos; por ejemplo, el karma de un subplano o el destino de ciertas entidades menores, el karma de los reinos de la naturaleza (animal, vegetal, mineral); el karma de la jerarquía humana está compuesta por: Sanchita o méritos y deméritos acumulados en todos los nacimientos, el Prarabadha es parte del anterior y es destinado a influenciar la vida humana en la reencarnación, (son los actos del cuerpo, además del nacimiento) y el tercero el Agami es la palabra, el pensamiento y el acto (que se piensa y hace) y constituye acciones buenas y malas realizadas después del nacimiento, es el karma actual. Otros karmas son el mundial, el racial, el destino, propósito de cada raza, el subracial del destino, el nacional, el familiar y el individual; todos se entremez­clan. Para instaurarse el karma necesita de un actor, un determinante con voluntad, una ayuda complementaria, una acción, una palabra, una utilización de complementos y una influencia de la conducta anterior, (Ib id p. 390-416).

Obsérvese que todas estas conceptualizaciones brahamánicas tienden a la evolución y a un centro celestial que es Dios y el cosmos. Aquí podríamos preguntarnos ¿si todas las doctrinas teosóficas no conllevan esa tendencia?; la respuesta es afirmativa. Con respecto al concepto “manas” y “karma”, es muy fácil inferir en dónde y cómo se manifiestan las diferentes inte­rrelaciones bioneuropsíquicas y espirituales en la vida del hombre, y, en ella el bien y el mal. Aquí vale enfatizar que en el sustrato el concepto brahamánico conlleva la tendencia hacia el bien, consciencia moral lo que en psicoanálisis llamamos el super Yo, la armonía, el equili­brio y nuevamente las leyes cosmológicas. De todo esto se conforman partes esenciales del brahamanismo que tienden a la unión con Brahma que es Dios.

Para concluir y simplificar el Karma está relacionado con un determinismo originado en las acciones buenas o malas que se presentan en el curso de una existencia y que determinan lo que habrá de ser en la siguiente vida, dándole al ser, en esta última, la oportunidad de mejo­rar o superar su Karma según sus acciones. El karma fundamental es el individual y se cumple dentro del Dharma o sendero que siguen los seres vivientes (plantas, animales, humanos) en sus encarnaciones.

El elemento fuego es fundamental (sol, explosiones atómicas); así Agni es el señor del fuego que rige a los elementales en los tres planos de la evolución humana: físico, astral (es­piritual) y mental. Por su parte Atman significa yo o el ego; es realmente el alma que tiende a unirse al Atman universal que es el mismo Brahma, el Todo o el Uno, un centro individua­lizado, y, como ya se expresó en otra parte, existen diferentes clases de manas que son los ejes centrales de la constitución humana o la verdadera alma. En esta doctrina se cree que el cuerpo físico tiene una inercia, una movilidad y un ritmo y aparentemente sigue las leyes de Newton. Existen tres fuegos el fuego interno o por fricción, el fuego solar y el fuego eléctrico. Dentro de toda esta concepción está la senda imaginaria entre el yo personal y el impersonal el cual constituye el camino elevado de la sensación al campo de la realidad o al yo personal, esto es el llamado Antakarana.

Hinduismo y budismo tienen una similitud y entre otras el concepto de reencarnación y el de la rueda de la vida del dios Shiva como único dios (Brahaman o el Atmán o Realidad Profunda de los Upanishads [colecciones de escritos de los vedas, herencia cultural de los arios]). Recuérdese aquí que el Budismo surgió con Buda (623 a.C.) y el Hinduismo y los Vedas fueron construyendo sus conceptos e ideas y creencias a través de milenios anteriores y algunas provenientes de Mesopotamia. Para unos y otros budistas e hinduistas, la palabra contenía el conocimiento abstracto que lo llevaba también al amor por la belleza, al pensa­miento regresivo y a la fantasía, al lenguaje y a la consciencia lo que equivalía también a ser conscientes de sí mismos, de la vida y de la muerte. Su pensamiento muestra una estructura racional a la vez que una magia fantasía, convertida en mito y religión con nebulosos enigmas y la puerta abierta al mundo subconsciente, a la vez que con discernimiento e intuiciones; para ello era mejor tener al Maestro junto, sentarse junto a él, es decir, estar en la posición Upanishads para adquirir en el silencio majestuoso e inmovilidad el mundo de la meditación (Nidiahaysana) en donde se adquiere una superioridad material y espiritual; he aquí el poder y la magia de las palabras (35) y del silencio; en un estado de vigilia y de ensoñación en donde hay algo más que pensamiento que es un proceso de interiorización en las profundidades del inconsciente o estado de éxtasis que es otro modo de existir.

La última evolución de las creencias de la India está representada por el budismo, doc­trina de renovación religiosa que, sin acabar por completo con la creencia brahmánica, es profesada por millones de fieles actualmente. El budismo no tiende a acabar con las doctri­nas hinduistas del brahamanismo, lo que hace es modificarlas, complementarlas y darles un sentido pragmático, si se quiere, pone la evolución espiritual del ser humano. El fundador de esta religión fue el príncipe Siddharta, llamado el “Buda”, es decir, el “sabio iluminado”, que había alcanzado dicha condición por medio de la austeridad y las buenas obras. Vivió entre los siglos VII y VI a.C., renunciando a su alcurnia y a los placeres de la vida. Su vida y su doctrina tienen puntos de contacto con el cristianismo, pues consideran que vivir es sufrir y que el sufrimiento se deriva de las acciones y de las pasiones. Buda, al igual que Cristo, re­nunció a ambas como medio para liberarse de todos los dolores y llegar finalmente al nirvana. En unas y otras creencias aparece el pensamiento mágico omnipotente.


Nótese que existen ciertas similitudes entre algunos conceptos hindúes, budistas y brahamánicos con conceptos del psicoanalista Karl Jung como el del inconsciente colectivo; sin embargo, las diferen­cias son grandes entre los conceptos orientales y occidentales, de una u otra forma unos y otros hacen hincapié en la salud física y mental a través de los ejercicios respiratorios para la adquisición, unos la oxigenación de los pulmones (occidente) y los otros la energía llamada prana con la respiración pranayana.

Aspirar el prana implica tocar meridianos que se estipulan en la medicina china como los nadis en la acupuntura. Para los hindúes la energía del Kundalini asciende a través de los chakras como vértices de energía que regulan el cuerpo energético; todo esto es equivalente a la biología molecular de las hormonas y de la inmunología, de ahí que podamos pensar que al hablar de Kundalini, chakras y pra­na podemos estar hablando de libido y de glándulas endocrinas. Entendamos aquí nuevamente que en la relación dual psicoanalítica se enfrentan dos subjetividades en forma de intersubjetividad y con ello no sólo representaciones mentales sino estados emocionales que se ponen en interfunción para ser objetivos. En el caso de los ejercicios del Yoga, es la confrontación o mejor el enfrentamiento de la persona consigo misma sin la participación del otro, más sí con un maestro que lo guía.

En el psicoanálisis existe la relajación y un proceso de regresión en el cual también se produce una nueva forma de respirar. De una u otra forma el Yoga y el psicoanálisis son técnicas muy distintas. En la primera existe la respiración (pranayana), posición del cuerpo (asana), posición de las manos (mudras), repetición de sonidos (mantra); todos estos son métodos en tibetanos e hindúes; Dikr Sufi; Suras Musulmanas (frases repetidas); Oración cristiana; cuento o relato pedagógico sufi; parábola pedagógico cristiana; silencio/no acción Taoismo; suspensión del juicio Epoché (tibetana e hindú); fe cristiana; meditación Shadana (tibetana e hindú); solución de problemas Koan Budismo zen y ma­yéutica Platonismo. En el psicoanálisis se aplica una técnica específica en el cual existe un encuadre y varios procesos, entre ellos los más importantes el de la transferencia contratransferencia, el de la asociación libre y el de la interpretación, no simplemente como un ritual o un método y disciplina espiritual.

Evidentemente el psicoanálisis nos permite liberarnos de conflictos y tener mejor atención y con­centración mental; al mismo tiempo, que enriquece nuestro diálogo interno para llegar a un mayor conocimiento de nosotros mismos. No se trata en el psicoanálisis de meditar y de tener el flujo de las ideas (samatha de los hindúes) o de atender y visualizar las imágenes mentales para una autocons­ciencia y autoobservación, si no de una reflexión autocrítica, un adquirir consciencia de sí mismo sin convertirse en un objeto, de llegar al “insight” (un darse cuenta con una visión introspectiva), es el “nosce te ipsum” socrático, descubriendo las fantasías inconscientes.

Aquí distingamos entre la meditación, la cavilación, la contemplación y la conscientización, todas ellas son distintas. Valdría la pena traer el proverbio hindú: “el que contempla una pintura no está en el cuadro”.

El pensamiento oriental trae consejos para meditar provenientes del budismo tibetano, de la cons­ciencia del Tao y de estados chamánicos; estos son: la meditación como sinónimo de concentración y control mental, como conocimiento del Absoluto, como experiencia fusional (éxtasis), como expe­riencia de aniquilación del Yo (fana), como trance y como contemplación. Los consejos prácticos en estas creencias implican no cerrar del todo los ojos ponerlos finos, tener una postura fácil, no tener ruidos o música alrededor, tener las manos en posiciones específicas (mudras), de tener el flujo del pensamiento e imágenes, intercalar ejercicios isoméricos de estiramiento muscular, hacer una respi­ración consciente media hora diaria, tener una meditación combinada con movimientos rítmicos sin­cronizados con la respiración y ayudados con mantras o vibraciones con la sílaba Om; se recomienda el mantra de cuatro tiempos, como Sa-Ta-Na-Ma. En estos ejercicios existe una cierta pérdida del control corporal y uno de los objetivos fundamentales es llegar a la meditación para adquirir conoci­miento, puesto que la meditación sin conocimiento no conduce a nada. En estas prácticas orientales se recomienda dejar el eclecticismo para entrar a un estado de fusión y así de unidad.

33 La ley de la economía tiene sus efectos sobre la materia en el sentido de la disociación y distribu­ción de los átomos, el ritmo vibratorio, heterogeneidad, actividad giratoria innata, y sus leyes subsi­diarias, las de vibración, adaptación, repulsión y fricción. Entiéndase aquí que se estaba planteando miles de años atrás los descubrimientos de Einstein, el principio de incertidumbre de Heisemberg, las leyes de Newton y los postulados de Planck, llegándose a integrar materia y espíritu.

34 En el cristianismo miles de años después, también hay un juicio final.

35 Recuérdese que en esa área geográfica los arios trajeron el idioma sánscrito del cual deriva 14 idiomas actuales y a la vez cómo ellos reemplazaron la civilización dravídica o escritura de los vedas. Ocurrió aquí lo mismo que en muchas áreas en que una cultura transformó a otra. A. De Fran­cisco en su obra “Sobre ideas de vida y muerte”, capítulo V, nos trae la información cómo “los vedas sobreviven en cuatro colecciones en sánscrito antiguo. Algunos son himnos religiosos de alaban­zas, otros fórmula de encantamiento y hechizos destinados a influir en las acciones de los dioses… aparece en ellos la mención abstracta del Uno, Varuna, guardián del orden del universo … también aparece Indra dios de la tormenta y Agne dios del fuego, mediador entre Dios y los hombres; y final­mente Soma que es líquido lechoso fermentado de una planta la Amrita o Ambrosia, posteriormente deificada como la divinidad que cura las enfermedades…

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