Evaluación del Proceso Enseñanza-Aprendizaje

La evaluación del proceso de enseñanza-aprendizaje hay que contemplarla desde distintos ángulos. Tenemos que iniciar este tema definiendo qué es evaluación; a ésta la entendemos como la apreciación del valor de lo que se enseña y se aprende. La apreciación por su lado es no sólo del que aprende sino del que enseña y del método y de los instrumentos y materiales con que se enseña y aprende. Por su parte, la apreciación significa la consideración que tenemos o le damos a una situación, a un objeto o a un sujeto en sus diferentes cualidades. El valor, de acuerdo con la primera aceptación del Diccionario de la Lengua Española, es el grado de utilidad o aptitud de las cosas para satisfacer las necesidades o proporcionar bienestar o deleite; en la segunda acepción, es la cualidad de las cosas, en cuya virtud se da por poseerlas cierta suma de dinero o algo equivalente. Sin querer entrar en un examen profundo de la simbolización y de la semántica de la palabra valor, es mi deseo exponer cómo la misma valorización depende del sistema de valores con que se mida o se contemple lo valorado. Como es muy obvio, hay unos valores positivos y otros negativos; unos y otros tienen en su final el sentido de distinguir lo que causa placer y displacer; valores positivos llamados aquellos que van en beneficio del ser humano produciéndole bienestar, y negativos son aquellos que le causan malestar o dolor. Los primeros estarían del lado del principio de conservación y los segundos del de destrucción.

Una vez planteados está definición y conceptos tendríamos que referirnos a los sujetos, a los valores que intervienen en la evaluación, maestro, alumno, programas, métodos, materiales y todos aquellos otros factores que participan en el proceso enseñanza-aprendizaje. Otras de las consideraciones por tener en cuenta en la evaluación misma es que ésta se realiza dentro de un proceso específico (enseñanza-aprendizaje), y ella misma tiene a la vez su correspondiente proceso; es, pues, toda una multiplicidad de factores que deben tenerse presentes para realizar la evaluación.

Por otra parte debemos distinguir y tener muy en claro cómo la evaluación es muy distinta de la medición y de la cuantificación. De lo expuesto podemos también establecer las siguientes preguntas: Por qué, cuando, y para qué, dónde, en qué, con qué, cómo, cuánto, y quién o quiénes evalúan. Todas estas preguntas deberán contemplarse para considerar la evaluación. Es muy diferente evaluar una materia de matemáticas a otra de ciencias biológicas o sociales; de la misma manera es distinto evaluar a un sujeto en una situación clara, definida, específica, dentro de un contexto dado, y en un grupo determinado, que a otro en una situación indefinida, aislada o extemporáneamente; dentro de esto también hay que considerar la historia y la situación vital del sujeto. Es distinto evaluar para calificar y aprobar que para comprobar la efectividad del método o del instrumentador o de los mismos instrumentos.

Otra de las preguntas implícita podrían sintetizarse en si la evaluación de los sujetos es de lo que saben, de lo que no saben, de por qué saben y por qué no saben y del “cómo” en las diferentes vertientes del mismo saber, es decir, de qué manera es cómo se produce el saber y el no saber. Es de observación común cómo un sujeto en ocasiones tiene conocimientos y los puede reproducir exactamente, y en otras ocasiones no; y algunos, aunque tienen los conocimientos básicos, no pueden reproducirlos, pero si utilizarlos en la práctica; otros, aunque no tienen conocimientos muy vastos, son capaces de pensar abstractamente, tener nuevos conceptos y con ellos formular nuevas proposiciones y finalmente crear o dar nuevas soluciones a los diferentes problemas que se suscita.

De todo esto se puede desprender la pregunta: entonces ¿cómo podemos hacer evaluaciones del trabajo que realizamos en el proceso de enseñanza-aprendizaje? La respuesta no es una, ni es la ideal; pienso que tendríamos que plantear nuevos sistemas de evaluación que contemplen no uno sino varios tipos de evaluación, los cuales tendríamos que considerar y utilizar para las diferentes situaciones que deseamos valorar. Quizás lo más importante es determinar para qué sirve el sujeto a fin de ponerlo a funcionar luego de acuerdo con sus potenciales y capacidades, las que a la vez tenemos que desarrollar al máximo sin tener que entrar a forzar las informaciones y volver al sujeto un recipiente o un acumulador de datos y una computadora que conecta o asocia los mismos. ¿No sería más benéfico crear mentes que piensen y creen? Esto no significa que siempre podamos formar mentes creativas; es por esto, por lo que es mejor pensar en los diversos tipos de sujetos a los cuales tendríamos que aplicar distintas modalidades de enseñanza, de evaluación para enseñarles a desempeñar la función o las funciones para las cuales son capaces; de todo esto podemos deducir cómo tendríamos sujetos para las distintas necesidades que tiene el ser en este mundo de cambios.

Cuando nos preguntamos qué es lo aprendido, podemos hacer la observación de cómo en ocasiones se aprende no de lo que se enseña sino de lo que se instruye de por sí solo; otras veces no se aprende lo que se enseña directamente sino por el conocimiento adquirido indirectamente. Otro aspecto contemplado es cómo la evaluación puede ser del contenido solamente y no de todo el conjunto y de su aplicación práctica o en la posibilidad de formar nuevos conceptos. ¿A caso cuando evaluamos no se tiene la tendencia a hacerlo sobre la información obtenida y con ello estamos dándole valor a la capacidad mnémica? Cuando evaluamos, ¿lo hacemos a través de todo el proceso? ¿Evaluamos a caso la aptitud, el esfuerzo, la destreza, la capacidad reproductora de la información? En verdad, ¿no estamos en ocasiones parcializando la evaluación cuando evaluamos las llamadas “tareas”, y con esto no estamos dándole valor al trabajo de los padres o adultos que ayudan al niño?

Como ya se anunció, la evaluación hay que hacerla en los diferentes factores desde la inteligencia de cada uno y del grupo, de las aptitudes, las capacidades creadoras, los métodos, el contenido, el material, los agentes (padre, maestros, alumno), el medio ambiente (familiar, escolar, social, biológico, económico), hasta los valores, los ideales, los estímulos, las disciplinas, los intereses, las actitudes, las exigencias en el pensar y cuestionarse, la capacidad de leer, de hacer resúmenes y elaborar conceptos globales, las motivaciones, el conocimiento externo, el aprendizaje, la conducta y finalmente la producción.

La evaluación es mejor tenerla en cuenta en términos individuales una vez que se ha realizado en grupo para determinar los objetivos que se proponen en el sujeto evaluado, teniendo en cuenta también el ritmo que cada uno tiene en el aprendizaje, pues como ya se ha anotado en otra parte de este escrito, cada sujeto tiene su propio ritmo para aprender, a más de sus capacidades y de sus conflictos en el proceso; así mismo el evaluador puede muy bien tener conflictos en el evaluar y en el momento de evaluar. La evaluación de por si puede llevarnos a determinar cuántas y cuáles son las capacidades y los logros de los objetivos que nos hemos propuesto en el proceso enseñanza-aprendizaje, teniendo también en cuenta los diferentes niveles que evaluamos, que consideramos en la evaluación o en los objetivos propuestos; de tal manera uno es el de la simple información básica, otro el del conocimiento y además el de la comprensión de lo sabido.

Así como se evalúan todos estos factores también es necesario ir a estudiar e investigar lo que no se sabe, el qué y el por qué no se sabe; dentro de esto no equiparar lo que no se sabe como lo malo y lo que se sabe como lo bueno; pues estaríamos educando y formando “sabedores”, enciclopedista que no conocen, que no comprenden y que no saben utilizar estos conocimientos en la práctica, es decir, no son factibles o no son operativos para el encuentro de sí mismo, de sus capacidades y de sus posibles campos de acción u operatividad funcionante para su propia realización.

Valdría la pena preguntarnos si existen en la actualidad métodos válidos para evaluar a los estudiantes y a los profesores y a éstos especialmente en sus conocimientos, en la preparación de sus clases, en la habilidad para transmitir, explicar y exponer lo que se desea conocer, en la organización y desarrollo de las clases en sus diferentes etapas, en la receptividad y solución de las preguntas de los estudiantes, en la asesoría que prestan a los alumnos y, por último, como punto importante la relación profesor-alumno en todos los aspectos que se consideran en el proceso ya nombrado de enseñanza-aprendizaje.

Una faceta que no se ha estudiado lo suficiente es aquella que se refiere a cómo los estudiantes pueden haber tenido una muy mala preparación preescolar, de tal manera las bases son no sólo insuficientes sino muy inadecuadas, pues el niño no ha podido formar funciones integrativas para aprender. Esto es de suma importancia ya que sería construir edificios con bases de barro, pues siempre se notarán las insuficiencias, los defectos y las falla en los años siguientes, todo esto sumado al cambio de la metodología, del ambiente escolar y social (de lugar). De lo dicho se puede desprender cuán importante es también poder hacer evaluaciones dentro de todo el período preescolar, el escolar y luego el universitario. Cuántas veces encontramos estudiantes universitarios que tienen grandes vacíos no sólo en sus conocimientos sino en la forma de estudiar, de aprender, a más de que ellos se dan cuenta de cómo han perdido tiempo en aprender informaciones inútiles que no le sirven para su profesión, en cambio, no se les ha preparado para el estudio que les va a ser útil en la vida.

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