La Disciplina (principios básicos)

La palabra disciplina tiene diferentes significados. Para algunos es gobernar, guardar la ley, la norma, reglamentar o seguir la regla, o bien seguir por la línea recta; en cambio, para otros seguir estrictamente el camino recto de la vida y del cual nunca debemos desviarnos. Para muchos, la disciplina significa simplemente castigo.

Los padres y maestros se enfrentan con el problema de qué hacer con los niños, qué deben aprender y qué no, y esta pregunta tarde o temprano llega a ser un problema por que no saben cómo responderla. La disciplina comienza mucho antes de esta pregunta. Se inicia desde el nacimiento con la alimentación y la enseñanza de hábitos de aseo, sueño y juegos.

Hay dos tendencias con respecto a la disciplina; la una, antigua, dice: “Un niño consentido, niño perdido”; la otra, pseudocientífica y modernista, se opone a la represión, a lo que llamamos “influencias inhibitorias”, y llega a la confusión diciendo: “esto o aquello es perfectamente normal para la edad del  niño o la niña”, “está en la edad”, “no hay que crear niños inhibidos, por lo tanto no hay que castigarlos”. Todo esto confunde más al padre y al maestro que desean enseñar bien al niño.

Lo que parece perfectamente natural y un proceso fácil se vuelve complicado cuando se enfrenta con la realidad de la educación del niño. Es falso que no existan suficientes pautas y guías; posiblemente la dificultad, hoy día, es que hay muchas. Por doquier, en libros, revistas, en la radio, en conferencias, etc., se encuentra uno con conceptos en desacuerdo acerca de cómo educar a los hijos. Para seguir adelante debemos reflexionar y hacernos otras preguntas; 1°. ¿Qué es disciplina?, 2°. ¿Qué y cuando disciplinamos?, 3°. ¿Por qué y para que debemos hacerla?, 4°. ¿Cómo hacerla?, 5°. ¿Qué logramos haciéndola?

1°. ¿Qué es disciplina?

Si hacemos la pregunta nos encontramos con una variedad de respuestas; se dice: “es enseñar buenos modales”, “es enseñar a obedecer”, “es castigar a Pedrito cuando él no hace lo que le manda, cuando se le manda”. “enseñar al niño a conducirse”. Todas las frases parecen implicar que el niño necesita del castigo para aprender “a ser bueno y obedecer”, y que aprende solamente cuando algo displacentero o doloroso le sucede.

Si observamos más cuidadosamente, comprobamos que el niño aprende mejor sin necesidad del castigo ni de la obligación o imposición de quien se aprende la disciplina. Los niños aprenden las normas de los padres, hermanos, maestros, compañeros y de la sociedad entera. El niño sabe cuándo el adulto está contento con él al seguir las reglas y prefiere en el fondo seguir aquellas, que perder la satisfacción que le da el sentirse querido, apoyado y seguro del amor y protección de los padres. No sucede así cuando tienen gratificaciones, y es entonces cuando se establece la ley de la oferta y la demanda, y por ende la lógica: “Yo no cumplo, no doy porque no me cumplen y porque no me dan”. Es decir, el niño no encuentra orden y correspondencia lógica, a lo cual tiene que someterse a resolver sus problemas por el canal de la rebeldía improductiva, rebelándose sin control contra la norma, la regla y la disciplina, expresando sus tendencias irracionales.

La disciplina en nuestro concepto es orden en el mundo externo y en el interno del sujeto, en la armonía entre nuestros deseos, fantasías, impulsos y la realidad; es la distinción del bien y del mal a través de las reglas, normas o leyes; es el control y aplicación de estas mismas en beneficio del individuo y de su grupo. Para poder comprender por qué ocurre o no todo esto, es necesario tener en cuenta todos los fenómenos y factores que intervienen en el proceso del aprendizaje. En otras palabras, cuerpo y mente deben contemplasen, pero así cómo hay que saber enseñar hay que saber aprender. Para lograr “saber” también tenemos que tener la posibilidad de renunciar. Niños y adultos muchas veces renuncian a sus deseos o a lo que poseen con el fin de ganar la aprobación de los padres  o de los que los representan. Estos lo hacen inclusive sin saberlo. Aprenden lo que deben hacer y lo que no deben hacer y lo que no deben hacer, por el amor de los padres, los cuales a la vez no se dan cuenta de lo importante que es para el niño sentirse querido, deseado, aceptado o aprobado.

Para aprender el niño necesita: 1. Libertad para crear y progresar, 2. Encontrar él mismo la respuesta, viviendo y experimentando y 3. Volverse independiente.

Para esto debe tener la oportunidad de examinar al mundo que lo rodea, teniendo con libertad diferentes clases de experiencias y actividades. Para todo esto necesita: a) Ayuda y estímulo de los adultos; b) Control; c) Saber los límites de lo que él puede hacer y entender, los grados y límites necesarios para no ser rechazado. Con cariño estímulos y dirección, los niños pueden aceptar las normas de los padres y hacerlas de ellos mismos. Es así cómo aprenden a distinguir lo que está bien hecho o mal hecho; por lo tanto la disciplina se vuelve una auto-disciplina y un auto-control.

2°. ¿Qué y cuándo disciplinamos?

Disciplinamos las tendencias y fantasías que se hacen realidad en una conducta que perjudica el orden en un grupo y en determinado momento. ¿Cuáles son esas tendencias? Son las tendencias hostiles o destructoras y las amorosas, sexuales o eróticas, y por otro lado las fantasías cargadas de impulsos, como las de romper, destruir, desbaratar, pelear. Hay otras tendencias y fantasías no tan disciplinadas ni censurables, pero que debemos tenerlas en cuanta para la educación, como son la envidia, los celos, la avidez, etc.; unas y otras existen normal y naturalmente, pero en unos están aumentadas cuanti y cualitativamente. Hay que advertir también que existen situaciones internas y externas que aumentan los impulsos y fantasías, pudiendo realizarse en la realidad en una conducta censurable, creándose el mal hábito que más tarde va a construir la conducta social. Disciplinamos cuando todas estas tendencias y fantasías nos molestan y dañan, intranquilizan, desordenan, desorganiza y produce inseguridad, o cuando se realizan infringiendo una ley, patrón o norma del grupo en que vivimos. La disciplina, en realidad debe aplicarse desde el comienzo de la vida, y/o aún antes cuando el sujeto, la pareja planea un nuevo ser, luego cuando está en el útero materno y más tarde después del nacimiento a través de toda la vida.

3°. ¿Por qué y para qué disciplinamos al niño?

La respuesta común es que “si no lo hacemos, los niños descontrolados nos enloquecen y que sin disciplina no se aprende a vivir en comunidad”. Todo esto es cierto, pero la disciplina tiene otros significados, más profundos. Nosotros queremos que los niños aprendan a pensar y actuar independientemente. En nuestro mundo actual nadie puede hacer lo que le place sin contar con los demás. El niño debe aprender qué puede hacer sin hacerse daño y sin hacer daño, respetando los derechos y haciendo respetar los propios usando sus potenciales. El niño tiene que aprender a renunciar a sus impulsos infantiles para poder crecer y volverse más tarde adulto. El control, en un principio, debe venir de afuera por que el niño nace sin controles. Los adultos deben hacer saber a los niños lo que esperan de ellos, darles confianza, atención, afecto y guía, que se transforma en seguridad y control. En los grupos, los niños se sienten mejor cuando saben que sus padres establecen normas para todos por igual y que son puestas para ayudar al grupo, sin preferencias individuales. Es así también como se crea la consciencia de grupo.

4°. ¿Cómo hacer la disciplina?

No hay fórmulas exactas, pero más importante que una regla es la atmósfera que se viva en el hogar o en la escuela, en los cuales puede haber ratos de irritación, discusiones y hasta peleas, pero siempre deben funcionar con un fin: la amistad, la unión y el progreso del grupo. Padres e hijos, maestros y alumnos, saben que hay momentos buenos y malos, difíciles y de recompensa; es así como con estos puntos de vista en el hogar o en la escuela, adultos y niños encontrarán ellos mismos las respuestas y soluciones a los problemas del orden, Una de las mejores formas de hacer la disciplina es a través del juego normativo.

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