Humanismo y Medicina, Epílogo

El camino recorrido hasta el final de este ya largo estudio nos ha permitido hablar someramente sobre lo que ha sido el Humanismo con sus diversas vicisitudes, sus distintas concepciones, sus variadas formas de presentación, y algunas de las modalidades a través de las cuales se presenta en la actualidad a los seres humanos. Paralelamente, hemos visto el desarrollo de la Medicina y la posición del médico en las distintas épocas de la historia hasta nuestros días, las distintas formas que ha asumido el ejercicio profesional, y también las modalidades de la praxis médica del momento actual.

A lo largo del devenir de la historia, la medicina, vinculada en sus comienzos a la filosofía y siguiendo los mismos postulados de un humanismo integral como lo fue el de Grecia, se apartó de la filosofía en la época de Galeno, y desde entonces ha seguido un desarrollo evolutivo paralelo al del humanismo, trayecto en el cual en ciertos momentos el Humanismo y la Medicina se acercan y en otros se separan. Hoy en día, vuelven a existir puntos de contacto cercanos entre filósofos y científicos que como lo expresé antes no pueden ya ignorarse mutuamente.

Al reflexionar sobre los temas anteriores, me viene a la memoria la tesis de Eric Erikson, distinguido psiquiatra escandinavo, quien al referirse a la situación de los seres humanos que llegan a las últimas etapas de sus vidas, sostenía que ante ellos, antes del término final de la existencia, se abren dos caminos opuestos: la serenidad y la desesperanza. Afirmaba que esos dos senderos ofrecidos al final de la vida habían sido labrados a todo lo largo de la existencia, y habían sido seguidos por los seres humanos de acuerdo a multitud de situaciones, conscientes o inconscientes, que los habrían condicionado. Algo análogo ocurre en la actualidad en el campo concreto del Humanismo y de la Medicina: la serenidad estaría representada por un Humanismo que combine los valores espirituales con los avances de la ciencia, humanismo idealista, impregnado también por los sentimientos religiosos de que hablara William James, sintetizados ellos en una especie de sincretismo como el que en la práctica caracterizó a Gandhi en su admirable forma de vivir. Gandhi, seguía de cerca los altos postulados espirituales contenidos en los libros de su pequeña pero importante biblioteca, sobre los que estudiaba y reflexionaba para perfeccionar la evolución de su noble espíritu: el Nuevo Testamento, el Corán, los Relatos hebreos, y el Baghavad Gita, aquel hermoso poema filosófico hindú que forma parte del Mahabarata, y que muestra en forma altamente espiritual lo que se considera que debe ser el camino a seguir por los seres humanos. Una forma de humanismo nuevo, al estilo del postulado por Jacques Maritain, y el que se desprende de los escritos de Goethe, de Tolstoi y de Gandhi, bien distinto del humanismo materialista, filosófico o científico, que intenta atraer a las gentes, infortunadamente con algún éxito, y que conduce a la desesperanza que mencionara Erikson.

Desde el punto de vista de la Medicina, se alcanzaría la serenidad a la que se refiere el filósofo escandinavo, mediante un modelo de profesión cuyo ejercicio esté fundado en los ideales más nobles del médico, expresados en el Corpus Hipocraticum y en las enseñanzas y el ejemplo de las figuras más descollantes y humanas de la medicina de todos los tiempos, cuya “Paideia” no puede ser abandonada. En el ejemplo de las vidas admirables de los nueve médicos humanistas de nuestro país que señalé brevemente. Una medicina que no solamente restituya al médico sus valores, hoy tan depreciados, sino que se esfuerce por establecer el tipo de relación médico-paciente al que nos hemos referido, basada como lo señaló Duhamel, en el encuentro de la conciencia del médico con la confianza del paciente. La medicina tecnológica pura, carente de valores espirituales, conduce, al igual que el humanismo materialista, a la desesperanza.

En ese empeño por lograr un Humanismo que valore realmente al Hombre en su totalidad, y una Medicina que a la vez cumpla su misión con altura y dignidad, los seres humanos deben esforzarse por llenar esas nobles aspiraciones y hacerlas realidad mediante su dedicación y trabajo, teniendo en cuenta la sentencia de Cervantes que dice que no es un hombre más que otro si no hace más que otro.

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